Los Secretos de Mamá

Zorro Blanco · Capítulo 11 de 12

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Los Secretos de Mamá

Más noches solitarias…

La sesión terminó y Unai volvió con su madre. Ambos emprendieron el camino de vuelta a casa y hoy apenas conversaron. Las sesiones de ambos habían sido, por decirlo de alguna manera, intensas.

De forma que llegaron a casa, cenaron y se acostaron, pero ya en la cama intercambiaron algunos mensajes con sus móviles…

–Mamá, hoy has confesado a Valeria lo que ocurrió el sábado,

¿verdad?

–Uy Unai, si, es que no sé, he tenido que hacerlo, ¿te molesta?

–No mamá, yo también le he hablado de ello.

–¿Y qué le has contado? –preguntó la madre intrigada.

–Bueno que me gustó hacerlo con otra y contigo.

El mensaje de vuelta de la madre tardó en aparecer en la pequeña pantalla brillante del móvil de Unai en la oscuridad de su habitación.

–Yo le he confesado lo mismo Unai.

–¿Te masturbaste el día que me enviaste la foto del búrguer?

De nuevo una pausa en la respuesta…

Malena respondió con un escueto: “Si”.

–¿Y tú? –añadió.

–También –respondió Unai.

Ninguno de los dos se atrevió a decir nada más por unos momentos…

–¿Tienes ganas de masturbarte ahora? –preguntó Unai.

–¿Y tú? –respondió ella.

En la pantalla de Malena apareció de repente una foto con flash del pene de Unai, con el glande saliente y brillante. ¡Ella abrió la boca de asombro!

–¡Guarro! 😡 –dijo–.

Y luego añadió: 🤤

Ahora en la pantalla de Unai apareció una foto de los pechos de su madre, también con flash…

–¿Quieres tetitas?

–Siiiiiiiiiiiii –dijo él en su móvil.

La respuesta de ella tardó en aparecer.

–Bueno Unai, ya basta de juegos, vamos a dormir, ¿vale?

–¿No te vas a masturbar? 😉

–Estoy cansada… tal vez mañana sábado –dijo ella.

Y así, dejó Malena a Unai, con su gozo en un pozo, como suele decirse.

Esta última respuesta de ella enfrió tanto al chico que no tuvo ganas de masturbarse, ni con las tetazas que le había regalado.

Pensaba cómo era posible que todo se torciera en el último momento.

Pensó incluso en levantarse y presentarse en su cama, pero no quería obligarla, pensó que ella debía aceptarle e invitarle a ir pero, lamentablemente no lo había hecho.

Aún tenía sus dudas al parecer. En aquel juego del gato y el ratón desesperante y delicado, cada uno jugaba con el otro, como el gato

con el ratón, sin saber quién era el gato y quién… el ratón.

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¡Fól ate a un extraño!

Al día siguiente era sábado, pues las citas con la psicóloga eran los viernes, pero para desgracia del recién estrenado “trio”, los astros se confabularon y le pusieron guardia a la amiga de Malena, de forma que sus planes de “repetir plato” se vieron frustrados de repente…

A pesar de ello Unai le dijo a su madre que saliesen juntos, cenasen y volviesen al garito que habían conocido gracias a Sara.

–¿Quién sabe mamá? Igual ligamos –dijo Unai a una escéptica madre.

De forma que un poco reticente decidió ponerse un vestido y arreglarse. Los dos lo hicieron y se sentaron en un buen restaurante para tomar una cena uno frente al otro. Como si de una pareja se tratase.

Ella estaba deslumbrante. Había ido a la peluquería por la mañana, cosa que hacía años que no hacía y le habían cortado el pelo y peinado de forma impecable.

–Estás muy guapa esta noche mamá –dijo el chico.

–¡Gracias Unai! Tú también te has puesto muy guapo hoy –le confesó la madre en devolviéndole el cumplido.

Tomaron una botella de vino, algo que Unai no apreciaba mucho, pero como su madre insistió, decidió no negarse. De forma que tomó vino tinto, vino rojo sangre, como aquella que corría por sus venas calientes.

Su madre se había puesto un vestido con escote, que dejaba entrever un generoso canalillo.

–No debes ser tan directo Unai –dijo la madre de repente.

–¿Directo, por qué? –replicó el sin comprender.

La madre se limitó a sonreír y tomar un sorbo de su copa de vino, luego contestó.

–Si tienes una cita no le estés mirando todo el rato las tetas –se jactó sonriente.

–¡Ah si, lo he hecho! –dijo él sorprendido.

La anécdota les hizo pasar un buen rato.

–¿Te puedo confesar algo mamá?

–¡Claro! –dijo ella, aunque temió que el tema fuese ella misma.

–Ayer en la sesión pensé en la psicóloga y me excité mientras le hablaba de nuestro encuentro. Pensé en cómo sería intercambiar a Sara por Valeria, ¿te lo imaginas? –dijo Unai con una sonrisa maliciosa en sus labios.

–¡Eres increíble Unai! ¿Tú sabes cuanto nos cuesta cada sesión?

De repente su afirmación hizo que se le borrara la sonrisa de la cara.

–Lo siento mamá, es que no pude evitarlo.

–No pasa nada, te entiendo. Valeria es una chica muy guapa, con sus ricitos perfectos y su perfecta sonrisa. Lo entiendo perfectamente. Además te confieso que mientras me interrogaba por nuestro encuentro con Sara, llegué a pensar que tal vez estaba pidiendo demasiados detalles sobre el asunto.

–¡Ah sí! –dijo Unai sorprendido.

–Si, eso no pasa desapercibido para mí. Creo que en cierto modo quería conocer nuestras intimidades con Sara.

–¿Por qué, tú crees que le excitan nuestras confesiones? –

preguntó Unai desconcertado.

–No estoy segura de qué es exactamente, sólo detecté un interés más allá de lo que podemos entender como normal en la sesión, especialmente en los detalles y en sus preguntas.

–Pues ahora que lo dices, tal vez conmigo hizo lo mismo. No sé mamá, no me imagino a Valeria montándose el trio entre tú y yo –

dijo Unai riendo.

–Yo tampoco, pero a que te gustaría, ¡eh, bribón! –replicó la madre pellizcando suavemente su codo.

Terminaron la cena y se fueron al garito. Allí tomaron sus copas y se fueron a una esquina, durante un tiempo intentaron bailar, pero aquello no era lo suyo. Definitivamente empezaban a aburrirse.

–¿Te follarías a algún chico de aquí mamá? –le susurró de repente Unai a su oído.

–¡Pero qué dices! –dijo ella escandalizada.

–Me encantaría verte follar con algún chico mamá, ¡tú te lo mereces! –insistió él.

Ella renegó de su atrevimiento, pero él, pacientemente fue picándola y entre ambos eligieron la victima… o el afortunado.

De repente vieron a un chico solo, parecía divertirse pero estaba solo. Era un poco extraño y vestía de forma un poco estrafalaria.

Camisa roja y pantalón baquero, peinado estilo Beatle pasado de moda y de complexión delgada. No era muy alto de forma que no intimidaba a Malena.

–¿Ese? –dijo ella cuando Unai se lo sugirió.

–¡Ese! ¡Vamos éntrale! ¡Pídele que te invite a una copa! –dijo su hijo empujándola desde su hermoso culo.

Entonces ella pareció activarse, fue como un clic en su cerebro, algo interno que sólo podría haber notado ella. El caso es que se armó de valor y se encaminó para hablar con el chico.

