Los millonarios

Brad Meltzer · Capítulo 17 de 91

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Los millonarios

Capítulo 16

—¿Y bien? —preguntó Gallo.

—Nadie contesta —dijo Lapidus mientras colgaba el auricular—. No me sorprende, Oliver es demasiado inteligente para responder a la llamada. — Volviéndose hacia la carta fotocopiada que Gallo dejó sobre su escritorio, Lapidus bajó la vista y la leyó superficialmente—. ¿De modo que es así como lo hicieron? — preguntó—. ¿Una carta falsa firmada por Duckworth?

—Según los técnicos, es el último documento que Oliver tecleó en su ordenador —explicó Gallo mientras paseaba sobre la lujosa alfombra. Después de lo que había sucedido con Joey, no estaba de humor para volver a sentarse—. Y por la copia de seguridad que encontramos escondida en el fondo de uno de los cajones de Shep, parece que les estaba ayudando.

—¿O sea que los tres se reunieron esta mañana y cuando las cosas se pusieron feas, Oliver y Charlie mataron a Shep? —especuló Quincy desde su lugar habitual junto a la puerta.

—Ésa es la única explicación que tiene sentido —dijo DeSanctis, mirando a Gallo con arrogancia.

—¿Y qué hay de la investigación? —preguntó Lapidus—. Como sabe, tenemos un número de clientes muy importantes que confían en nuestra promesa de privacidad y discreción. ¿Hay alguna posibilidad de mantener este asunto… cómo le diría… fuera de los titulares?

Eso era exactamente lo que Gallo estaba esperando.

—Estoy completamente de acuerdo con usted —contestó, aprovechando la oportunidad—. Si esta historia llega a la prensa, se encargarán de transmitir todos nuestros movimientos a Oliver y Charlie. Cuando las cosas adquieren tal importancia, es mejor mantenerse en la sombra.

—Exacto… ésa es exactamente nuestra posición —dijo Lapidus, asintiendo vigorosamente hacia Quincy—. ¿No lo crees así?

Quincy permaneció inmóvil. Su cuota de lameculos estaba cubierta por ese día.

—¿De modo que cree que será capaz de dar con ellos? —preguntó Lapidus mientras Gallo descolgaba el teléfono que había en una esquina del escritorio.

Gallo miró a Quincy, luego nuevamente a Lapidus.

—¿Por qué no dejan eso en nuestras manos? —Gallo marcó rápidamente un número y se llevó el auricular a la oreja—. Hola, soy yo —dijo a la persona en el otro extremo de la línea—. Tengo un móvil perdido en la ciudad, ¿estás preparado para localizarlo?