Luces en el bosque
Capítulo 12
Sentados en un banco del jardín, entrada ya la medianoche y bajo la tenue luz de la luna que vestida de blanco lucía un enigmático resplandor, Brenda se prestaba a volcar toda su atención a lo que Martin le iba a desvelar.
Manson, en el interior de la casa, seguía dando apoyo en las tareas de búsqueda de huellas junto a los forenses a pesar de ser su día libre. En las últimas horas, el cauce de las investigaciones que Brenda Watson iba procesando en su cabeza, marcaban claramente un rumbo de sospechas confusas que en cierta manera denotaban una trama oscura que nadie podía comprender.
—Dispara Martin, soy toda oídos. —añadió Brenda sentada junto a él con su bloc de notas preparado.
—En aquella época mi hermana Susan, tiempo antes de su desaparición, trabajaba como cuidadora de una niña de diez años llamada Sharon. Esa niña fue partícipe de un hecho muy extraño que tan solo yo sé por una confesión que me hicieron sus padres. Ahora tiene veinte años, y estoy seguro, inspectora, que los vio la noche de los hechos.
—¿Por qué no testificó esa niña a la policía? —preguntó Brenda confusa por no aparecer en ninguna parte del informe.
—Es autista, inspectora. En esa época apenas hablaba y sus padres no querían tener problemas con las familias afectadas por las desapariciones después de todo el revuelo que se originó en Yorksinne, ya sabe cómo es la gente de desconfiada. Incluso podrían haberles acusado de ocultar información.
—A ver Martin, esto es algo muy serio, todo es una suposición tuya, ¿en qué te basas en afirmar que esa niña los vio aquella noche?
—La misma noche de las desapariciones fue encontrada por sus padres caminando sola por el campo, descalza y vestida tan solo con su camisón blanco. Portaba una pequeña lámpara de aceite con la que se guiaba en la
oscuridad para internarse en el bosque. Dicen que gritaba como una loca el nombre de mi hermana Susan. Nunca sus progenitores la habían oído gritar de esa manera, la tuvieron que llevar al Center Medical de Belfast de urgencia, estaba fuera de sí. Juraría por dios que los vio adentrarse en el bosque.
Brenda se quedó pensativa mientras anotaba con detalle todo lo relatado por Martin.
—¿En qué zona la encontraron? —dijo Brenda mostrándole un pequeño mapa de la zona. Martin, tras ojearlo varias veces, señaló una campiña a unos doscientos metros del bosque, muy cerca de la factoría química abandonada.
—Exactamente, fue en ese lugar. —dijo Martin señalando con su dedo sobre el mapa. Brenda con su rotulador rojo dibujó un pequeño círculo con un interrogante en su interior.
—¿Has venido en moto? —preguntó Brenda con decisión poniéndose en pie.
—Sí, no pensará en…
—Sí Martin, ahora mismo vamos a ir al paraje donde la encontraron y tú me vas a llevar. Cogeré una linterna dame dirigiéndose a la rápidos.
diez minutos. —dijo Brenda
entrada de la casa con andares
—¡Pero Inspectora, no tengo casco de moto para usted! —dijo Martin con la inocencia a flor de piel.
—¡A la mierda el casco! —respondió Brenda entrando a la casa.
La destreza de Martin conduciendo aquella vieja moto hizo retroceder a Brenda por unos instantes en el tiempo recordando su etapa junto a Michael. Le vino la misma sensación que sintió durante una travesía en moto camino de Brístol, en el sur de Inglaterra. Se aferró con sus dos manos al cuerpo de Martin, cerrando sus ojos, queriendo imaginar que de nuevo estaba junto a Michael recorriendo aquellas carreteras del sur.
Inevitablemente, ese contraste de sensaciones que sentía en ese momento hizo que apareciera alguna lágrima en su rostro.
Martin detuvo su moto en un punto de la carretera apagando el motor. En un intento de bajar de la moto sintió como Brenda se lo impidió no queriendo despegar los brazos que rodeaban su cintura. Ella permanecía con la cabeza apoyada en su hombro, ofreciendo resistencia a despegarse de él. Era como si en ese corto espacio de tiempo sus cuerpos se hubieran soldado uno con el otro.
—Inspectora, ¿está girando su cabeza mareada? —dijo Martin para observarla. Sus ojos contemplaron a una vulnerable Brenda con los ojos cerrados y visiblemente algunas lágrimas correteando por su cara.