Le pidió un cigarro y luego fuego. Este encantado le ofreció tabaco, luego le pidió que la invitase y éste, como no, de nuevo aceptó. Así empezaron una animada conversación en la que Unai no tenía ni idea de lo que podían estar hablando.

El caso es que en un momento dado, sin que él lo sospechara, ella le señaló y con la mano le hizo gestos para que se acercara.

Extrañado y temeroso se acercó, como pensando en qué se estaba equivocando su madre.

El caso es que una vez cerca ella le saludó con un beso en la boca.

–¡Hola cariño! Mira este es Frank, un chico muy simpático al que acabo de conocer.

–¡Oh si hola Frank! –dijo Unai dándole la mano.

–Encantado Unai, tu pareja me ha hablado mucho de ti. Dice que se hartó de carrozas y ahora le van los chicos jóvenes como tú y como yo –dijo él guiñándole un ojo.

–¿Eh, cómo? –dijo Unai sin comprender.

–Vamos cariño, somos una pareja abierta recuerdas, ¿ahora no te irás a poner celoso verdad?

–¡Eso, eso! –protestó Frank allí presente–. Ella me ha explicado que no te importa compartir su amor y a ella tampoco contigo.

–Bueno no, claro que no. Quiero que se sienta libre –dijo Unai entrando en el papel.

La película que se había montado su madre era sorprendente, le hizo creer al chico que tenían una relación abierta, no sabría de

donde lo había tomado, pero eso es lo que le dio a entender.

De forma que Frank los invitó a copas y bailaron con él mientras ella se dejaba sobar por el aquel tipo pintoresco y él se animó y también comenzó a tocarle el culo y pegarle el paquete. Así como darle algún que otro beso pero en la mejilla pues su madre procuró que no llegase a sus labios.

–¿Nos llevas a casa? –dijo Malena a Frank.

–¡Oh claro, tengo el coche aquí cerca! –dijo él.

–¡Cómo que a casa! –dijo Unai estupefacto.

Luego comprendería el porqué de tal decisión.

Los tres salieron del garito atestado de gente y medio borrachos y allí entraron en un parking para ver el flamante BMW de Frank, el tipo era estrafalario pero, ¡manejaba pasta!

Se montaron con él y el motor rugió mientras salían por la rampa hacia la calle. Este condujo de manera un poco agresiva mientras su madre estaba delante y Unai detrás.

Además el tipo la besaba en la boca en cada semáforo, le sobaba las tetas y le metía la mano entre las piernas.

–Bueno Frank, algo que tienes que comprender es que no hacemos esto con cualquiera. Y que si quieres que te invitemos has de cumplir las reglas –dijo su madre.

–¡Claro, claro! Soy de fiar –dijo Frank levantando la mano derecha en plan juramento bíblico, mientras sonreía.

–A Unai le gusta verme follar, él no participa pero igual se hace una paja –prosiguió diciendo Malena.

–¡Perfecto! Tres son multitud –dijo Frank.

–¡Ah y en el sexo mando yo, así que no me va por detrás y si algo no me gusta lo digo y punto! ¿Vale?

–¡clarísimo! –dijo Frank.

Llegaron a su casa y subieron en el ascensor, allí Unai contempló como Frank se abrazaba a su madre y le metía la lengua hasta la campanilla, mientras le sobaba las tetas y el culo.

¡Uf! Unai dudaba de que pudiese soportar aquello, no sabía si darle dos hostias al tipo aquél o cascársela viendo a su madre gozar con aquel peculiar individuo que habían buscado.

Pensó que él lo había propuesto, por lo que ahora le parecía injusto cortarles el rollo así que apechugar.

Entraron a su casa y lo condujeron hacia el salón. Ella entró al baño y él le ofreció una bebida. Este aceptó y pronto estuvo de vuelta su madre con un camisón sexy. Unai no sabía ni que lo tenía.

Así que cuando Frank se echó encima suyo y comenzó a sobarla y comérsela viva Unai se acomodó en su sillón y se dispuso a contemplar el espectáculo de porno en directo.

El salón estaba débilmente iluminado por una lámpara de pie puesta al mínimo en su regulador, habían puesto la tele pero más que nada para tener algo de ruido de fondo, cosa que agradecerían cuando Malena comenzó a gemir y expresar vivamente su excitación.

Cuando el tipo sacó su polla y se la ofreció Unai pensó que ella se negaría pero para su asombro su madre se la tragó con maestría.

–¡Coño mamá! –se le escapó tapándose la boca y despertando la mirada furtiva de su madre–. ¿Se la vas a chupar?

–¡Sí cariño, no le comiste la raja a Sara la otra semana delante mío! No es tiempo de ponerse celoso amor –dijo su madre dándose un respiro.

Unai se hundió en su asiento y se limitó a contemplar cómo su madre se esforzaba por tragar su polla, ¡y esta era bien grande!

Luego el tipo se arrodilló y comió la raja materna, ella ya no llevaba bragas así que él tuvo libre acceso a su raja, lo que más le impresionó a Unai es que… ¡se había depilado!

Tenía un chocho fenomenal, grueso y jugoso y ahora depilado parecía hasta más jovencita por decirlo de alguna manera. Ella se puso de culo y él le comió la raja y el ojal de su ano, para más señas. Esta no paraba de gemir y Unai se removió en su silla y no tuvo otra que sacar su polla y comenzar a mostrarla a su madre para que viese que le había excitado.

–¡Oh cariño! ¿Te gusta, verdad?

–¡Si Unai, tu pareja está muy buena! ¡Gracias por compartirla conmigo! –dijo Frank mientras se ponía un condón para luego pasar a follar a su madre echada en el sofá con sus muslos carnosos muy abierta.

Este la cubrió en la clásica postura del misionero y ella lo recibió abrazándolo y dejándole chuparle las tetas mientras le daba enérgicas culadas.

Unai no paraba de bufar en su asiento mientras su madre era follada implacablemente por aquel tipo menudo de gran polla.

–¡Vamos Malena ahora ponte a cuatro patas sobre el sofá! –le dijo el tipo liberándola de su escuálido peso.

La hembra se incorporó y como una diosa griega, con sus grandes tetas y anchas caderas miró a su hijo y se giró para hincar las rodillas en el sofá y ofrecer su jugoso trasero al tipo.

Este apuntó su polla entre los cachetes y empuñándola con la mano la paseó arriba y abajo por la raja materna ante la mirada atónita de su hijo.

–¡Ay! –gritó la madre cuando el tipo la penetró por sorpresa.

Y siguió gritando mientras este la ensartaba con enérgicas culadas una y otra vez, a cada una más profunda. Aferrándose a sus anchas caderas mientras su pelvis chocaba con su culo provocando sonoras palmadas que resonaban como ecos de la caliente noche de sexo y perversión.

“Splash” –sonó una palmada en su culo.

–¡Ay! –gritó su madre.

¡Splash, splash! –sonaron dos palmadas más.

Aquel tipo canijo era un experto follador y lejos de molestarle a su madre la estaba llevando a un éxtasis largo tiempo olvidado por ella.

Con su gran polla la follaba sin compasión, mientras ella daba alaridos de placer y un cada vez más inquieto Unai, no sabía si,

¡levantarse y darle dos ostias al tipo! ¡O unirse él a la fiesta!

–¡Ay cariño, estás disfrutando del espectáculo! –le dijo girándose una vez más.

–¡Sí ma… Malena! –dijo Unai, quien por un segundo estuvo a punto de llamarla madre.

Ella volvió la cabeza y siguió gozando de la follada.

