El ritmo de la vida

Julissa · Capítulo 7 de 11

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El ritmo de la vida

4. Mi historia de amor (primera parte)

4: MI HISTORIA DE AMOR (PRIMERA

PARTE)

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Me considero una persona romántica. Uno de mis temas favoritos es el amor. Me encanta ver películas en blanco y negro que tengan que ver con él y, sobre todo, las comedias románticas. Creo que, por ser mujer, no es nada fuera de lo común. Cuando era una niña siempre quise tener a mi príncipe azul, como en los cuentos de hadas. La cosa es que, cuando entré a mi etapa de juventud, de igual manera esperaba ese príncipe. A mis amigas y a mí nos encantaba hablar acerca de cómo serían ellos. Un día, mientras almorzábamos, mis dos mejores amigas, Liza y Liana (que formaban parte del grupo musical conmigo) y su mamá, la pastora Ruth Mercado, comenzamos a hablar de lo que queríamos en nuestras parejas. Mientras almorzábamos en aquel restaurante mexicano en la ciudad de Chicago, y después de escucharnos hablar un rato y describir todos los atributos físicos e intelectuales que queríamos en nuestros esposos, la pastora nos miró y nos dijo: «Las he escuchado hablar sobre sus “esposos” y las características que desean en ellos, y es bueno que desde ya entienden lo que quieren en un hombre. Todo lo que han dicho suena muy bien y hasta atractivo, pero les quiero dar un consejito. Si ustedes quieren tener matrimonios bendecidos y saludables, es importante que se enamoren de un hombre que ame a Dios sobre todas las cosas, un hombre que tenga un corazón conforme al de Dios y entienda el llamado de Dios a ustedes y sepa apreciarlas como mujeres de Dios», nos dijo con su tono de esposa experimentada.

«¿De qué te vale tener a un hombre de buen parecer y que no ame a Dios de la misma manera que tú o que sea obstáculo para el llamado de Dios en tu vida? Yo les aconsejo a cada una que comience a orar por su esposo desde ahora y verán que Dios no solamente les va a dar a esa persona que tiene para cada una de ustedes, sino que también tendrá todos esos atributos físicos e intelectuales que ustedes desean», nos explicó.

¡Hurra! ¡Qué consejo tan sabio nos dio la pastora Ruth! A esa edad, yo jamás hubiera pensado en orar por mi esposo y pensé: « verdad que Dios tiene a alguien especialmente diseñado para mí? Si tengo dieciséis años, ¿cómo voy a orar por una persona que no he visto ni conozco? Y los jóvenes de mi edad están en la «onda» de conocer a otros y «pasarla bien».

Sin embargo, acepté el consejo y comencé a orar por esa persona especial con la cual pasaría el resto de mi vida. Y no solamente oraba, sino que llegué hasta a escribirle una carta a Dios (por si las moscas, ¡je, je!; carta que por cierto todavía guardo…) con todas las especificaciones que quería en ese muchacho y otras cositas más que quería en la vida. Y cada vez que conocía a un joven me acordaba de mi oración y de mi carta. Y, de alguna manera, Dios me daba a entender que los candidatos que yo tenía en línea no eran para mí.

Pasaron como tres años y nada sucedía. Ya en la universidad, observaba que la mayoría de los jóvenes tenían sus parejas. Así que fui de nuevo a orar y le pregunté: «Señor, ¿cuándo llegará mi príncipe?»

¿Por qué será que nos impacientamos? Así me sentía yo, impaciente, porque todo el mundo a mi alrededor tenía una pareja, menos Julissa.

En la primavera de 1995, la iglesia estaba por celebrar el segundo Christian prom, un evento dedicado completamente a la juventud cristiana, donde se invitaba a un ministerio musical que pudiera traer un concierto y trabajar con la música y la palabra a los jóvenes que estaban presentes; sobre todo, a aquellos que comenzaban una etapa nueva en su vida, al entrar a la Universidad. Era un evento como el prom (baile de gala estudiantil), pero mejor, porque era la versión cristiana. Dicho sea de paso, si eres líder de jóvenes, esta es una alternativa excelente a la fiesta prom, tan celebrada por los chicos en edad escolar. Como la costumbre de los proms es ir acompañado de alguien, un joven de mi iglesia me invitó a ser su pareja en el Christian prom y yo, muy emocionada, dije que sí. A raíz de que íbamos a ir juntos a ese evento, comenzamos a hablar con más frecuencia por teléfono y en la iglesia, hasta que casi nos hablábamos todos los días. Poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que habíamos desarrollado sentimientos el uno por el otro. Se celebró la fiesta del Christian prom y, como al mes, nos hicimos «novios». Yo estaba emocionada porque, por fin, tenía un «novio» que era cristiano e íbamos a la misma iglesia.

