La Quinta Columna

Alberto Laguna Reyes · Capítulo 2 de 22

Páginas del PDF

La Quinta Columna

Agradecimientos

 

Gracias de corazón a todas las personas e instituciones que me han ayudado a

rescatar del anonimato las historias de la Quinta Columna que aparecen en

este libro. Sin su ayuda, seguramente nunca hubieran visto la luz. Las cito a

continuación.

Arancha, la «niña de mis ojos». Siempre gracias por tu confianza,

paciencia, consejos y tu pluma brillante. Formas parte de esta obra, casi igual

que nosotros. Sin ti, nunca lo hubiera conseguido.

Mi familia, en especial a mis padres por haberme inculcado el espíritu de

sacrificio que me ha servido para no tirar la toalla. A mi padre, por su

fantástico trabajo de campo, visitando sin descanso los archivos militares de

Madrid y Ávila. Nunca olvidaré su análisis minucioso de los sumarios que

pasaban por sus manos, especialmente aquellos que se encontraban en el

cuartel Infante Don Juan. Siempre estarás presente. A mi madre, por su apoyo

moral y sus eficaces traducciones del francés que han sido indispensables para

comprender mejor la figura de Charles Duret.

Mis hermanos, sobrinos y amigos, a los que he quitado muchas horas de

mi tiempo y han estado siempre cerca para escuchar mis historias de la Guerra

Civil. Aunque no lo creáis, también formáis parte de este libro. A mis jefes y

compañeros de trabajo, gracias por vuestra confianza y comprensión desde el

primer momento.

El Archivo General Militar de Ávila y todos sus empleados tanto militares

como civiles. Sus miembros son los guardianes de nuestro legado militar y a

ellos les tendremos que agradecer para siempre su trabajo encomiable y su

profesionalidad. Puedo decir lo mismo de los componentes del Archivo

General Militar de Segovia y del Archivo General Histórico de la Defensa,

ubicado en el paseo de Moret de Madrid. En las dependencias de este último nos hemos sentido como en casa mientras buceábamos entre consejos de

guerra y declaraciones juradas.

El Museo Militar de Toledo, por su incesante búsqueda de fondos

fotográficos para este libro, y al Centro de Historia y Cultura Militar de

Ceuta, en especial al coronel Cabieces, cuya ayuda ha sido muy importante

para reconstruir historias como la del laureado Ricardo Bertoloty. Al Museo

Específico de Regulares de Ceuta, uno de los museos más apasionantes que se

pueden visitar en España y uno de los grandes desconocidos de nuestro

patrimonio.

Los archiveros y auxiliares del Centro Documental de la Memoria

Histórica de Salamanca, con los que he tenido mucho trato en el verano de

2018. Su pasión por el trabajo y su paciencia con los investigadores merecen

un reconocimiento especial.

El Archivo Histórico del Ejército del Aire. Sus expedientes nos han sido

muy útiles para entender la historia de algunos quintacolumnistas, como

Villapalos o Pereda. También para los archiveros del Archivo Histórico

Nacional, que nos han permitido seguir investigando los pormenores de la

guerra, y a los funcionarios del Archivo del Ministerio del Interior por las

facilidades que nos han concedido a la hora de estudiar las hojas de servicio

de policías y carabineros.

El Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, donde

hemos podido analizar los expedientes de depuración de los profesores

Antonio Luna y Julio Palacios, personajes esenciales de la Quinta Columna

en la recta final de la guerra. También le damos las gracias al profesor Pascual

Marzal, catedrático de Historia del Derecho de la Universidad de Valencia,

que me proporcionó mucha luz sobre la figura de Luna y su papel en la

guerra.

El Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, en especial a las

archiveras y auxiliares del turno de tarde. Gracias por sus consejos y por

habernos mostrado el maravilloso fondo fotográfico de Santos Yubero,

esencial para ilustrar esta investigación. Mención destacada para Javier Díez

Llamazares, subdirector general de Archivos de la Comunidad de Madrid, por

su comprensión, amabilidad y eficacia.

Alfredo Alvar, uno de los grandes historiadores de nuestro tiempo, que

nos abrió las puertas de la Real Academia de la Historia junto con Miguel

Ángel Ladero Quesada. Sin su ayuda, nunca hubiéramos conocido los

entresijos de la Sección Femenina de Falange y los fondos de la Asociación

Nueva Andadura.

África Borges por sus apasionadas conversaciones sobre su tío Antonio

del Rosal y López de Vinuesa y por cedernos la única fotografía que existe en

la actualidad del primer quintacolumnista de la guerra.

La familia Ordeig, por ayudarnos a reconstruir la historia de la

organización clandestina de San Francisco el Grande y el cautiverio de sus

líderes en las cárceles de Barcelona. Nuestro agradecimiento también para los

descendientes de Valentín de Pedro, que nos permitieron entender mejor el

lado humano del contraespionaje republicano en Madrid.

Pedro Bareño y Gustavo Villapalos, que nos han permitido obtener unos

mejores perfiles de los enlaces que solía utilizar el espionaje franquista para

acceder a la retaguardia madrileña. Con su colaboración hemos ampliado más

datos acerca de sus padres, que sirvieron como correos humanos del SIPM

entre 1937 y 1939. Nuestro reconocimiento para Antonio y Ramiro

Guardiola, cuya ayuda ha sido fundamental para conocer la intrahistoria de

los «nadadores del Tajo». También agradecemos los esfuerzos de los

descendientes de Antonio Gutiérrez Mantecón, en especial a sus hijos Resti y

Aurora y a su nieto Enrique.

Al Museo de la Fundación Nacional de la División Azul por permitirnos

utilizar el único retrato que existe de Juan María Bartolí Bella. A Gonzalo

Rodríguez, del Foro Memoria Blau, por habernos enseñado a comprender la

historia de los quintacolumnistas que se convirtieron en divisionarios tras la

Guerra Civil.

Al coronel Solans, sobrino de Antonio Rodríguez Aguado, por abrirnos la

puerta de su casa y del Casino Militar de Madrid, donde empezamos nuestras

investigaciones. También a las hijas de Joaquín Jiménez de Anta, por

cedernos en su día las imágenes de su padre, y a Manuel Manzano-Monís, que

nos ha resuelto muchas dudas sobre su progenitor.

Marta Castilla y su hijo Jordi Massó por permitir adentarme en Alberto

Castilla Olavarría, uno de los más brillantes infiltrados republicanos dentro de

la Quinta Columna. Años después de nuestro primer encuentro, Marta y yo

nos volvimos a encontrar en Madrid y disfrutamos de una de las charlas más

apasionantes y emotivas de este libro. No dejes de escribir, Marta. A

Francisco Burgos por su búsqueda incansable de fotografías antiguas de su

tío, José Burgos Iglesias.

A Félix Gil le estaré siempre muy agradecido, por haber creído en mí

desde el primer minuto. Gracias por tu confianza, tu libertad y comprensión.

Y, sobre todo, le doy las gracias a Antonio Vargas Márquez, el otro autor

de este libro, al que siempre llevaré en mi memoria y en mi corazón. Todo un ejemplo de tenacidad, implicación y espíritu de sacrificio.

 

Madrid, enero de 2019

Alberto Laguna Reyes