Por si fuese poco el tipo se chupó un dedo y lo introdujo en su ano mientras la follaba. Esta gimió al notar aquella insospechada intromisión y su hijo se removió inquieto una vez más en su asiento.

Lo cierto es que le estaba costando un montón presenciar aquel polvo y no sabía bien por qué, pues su madre gozaba y él le había dicho que podía follarse a quien quisiera, pero una cosa es decirlo y otra bien distinta cumplirlo, ¿verdad?

Frank se corrió mientras él cavilaba, pero no lo hizo dentro sino fuera. Sacó su polla y se la sacudió soltando andanadas tras

andanada de semen sobre sus blancas posaderas, que comenzaron a chorrear en un zafio espectáculo.

Entre alaridos de Malena, que sintió tanta excitación al sentirlo correrse en su culo que ella también comenzó a temblar y convulsionarse en un orgasmo fenomenal que acrecentaba con su mano bajo su vientre exprimiéndose su clítoris con maestría.

–¡Ay Frank! ¡Creo que este ha sido uno de los mejores orgasmos que he tenido! –le confesó al terminar.

–¡Oh qué precioso trasero Malena! No he podido resistirme –dijo Frank tras la corrida dando una palmada más en aquel trasero fenomenal.

–¿Cariño me traes una toalla del baño? –le pidió su madre.

Cabreado, Unai se levantó y cuando volvió descubrió al tipo vistiéndose mientras su madre estaba aún congelada en aquella posición obscena a cuatro patas –se la ofreció con cierto desdén.

–Cariño, ¿serías tan amable de limpiarme? –dijo.

¡Aquello era inaudito! Unai estuvo a punto de entrar en cólera, llamarla furcia o algo peor y decirle que ya se podía limpiar aquella asquerosidad ella misma…

Pero Unai no quería estropear el momento de placer de su madre, largo tiempo abandonada a su suerte solitaria, así que se tragó su ego y la limpió lo más amorosamente que pudo.

–¿Ya está todo? –dijo.

–Si –respondió él sin mucho entusiasmo.

–¡Muchísimas gracias cariño! Eres un sol –añadió y girándose le besó en la mejilla, un casto beso que llamó la atención del tipo que ya había terminado de vestirse.

–¡Jo chicos ha sido genial! Muchas gracias por compartir a tu pareja Unai, ¡no sabes cuanto me ha gustado! –dijo estrechándole la mano con fuerza.

Después de todo, parecía que en aquella habitación eran dos los desesperados que habían saciado sus apetitos. Hasta Unai sintió compasión por aquel tipo menudo que se había follado a su exuberante madre.

–Tranquilo Frank, has gozado de su coño y ella de tu polla, ambos estáis complacidos –se lamentó el joven Unai.

–¡Si, si claro! –dijo Frank comenzando a recoger sus cosas–. No sé si querríais repetir, pero a mí me encantaría –añadió y les entregó una tarjeta donde ponía el nombre de una sociedad limitada y “Gerente” como cargo.

–Está bien Frank, te llamaremos –dijo Malena recogiendo su tarjeta.

Galantemente su madre le acompañó a la salida y le dio un beso de despedida, volviendo al salón para descubrir a un aplacado Unai hundido en el sofá.

–Me estoy haciendo mucho pis –dijo corriendo al baño mientras él la esperaba en el salón.

Al volver reparó en que algo no andaba bien con su hijo así que se sentó a su lado y poniendo la mano en su rodilla le preguntó.

–¿Qué te pasa? ¿No te ha gustado verme follar con él, verdad? –

dijo con su sexto sentido.

–Bueno yo… lo siento mamá, sé que fui yo quien te lo dijo. Tú incluso no querías, pero insistí, pero luego, verte follar con él me ha trastornado. No sé muy bien por qué, pero sentía tanta rabia que he estado a punto de pegarle dos hostias y apartarlo de ti.

–¿Entonces no te ha gustado verme follar con otro?

–La verdad es que no me gustaría volver a repetirlo –dijo él–. Al menos te has corrido, ¿no?

–Bueno, ha sido un buen polvo hijo, ten en cuenta que llevo mucho tiempo sola.

–Lo sé mamá, soy un egoísta. Retiro lo dicho antes, fóllate a quien quieras cuando quieras, yo no soy quién para impedírtelo.

–No cariño, yo sólo follaré con otro hombre si tú te sientes a gusto con ello. No quiero que te sientas celoso porque los celos no son buenos.

–No soy quién para tener celos, tú eres mi madre y eres libre de follarte a quien quieras.

–Sí, soy tu madre y me ha gustado que me veas follar con otro y que estés presente mientras lo hago, me he sentido más segura que si hubiese estado sola, pues era un desconocido y ha sido excitante al verte acercarte y participar –le confesó su madre.

–¡Bueno mamá, qué puedo decir! Nunca pensé hacer algo así pero, ¿te puedo confesar algo?

–¡Claro! –dijo ella.

–Mientras os veía me he excitado, ¡no he podido evitarlo!

–¡En serio! –dijo su madre sorprendida.

Y como si quisiera comprobarlo por sí misma, su mano se deslizó hasta su bragueta y la halló dura, apuntalada por su falo erecto bajo la tela del baquero y su calzoncillo.

–¡Es cierto cariño, aún la tienes dura! ¡Ahora, mamá será buena contigo!

Ahora el incrédulo era él, pero cuando la vio arrodillarse en la penumbra del salón supo que iba en serio. Entonces sintió una gran

excitación, un gran vértigo, algo indescriptible que removió hasta el último vello de su piel.

Sus dedos se deslizaron con maestría y retiraron su cinturón, desabrocharon el botón y bajaron su bragueta introduciéndose por la raja de su calzoncillo para extraer su falo erecto. Una vez en su mano su boca no tardó en hacer el resto del trabajo.

Unai la sintió entrar en su caliente boca y chuparla casi hasta los huevos, tan caliente como se la había chupado a Frank momentos antes.

Él se echó hacia atrás y disfrutó de la boca succionadora materna, que se empleó a fondo tanto que tuvo que detenerla para no correrse dentro de su garganta.

Su madre se mostró como una experta chupadora y Unai sintió como su glande atravesaba su campanilla y bajaba por su garganta hasta rozar las cuerdas vocales, esto le enervó tanto que en una segunda interrupción tuvo que pararla.

Entonces ella comenzó a masturbarle con fuerza y por sorpresa pegando sus enormes pechos a sus huevos y Unai no pudo contenerse y su carga de esperma le roció las tetas con gran abundancia, chorreando una segunda vez en la nuche esperma por el cuerpo de su madre.

–¡Así cariño! ¡Me encanta ver cómo os corréis sobre mi cuerpo! –

le confesó ella, algo que él nunca hubiese sospechado.

Al terminar extendió su mano y tomó la toalla para secarse, pero él se la arrebató de las manos.

–¡Déjame limpiarte! –le regó.

Con gran delicadeza él la limpió, y ella se dejó limpiar, mientras él le sujetaba las tetas con una mano y con la otra pasaba la parte limpia de la toalla para recoger su esperma.

–¡Oh cariño, qué sucia estoy! Definitivamente, ¡necesito una ducha! –dijo jactándose y levantándose del suelo con dificultad, pues ya no era una jovenzuela que se agacha y se levanta como una gacela.

Su madre se duchó y al salir de la ducha él entró y también se duchó, pero cuando terminó esta ya estaba dormida y resoplaba en su habitación, definitivamente: ¡Había sido una buena noche!

