Rebel rising

Beth Revis · Capítulo 8 de 53

Páginas del PDF

Rebel rising

Capítulo Siete

A la mañana siguiente, Idryssa se fue temprano. No mostraba señales de resaca por el lum, a diferencia de Saw, quien recargó la cabeza entre los brazos y atenuó las luces de la habitación común. Jyn desayunó tan en silencio como le fue posible y se dedicó a leer en su datapad.

No siempre le era fácil estar a cargo de su propia educación. Ya había dejado a un lado la mayoría de las materias que le enseñaba su madre para enfocarse en lo que le interesaba ahora y que Saw evidentemente alentaba, como, por ejemplo, ver qué tanto podía manipular archivos, holos y chips de datos. Pero sí le gustaba mantenerse informada sobre los eventos actuales, aunque casi no los comentaba con Saw. Después de escuchar a Idryssa la noche anterior, se mantuvo despierta hasta tarde viendo las transmisiones de la última reunión del Senado. A pesar de que Mon Mothma y Bail Organa pasaron mucho tiempo suplicándole al Senado que reconociera el estado del Imperio, sus discursos fueron pasados por alto sin ninguna consideración. Jyn hizo un acercamiento a los afilados ángulos del rostro del Senador Organa. Tenía pinta de que podría ser uno de los senadores dispuestos a brindarles apoyo, según Idryssa. Parecía el tipo de hombre que declararía una guerra, aunque estaba ataviado con ropa fina de Alderaan y Jyn dudaba que tuviera la fuerza para luchar.

En cambio, Saw tenía lo necesario y ya había peleado en las Guerras de los Clones.

—¿Ya terminaste? —preguntó el guerrero.

Jyn asintió, puso el datapad en la mesa y echó la lata vacía de leche nutritiva a la basura. Lo siguió hasta afuera. Saw no entrecerró los ojos ante la luz del sol, lo que significaba que no tenía tanta resaca de lum como ella creía.

Ese día tocaba práctica de combate cuerpo a cuerpo, la favorita de Jyn. Saw le había enseñado a usar varias armas de escaramuza melé, pero sus preferidos eran los palos cortos. Los sentía como una extensión de los brazos que los hacía más fuertes y les daba poder. Fulminó a Saw con la mirada cuando intentó pasarle el bo, y este le sonrió de oreja a oreja, rio en señal de derrota y terminó pasándole las armas que ella quería. El guerrero se quedó con el bo, dio varios pasos hacia atrás y se puso en guardia.

Jyn sostuvo los palos con fuerza y observó los pies de su oponente. Era rápido con las manos, pero Jyn siempre sabía en qué momento iba a soltar el golpe por cómo colocaba los pies.

Saw se abalanzó, ella levantó los palos en posición de defensa y desvió el golpe hacia un lado.

—Oye… —dijo Jyn con la respiración entrecortada, alejándose del lugar del ataque inicial—. Idryssa es linda, ¿no?

—Demasiado idealista —contestó Saw. Hizo una finta y Jyn brincó hacia él con los brazos levantados. Se rio de ella por haberse dejado engañar por su truco.

—Pero tiene sentido —dijo Jyn sin quitar los ojos del bo de Saw—. Trabajas con bastantes grupos partisanos. Si todos se unieran para trabajar en equipo quizá… — Saw dio un golpe ágil y le pegó en el costado antes de que pudiera defenderse. Ella asintió aceptando su derrota y volvió a levantar los palos—. ¿Qué se necesitaría? — insistió Jyn al ver que Saw no contestaba.

—¿Para qué?

No estaba segura de si Saw estaba genuinamente confundido o si solo quería evitar la pregunta. A veces se metía tanto en lo que hacía que se le olvidaba todo lo demás. Papá también solía actuar así.

—Para formar una rebelión organizada, algo que pudiera derrotar al Imperio.

Saw levantó las manos para pedir una pausa en el combate. Se recargó contra el bo.

—No funciona así —le explicó a Jyn—. No importa cuántas personas se unan en su contra, no importa qué tan grande sea un grupo.

—Entonces, ¿qué importa?

—El tipo de gente que lo haga. —Saw la observó con sus profundos ojos de color café—. Si hubiera una especie de alianza antimperial, necesitaría un… —Movió la mano en el aire buscando la palabra adecuada.

—¿Un líder? —sugirió Jyn.

—Sí, pero no solo para dar órdenes. Debe ser alguien en quien pueda creer la gente.

—No entiendo. —Jyn frunció el ceño y miró las armas que tenía en sus manos.

