La noche de la pistola

David Carr · Capítulo 1 de 64

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La noche de la pistola

Nota del autor

 

Este libro se basa en sesenta entrevistas realizadas a lo largo de tres años, en su

mayoría grabadas en vídeo o audio y después transcritas por otra persona. Los hechos

representados son fundamentalmente producto de recuerdos y discusiones. Para

reconstruir la historia personal se utilizaron como materiales cientos de expedientes

médicos, documentos legales, diarios e informaciones publicadas. Se han hecho todos

los esfuerzos posibles para corroborar los recuerdos con datos y, en los casos

importantes en los que no ha sido posible, se advierte en el texto. Todo ello no quiere

decir que cada palabra de este libro sea cierta —todas las historias humanas están

sujetas a errores de omisión, de hecho o de interpretación independientemente de los

buenos propósitos—, solo que es tan verdadero como me ha sido posible hacerlo.

Es harto común que nos fastidie el

oído, o más bien la memoria, el machacón

estribillo de una canción vulgar o algunos

compases triviales de una ópera. El

martirio no sería menor si la canción en sí

misma fuera buena o el aria de ópera

meritoria. Así es como, al fin, me

descubría permanentemente pensando en

mi seguridad y repitiendo en voz baja la

frase «Estoy a salvo».

Un día, mientras vagabundeaba por las

calles, me sorprendí en el momento de

murmurar, casi en voz alta, las palabras

acostumbradas. En un acceso de

petulancia, les di esta nueva forma: «Estoy

a salvo, estoy a salvo, si no soy lo bastante

tonto para confesar abiertamente».

 

Edgar Allan Poe, El demonio de la

perversidad[1]