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Confesiones “personales” ...

A la mañana siguiente salieron a dar un paseo, era un domingo radiante y radiante estaba la madre, como la novia que se casa en tan sagrado día. Él se arregló también a petición suya, aunque con la reticencia del joven que piensa que ir elegante es llevar una camiseta con unos vaqueros.

Desayunaron en una terracita del barrio junto a un parque…

–Estás muy guapa esta mañana –le dijo Unai por sorpresa.

–¡Gracias! –dijo ella–. Tal vez sea el secreto de Cleopatra –

añadió.

Unai no comprendió el chiste.

–Dicen que se bañaba con leche de burra, yo creo que no, que era leche de semental, como yo hice anoche, de ahí que hoy esté tan guapa –le dijo soltando una carcajada a su hijo.

Unai no compartió su zafio humor.

–Hay cosas de ti que desconocía mamá, esa entre ellas –dijo él.

–¡Oh cariño! Es que estamos haciendo cosas que nunca pensé que haría contigo. Sólo espero no escandalizarse demasiado –dijo ella con cierta pesadumbre.

–Tranquila mamá, te confieso que aunque aquel tipo me enervó, fue muy excitante verte follar con él.

–¡Oh, cariño! No me lo recuerdes, anoche era todo distinto, ¡ahora me da mucha vergüenza! –confesó Malena escandalizada.

–¿Pero por qué? –dijo él sin comprender.

–Ya sé que puede parecer contradictorio, pero anoche estaba sedienta de sexo, en cambio hoy esto satisfecha y lo veo con los ojos de la culpa –le confesó su madre.

–Pues no debes sentirte culpable, eres libre de follar con quien quieras como ya te dije.

–Lo sé hijo, lo sé –claudicó Malena.

–Otra cosa que me sorprendió, bueno te dará aún más vergüenza, pero me sorprendió ver lo bien que hacías una felación –se atrevió a expresarle Unai.

–¡Oh Unai!

–¡En serio! He visto muchas pelis porno mamá y tú parecías una experta –se atrevió a confesarle.

–Bueno verás Unai, digamos que a tu padre le gustaba mucho y yo quería aprender, así que sí, algo bueno supongo que me enseñó

–dijo finalmente.

–¡Pues te enseñó bien! –se jactó Unai–. ¿Todo lo que pasó anoche, fue muy excitante. ¿Querrías repetir?

–No sé, me lo pensaré –dijo ella con sonrisa picarona mientras hincaba el diente a una tostada.

Tras esto pasearon por el parque y se sentaron en un banco.

–No pensé que fueses capaza de hacerme lo que me hiciste anoche –dijo su hijo.

–Yo tampoco pesé que fueses capaz de chuparme los pechos cuando estábamos con Sara hijo, son cosas que se improvisan en el momento.

–Tienes razón, ¡como siempre! –añadió él–. Oye, ¿me dejarías ir a casa de Sara esta semana?

–Te gustaría follártela de nuevo, ¿eh?

–¡Claro! –dijo él, comprendiendo lo obvio.

–Pues se lo preguntaré y creo que dirá que sí, es muy guarra y se apunta a todo –afirmó ella…

Esa misma noche Malena estaba de guardia con Sara, así que tras la pequeña vorágine de las cenas en las habitaciones y cuando todo quedó en calma. Ella y su amiga se despistaron por uno de los pasillos con la excusa de ir a tomar un café.

Pero no era café lo que quería Sara, cuando echó mano a su entrepierna y pegó a Malena contra la pared.

–¿Has gozado este fin de semana? ¡Porque yo no y estoy que muerdo! –dijo Sara robándole un beso de sus labios.

–¿Qué me dirías si te dijera que he probado dos pollas? –dijo Malena empujándola desde la pared para apartarla.

–Que no me importa que goces pero, ¡este chochito será mío esta noche!

Sara se arrodilló y mordisqueó su vulva a través del uniforme.

Malena suspiró y bajándose hasta las bragas la pequeña chica lamió su raja y la deleitó con un caliente cunnilingus.

En la penumbra del pasillo estaban en peligro pero eso lo hacía más excitante, mientras miraban de un lado a otro.

Ahora Sara se levantó y besó a Malena compartiendo con sus labios la calentura de su sexo. Para Malena no es que le gustase especialmente saborear su propio sexo en los labios de la chica pero su calentura sí que le gustó, entonces Sara tiró de su pelo y la bajó hasta su vulva, obligándola a devolverle el favor algo que la

madura enfermera aceptó y clavando su lengua pinchó el globo de sus jugos y bebió su néctar haciéndola gozar.

Cuando de pronto un doctor apareció andando rápidamente por el pasillo y se topó con ellas de bruces.

Ambas disimularon, Malena se levantó y Sara se subió el pantalón y sus bragas reglamentarios.

–¡Buenas noches señoritas! –dijo el joven doctor.

–¡Buenas noches doctor! –dijeron ellas y se giraron para continuar caminando por el pasillo mientras se desternillaba de risa.

El doctor fue a una urgencia, pues le habrían llamado de la planta de ahí sus prisas y que las hubiese pillado con las bragas bajadas.

Ahora sí echaron ese café y al volver a su planta se toparon de nuevo con el joven doctor.

–¿Cómo va la guardia? –dijo Sara.

–¡Bien señorita, bien! –dijo él.

–Si se nota muy estresado avísenos, nosotras somos expertas desestresadoras –dijo y se rio.

–¡Lo tendré en cuenta! –dijo el doctor mientras Sara le hacía detenerse yendo directa hacia él.

–¡Qué haces cariño! –dijo Malena tomándola del brazo.

–¡Nada cariño! Me preguntaba si el joven doctor, no está estresado, ¡voy a ver!

Entonces, en la penumbra del pasillo ella tocó entre su bata y halló su miembro morcillón.

–¿Se anima a ayudarnos a buscar una sonda Foley en el almacén doctor?

–¿Lo dice en serio? –dijo un anonadado doctor.

–¡Claro! Esas sondas son muy esquivas y siempre se andan perdiendo.

De repente ambas enfermeras estaban arrodilladas en un pequeño almacén de planta donde guardaban toda clase de material de enfermería, con su polla erecta frente a la cara chupándola alternativamente y a la vez.

Malena se sentía como una puta cuando estaba con Sara, pero descubrió que esto la hacía sentirse, ¡viva! Más cuando el doctor la introdujo en su sexo y la folló de pie mientras ella ponía el culo en pompa, sintió su verga dura atravesar su coño y follarla hasta llenarla de gozo y de ambrosia.

Curiosamente fue ella la primera elegida, tal vez el joven doctor gustaba del morbo de la madura, de la MILF y quiso follarla. Así Sara reclamó su turno y abriendo su joven raja acomodó también la herramienta del joven doctor mientras Malena la hacía bajar a su raja y para que se la lamiera mientras se dejaba dar desde atrás por el joven doctor.

Este tocó las tetas de Malena y pellizcó sus pezones hasta casi hacerle daño. Entonces ella apartó a su amiga y espatarrándose recibió un enérgico empuje del doctor y se clavó su verga hasta los ovarios.

Mientras metía su lengua en su garganta y se dejaba follar y apretujar sus tetas. El doctor ya no pudo más y sacándola se corrió manchando sus pelillos de la vagina con su caliente leche, ¡menos mal que se deshizo del uniforme antes!

El doctor se apresuró a terminar y escurrir su herramienta mientras una Sara enfadada se sentía estafada al ver como el joven doctor prefirió correrse con la madura en lugar de con la joven ardiente.

