Pandemonium II La cura
Capítulo 9
Eduardo Verástegui
i
PRÓLOGO
Eduardo Verástegui
Actor y productor de cine.
Activista de DDHH
Empresario
En tiempos de mentira universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario, afirmaba George Orwell. Hoy, cuando
desde el relato, la narrativa, cuando desde el significante se nos quiere cambiar el significado mismo de lo que representa ser
humanos, encontramos que esta aseveración tiene más vigencia
que nunca.
Enfrentamos como humanidad un tiempo de situaciones extremas,
con pérdida de la esperanza, pérdida de seres queridos, dolor,
aumento de hogares donde golpea la pérdida de trabajo y se
patentiza la desigualdad social, económica, educativa; un tiempo que nos azota en la cara el valor de los afectos, nos atenaza el corazón recordándonos que no hay mayor riqueza que estar
juntos, y que nos reclama con urgencia un cuidado de la vida
nuevo y diferente al cuidado de hace apenas menos de un año.
Un tiempo que nos ha puesto en fuerte crisis, de salud, sanitaria, económica, social, financiera, humanitaria…, crisis que muchos
tratan de aprovechar para establecer como “normalidad” un
nuevo formato de relaciones humanas y de predominio de algunos
sobre muchos.
Soy mexicano y, como buen mexicano, soy guadalupano. Como
católico, deseo la unidad y armonía de todos los seres humanos a mi alrededor. Algo que sigo buscando, más humanismo, aquello
Actor y productor de cine. Empresario. Activista de DDHH, fundador del Movimiento Viva México. Comisionado de la nueva Iniciativa de la Casa Blanca para la Prosperidad Hispana 2020.
ii Prólogo
de Martha Nussbaum de que las humanidades “sirven para formar
un mundo en el que valga la pena vivir, con personas capaces de
ver a los otros seres humanos, un mundo con naciones capaces de
superar el miedo y la desconfianza en pro de un debate signado
por la razón y la compasión” 1. Un mundo en el que crecer en desarrollo y calidad de vida no sean sinónimos de crecer en
todo aquello que puede comercializarse por un precio. O para
qué creemos que se quiere deconstruir, resetear… si no es para
el bienestar (material) de unos cuantos a los que ser muchos
molesta, y elaboran las estrategias narrativas que justifiquen la
“necesidad” de refundar a la humanidad para provecho de las ansias de poder y de acumulación de algunos. Una refundación
(refundición) sin humanidad, sin compasión, sin fraternidad.
Es lo que veo hoy ante las elecciones inminentes en Estados
Unidos. No solo este país está expectante: mucha gente en el
mundo siente que esta, es una encrucijada en la que todos estamos embarcados. Veo dos lados, con claridad: uno, el de los que han optado abiertamente por defender la vida, la familia, la libertad religiosa, incluso los intereses de la comunidad hispana en la que me encuentro (aunque la prensa intente muchas veces confundir
estos logros). El otro, el de los que han hecho de la promoción del aborto y de otras ideologías agresivas y violentas su carta de presentación.
Hemos observado una deriva del mundo antes de la pandemia,
afirmada luego durante esta pandemia. Veo cada vez más claro
que hay dos discursos, aunque se pretenda decirnos que no:
uno, que ama la libertad y el respeto (discurso que, aunque no
sea perfecto y siempre haya cosas concretas que mejorar, busca
fortalecer estos dos valores); otro, al que parece incomodarle la libertad y prefiere crear más y más estructuras para imponer sus ideas. El hecho de que este segundo discurso crezca seguramente no es culpa de muchos que simpatizan con ellos, pero está claro que sus líderes quieren el poder para imponer ideología. En medio de esta crisis, volteo a ver a Estados Unidos y veo una versión concreta de esta división.
(1) NUSSBAUM, Martha C. Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las Humanidades. Buenos Aires, Katz Editores, 2010.
Eduardo Verástegui iii
Un país que ya en 1776, en su Declaración de Independencia,
dejaba sellado el estilo de vida sobre el que quería erguirse:
“Nosotros apoyamos que estas verdades son autoevidentes:
que todos los hombres han sido creados iguales, y que a ellos el Creador les ha concedido ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
Derechos inalienables que -me duele ver- hoy no todos respetan. Y
duele también ver la división a la que me refería y que me gustaría que no hubiera. Lucho para que no la haya pero, mientras tanto, hay una elección en marcha y hay que optar entre un proyecto y
el otro. Y ahí no tengo dudas: apoyo a Donald Trump, porque sus hechos son más beneficiosos hacia las cosas en las que creo que las promesas y acciones de sus adversarios.
