Hongos de Yuggoth
Poemas oníricos
la esperanza, Pero pese a todos mis esfuerzos no pude encontrar Más que los fantasmas de la desesperación.
Los taludes se estrechaban cada vez más, Hasta que pronto, privado de la luna y las estrellas, Me vi comprimido en una grieta rocosa Tan vieja y profunda que la piedra Respiraba cosas primitivas y desconocidas. Mis manos, explorando, intentaban rastrear Los rasgos del rostro de aquel valle, Hasta que en el musgo parecieron encontrar Un perfil espantoso para mi mente.
Ninguna forma que forzando los ojos Hubiera podido ver, habría reconocido; Pues lo que tocaba hablaba de un tiempo Demasiado remoto para el paso fugaz del hombre. Los líquenes colgantes, húmedos y canosos, Me impedían leer la antigua historia; Pero un agua oculta, goteando tenuemente, Me susurraba cosas que no habría debido saber.
“Mortal, efímero y osado,
En gracia guarda para ti lo que cuento, Pero piensa a veces en lo que ha sido, Y en las escenas que han visto estas rocas desmoronadas;
En conciencias ya viejas antes de que tu débil progenie Apareciese en una magnitud menor, Y en seres vivientes que todavía alientan Aunque no parezcan vivos a los humanos. Yo soy la voz de la madre tierra, De la que nacen todos los horrores.”
Poemas oníricos
HESPERIA
La puesta de sol invernal, refulgiendo tras las agujas Y las chimeneas medio
desprendidas de esta esfera sombría, Abre grandes puertas a algún año olvidado De antiguos esplendores y deseos divinos. Futuras maravillas arden en aquellos fuegos Cargados de aventura y sin sombra de temor;
Una hilera de esfinges indica el camino
Entre trémulos muros y torreones hacia liras lejanas.
Es la tierra donde florece el sentido de la belleza, Donde todo recuerdo inexplicado tiene su fuente, Donde el gran río del Tiempo inicia su curso descendiendo Por el vasto vacío en sueños de horas iluminadas por las estrellas. Los sueños nos acercan…
pero un saber antiguo Repite que el pie humano no ha hollado jamás estas calles.
EL CANAL
En algún lugar del sueño hay un paraje maldito
Donde altos edificios deshabitados se apiñan a lo largo
De un canal estrecho, sombrío y profundo, que apesta
A cosas horrendas arrastradas por corrientes grasientas.
Callejones con viejos muros que se tocan casi en lo alto Desembocan en calles que uno puede conocer o no, Y un pálido claro de luna arroja un brillo espectral Sobre largas hileras de ventanas, oscuras y muertas.
No se oyen ruidos de pasos, y ese sonido suave Es el del agua grasienta deslizándose Bajo puentes de piedra y por las orillas De su cauce profundo, hacia algún vago océano. Ningún ser vivo podría decir cuándo arrastró esa corriente Del mundo de arcilla su