Puetizas

Daniel Molina · Capítulo 11 de 85

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Puetizas

Estimado/a

apabullantemente serenos.

Son horrendos porque tienen el rostro del enemigo, la viudez del amor, el abandono de la madre,

Y la pereza del padre...

Oh, bichos de la muerte.

No maten más la lucidez de mi agonía,

Solo déjenme existir...

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ESTIMADO/A

De tanto saludar a los bichos de la muerte se me entumen de pasión los dedos,

las manos,

las muñecas,

y los brazos.

La entumición — o entusiasmación para mí— se traslada hasta mis pulmones; jóvenes, pero con la bondad de un viejo, que es adicto al tabaco,

a los perfumes elegantes de mujeres perdidas, a los olores de calle, Y amante de las desgracias aromáticas.

¡Salvadme que ya no respiro!

La tráquea me molesta //

quiero sacarme la médula espinal //

patear mi garganta

y saber si no soy de otro mundo...

¿El oxígeno me hace daño?

¿Soy un monstruo?

Me siento con un gran peso de ser enfermo, convalezco de ser un mal amante,

un mal hombre,

un mal joven

y de fallarte porque soy la indecencia de lo no prometido, soy lo indivino de lo justo,

la falla de la repulsiva palabra //

Porque sé que soy lo que nunca debiste tener.

Si llego a morir ríe despiadadamente,

imagina mi ataúd como una caja llena de defecación mental.

Pero, entre los rezos al Padre,

los velos a la jocosidad

y la extravagancia del sepulcro otórgame tú perdón.

Siento la muerte sentada sobre mi pecho,

me entume el espíritu.

Hoy, deshonré a la noche.