Soy provida. Tengo muy en claro cuál es la importancia de defender la vida humana en todas sus etapas. “Quien mata a un ser humano
es como si matase a toda la humanidad, y quien salva una vida
es como si hubiese salvado el mundo entero” , dice el Talmud2.
Porque ser provida significa defender a los niños por nacer y a los niños ya nacidos, a los niños en situación de calle; ver por las mujeres en situación de vulnerabilidad, las mamás embarazadas
que corren el riesgo de creer que la única salida es el aborto, y no lo es.
Ser provida es trabajar por los adolescentes que sufren adicciones; trabajar por la vida del enfermo que no tiene dinero para pagar el tratamiento médico adecuado; por la vida de los ancianos
abandonados en un asilo a los que nadie va a visitar y terminan muriendo de tristeza. Es defender a los discapacitados y trabajar por una legislación que los incluya. Es velar por los injustamente encarcelados, por los padres y madres de familia que necesitan
trabajo digno, es luchar para erradicar la trata de personas y la explotación sexual de menores. Es velar por toda vida toda la
vida, desde la concepción hasta la muerte natural.
(2) Talmud Bavli, Sanhedrin, cap. 4, 37ª. Qur’an, Sura 5, 32.
iv Prólogo
El presidente Trump ha demostrado ser el Presidente más
provida de la historia de los Estados Unidos, un país donde se
aborta a más de un millón de bebés al año. El 22% de ellos son
niños y niñas latinos. Cada año, la vida de más de 220 mil bebés latinos es descartada. Sin duda alguna, el gran separador de
familias es el aborto, que separa para siempre a los niños de sus padres. En su defensa de los bebés no nacidos, Trump logró que
Planned Parenthood, la organización probatortista más grande
del mundo, dejara de recibir fondos del gobierno federal. Es el primer Presidente en proclamar ante las Naciones Unidas que
no existe un derecho global al aborto. Tomó medidas para evitar que el dinero de los contribuyentes se destine a organizaciones que practican o promueven el aborto en el extranjero, incluyendo nuestros países latinoamericanos.
Defiendo la familia y defiendo a mi comunidad hispana. Trump
promueve a ambas, en tanto sus oponentes buscan destruir a la
familia y ahogar impositivamente a los hispanos. Apoyar a la familia es, entre otras cosas, generar trabajo: Trump es el Presidente que llevó la tasa de desempleo hispano al más bajo nivel histórico en tiempo prepandemia; creó más de 3 millones de empleos hispanos
y aumentó la tasa de propiedad de viviendas hispanas. Miles de
latinos pudieron así cumplir el sueño de la casa propia, el hogar que contiene a la familia.
Defiendo la libertad. Apoyo al presidente Trump porque se ha
comprometido a dar una solución permanente a los dreamers,
y firmó una Orden Ejecutiva para la Prosperidad Hispana, que
busca elevar los intereses de nuestra comunidad y dar, entre otras cosas, el derecho a los padres hispanos a elegir la educación de sus hijos, elegir a qué escuela quieren enviar a sus hijos.
Esos son hechos, no palabras.
Quiero construir desde el encuentro y la plena conciencia de la fraternidad humana. Hoy nos toca elegir por una propuesta o por otra, por un modelo de humanidad al que se apunta o por otra.
Estoy convencido de que votar por Trump es votar para que bajen
Eduardo Verástegui v
los decibeles de la división y haya condiciones reales de hermandad, con respeto por las ideas del otro; libertad religiosa, prosperidad económica, respeto a la vida. Y que no haya imposición ideológica.
Pasada la elección, el verdadero poder estará en la capacidad de encuentro, de diálogo, en ejercitar el sabernos/sentirnos hermanos.
A eso apostamos. En 1996, durante uno de sus encuentros con
jóvenes de todo el mundo, en París, el querido san Juan Pablo II decía: “¿Cuál es la historia del hombre? La de siempre: amar y ser
amados” . Ser más hermanos entre nosotros, de muchas formas.
Un amor que nos lleva a comprometernos con la realidad y a luchar por el derecho y la justicia, nos lleva como decía san Josemaría Escrivá de Balaguer a “amar apasionadamente al mundo, ¡a soñar
y quedarnos cortos!”