–¡Me lo has quitado perra! –le dijo aunque quedó clara la ironía.

Entonces Malena, satisfecha por la follada clavó los dedos en el coño de su amiga y le mordisqueó las tetas y la folló hasta que esta gritó basta y su orgasmo la hizo temblar como un clavel en la fría noche estrellada.

Aún quedaban unas horas de guardia, pero con sus sexos satisfechos, las enfermeras se relajaron y pasaron una noche tranquila más en el trabajo.

A la mañana siguiente se lo contó todo a su hijo…

A Unai le pareció tan excitante que se hizo varias pajas imaginándola en el pequeño almacén de planta amando a su amiga en secreto.

–¿Te das cuenta de que te estás volviendo “bi” como Sara? –le dijo Unai.

–¡Yo “bi”! –exclamó Malena y soltó una carcajada.

Lo cierto es que Malena se estaba transformando. De ser una mujer tradicional entregada a su marido y su hijo, a ser una mujer independiente, divorciada que comenzaba a disfrutar del sexo y de los placeres prohibidos de la vida.

Esa misma semana Unai se fue a dormir con Sara y follaron felices como perdices, para luego contarlo a su madre al día siguiente y esta disfrutar con los detalles más pequeños y calientes, más zafios y excitantes.

–¡Tu amiga es una fiera en la cama! –dijo Unai tras contar su historia.

–¡Ya lo creo Unai! Es una fierecilla a la que estamos domando –

dijo Malena riendo.

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Confesiones “profesionales” ...

Finalmente llegó el viernes…

–Bueno hoy he pensado que la terapia sea conjunta, después de todo ambos tenéis buena comunicación y acabáis confesándoos los secretos mutuamente –dijo Valeria.

–Me parece bien Valeria –dijo la madre.

Unai asintió también.

–Entonces contadme lo que ha pasado durante la semana –

concluyó la profesional.

A partir de aquí tanto Unai como su madre contaron lo sucedido el sábado anterior, especialmente los celos que sintió Unai mientras aquel extraño follaba a su madre.

–¡Oh, qué interesante! –dijo Valeria.

–Si, estaba tan frustrado en mi sillón que no quería seguir.

–¡Pero cuéntale lo que hiciste para evitarlo! –dijo su madre.

–¿Qué hizo Malena? –dijo Valeria.

–Pues no tuvo otra ocurrencia que levantarse y seguir con la farsa metiéndome su miembro en la boca para que se lo chupase –explicó Malena a Valeria.

–¡Cómo, en serio hiciste eso Unai!

Éste asintió con la cabeza.

–Pero, ¿te molestó Malena?

–La verdad es que me preocupó, pero estaba tan metida en el papel y bueno, disfrutando tanto de la follada de Frank por detrás,

que decidí chupársela igualmente y me corrí –confesó su madre.

–¡Oh Malena, qué cosas! –dijo Valeria.

–Bueno, luego hice algo feo, lo admito, porque me corrí en su espalda y la llené toda de leche, eso no gustó al tipo, ¿verdad mamá? –dijo Unai despertando las risas de su madre.

–No, ¡en absoluto!

–¿Eso tampoco te afectó a ti Malena? –se interesó Valeria.

–Sentía que era rabia de Unai y lo comprendí, quizás habíamos ido demasiado lejos en nuestro juego así que no le culpé. Hacía tiempo que nadie se corría encima de mi piel –confesó su madre.

–¡Chicos la verdad es que no sé qué hacéis aquí! –dijo Valeria para asombro de ambos.

Cuando tanto la madre como el hijo la miraron estupefactos ella se explicó.

–Veréis aquí solemos atender a gente con complejos que les coartan sus vidas, que les condicionan hasta para salir a la calle y vosotros dos estáis aquí contándome vuestras batallitas y no os veo traumatizados en absoluto.

Madre e hijo se miraron y se sintieron en cierta medida culpables.

–Entendedme, no os estoy regañando, simplemente os confieso que no veo motivo para que vengáis aquí. Si no queréis seguir haciéndolo lo entiendo perfectamente, si creéis que no debéis seguir teniendo esas relaciones entre vosotros entonces tal vez sí que os pueda ayudar.

Ambos escucharon atentamente a aquella joven psicóloga.

–Bueno Valeria, la verdad es que vine aquí preocupada porque mi hijo me espiaba y se hacía pajas con mis videos, pero en este tiempo hemos avanzado desde ese punto y como dices es algo que

hay que manejar con tacto y que me sigue preocupando pero que siento que no es para tanto –dijo Malena.

–Por mi parte Valeria vine aquí porque mi madre me lo pidió, alarmada como ha dicho, yo me he sentido mal por todos estos deseos y pensamientos sexuales hacia ella, creo que aún tenemos tensión sexual no resuelta y tal vez por eso debamos seguir viniendo –dijo Unai.

–Bueno eso si es un punto de partida –concluyó Valeria.

Los tres habían llegado a un acuerdo y parecía que estaba ya todo claro cuando Valeria decidió hablar.

–Veréis hay algo que nunca he contado a nadie y me gustaría contároslo a vosotros…

“Cuando estudiaba la carrera volvía a casa cada fin de semana y salía con mis amigas del pueblo hasta que mis padres me dijeron que se iban a divorciar.

Bueno no pasa nada –pensé–, esas cosas ocurren entre adultos.

Así que mi rutina cambió. Un fin de semana volvía a casa de mi madre y otro lo pasaba con mi padre.

De modo que vi cómo mi madre comenzó a salir con otros hombres y a llevarlos a casa, follaba de madrugada y me despertaba cada sábado y acabé odiándola por ello.

En cambio mi padre me dedicaba el fin de semana. Me llevaba a algún sitio distinto y pasaba el tiempo conmigo.

Eso me hizo compadecerme de él y enquistar un resentimiento creciente hacia mi madre…

Entonces noté que mi padre me observaba cuando me duchaba y yo le observaba a él cuando salía de la ducha. Comencé a sentir

cierta atracción sexual por él y lo notaba cuando estaba cerca, pasando el fin de semana con él.

Cuando tocaba con mi madre nos llamábamos y nos contábamos qué hacíamos. Yo le contaba lo puta que se había vuelto mamá y el la disculpaba por los años de falta de entendimiento entre ellos.

Era algo que no entendía pero él nunca la culpó.

El caso es que una noche salimos a cenar y tomamos mucho vino. Luego me invitó a un par de copas en un bar y bailamos con parejas que me doblaban la edad.

Esa noche recuerdo que estaba muy borracha cuando llegamos a casa y literalmente me tiré encima suyo y le puse mis pechos en la boca.

Mi madre los chupó en un primer momento y me tocó el culo bajo la falda y yo estallé de gozo en ese momento, pero luego me rechazó.

No entendía el porqué así que le supliqué y me lancé a su cinturón dispuesta a bajarle el pantalón y hacer lo que hiciera falta para que me tomara esa misma noche.

Él trató de hacerme entrar en razón pero, yo era terca y conseguí sacársela y metérmela en la boca. Era la primera vez que lo hacía así que sentí arcadas al notar su sabor amargo y salado en mi boca, pero seguí chupándosela hasta que me detuvo.

Luego me giró y me puse a cuatro patas para que me tomase por detrás, así me pareció que sería menos traumático que si nos mirábamos a la cara como pasa en la postura del misionero.

De forma que me cogió por la cintura y sentí su gordo glande a la entrada de mi chochito. Yo no era virgen, pues había follado con un chico en la universidad en una relación de apenas un par de meses, así que lo tuvo fácil para entrar, pues estaba muy excitada.

