El testamento final
Capitulo 43
Jerusalén, jueves, 22.25 h
Sabía que tendría que haberle dicho que no, que debería haber insistido en que bajara en el ascensor y pasara la noche en el coche si era necesario. Pero se dijo que no sucedería nada, que él dormiría en el sofá o en el suelo y que eso sería todo.
Incluso abrió un armario en busca de una almohada y una manta con la que improvisar una cama. Pero cuando se dio la vuelta, Uri estaba tras ella, inmóvil, como si se negara a participar en aquella farsa.
–Uri, escucha, ya te expliqué que…
–Sé lo que dijiste -la interrumpió él poniéndole un dedo en los labios.
Antes de que Maggie pudiera decir palabra, él le selló los labios con un beso. Al principio fue un beso suave, como el de la otra noche, pero eso no duró. Enseguida se convirtió en algo que despertó una fuerza apremiante en el interior de Maggie.
Lo besó con ansia, con los labios y la lengua deseosos del contacto con la boca de Uri. La fuerza de su deseo la desconcertó, pero fue incapaz de contenerla. Lo había reprimido tanto tiempo, hora tras hora, que una vez rota la presa no había forma de frenar las aguas.
Hundió los dedos en su pelo y tiró de él en su necesidad de acercar aún más su rostro y su olor. Fue como si lo devorara; ambos sentían la misma urgencia. Las manos de Uri se movían de prisa, primero le acariciaron la cara, después el cuello, y empezaron a quitarle el topo Segundos más tarde rodaban por la cama con la piel erizada por la electricidad del primer contacto. Cada caricia, cada sabor despertaba un nuevo destello de intensas sensaciones, hasta que sus cuerpos se unieron. La espalda de Uri se tomó resbaladiza por el sudor, y Maggie se aferró a ella; estaba segura de que podía sentir no solo su deseo,
sino también su añoranza, su necesidad, incluso su pena. Y
cuando ella gimió su abandono, supo que él ya había oído su necesidad, su anhelo de sentirse libre después de tanto tiempo. Permanecieron unidos durante horas; después de que la primera oleada hubiera remitido, su ardor siguió casi intacto.
Quizá estuviera demasiado tensa, porque cuando se despertó, en algún momento después de las dos de la madrugada, no consiguió conciliar el sueño de nuevo. Uri dormía junto a ella; su pecho subía y bajaba rítmicamente con cada respiración. Maggie supuso que era la primera vez que descansaba de verdad desde la muerte de su padre. Le gustaba mirarlo. Durante un largo rato permaneció tumbada de costado, simplemente mirándolo, y notó que la invadía una especie de paz.
Así pasó casi una hora, hasta que Maggie al final se sintió inquieta. Se levantó y se puso una camiseta que había cogido del armario de Edward cuando hizo las maletas el domingo por la tarde. «ATENCIÓN, ESTADO: EL COMERCIO
PATEA LOS CULOS», ponía en el pecho. Era un recuerdo de un torneo interdepartamental de softball del verano anterior. Edward había creído que su participación era crucial para su carrera política.
Caminó de puntillas hasta la mesa, a solo unos pasos de la cama. Abrió el ordenador y lo conectó. El color azul de la pantalla la iluminó en la oscuridad. Uri no se movió.
Esperó a tener conexión y abrió el correo. El primer mensaje de la lista era de su hermana Liz.
Mags:
Mi cuenta de Second Life me dice que no has utilizado el enlace que te envié. ¡Sabía que no lo harías! Pero deberías.
No solo demuestra tu nivel de popularidad, sino que además encontrarás algunas cosas interesantes. Aquí tienes (¡otra vezl) mi nombre en el juego y mi contraseña, además de unas pocas instrucciones básicas para que entres como si fueras yo. Cambiando de tema: hemos de hablar del setenta
cumpleaños de papá. Deberíamos hacer algo grande, no sé, un viaje para él y mamá a Las Vegas con strippers y todo eso. ¿Qué te parece? No me hagas caso, es broma. Besos. L.
Su hermana había firmado con una cara sonriente que hizo que Maggie sonriera.
El siguiente era de Robert Sánchez. «Asunto: últimas noticias.» Dentro, sin mensaje alguno, había un documento con un resumen de las últimas comunicaciones que el equipo negociador en Jerusalén había enviado a Washington. Una lectura superficial le bastó para saber que la situación pintaba mal.
Las conversaciones han quedado reducidas a una actividad puramente testimonial en Govemment House, y ambas partes han retirado a la mayoría de sus representantes. Los avances logrados hace una semana, justo antes de la muerte de Guttman, parecen cosa del pasado… las dos partes no hacen más que cruzarse reproches… los países árabes empiezan a lanzar mensajes hostiles, ruido de sables en Irán y Siria… el lobby proisrael de Estados Unidos, encabezado por los Cristianos Evangélicos, empieza a inquietarse y se ha aliado con grupos de colonos de aquí para organizar un telemaratón que será emitido el domingo por la noche en el Christian Broadcasting Network… hoy ha habido choques violentos en la zona del Monte del Templo cuando fuerzas de seguridad israelíes dispararon gases lacrimógenos a los que acudían a la mezquita de al-Aqsa. Hay dos palestinos muertos, uno de ellos un adolescente… emboscada contra un coche de colonos en las afueras de Ofra, murieron dos pasajeros, uno de ellos de doce años…
Maggie se pasó los dedos por el cabello como si lamentara haber dejado de fumar. Dios, en esos momentos se moría por un cigarrillo… Se preparó para el tercer mensaje. De Edward. Sin asunto.
M: