Juan Pablo II

Benoit-J. Pedretti · Capítulo 10 de 15

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Juan Pablo II

Posturas que a menudo sirven de inspiración, pero que a veces son arriesgadas

También se da un importante paso de acercamiento hacia el judaísmo, el islam y el budismo. En contacto con la cultura judía desde la infancia y testimonio de la deportación durante la Segunda Guerra Mundial, reconoce al Estado de Israel en 1993 y, del 20 al 26 de marzo de 2000, realiza una peregrinación en Tierra Santa. Va a Belén y luego a Jerusalén, al memorial de Yad Vashem y al Muro de las Lamentaciones, donde se disculpa por los actos antisemitas cometidos por los cristianos a lo largo de la historia. También muestra una intensa actividad diplomática con el Islam, marcada por sus visitas a Turquía, Marruecos o Túnez. Es también el primer papa en poner un pie en una mezquita, entrando en la de los Omeyas en Damasco (Siria) en mayo de 2001 para rezar sobre las reliquias de San Juan Bautista. Por último, se reúne con el Dalai Lama, Tenzin Gyatso (nacido en 1935), en cinco ocasiones entre 1980 y 1990. Entonces, se tejen entre ambos lazos de amistad y de respeto mutuo.

Pero el principal símbolo de este diálogo interconfesional, momento culminante del pontificado de Juan Pablo II, sigue siendo el Encuentro de Asís, que se abre el 27 de octubre de 1986 alrededor de una Jornada Mundial de Oración por la Paz. Anunciada con motivo del Año Internacional de la Paz proclamado por la ONU, reúne a cerca de 200 líderes o representantes religiosos para reafirmar el compromiso de todos en la búsqueda de una paz mundial duradera. Con un gran éxito, este día se repite en 1993 y 2002 y luego su sucesor hace que se repita en 2011.

 

¿SABÍAS QUE…?

Juan Pablo II dio un nuevo impulso al culto a los santos, elevando a la dignidad de benditos o

santos a personas cuya fe cristiana fue particularmente notable o heroica. Así, se celebran

1338 beatificaciones, incluyendo la de la Madre Teresa de Calcuta en 2003, y 482

canonizaciones.

 

POSTURAS QUE A MENUDO SIRVEN DE

INSPIRACIÓN, PERO QUE A VECES SON

ARRIESGADAS

En innumerables discursos, el Papa se muestra riguroso ante los principios de la fe y de la moral tradicional, como en el caso de la encíclica «Veritatis Splendor» en octubre de 1993, donde se exponen las bases teológicas y antropológicas de la moral. Las posturas que adopta son a menudo muy personales y muchos se oponen a ellas, incluso dentro de la Iglesia Católica.

Algunos sienten que va demasiado rápido, entre los que destaca un pequeño grupo de integristas agrupado alrededor de Mons. Lefebvre (hombre de Iglesia francés, 1905-1991), que considera que la aplicación del Concilio Vaticano II y las reformas iniciadas por Juan Pablo II son demasiado progresistas y contrarias a la tradición de la Iglesia. Esto le conducirá a hacer secesión, ordenando él mismo a obispos. El grupo es excomulgado en 1988.

Otros creen, en cambio, que no llega lo suficientemente lejos en las reformas: designa al teólogo conservador Joseph Ratzinger (nacido en 1927), futuro Benedicto XVI, a la cabeza de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe. Así, algunas posturas intransigentes defendidas con ahínco chocan contra las realidades del terreno o con el contexto regional. Retendremos, por ejemplo, cómo en 1994 (año de la familia) recuerda los fundamentos de la teoría de la sexualidad, que pretende reconocer solamente la relación entre dos personas en el matrimonio tradicional, lo que confirma la oposición de la Iglesia a la unión extraconyugal, a la homosexualidad y a la anticoncepción, considerada superflua y en contra de la procreación natural. La rigidez de su postura en contra del uso del preservativo como método anticonceptivo o de lucha contra las enfermedades de transmisión sexual es condenada enérgicamente, en vista de los estragos del sida en África. Por último, su oposición al aborto, a la eutanasia y a todas las formas de eugenesia, todo equiparado indiscriminadamente con el asesinato, provoca acalorados debates. Por otra parte, el mensaje de Juan Pablo II sobre la prohibición de los sacramentos a los divorciados, del matrimonio de los sacerdotes y de la ordenación de las mujeres —prácticas a menudo existentes en otras confesiones cristianas— es especialmente mal recibido. A contrario, pide en 2001 que se denuncien sistemáticamente los abusos de menores cometidos por parte de sacerdotes en aras de la transparencia.