—Por un momento he vuelto a otra época, disculpa Martin, me han invadido una serie de recuerdos y tristes sensaciones que pensaba no volvería a sentir jamás. —agregó Brenda bajándose de la moto sensiblemente emocionada restregándose los ojos.
—Vaya, suponía que yo era el único que tenía problemas en esta vida, espero que lo suyo sea leve. —dijo Martin mostrando signos de empatía por primera vez.
—¿Este es el lugar? —preguntó Brenda iluminando con su linterna la cara de Martín en la oscuridad que les rodeaba.
—Sí, aquí la encontraron. Su mirada estaba fijamente puesta en esa dirección. —señaló con su mano hacia el bosque cercano. —No paraba de alzar su lámpara de aceite como queriendo llamar la atención de alguien que estuviera adentrándose en el bosque.
—¿Y qué encontraremos si seguimos esa dirección? —preguntó Brenda resguardándose con su chaqueta de la penetrante humedad de la noche.
—La vieja factoría química abandonada.
—Vayamos entonces. —dijo Brenda con decisión adentrándose entre las hierbas.
—Inspectora, allí no hay nada que le pueda llamar la atención, solo son ruinas y graffitis en las pocas paredes que siguen en pie.
Brenda se quedó dubitativa tras escuchar a Martin meditando el dar marcha atrás. Ciertamente, esa factoría era un lugar muy concurrido por curiosos y paseantes de la zona.
—Además, esta factoría se cerró un año después de los hechos. No le veo sentido alguno que usted quiera ir hasta allí.
—¡Qué diablos haría esa niña aquella noche aquí! —comentó Brenda con impotencia enfocando a la inmensidad del campo intentando encontrar algún motivo por el que apareció aquella muchacha allí.
Sacó el mapa que guardaba en su chaqueta y lo desplegó sobre la hierba mojada bajo la luz de la linterna. Lo observaba junto a Martin con cierto nerviosismo sin hallar un sentido a toda esa historia.
—Inspectora no le dé vueltas, quizás su autismo la llevó hasta aquí imaginando cosas irreales que tan solo ella creía ver.
—No subestimes nunca a un autista, son más inteligentes que tú y que yo.
Estoy segura de que no fue casual que se escapara de casa aquella noche para venir aquí. —dijo Brenda enfocando de nuevo la cara de Martin. —
¿Qué es ese punto rojo en el mapa? —dijo Brenda señalando un punto rojo no muy lejano de la factoría en el mapa.
—Está justamente a unos dos kilómetros de la factoría, es un antiguo tanque subterráneo de residuos químicos abandonado. En ese lugar se guardaban todos los residuos químicos procesados. Tuvieron muchos problemas y diversos juicios con Greenpeace debido a estar ubicado en un sitio tan rodeado de naturaleza.
Brenda cambió el rictus de su cara instantáneamente poniéndose de pie con la respiración alterada. Sacó su teléfono móvil de su bolsillo con las manos temblorosas intentando marcar los dígitos de su teléfono.
—Inspectora, ¿qué sucede? —dijo Martin, asustado por la repentina reacción de Brenda.
Brenda, sin prestar apenas atención a Martin, esperaba con desespero con el auricular pegado a su oído a que respondieran a su llamada. Tras tres largos tonos alguien se puso al otro lado del aparato.
—Manson, soy la inspectora Brenda Watson, necesito refuerzos y un equipo de búsqueda equipado con perros, ¡ya!, es urgente. Creo que he dado con algo importante. Se han de abandonado de residuos de dirigir al tanque la factoría en la
coordenada 7834H del mapa.
—¿Inspectora está segura de ello?, no habrá tomado alguna de esas drogas con ese muchacho y esté confusa. —dijo Manson sorprendido por la noticia.
—¡Por dios Manson! Hoy no he tomado ninguna de mis mierdas, no me hagas más perder el tiempo. ¿Cómo no pudieron rastrear hace diez años ese lugar? ¿Quién diablos estaba al mando para que se le pasara por alto supervisar ese lugar? —dijo enfurecida alzando su voz…
Brenda y Martin se dirigieron a toda prisa a través de una carretera muy angosta y repleta de curvas mal asfaltadas en las que toparon casi de bruces con una vaca en medio del camino. Cuando llegaron al lugar donde se encontraba el centro de residuos de vertidos químicos, se encontraron ante una gran alambrada de dos metros de altura que impedía el acceso a su interior. Brenda sin mediar palabra se bajó de la moto enfocando con la luz de su linterna hacia el interior del recinto a través de la alambrada. Pudo ver un inmenso tanque enterrado en hormigón y una inmensa hilera de bidones apelotonados y sellados en un pequeño hangar con el aspecto de estar abandonado desde años.