Apenas me dio unas cuantas culadas pellizcándome los pezones hasta ponérmelos duros como clavos cuando me corrí.

Él siguió follándome más rato y terminamos poniéndonos, él debajo y yo cabalgándole encima. Recuerdo que movía mis caderas y le cascaba los huevos con gran frenesí y ganas.

Nunca me había sentido tan liberada sexualmente y con tantas ganas de hacer gozar al hombre, así conseguí que se corriera pero él no lo hizo dentro, se la sacó y se corrió en mi culo. Yo respiré victoriosa, ¡por fin lo había conseguido!

Pero, conseguido, ¿qué?

Al día siguiente me marché a la universidad y tardé un mes en volver a verlo. No me sentía con fuerzas para verlo, me sentía muy avergonzada y él a pesar de ello trató de hablar conmigo.

Finalmente hablamos y comprendimos que aquello había sido una locura, así que todo pareció rehacerse entre nosotros.

Entonces un fin de semana vino a ver a mamá y se quedó a cenar. Esa noche acabaron follando en su cuarto y yo oyéndolos desde el mío.

Rabiosa lloré, no podía comprender cómo podía seguir amando a aquella mujer tan puta que se había follado a todo el pueblo tras su divorcio.

El siguiente fin de semana se lo expliqué y él me dijo que bueno, donde hubo fuego quedan ascuas y que tampoco había significado algo más que un polvo por los tiempos pasados.

Yo volví a beber y le pedí que follásemos de nuevo pero me rechazó. Aunque volvió a insistir, le puse mi coño en la boca y me lo comió hasta hacerme correr en sus labios. Fue algo delicioso, luego me folló y sentí que me corría de nuevo.

El caso es que no sé cómo mi madre se enteró de nuestra pequeña aventura y me prohibió volver a casa.

Entonces comprendí que aquello estaba mal y le dije a mi padre que parásemos, pero él quería seguir manteniendo nuestras relaciones de fin de semana así que dejé de ir a verlo.

Por eso es por lo que todo lo que me contáis me extraña tanto, que podáis hacer lo que hacéis sin sentiros culpables y llevándolo bien.” –concluyó Valeria.

Ya era tarde, habían pasado unas dos horas desde que comenzó la sesión con madre e hijo y la conversación con Valeria les había conmovido.

Malena se acercó a ella y la abrazó. Valeria se entregó a su abrazo y Unai se acercó también a ella y tocó su hombro, hasta que Valeria soltó a su madre y se abrazó a él.

–Nunca había contado esto a nadie, pero al oír vuestra historia todos estos amargos recuerdos han venido a mí, por eso os he preguntado tanto por lo que sentíais el uno por el otro.

–Ahora entendemos Valeria, te agradecemos mucho que hayas confiado en nosotros para contarnos algo tan íntimo. Entiendo lo mal que lo has pasado y me gustaría que te vinieras con nosotros a cenar esta noche, si no tienes otros planes…

–¿Cómo… planes…? –dijo Valeria entre confundida e indecisa.

–Sí, ven con nosotros Valeria –dijo Unai cogiendo su mano.

–¡Está bien iré!

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¡Más al á del deber!

El restaurante era pequeño pero coqueto. Valeria solía ir allí de vez en cuando con los hombres que conocía, pero era la primera vez que iba con un paciente y su madre.

Se sentaron a una mesa los tres y allí pidieron algo para picar y platos principales.

–Esto puede ser un poco raro chicos, no sé bien de qué hablar –

dijo Valeria nada más irse el camarero.

–Bueno Valeria hablaremos de cosas intrascendentes, ¿tienes novio? –le preguntó Unai despertando las risas de la chica y su madre.

–No te preocupes Valeria, simplemente estamos aquí para que no te sientas sola tras lo que nos has contado. Igual me equivoco pero creo que dedicas mucho tiempo a tu trabajo y poco a las relaciones,

¿es así?

Valeria sintió como si Malena estuviese leyendo su mente.

–¡Un poco si! –se apremió a admitir.

–Está bien, pues voy a ir un momento al baño si no os importa –

dijo la madre.

La despidieron y se quedaron solos el chico y la chica. Aunque ella era joven, él y ella podrían tener unos diez años de diferencia de edad.

–Bueno Unai, espero que ahora comprendas lo delicado de la situación que tenéis tú y tu madre –dijo Valeria.

–Si, tras tu confesión lo entiendo perfectamente. Yo sentí celos cuando mi madre se acostó con ese otro hombre y quise pararlo como te he dicho antes.

–Igual que yo con mi madre. De haber podido hubiese entrado en su cuarto a preguntarles que, ¡qué demonios estaban haciendo!

Pero hay veces en las que hay que echarse a un lado.

–Te puedo confesar algo Valeria.

–¡Claro Unai!

–Debo estar un poco loco, pues he tenido fantasías contigo y con mi madre –se atrevió a decirle el chicho.

–¡Oh Unai! ¿Lo dices en serio?

–¡Sí! –asintió él justo cuando volvía su madre del servicio.

–Ya estoy de vuelta –dijo ella.

Entonces sonó una notificación en el móvil del chico y este inconscientemente lo desbloqueó para acto seguido no dar crédito a sus ojos.

–¡Mamá! ¿En serio? –dijo él escandalizado.

–¡Vamos Unai, sé discreto que está aquí la loquera! –dijo Malena jocosamente.

–¿Pasa algo? –dijo Valeria sin saber muy bien donde meterse.

–Mira mi madre, ha vuelto a enviarme una foto suya en el baño.

Enseñó discretamente el móvil a la chica y esta pudo ver a la madre en un selfi con el cuerpo girado y el vestido subido enseñando su trasero desnudo cubierto únicamente por la tira que del tanga que se metía entre sus cachetes.

–¡Oh Malena! Cuando lo contabais no lo podía creer, pero encima hoy…

–¡Disculpa Valeria! Sólo quería poner un toque de humor en la cena, después de lo que has pasado creía que era mejor que te

centraras en nosotros y nuestras tonterías.

–Bueno, no pasa nada. Entiendo que todo esto es una broma –

dijo Valeria.

Siguieron cenando y conversando.

–Bueno ahora voy yo al servicio –dijo Unai.

De forma que ahora quedaron ellas dos.

–¿Sabes lo que me ha dicho tu hijo antes?

–No, ¿qué? –preguntó Malena.

–Parece que ha tenido fantasías contigo y conmigo últimamente.

–¡Oh, es que este hijo mío es pura hormona sexual! –se escandalizó su madre–. ¿Te ha molestado?

–¡No, en absoluto! Sólo me ha enternecido despertar deseo en él.

–Te confieso que últimamente estoy teniendo algunos encuentros con una amiga especial.

–¿En serio, tú también eres “bi”? –dijo Malena sorprendiéndose.

–No sé, tal vez, no me lo planteo la verdad. Sólo que con ella me siento a gusto y bueno… “jugamos de vez en cuando”.

–Yo ahora también “juego” con Sara, en las guardias, no hay nada tan aburrido y ella las hace más divertidas… en todos los sentidos.

–Entiendo, pero tú nunca habías probado eso con otra mujer,

¿verdad?

–Creo que te conté lo de mi amiga mayor que yo, salvo eso no, nunca. Aunque mira una le coge el tranquillo rápido, especialmente cuando está sola –le confesó Malena.

