Paranoia
Capítulo 17
En mitad de la noche me sonó el móvil y casi me destroza el tímpano, sólo que no era la mitad de la noche. Tras las persianas se alcanzaba a ver un rayo de luz. El reloj marcaba las cinco y media. ¿A.m?, ¿p.m.? Estaba tan desorientado que no tenía la menor idea. Cogí el teléfono y deseé no haberlo dejado encendido.
—¿Sí?
—¿Estaba dormido todavía? —dijo una voz incrédula.
—¿Quién es?
—Dejó el Audi en una zona prohibida. —Era Arnold Meacham. Lo reconocí de inmediato: el nazi de seguridad de Wyatt—. El coche no es suyo, Cassidy. Wyatt Telecommunications lo ha alquilado para usted, y lo mínimo que podría hacer sería cuidarlo un poco, no dejarlo por ahí como un condón desechado.
Todo me llegó de golpe: la noche anterior, la borrachera en Alley Cat, haber llegado de alguna manera a casa, haber olvidado poner la alarma… ¡Trion!
—Mierda —dije, incorporándome de un salto. Mi estómago dio una voltereta. La cabeza me latía, parecía enorme, como la de uno de esos extraterrestres de Star Trek.
—Las reglas fueron muy claras —dijo Meacham—. Nada de juergas. Nada de fiestas. De usted se espera que funcione al máximo de sus capacidades.
¿Hablaba más rápido y más alto de lo normal? En todo caso, eso parecía. Apenas si alcanzaba a seguirle el ritmo.
—Lo sé —dije con voz ronca y poco convencida.
—No es un comienzo demasiado prometedor.
—Ayer fue un día de mucho… de mucho trabajo. Fue mi primer día, y mi padre…
—Sí, sí. Me importa un pimiento, la verdad. Tenemos un acuerdo explícito, y esperamos que usted lo cumpla. ¿Qué ha averiguado sobre los trabajos secretos?
—¿Trabajos secretos? —Dejé caer los pies sobre el suelo y me senté en el borde de la cama, masajeándome las sienes con la mano libre.
—Proyectos secretos, codificados. ¿Para qué coño cree usted que está allí?
—Es demasiado temprano —dije—. Demasiado pronto, quiero decir. —Poco a poco mi cerebro comenzaba a funcionar—. Ayer me acompañaron en todo momento. No estuve solo ni un minuto. Habría sido demasiado arriesgado intentar escabullirme. No querrán ustedes que eche a perder la misión en el primer día.
Meacham quedó en silencio unos segundos.
—Muy bien —dijo—. Pero pronto habrá una oportunidad, y espero que la aproveche. Quiero un informe hoy a última hora, ¿está claro?