Media hora más tarde y cuando ya casi las manecillas del reloj señalaban la una de la madrugada, en el sepulcral silenció de las calles de Yorksinne se originó un gran bullicio de sirenas con destellantes luces rojas y azuladas desfilando en dirección a la zona de residuos. En un gran despliegue de
coches de la policía irlandesa que iban acompañados por un par de camiones de bomberos, vehículos forenses y sanitarios. El alboroto alertó a todos sus habitantes, provocando que se asomaran a sus ventanas, perplejos ante ese inesperado desfile de sirenas y luces ya entrada la noche. Algunos de ellos salían a los jardines de sus casas en albornoz sin comprender qué sucedía, alzando sus manos con preocupación a los ocupantes de los vehículos.
—Madre mía, la que se viene para aquí. ¿Lo está viendo inspectora? —dijo Martin contemplando como a lo lejos en la lejana carretera se divisaba una extensa línea serpentina de colores amenizada por el sonido de las sirenas acercándose a ese enclave.
—Manson me sorprende cada día más, lo de su mujer va a acabar con él.
No hacía falta que me trajera al séptimo de caballería irlandés. —añadió Brenda perpleja con su mano en la frente.
—Inspectora, no quiero ser aguafiestas, pero como no encuentren nada en este lugar, le darán un puntapié en el culo y acabará volviendo a Londres.
Brenda lo miró de reojo sin articular palabra con una de sus miradas intimidatorias. Sacó la bolsita de plástico de marihuana y se lio a una velocidad vertiginosa un cigarro.
—¿Y para mi nada? —dijo Martin esperando su parte.
—Cállate esa boca, hoy me pareció escuchar de tus labios que ya estás harto de esa vida que llevas, ¿no? —dijo Brenda pegándole una larga calada.
—Cierto, lo había olvidado. —con cara de resignación. —¿Realmente eso le ayuda a trabajar mejor? —preguntó Martin desconcertado.
—Sí, Martin, mis neuronas están tan degeneradas por esta mierda que sin ello no puedo pensar claramente. Por cierto, está exquisita esta hierba.
Pasados unos minutos todo ese destacamento de vehículos ocupó la explanada de la entrada del centro de residuos. El teniente de la policía al
mando salió de su vehículo encontraba con andares ligeros hacia donde se Brenda, que en esos momentos
permanecía apoyada en uno de los barrotes de la alambrada. El rostro poco amigable del teniente parecía que a toda costa necesitaba pedir detalles sobre esa intempestiva petición policial.
—Inspectora Watson, me presento, soy el teniente Palmer al mando de este operativo. —estrechando la mano de Brenda enérgicamente. —Espero que tenga una buena razón, porque miré la que ha montado a estas horas de la madrugada. —comentó el teniente señalando alrededor. a todo el despliegue que había a su
—Si le tengo que dar a conocer mi razón, antes me gustaría que usted me diera una buena razón del por qué no se peinó esta zona en la época de los hechos. —dijo Brenda devolviéndole la pelota a Palmer.
Palmer la miró fijamente contrariado por su respuesta. —Esta planta de residuos hace diez años era operativa, no fue necesario desmantelarla, inspectora. Ya sabe que esto podría dejar por los suelos la imagen de la policía inglesa, ¿no? Ello le causaría una inmensa mancha oscura en su expediente como inspectora. —sentenció el Teniente con poco convencimiento por la sospecha de Brenda.
—Teniente Palmer, mi historial es como una inmensa laguna negra, no me preocupa en absoluto. —añadió gesticulando. —Yo solo intento hacer bien mi trabajo. —dijo Brenda posicionándose ante él con indiferencia.
—No se hable más inspectora, vayamos al grano. Empezaremos colocando una cámara en el interior del tanque para supervisar si existe algo que no debería estar ahí. Espero que haya valido la pena todo este desparrame de personal, si no seré yo mismo el que me encargue de que la sustituyan del caso. —comentó el teniente con malas vibraciones hacia ella.
—Perfecto Teniente, pero como encontremos algo seré yo misma la que mandará un informe a sus superiores, destacando la poca empatía y
predisposición de colaborar para resolver el caso. —añadió Brenda con el plante serio.
El teniente con el rictus serio empezó a mover su cara de un lado a otro como un perro de caza, olisqueando algo que flotaba en el ambiente.
