Puetizas
En Anhedonia
En anhedonia los árboles gruñen al viento derrentor, desde sus jardines colgantes sostenidos por los rayos efusivos del sol.
Los duendecillos espantan perros como a eso de las 7 de la mañana y el rocío de la noche fría cubre lúcidamente los escombros, de aquí, de Anhedonia.
Donde suceden los sueños; ocasos cinematográficos, escenas que transmiten el hastío de vivir.
Presentes en cada rincón de lo que ha sido este tumulto de tierra fantasiosa,
en el canto desgarrador de sus aves,
o en su idiosincrasia mexicana.
Así es en Anhedonia,
una narrativa séptima,
en la que los sueños se disfrazan con la realidad ocasionando impetuosos fallos en el ser.
Al visitar, en mis ocurrentes salidas filosóficas ese dichoso lugar, aparecen insectos neón,
seres abstractos,
estilísticamente surreales, y entre ellos una —única— mujer de aura dorada.
Cada que la veo se transmiten mis sueños en Anhedonia.
Creo que ya no me importa fallarle al ser.
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