Y es que si no somos nosotros, quiénes. Si no es ahora, cuándo3.
Nuestras vidas, nuestro tiempo en esta vida vale lo que valen
nuestros compromisos. Quieren deconstruirnos y no entienden
que nosotros sabemos: tenemos claro que si hemos podido llegar
hasta aquí y ver más allá, es porque estamos subidos a hombros de gigantes4. Que somos una larga continuidad y memoria humana,
y por eso decimos no a la cultura del reseteo de que habla Agustín Laje. Nueva cara de la cultura del descarte que ha denunciado
Francisco tantas veces. Que nadie se confunda. No sostenemos esta lucha porque seamos optimistas, sino porque tenemos esperanza,
que es bien distinto, y defendemos el derecho a ejercerla. Y aunque muchos pretendan robárnosla, repetimos con Camus:
En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible. (…) En medio del caos descubrí que había, dentro de mí, una calma invencible. En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque esto dice que no importa lo duro que el mundo empuja contra mí; en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta5.
(3) Una frase que algunos atribuyen a John Kennedy siendo Presidente; otros, a su hermano Robert siendo Senador; otros, a George Romney siendo Gobernador de Michigan en los primeros ’60. Y que hoy, queremos asumir nosotros.
(4) SALISBURY, Juan de (1115-1180). Metalogicon, 1159. Citando a Bernardo de Chartres: “Nos sumus sicut nanus positus super humerus gigantis” (somos como enanos colocados a hombros de gigantes). Repetida por Isaac Newton en carta dirigida a Robert Hooke, 1676.
(5) CAMUS, Albert. El verano. París, 1953.
vi Prólogo
Es esa seguridad –invencible- de que estamos en el camino
correcto y de que, de nuestras acciones y palabras de hoy, de
nuestro compromiso y de la claridad que pongamos sobre las
nuevas narrativas, dependen el presente y el futuro de muchos,
depende la sociedad que prevalezca y depende –sí, claro que sí- la supervivencia de los vulnerables que hoy quieren ser desechados por el nuevo establishment. Hay mucho que atender: que lo urgente no nos distraiga de lo importante. Quienes quieren desenfocarnos no lograrán desviar nuestra atención de lo importante, del corazón y meollo por lo que estamos trabajando.
Porque “de todas las cosas del mundo, los seres humanos son
lo más valioso. Ellos son quienes promueven el progreso social,
crean riqueza social, desarrollan la ciencia y la tecnología y, con
su duro trabajo, transforman continuamente el medio ambiente
humano” 6. Y porque “estamos todos en la misma barca; ¡nadie se
salva solo!” , como clamó el Santo Padre el 27 de marzo pasado en una impactante y fría plaza vacía.
Pero estábamos todos allí. Nadie se salva solo; no somos una
isla en medio del continente; ¡no preguntamos por quién doblan
las campanas! Porque sabemos, como decía John Donne en sus
Devociones para tiempos emergentes, que encerrarnos, aislarnos, salvarnos solos no es una opción:
“Ningún hombre es una isla, entero por sí mismo;
cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si un peñón es arrastrado por el mar,
Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio,
o como si fuera la morada de uno de tus amigos, o como si fuera la tuya:
la muerte de cualquier hombre me disminuye,
porque estoy involucrado en la humanidad;
entonces, no preguntes nunca por quién doblan las campanas: están doblando por ti”7 .
(6) Cfr. Punto 5 de la Declaración de Estocolmo sobre el medio Ambiente Humano. 1972.
(7) DONNE, John. Devotions Upon Emergent Occasions and seuerall steps in my Sicknes (Thomas Iones, London, 1624), Ann Arbor Paperback – The University of Michigan Press, 1959, Ch. XVII, pp. 108-109. Una línea de este fragmento dio título al libro de Ernest Hemingway, hecho también película, “Por quién doblan las campanas”.
Eduardo Verástegui vii
Todo lo que le sucede, bueno o malo, a un ser humano, también me sucede a mí. Porque somos un solo cuerpo, una sola humanidad.
(Agradezco a Mónica Ballón, Carlos Beltramo y Carlos Polo
el haberme invitado a hacer el prólogo de esta entrega de
Pandemonium, sugestivamente llamada esta vez “La cura” . Una excelente iniciativa cultural que, espero, servirá para intercambiar ideas que confirmen nuestros deseos de libertad, de fraternidad auténtica y de defensa de la vida y la familia).
viii Prólogo