–En cierto modo te admiro Malena, con las cosas que habrás pasado y te veo una mujer muy íntegra y centrada. Hasta con tus fantasías locas.

–¿Si? Bueno, qué sería de nosotras si no tuviésemos aunque sea una fantasía loca de vez en cuando. ¡Brindemos por ello!

Sus copas chocaron no sin que antes se uniese al brindis su hijo Unai.

–No sé por qué brindamos pero, ¡me uno!

Ahora la alarma sonó en el móvil de Malena, cuando esta lo desbloqueó allí había gracioso. Su hijo la había imitado haciéndose una foto en gallumbos frente al espejo del baño… del baño de señoras y haciendo una uve con los dedos.

Malena soltó una carcajada que resonó en el pequeño y coqueto restaurante, luego se la enseño a una intrigada Valeria que también sonrió.

–Sois incorregibles, ¡de verdad!

–Bueno ahora te toca a ti Valeria –dijo Unai.

–¿Cómo que me toca?

–Si, ya lo pillo –dijo su madre–. Tu aquí oyéndonos a nosotros nuestras locuras pero tú tienes que hacer alguna hoy también.

–¿En serio?

–¡Claro! –dijeron madre e hijo al mismo tiempo.

Entonces Valeria se levantó y fue al servicio.

–¿Te gustaría acostarte con ella? –le preguntó la madre nada más irse.

–Pues bueno, ¡claro! –dijo Unai.

–Quien sabe, tal vez probemos su sexo hoy –dijo la madre.

–En serio, ¿por qué lo dices?

–Lo noto, mi sexto sentido me alerta sobre que está necesitada de cariño y nosotros podemos amarla juntos –dijo Malena.

–Pues si se presenta, ¿te importaría mirar mientras me la tiro?

–No seas tan grosero hijo, aunque sí, no me perderé detalle –dijo la madre.

–Valeria volvió un poco colorada, todo hay que decirlo y luego envió una foto de sus braguitas y su barriguita donde había dibujado un corazón que se reflejaba en el espejo del baño con su falda bajada.

–¡Oh qué preciosidad! –dijo Malena compartiendo la foto con Unai.

–¡Uf Valeria estás muy buena! ¿Lo sabías? –dijo Unai.

–Creo que hoy no estoy siendo muy profesional chicos, espero que me podáis disculpar –confesó Valeria.

–Tranquila hoy estamos entre amigos –dijo Unai.

Cenaron y salieron a pasear por las calles de la ciudad, era viernes y los viernes siempre están llenos de posibilidades, al contrario que los domingos con su depre dominical.

De modo que tomaron una copa en un sitio pijo que al que les llevó Valeria y allí Unai no se cortó y sentado entre ambas tocó tanto el muslo de su madre como el de su psicóloga hasta llegar a sus ingles por su cara interior.

–Bueno con estas dos preciosidades, creo que esta noche voy a triunfar –dijo Unai.

–¡Unai, qué atrevido no!

–Lo siento Valeria si te molesta, espero que esta noche no estés siendo demasiado profesional, ya sabes –dijo Unai despertando su sonrisa.

Entonces Valeria se acercó y besó a su madre dejándole estupefacto.

–¡No otra “bi”! –dijo Unai tocándose la frente exagerando el gesto.

Los tres rieron y a partir de ahí todo fue cuesta abajo…

Los tres en la cama quitándose la ropa unos a otros, con bocas besando, manos palpando y cuerpos deseando.

Valeria se dejó lamer primero por Malena mientras Unai besaba sus labios y comía sus tetas, eran pequeñas como las de Sara pero de aureolas más pequeñas y pezones duros como chinos.

Ella cogió su mango erecto y tiró de él, éste sintió la necesidad de acercarla a su boca y esta la chupó mientras su madre se comía su linda flor allí abajo bebiendo cuantos jugos salían de su boca.

Al final ambas bocas se encontraron en la misma polla, la de Unai, cuando su madre se acercó y quedando encima de Valeria se puso a chupar su glande al mismo tiempo. Esto era nuevo para el chico y este se dejó agasajar por ambas mujeres, mientras estas rozaban sus sexos con sus piernas allí abajo frotándose íntimamente sus pubis para despertar el frenesí sexual y el deseo carnal más atávico.

Malena se retiró y dejó paso a su hijo quien se colocó entre sus pequeños muslos y la cubrió como un macho cubre a una hembra ansiosa de entregarse a él.

Su sexo se abrió y Unai la penetró hasta el fondo haciéndola sentir toda clase de sensaciones y placer absoluto.

Mientras lo hacía Malena se puso sobre su carita y la cubrió con su sexo recién depilado para que esta lamiese su ambrosía de cara a Unai.

Ambos se volvieron a encontrar en la misma situación que unas semanas atrás y esta vez ya estaban preparados para lo que vino a continuación.

Unai cogió sus pechos y se los acarició suavemente, en torno a sus pezones hasta ponerlos duros, luego bajó sus labios y mientras follaba suavemente a Valeria debajo de ella se los chupó.

Valeria comió no solo la raja de la madre sino también su oscuro agujero, haciéndola sentir sensaciones nuevas y muy placenteras.

Esta vez la liberaron antes de correrse y estando los tres de rodillas en la cama Valeria lo sugirió…

–¿Quieres hacerlo hoy? –preguntó Valeria.

–¿Te refieres a…? –dijo Malena.

–¡Sí! ¿Quieres que follártela Unai? Os he de confesar que me excita la idea –dijo Valeria.

Madre e hijo se miraron, sintieron la excitación del momento.

Hasta entonces no lo habían hecho, aunque ya lo habían pensado e imaginado en múltiples ocasiones.

–¿Lo hacemos? –preguntó Unai.

–¿Si tú quieres? –dijo Malena.

Valeria estaba muy excitada besó a ambos en la boca, se dejó acariciar por los dos en su sexo, madre e hijo se ocuparon de ella por unos momentos eternos besándola y penetrándola con sus dedos al mismo tiempo y luego…

Malena se tumbó boca arriba y Unai se acomodó entre sus grandes, carnosos y suaves muslos. Valeria se colocó junto a ella y expectante esperó hasta que Unai tomó su dura erección y paseo su glande por los carnosos labios vaginales de su madre.

Esta preguntó por última vez…

–¿Estás seguro de esto?

Unai no contestó, su glande presionó sus labios y estos se abrieron para tragárselo y arroparlo con su calor y suavidad interior, su largo pene la penetró hasta el fondo y Valeria suspiró de excitación a su lado.

Era una fantasía cumplida, algo que había vivido entre ambos con sus confesiones en la consulta y ahora era testigo de que ellos, libremente, la habían cumplido.

Unai follaba a Malena con suavidad y deseo, esta gemía y sentía la penetración profunda de su hijo y deseaba que siguiese haciéndolo, Valeria la besó en los labios, luego besó sus tetas y luego lamió su raja y chupó la polla de su hijo rogándole que hiciera una pausa en su follada, para luego dejarles seguir follando.

Ella comenzó a acariciarse a su lado mientras ellos se entregaban al goce y al frenesí. Con profundas penetraciones y luego sin prisa pero sin pausa continuaban en una larga follada.

–¡Oh Valeria ahora es tu turno! –dijo Unai–.

–¡Oh! Pero, ¿no acabas? –dijo Valeria un poco decepcionada, pues esperaba un dulce final.

En cambio Unai decidió tenderla a cuatro patas sobre la cama y cubrirla desde atrás como una pequeña bestia penetrándola hasta los huevos y permitiéndose introducir su pulgar en su ano, lo que incrementó la sensación de placer.