—Pero, ¿qué pasa? Aquí huele a marihuana. —añadió moviendo sus manos intentando remover esas leves ráfagas del cigarro que momentos antes apagó Brenda y que aún flotaban en el ambiente.
—Sí, teniente, había unos jovenzuelos aquí con sus motos fumando esa mierda que tanto les gusta, los hemos asustado con nuestra presencia. —
dijo Brenda aguantándose la risa junto a Martin que fingió toser para no evidenciar sus risas.
—Vaya juventud que está subiendo. —dijo el teniente tragándose dicha mentira.
—Ahá… —dijo Brenda mirándolo fijamente. —Por cierto, entre usted y yo,
¿le parece que el sargento Manson está a la altura de las circunstancias?
Últimamente, está en las nubes, está como ido. —dijo con cierto desprecio cuando a pocos metros se acercaba Manson hacia ellos con las manos en los bolsillos como un dominguero en un paseo matinal.
—¡Oh Manson!, me alegra de tenerte aquí. —dijo Brenda dándole una sonora palmada en la espalda.
—Teniente Palmer, gracias a Manson, estoy avanzando positivamente en las investigaciones desde mi llegada a Irlanda. He de confesarle, que él mismo me ha inducido efusivamente a husmear en este lugar inexplorado desde que inicié mis investigaciones. Sus constantes e inteligentes analíticas sobre el caso me están abriendo los ojos. Me está sorprendiendo su inteligencia.
—gesticulando teatralmente. —Yo de ustedes lo condecoraría con un ascenso, y además, como puede comprobar, hoy es su día libre y sigue aquí al pie del cañón por la causa. —comentó Brenda posando su mano sobre el hombro de Manson, finalizando su obra teatral con una mueca. Este esbozó una sonrisa forzada, avergonzado por haberle subido a los altares mientras
el mismo ocultaba con disimulo la colilla de marihuana en el suelo a los pies de Brenda.
—¿Es eso cierto Manson?, nunca me lo hubiera imaginado. Me parecías el policía más insulso y despistado de la comisaría. —dijo el teniente mirando a Manson con aspecto desconcertado por esa faceta que desconocía en su trabajo.
Manson tardó unos segundos en contestar bloqueado por los nervios de la situación, pero un pisotón propiciado por Brenda le hizo reaccionar a tiempo.
—Sí, sí, Teniente, es cierta la exposición de la inspectora.
—Como hoy encontremos algo relevante en este lugar, le doy mi palabra que su cara saldrá en todos los diarios de Irlanda. —dijo señalando al acongojado Sargento.
El equipo de rescate empezó la búsqueda insertando una cámara en el interior del tanque de residuos líquidos para inspeccionar con precisión su interior palmo a palmo. Mediante un control remoto recorrieron los rincones de ese inmenso tanque de metal guiados por un monitor que en todo momento ofrecía imágenes detalladas del vientre oscuro del gigantesco recipiente. Además, ese novedoso sistema de búsqueda estaba equipado con un sónar capaz de detectar algo sólido entre aquellas paredes metálicas repletas de líquidos altamente tóxicos.
Brenda y el Teniente Palmer permanecían en la sala de inspección, uno distanciado del otro tras los técnicos que operaban observando los monitores de lo que la cámara transmitía desde el interior del tanque. Tras una hora y media la búsqueda finalizó de forma negativa, allí no había nada sospechoso, simplemente un gran cúmulo de vertidos tóxicos.
—Espero que de una explicación convincente a sus superiores sobre esta nefasta pérdida de tiempo inspectora. ¿Para qué tanto revuelo? Son las tres de la madrugada, podría haber esperado a la mañana. —dijo el teniente señalando su reloj.
Brenda, pensativa con sus manos en los bolsillos, miró con cierta indiferencia al teniente. En sus pensamientos seguía viva la curiosidad de lo que vio nada más llegar al lugar tras la alambrada. Sin saber por qué su inquietud estaba centrada en ello.
—Quiero que se supervisen esos bidones precintados. —añadió Brenda segura de sí misma señalando el hangar donde se encontraban los bidones precintados.
—¿Cómo?, quizás son más de doscientos bidones, inspectora, acabaríamos al amanecer. Me niego rotundamente, alzando la voz. esto es ridículo. —
dijo el teniente
Uno de los técnicos alzó muy tímidamente su mano en medio de esa charla que iba subiendo el nivel de decibelios por momentos entre Palmer y Brenda.
