La carta robada y otros relatos

Edgar Allan Poe · Apéndice

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La carta robada y otros relatos

Notas

 

[1] La luz zodiacal es probablemente lo que los antiguos llamaban trabes: emicant trabes quos docos vocant. Plinio lib. II pág. 26. (Nota del Autor).

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[2] Con posterioridad a la publicación de Hans Pfaall me entero de que Mr. Green, el famoso aeronauta del Nassau, y otros modernos, contradicen las afirmaciones de Humboldt a este respecto y hablan de la progresiva disminución de las molestias de acuerdo precisamente con la teoría que aquí

presentamos. (Nota del Autor). <<

[3] Hevelius afirma que en cielos perfectamente despejados donde se veían estrellas de sexta y séptima magnitud observó en varias ocasiones que, a la misma altura de la Luna y la misma elongación de la Tierra, empleando el mismo y excelente telescopio, la Luna y sus manchas no aparecían siempre con la misma luminosidad. Dadas las circunstancias de la observación, parece evidente que las causas del fenómeno no se hallan en nuestro aire, en el telescopio, en la Luna o en el ojo del observador, sino que deben buscarse en algo (¿una atmósfera?) que existe en torno al satélite. Cassini ha observado en varias ocasiones que Saturno, Júpiter y las estrellas fijas, al quedar ocultas por la Luna, dejan de verse en forma circular para asumir otra ovalada: en otras ocasiones similares no advirtió la menor alteración de la forma. Y cabría deducir que algunas veces y no otras, la Luna está circundada por una materia densa en la que se refractan los rayos de las

estrellas. (N. del A.). <<

[4] Estrictamente hablando, poca similitud hay entre la chanza que acaba de ser bosquejada y la célebre Historia de la Luna de Mr. Locke, pero como ambas poseen el carácter de obras burlescas (aunque una posea un tono de zumba y la otra de absoluta seriedad) y ambas tienen por tema la Luna (tratando de pareceres plausibles mediante detalles científicos), el autor de Hans Pfaall cree conveniente decir en su defensa que su jeu d’esprit se publicó en el Southern Literary Messenger tres semanas antes aproximadamente de que Mr. Locke comenzara a publicar el suyo en el New York Sun. Imaginando un parecido que quizá no exista, algunos diarios de Nueva York transcribieron Hans Pfaall cotejándolo con dicha historia de la Luna a fin de descubrir si el autor de un texto lo era también

del otro. <<

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