Malena siguió masturbándose a su lado y se metió bajo el pequeño cuerpo de Valeria para besarle los labios y las tetas mientras Unai la follaba en la recta final de su orgasmo.

La psicóloga se corrió estrepitosamente y Unai decidió regar su espalda con su blanco y caliente esperma hasta dejarla plácidamente complacida sobre su madre recostada.

–¡Oh, yo esperaba que terminaseis corriéndoos para mí! –dijo una Valeria complacida pero un poco disgustada al final.

–¿Es que no te ha gustado chica? –dijo la madre.

–¡Claro que sí, ha sido maravilloso Malena! Disculpad mi queja, os habéis entregado a mí y a vosotros mismos para complaceros y complacerme, no tengo motivo para estar disgustada.

Malena limpió a Valeria del semen de Unai y este fue a hacer un pis al servicio dejándolas solas un momento.

–¿Oye y no has pensado en volver a llamar a tus padres?

–No sé Malena, han pasado ya cinco años de aquello –dijo Valeria.

–Con más motivo, ¿no crees que todo eso es ya agua pasada?

–Tienes razón, creo que sí, ya hace tanto tiempo que lo había enterrado en mis recuerdos.

–Pues tal vez deberías llamarlos y preguntarles cómo están. Ellos también han perdido una hija y seguramente se encuentren solos…

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¿Fantasía cumplida?

Las mañanas del sábado aún son alegres, pues al igual que los viernes, los sábados están llenos de posibilidades.

Madre e hijo se levantaron tarde, se ducharon y almorzaron saltándose el desayuno. Por la tarde salieron a pasear por el río cercano y se sentaron en un banco.

Un plan nada excitante para un joven, pero para una mujer madura como Malena, era todo lo que necesitaba.

Estaba con Unai, su hijo, habían compartido toda una serie de aventuras sexuales inenarrables e inconfesables para la mayoría de gente.

¡Estaba satisfecha y feliz! ¿Cuántas mujeres pueden decir eso de sí mismas?

Lo que hacían puede que no esté bien visto a los ojos de una sociedad más preocupada por las apariencias que por los sentimientos.

Todo había comenzado como un desliz, una preocupación incipiente que luego se fue diluyendo como los densos nubarrones cuando finalmente estalla la tormenta.

Al final calló lluvia suave, lluvia que limpió sus corazones y alejó los demonios que nos aquejan a todos. Las dudas, las inseguridades, el abatimiento, la apatía y el disgusto de los domingos por la tarde.

Por qué el lunes es una vuelta al principio, una rutina, una obligación, el trabajo, los estudios, la vida. Mientras que el fin de semana es libertad, tiempo, ocio y por qué no, lujuria.

Se habían entregado a los placeres de la vida, los prohibidos y los que no, los admitidos y los que no. Y allí estaban, en aquella cálida tarde de sábado disfrutando del fin de semana.

Pero, ¿qué pasaría esa noche? ¿Qué planes tenían?

Nada especial, cenar, ver una peli juntos y luego…

–¿Lo hacemos? –dijo Unai.

–Lo preguntas o lo afirmas –dijo Malena.

–No sé, ¿te apetece?

–¡Uh! Sí, estaría bien –dijo Malena sin mucho convencimiento.

–Bueno, si no estás segura no lo hacemos –dijo Unai sin verla motivada.

–Anda ven aquí que te voy a comer como nunca te han comido –

dijo finalmente aquella mujer madura.

Extrajo el falo erecto de Unai y lo trago con ganas desmedidas, haciéndolo entrar hasta su garganta. Este tuvo que pararla para no correrse en ella, sujetándole la frente.

Entonces se arrodilló y se dio cuenta que era la primera vez que le metería la lengua en su raja. Pero no lo dudó ni por un instante, llenó su lengua con sus jugos y bebió de ellos como si fuese la fuente de la eterna juventud.

Ella comenzó a gemir y disfrutar de su lengua en su raja y en su culo, junto a sus dedos que la follaban ya de dos en dos y tuvo que pararlo, también para no correrse.

Entonces se puso a cuatro patas sobre el sofá, mientras en la tele seguían emitiendo una insulsa película.

Unai se puso a su espalda y enfiló su hermoso culo colocando su verga erecta entre ambos cachetes, buscó su entrada y la halló

húmeda y caliente. Deslizó su erección poderosa hasta su interior, hasta el tope y quiso empujar un poco más todavía.

Aferrándose a sus caderas la folló con intensas ganas y solo paró cuando estuvo a punto de correrse.

Ella gozó de la follada como pocas veces recordaba, sintió el ímpetu, el frenesí de la juventud, la vitalidad, el morbo de lo prohibido y deseo que se corriese dentro de ella, pero ya que no se había corrido decidió liderar ella.

Lo sentó y se sentó sobre su erección, se la clavó en su raja y le ofreció sus tetas a probar, lo folló mientras le chupaba los pezones y se permitía meterle un dedo por el culo.

¿Aquello era nuevo? ¡Oh, esta juventud es de locos! –pensó mientras gozaba intensamente.

Luego Unai paró y la sacó de ella cuando estaba a punto de correrse y decidió tumbarla para follarla cara a cara.

Ahora mirándola a los ojos la penetró y sintió como entraba y la llenaba, cómo su sexo era agua, agua ardiente, que le quemaba su glande pero que no quería sacarla de allí por nada del mundo.

La folló rápido y luego despacio, se recreó en los instantes finales perdido en la profundidad de sus ojos pardos en la oscuridad y estalló suavemente en su interior. Sintiendo cómo le quemaba la punta y cómo ella se contraía y explotaba milisegundos después de ese primer chorro, ella también compartió su orgasmo con su hijo, su amado hijo, su deseo prohibido, su debilidad oculta.

Se corrieron en la intimidad del sábado noche, sábado mágico, sábado cálido y caliente. Y se quedaron largo rato sintiéndose mutuamente uno dentro del otro, cómo sólo pueden compartirse los amantes, como sólo cumplirse las fantasías secretas, en la más estricta intimidad de nosotros mismos, en nuestros pensamientos,

en nuestros sueños, en nuestro universo personal, único e intransferible.

Fue mágico, fue genial, fue fantástico y una vez que lo hubieron entregado todo, gozaron como nunca antes habían sentido, como el primer amor, como las segundas veces. Y se desearon un poco más.

Estaban en esa primera etapa del enamoramiento, donde una vez no es suficiente, así que se desearon una vez más y tras una pausa para ir al baño y picar algo comenzaron un nuevo coito y probaron cuantas poses les parecieron más atrevidas y obscenas. Se follaron de todas las formas y agotados se corrieron una vez más, ¿pero la última?

Durmieron la noche y al alba despertaron calientes, se unieron una vez más, Unai gozó de su culo como dos cucharillas se acoplan, gozó suavemente de su sexo una vez más y una vez más lo dio todo. Ella se subió a su cuerpo y cabalgó una vez más, él se puso encima suyo y gozó entre sus pechos, entre sus cálidos muslos, sudaron ambos y su semen corrió esta vez por su vientre.

Estaban satisfechos, pero ya era domingo por la mañana, había pasado el fin de semana, o estaba a punto de hacerlo, pronto sería por la tarde y pronto volvería a ser lunes, un lunes más, un lunes negro…

Pero al menos siempre les quedaría el recuerdo, el recuerdo de ese maravilloso fin de semana donde se entregaron al morbo, al tabú y a lo prohibido, secreta, íntima y placenteramente…

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