—Teniente Palmer, discúlpeme, pero disponemos de un escáner láser.
Podríamos saber con un simple barrido de frecuencia saber si un bidón contiene algo físico en su interior. etiquetas de sellado Por lo que he leído en las de esos bidones tan solo contienen agua tratada y altamente tóxica. No nos llevaría demasiado tiempo.
—En menos de una hora se podrían supervisar Teniente, creo que no existe excusa alguna para suspender la supervisión. Si se niega a ello, ahora mismo daré parte a sus superiores por negarse a buscar evidencias en el caso, usted decide. No considero que les haga mucha gracia ser despertados a estas horas. —dijo Brenda seriamente con su teléfono en la mano.
Como un gato acorralado en un callejón sin salida, el teniente aceptó la propuesta de Brenda después de meditar unos segundos las posibles consecuencias por negarse.
—Supervise esos bidones con ese láser, por lo menos tendremos contenta a la inspectora Watson. —dijo el teniente con sorna mirándola con desprecio.
Brenda permanecía junto a Martin y Manson apoyada en uno de los camiones de bomberos viendo desde la distancia como uno por uno iban supervisando con el detector de escaneo láser el lomo de los bidones. Se denotaba cierta tristeza en sus rostros por tal y como iba aconteciendo la búsqueda de pruebas esa madrugada. Martin no paraba de morderse las uñas en un estado de ansiedad acentuado, esperanzado de que su hermana Susan no estuviera embutida en uno de esos bidones. En esos instantes el recuento de bidones supervisados llegaba a los ciento ochenta y cuatro. Los resultados eran negativos uno tras otro, además el sonido que ese sofisticado aparato emitía tras un escaneado iba desmenuzando poco a poco las pocas esperanzas de Brenda.
Tras pasada más de media hora quedaban dieciséis bidones por ser únicamente
examinados. Brenda, sin poder contener más su estado de nervios, se acercó hasta la zona de supervisión esperando un milagro poco probable.
Contemplaba de reojo los bidones restantes viendo como cada vez eran en menor cantidad. Poco a poco fue asumiendo duramente la mala intuición que la empujó a desplegar todo ese personal en la estación de residuos aquella noche. De vez en cuando se la veía patear con rabia alguna de las piedras del suelo evadir esa poca afortunada búsqueda intentando de pruebas como única esperanza. A lo lejos, el Teniente Palmer la observaba junto a una camarilla de policías perros falderos deseando que no fructificaran los resultados de la búsqueda.
Pero gracias a la suerte divina de Brenda, cuando se realizaba la supervisión del bidón ciento ochenta y seis, un sonido agudo muy diferente al que se solía escuchar anteriormente, alertó a las más de cuarenta personas que había allí aquella noche. El test de escaneo dio positivo.
—¡Aquí hay algo! —gritó el técnico alzando su mano en aviso al Teniente Palmer para que se acercara.
—¡Abrir ese bidón como sea! —gritó Brenda fuera de sí con los nervios a flor de piel.
Hasta allí se amontonó todo el personal para ver como uno de los bomberos especializados en salvamento se disponía a abrir el bidón con una herramienta hidráulica capaz de romper cadenas de acero.
Con una simple maniobra pudo desmenuzar la cinta metálica de la tapa del bidón dejándola caer sobre el suelo. De repente, sobre esa agua grisácea viscosa apareció lo que parecía ser la cabeza de un cuerpo en descomposición. El teniente Palmer hizo apartar a la gente y de una patada tumbó el bidón en el suelo, dejando a la vista el cuerpo de un adulto en posición fetal dentro del mismo El olor putrefacto invadió por completo el ambiente en cuestión de segundos, dejando un gran charco en la tierra de esa sustancia tóxica.
—Dios mío… —susurro Brenda al contemplar el cuerpo de uno de los supuestos desaparecidos.
—Es Francis… —susurró Martin llorando desconsoladamente abrazándose a Manson.
Brenda mandó que se llevaran a Martin al vehículo sanitario por la desesperación que mostraba ante aquel tétrico momento. Manson miró a Brenda afectado por la crudeza de la imagen que tenía ante sus ojos, mostrando un gran estado de angustia y tristeza al contemplar a Martin como fue llevado al vehículo de atención médica por dos sanitarios. Los cuerpos de los otros cuatro desaparecidos fueron encontrados en las mismas circunstancias en los siguientes bidones. Esa misma noche fueron llevados a un centro forense de Dublín para ser identificados y posteriormente practicarles una autopsia.
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