¿Qué podíaser mejor que eso, llegué a pensar? Pero, la verdad es que sí había algo mejor, solo que en ese momento no lo entendía y, con el tiempo, me iba a dar cuenta.

Pasaron varios meses y en el otoño de ese mismo año mis mejores amigas se iban a estudiar a Liberty University, una universidad cristiana en el estado de Virginia, lo cual me entristeció mucho. Pero sabía que Dios tenía un plan en todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor.

Mis amigas se fueron y yo me quedé estudiando en Chicago. Durante ese tiempo, Dios comenzó a tratar conmigo a solas. Crecí y maduré en muchas áreas de mi vida. En el proceso, el Espíritu Santo comenzó a inquietarme acerca de la relación que mantenía con mi «novio». Dentro de mí sentía que algo no estaba bien, como si esa relación no debiera existir; pero como tenía a alguien que podía llamar «novio», ignoré ese aviso del Espíritu; por un momento, me cegué. ¿Has escuchado decir alguna vez que «el amor es ciego»? Yo pensé que todo iba bien. Mi novio era cristiano y éramos de la misma iglesia; amaba a Dios, tenía buenas cualidades (pero no todas las que le había pedido al Señor en un muchacho). Como yo era una novata con respecto a una relación con un chico, llegué a pensar que el sentimiento que tenía hacia él era amor y comencé a abrirle, poco a poco, mi corazón. No obstante, cada vez que comenzaba a orar y a presentarle al Señor la situación, volvía a sentir esa inquietud espiritual; pero, como seguía ignorándola, tuve que aprender «a la brava», como decimos en Puerto Rico. Llegó el momento en que comenzamos a tener desacuerdos y problemas. Por unos cuantos meses sentí que mi vida estaba en una montaña rusa emocional. Mis padres, que siempre me han apoyado y han estado pendientes y presentes en cualquier situación en mi vida, se dieron cuenta de lo que ocurría y se sentaron a hablar conmigo.

«M’ija, como somos tus padres, queremos lo mejor del mundo para ti. Sabemos que estás muy entusiasmada con tu novio, pero no estamos de acuerdo con el trampolín emocional que estás viviendo. Eres una joven con buenas cualidades y, si tu novio ahora no sabe apreciarte por lo que eres, jamás lo hará como esposa. Nosotros entendemos que Dios tiene cosas muy grandes para ti y no queremos que nada interfiera en el plan que Dios tiene trazado para tu vida. No sabemos que pensarás tú, pero sentimos que este muchacho no es para ti. Es mejor que termines esa relación, antes que empeore», me dijo con determinación mi papá.

Esas palabras, para mí, fueron como una medicina que uno sabe que tiene que tomar, pero no quiere porque no es agradable. En mi corazón sabía que lo que mis padres me habían dicho era verdad. Yo lo estaba sintiendo, solo que me estaba haciendo de «oídos sordos», ignorando la voz de Dios.

Pensaba que estaba «enamorada», sabía que los sentimientos de ambos estaban ligados y no quería herirlo a él ni a mí misma. Y pensé, por un momento, lo que dice la Palabra: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» (Proverbios 4.23); pero, también dice: «engañoso es el corazón más que todas las cosas» (Jeremías 17.9).

Es decir, en el corazón llevas la vida, llevas sentimientos, emociones, y es lindo dejarse llevar por tu corazón y tus emociones cuando sabes y ves que hay un respaldo del Espíritu Santo y de los que te aman; pero si no lo hay, entonces tu escenario se ha convertido en una zona de peligro.

