FC Mezzi 7
Capítulo 4
La ambulancia llegó. Condujo directo adonde estaba Úrsula, que estaba tendida en una banca. Mucha gente estaba mirando. Chris y la acompañamos en la ambulancia al hospital. Ana también quería venir pero no había puesto para los dos, asique se quedó. Me senté a su lado con mi ropa de fútbol embarrada tomándole la mano. Ya no le dolía tanto, pero estaba muy triste.
“Ahora tendrá que pasar mucho tiempo antes de que pueda jugar de nuevo,” lamentó. “Ni ´futbol ni tenis.”
“Primero tienes que dejar que el doctor te examine en el hospital,” dije.
“Tendrán que ganar sin mí… y por mí,” dijo intentando sonreír.
“Fue solo un esguince,” dije.
Ella asintió. Los dos sabíamos que no era así. El torneo nacional era un sueño, una sensación que FC Mezzi seguramente no sentiría de nuevo. Tendríamos que ganar el tercer partido de la lista para seguir. ¿Lo podríamos lograr sin Úrsula? Si no quedábamos entre los primeros dos puestos de la lista, habría un desempate, pero esa no era la idea. ¡Tenemos que avanzar en el torneo!
La ambulancia se detuvo y las puertas de atrás se abrieron. Llevé el bolso con nuestra ropa y se llevaron a Úrsula en la camilla.
“Nosotros esperaremos aquí afuera,” dijo Chris. “Llamé a los padres de Úrsula. Su papá está en camino. Seguramente podrás encontrar un baño donde cambiarte de ropa.
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Una hora después estaba sentado al lado de Úrsula en una sala de espera. Estábamos esperando a que llegara su papá a buscarla y que la llevara a casa. Chris salió a tomarse un café. Úrsula estaba sentada en una silla de ruedas con la pierna en un yeso. Se había roto la canilla, pero no fue una rotura complicada. Pronto podría andar con muletas.
“Puede que pasen varias semanas antes de que puede jugar a la pelota,” dijo con tristeza.
¿Estará pensando en que debería ir con ella a casa? ¿Debería hacerlo?
Me quedé callado.
“Ana me acaba de preguntar si debería acompañarme a casa,” dijo mirando su móvil.
“¿Qué le dijiste?”
“Que no, por supuesto. Y tú tampoco. Tienen que ganar el torneo nacional.”
“Si, pero…”
“Ahora solo son los 11 que necesitan ser, asique será difícil para todos.”
“Es verdad,” Me sentí aliviado. ¡No quería ni pensar en perderme del resto del torneo! Pero también quería estar con Úrsula lo más pronto posible.
“Si solo hubiese hecho el pase con más fuerza…” comencé.
“Ya cállate, Juan. Son cosas que pasan en el fútbol.”
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El papá de Úrsula era un hombre dulce y preocupado. Nos llevó a mí y a Chris de vuelta a la escuela, y yo recogí el resto de las cosas de Úrsula. Tuve una sensación vacía en el estómago mientras enrollé su colchoneta y saco de dormir.
Ana vino conmigo y le dio a Úrsula un abrazo de despedida.
“Ahora to sola tendrás que mostrarles a todos que las chicas también jugamos fútbol,” dijo Úrsula.
Yo recibí un abrazo y un beso en la mejilla. El auto se fue mientras todo el equipo hizo señas.
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Después de la cena, Chris nos reunió a todos. Nos sentamos alrededor de ella en nuestra sala. Primero nos habló de la lesión de Úrsula, y luego del partido contra Salamanca.
“Jugaron muy bien. Debimos haber ganado. Mañana entrenaremos disparos hacia el arco. En estos arcos pequeños es importante mantener el balón a ras de suelo. También entrenaremos cómo es que nos distribuiremos para un saque de esquina. Bueno, pero me da la sensación que el equipo quiere ganar mañana contra Alcalá para pasar a las eliminatorias del torneo. Alcalá es un buen equipo, pero no mejor que nosotros. Ahora no habrá un jugador de más, asique todos tendrán que jugar. Vayan a dormir a una hora prudente, para que estén despiertos mañana. Les daré la formación y nuestras tácticas hoy, como ya estamos descansados y tranquilos. Piensen en lo genial que sería llamar a Úrsula mañana para decirle que ganamos.”
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Estaba solo en nuestra sala la mayoría de la tarde. No tenía ganas de salir a buscar al resto. Estaban divirtiéndose con Agustín de Málaga y algunos chicos de Madrid. Moví mi colchoneta para estar cerca de Nicolás y Emilio. Llamé a Úrsula.
“Hola, Úrsula. ¿Cómo te sientes?”
“Estoy bien.”
Hablamos un rato y me contó que su abuela quería mudarse con su familia para poder cuidarla mientras sus padres estuvieran trabajando. Luego escuché que alguien venía y nos despedimos.
Era Chris.
“¿Cómo te sientes, Juan? Extrañas a Úrsula?”
“Si, bastante. Llegó bien a casa y se siente bien.”
“Qué bueno. Fue muy de mala suerte que le haya ocurrido eso. ¿Cómo ves nuestros chances para ganar mañana?”
“No tengo idea de lo buenos que son los de Alcalá, pero es casi como si estuvieran jugando en casa.”
“Si, seguramente vendrá gente a verlos, pero eso lo hace más divertido. Mientras más emoción haya en el juego, mejor jugaremos,” dijo ella.
“¿Te ha pasado con la selección nacional?”
“Si, bueno, no era tan así que llegaran noventa mil personas a ver un partido de mujeres,” dijo Chris sonriendo. “Pero un par de miles, sí.”
“Me encantaría estar ahí algún día. Jugar en un estadio lleno.”
“Quizás te pase, ¿quién sabe? En todo caso, vas por buen camino.”
El resto llegó media hora más tarde de lo acordado. Fueron ruidosos y no podían parar de reír. Chris los riñó un poco pero muy tranquilamente.
“Debiste haber venido, Juan,” dijo Emilio lanzándose sobre su colchoneta. “Agustín hizo el ridículo de un tipo pesado de Madrid. Fue demasiado gracioso.”
“Agustín dice que hay scouts en la escuela,” dijo Emilio.
“¿Scouts?”
“Si, cazadores de talento. Uno ya lo ha visto en uno de sus partidos.”
“¿Recuerdan ese hombre que vimos en el nuestro?” preguntó Zlatan. “Ese el alto con la barba roja. Quizás él era cazador de talentos. Me preguntó cómo me llamaba y en qué año nací.”
“Qué locura,” dijo Enrique. “Se van a llevar a Zlatan.”
“No lo sé, pero había escuchado de mi patada de tijeras.”
Luego entró Chris. “Ahora apagaré las luces y les recomendaría dormirse rápido, chicos y Ana. Tenemos un partido importante mañana por la mañana. Buenas noches.”
Hubo un murmullo, pero pasó poco tiempo antes de que estuviéramos todos callados y tranquilos. Me costó bastante quedarme dormido. Me quedé pensando en que Zlatan había sido visto por un scout. Quizás recibiría una oferta para ir a jugar a un gran club. Si fuera yo diría que no, porque tendría que alejarme de todos mis amigos… y de Úrsula.
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