Rebel rising
Mes 01
CENTRO IMPERIAL DE DETENCIÓN Y CAMPO DE TRABAJO LEG-817 UBICACIÓN: Wobani
PRISIONERO: Liana Hallik, #6295A
CRIMEN: Falsificación de documentos imperiales, resistencia al arresto.
MES 01_
El stormtrooper rio entre dientes cuando Jyn Erso cayó de rodillas frente a él.
—Ya puedes quitarme esto —dijo Jyn mientras levantaba sus manos esposadas—. Ni siquiera tengo adónde huir —agregó señalando con un gesto el largo corredor que iluminaban unas lámparas colocadas sobre la puerta de cada celda.
—Pero así es más divertido —dijo el stormtrooper. Levantó a Jyn jalándola de las muñecas hasta que estuvo completamente de pie. Las esposas de metal le cortaron la piel y lastimaron sus huesos, pero ella no se inmutó. No quería darle la satisfacción de verla sufrir.
—Siempre son tan… —El alcaide, un hombre alto, delgado y vestido de negro, agitó la mano en el aire como para invocar la palabra correcta—… tan idealistas cuando acaban de llegar, ¿no crees?
El stormtrooper evadió el comentario con un chasquido y empujó a Jyn por el oscuro pasillo hasta su celda.
El alcaide se rio de su propio chiste y se disculpó:
—Perdón, es que siempre identifico a los nuevos y eso me da mucha risa. Los detecto porque se paran más erguidos que los demás. —Rebasó a Jyn y al stormtrooper a zancadas y se puso frente a ellos para detenerlos. Tomó a Jyn por la barbilla obligándola a verlo, pero ella, desafiante, se soltó con un movimiento brusco. El alcaide rio de nuevo—. Los nuevos todavía dan un… poquito de batalla —dijo arrugando la nariz al decir «poquito».
Al ver que Jyn no mordía el anzuelo, su rostro se enserió.
—Por acá, prisionera. —Giró sobre sus talones y avanzó a paso veloz por el corredor. Jyn fijó la mirada al frente, tratando de que sus cansados pies no tropezaran de nuevo, prolongando el suplicio—. Dime, ¿dónde te encontraron? —preguntó el alcaide con indiferencia.
Jyn no contestó.
Él dio media vuelta y le propinó un bofetón.
—Te hice una pregunta, 6-2-9-5-A.
—Fui capturada en una nave en el sistema de las Cinco Puntas —contestó entre dientes.
—Capturada y arrestada. —El alcaide sonaba orgulloso de sí mismo aunque no había tenido nada que ver con el evento—. Y ahora, aquí estás. —Extendió el brazo y se quedó inmóvil. Señalaba a una de las celdas, oscura y vacía.
El stormtrooper empujó a Jyn hacia adelante y ella entró al diminuto cuarto dando tumbos. Levantó las muñecas de nuevo y él desactivó las esposas. La luz de las pesadas bandas metálicas cambió de rojo a verde, lo que permitió que las manos de la joven sintieran el alivio de la libertad.
—Estoy seguro de que te gustará la operación que estamos realizando aquí, en L-E-G-1-8-7. —El alcaide pronunció la abreviatura de la filial del sistema penitenciario con tanta premura que las letras LEG sonaron a «elegía», una palabra que, para Jyn, evocaba con precisión la atmósfera del lugar—. Bienvenida a Wobani —dijo, y sonrió a sabiendas de la reputación que tenía el planeta—. Tus crímenes no son lo peor que ha visto el Imperio, pero no serán tolerados. Has perjudicado a la galaxia y tendrás que trabajar para saldar tu deuda con la sociedad. —El alcaide introdujo un código en el datapad biométrico que estaba instalado junto a la puerta de la celda, y las barras de metal se deslizaron frente a Jyn, bloqueándole la salida—. No te va a gustar ni el trabajo ni tu nuevo hogar —dijo todavía con amabilidad y simpatía—, pero esto es lo que se obtiene al cometer crímenes contra el Imperio. Bienvenida a los peores días de tu vida.
A través de los barrotes, el alcaide miró a Jyn con desprecio y una sonrisita confiada. Sin duda estaba acostumbrado a que los criminales se derrumbaran después de su tan ensayado discurso, pero Jyn solo lo miró boquiabierta.
¿Los peores días de su vida?
El alcaide no pudo contener un gesto de insatisfacción cuando vio que Jyn se reía en su cara.