La verdad era que yo tenía que hacer algo porque no solamente mis padres me lo estaban advirtiendo, sino también mis pastores y otros íderes que respetaba muchísimo. No era coincidencia que todos me estuvieran diciendo lo mismo.

Dios nos ama tanto que usa a personas como nuestros padres y íderes espirituales para cuidarnos y aconsejarnos. Yo sabía que tenía que tomar una decisión. Era escuchar la voz de Dios y de los que me amaban, aunque tuviera que llorar un poco al momento (la Biblia dice que la obediencia vale más que el sacrificio), o no hacerle caso a nadie y dejarme llevar por mis sentimientos y la pena, y luego tener que lamentarlo por el resto de mi vida.

La verdad que fue difícil tener que tomar esa decisión, pero ya ambos sabíamos que no iba a funcionar; y un domingo por la tarde —un año después de habernos hecho novios—, terminamos nuestra relación. Recuerdo que lloré y lloré (cuánto lloramos las mujeres). Sin embargo, a pesar de que mi corazón estaba triste, estaba tranquila porque sabía que Dios estaba controlando todo. Solo que en ese proceso le dije a Dios que no me quería enamorar o darle mi corazón a nadie más que no fuera la persona que Él para mí.

Lamentablemente, en los tiempos que estamos viviendo hay muchos jóvenes cristianos que se están enamorando de personas que no son compatibles con ellos. Cada día vemos más separaciones y divorcios en la iglesia, a causa de muchas malas decisiones que se toman, en cuanto a sus relaciones amorosas; sea por sentimientos, pena, rebeldía o cualquier otra razón.

La verdad es que, actualmente, nadie está exento de nada; ni tú ni yo. La Biblia dice que Satanás anda como «león rugiente» viendo a quién puede devorar. El deseo del enemigo es destruir tu futuro y todo lo que te concierne; especialmente, si estás en el ejército de Dios; pero es ahí donde nos tenemos que revestir de la armadura, el poder y la sabiduría de Dios y buscar las alternativas para combatir las asechanzas de nuestro adversario.

Como joven, es importante buscar el consejo de Dios y de tus padres acerca de la persona con la cual piensas establecer una relación amorosa. ¿Sabíasque el «yugo desigual» no es solamente para referirse a una pareja en la que uno es cristiano y el otro no, sino que aun dentro del cuerpo de Cristo hay «yugos desiguales» o relaciones no compatibles? Precisamente, por esta razón, es que hay que ser prudentes cuando escogemos. Mira la situación en la cual me encontré. Si no hubiera escuchado la voz de Dios y la de mis padres (y no me canso de decirlo), no estaría donde estoy hoy. Quizás mi vida hubiese sido otra. No es que Dios no hubiera cumplido su propósito en mí, pero tal vez las circunstancias no serían tan favorables a causa de la desobediencia. Sin embargo, le doy gracias porque me protegió. Sus caminos no son mis caminos y sus pensamientos son más altos que los míos; además, dice la Palabra: «Mis tiempos están en tus manos…»

Hay una canción que canta La Tribu de Benjamín que se titula «Polos opuestos». Es la historia de un chico cristiano que está enamorado de una chica; pero, en verdad, son dos «polos opuestos». Si te encuentras en una relación similar, pídele a Dios su guía para salir de ella. Pídele que te dé una fórmula ganadora que te lleve a enamorarte de esa persona idónea que Él diseñó para ti. Sé paciente porque las cosas buenas les llegan a los que esperan y, sobre todo, los que esperan en Jehová.

Polos opuestos

Ella vive en su mundo

y yo en mi planeta de paz.

Ella fundó su casa sobre la arena

y yo mi castillo de la eternidad.

Ella siempre dice lo que piensa

y nunca piensa como yo.

Ella navega en el Internet

y yo aferrado a mi fe.

¿Que más pruebas hacen falta?

No es compatible este amor.

Yo no caeré en la trampa,

no terminaré como Sansón.

No andarán dos juntos si de acuerdo no estuvieran.

No brotarán dos aguas de la misma fuente.

¿ Qué comunió n tendrá la luz con las tinieblas?

Si su vida, la mía , la noche y el día,

canción sin melodía.

Es que vale m #225;s

la sustancia que la belleza.

Abre tus ojos, recuerda que

tiene dos caras cada moneda.

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