—Es como lo que expliqué de los droides y las armaduras clónicas —dijo Saw señalando el campo de entrenamiento que usaba con Jyn—. Si te dijera que millones de personas murieron durante las Guerras de los Clones, ¿qué sentirías? —Jyn abrió la boca para contestar, pero Saw la interrumpió antes—: Nada. No sentirías nada porque no los conociste, ¿verdad? —La chica negó con la cabeza—. Pero si de repente te dijera que fue mi hermana la que murió… Si te dijera que ella era lo máximo para mí y que iba a cambiar al mundo, que lo iba a hacer un lugar mejor… Carajo, y no solo el mundo, la galaxia entera, porque era más fuerte que cualquier Jedi, más poderosa que la «Fuerza»…, pero nada de eso importó. —Sus ojos lucían distantes, melancólicos. Respiró profundamente antes de seguir—: Murió como una heroína, salvando a un rey, luchando contra el enemigo… Estaba a la orilla de un risco y una nave de combate fue abatida y chocó justamente ahí. —Jyn contuvo el aliento, haciendo un ruido diminuto que Saw no escuchó—. La vi colgando del risco con mis propios ojos. Sus dedos se aferraban a las piedras con toda la fuerza posible para no caer. Un Jedi andaba por ahí… Ay, mírate, te dio esperanzas, ¿verdad? Pero no sirvió de nada. Intentó salvarla, pero no lo logró. Steela cayó hasta el fondo del acantilado. ¿Alguna vez has visto qué le pasa a un cuerpo cuando cae desde tan alto y se estrella contra las piedras? Los huesos no solo se rompen, se hacen añicos. —Saw miró a Jyn, pero ella sabía que en realidad no estaba viendo nada—. Y si te dijera que fui yo quien derribó la nave que chocó contra el acantilado, ¿sentirías algo? Sí, ¿verdad? —Jyn no podía moverse. Saw se inclinó hacia ella y le pasó el pulgar por la mejilla mojada. Ni siquiera había notado que le brotaba una lágrima—. ¿Y todo esto para qué? Dijeron que su muerte había sido parte del precio que había que pagar por la libertad de Onderon. Su cadáver no estaba ni siquiera frío cuando la República se convirtió en el Imperio y todo comenzó de nuevo. Otra rebelión, más guerra, más muerte. Para entonces, yo ya era más inteligente y no cometí los mismos errores que cuando Steela vivía, pero aun así, nada importó, nada funcionó. Onderon continúa bajo el poder del Imperio, y yo sigo aquí.

Mientras Saw hablaba, Jyn vio un destello del que había sido antes, un joven con ideales de justicia y libertad. Seguramente fue brillante. Pero ese chico murió junto con Steela, y en su lugar quedó un guerrero amargado e iracundo.

—La resistencia contra el Imperio necesita a Steela —dijo Saw, y miró a Jyn a los ojos para ver si había entendido su mensaje.

—¿Más guerreros como ella? —Héroes idealistas que se enfrentan a una muerte segura.

—Más guerreros como ella que mueran de la misma forma —gruñó Saw—. La resistencia necesita un mártir, una tragedia. Algo tan horrible que la gente no pueda evitar levantarse en armas también, ¿entiendes?

—Necesitan alguien en quien creer —contestó Jyn. Saw asintió con la cabeza para mostrar que le daba gusto que entendiera—. Como los Jedi durante las Guerras de los Clones. —Era imposible estudiar la galaxia sin escuchar algo de los Jedi, y considerando lo mucho que el Imperio odiaba hasta la simple mención del culto religioso, Jyn supuso que Saw los amaría y admiraría a todos.

Pero solo refunfuñó.

—Ni vuelvas a pensar en ellos. Los Jedi creen que lo pueden todo, pero ¿sabes dónde están? Todos muertos. Antes de desaparecer ayudaron, pero no lo suficiente. —Saw se quedó viendo su propia mano. La chica imaginó que contemplaba la cicatriz larga e irregular que se extendía entre su pulgar y su índice, pero el guerrero cerró el puño y dijo en voz baja—: Hablaban sobre la Fuerza. Nunca entendí qué era, pero la vi. Era como magia. Podían mover cosas con las manos. —Extendió el brazo hacia un lado para ejemplificar, pero nada cambió de sitio—. Sin embargo, no resistieron. Con todo y su poder, no aguantaron cuando realmente habría importado. —Saw se levantó y atravesó caminando la fila de droides colgantes mientras conversaba con Jyn. Le pegó a uno y lo hizo sacudirse con tanta violencia que el sonido del metal contra el metal reverberó por toda la isla—. Esto es algo de lo que ningún bando se ha dado cuenta aún: solo se necesita una enorme tragedia para que todos acudan en manada a la lucha. Ninguna otra cosa une así a la gente. Si Idryssa quiere que la sigan las masas, necesita convocarlas estando de pie sobre varias tumbas.

Había un brillo en la mirada de Saw que asustaba a Jyn…, pero también la emocionaba.

Saw se dirigió hacia Jyn a zancadas, puso sus manos sobre las suyas y tomó el control de los palos.

—Esto fue lo que Steela me enseño. —Levantó la mano de Jyn y juntos blandieron uno de los palos en el aire—: Un soldado con un palo y nada que perder puede apoderarse de la situación. Solo debes asegurarte de que el soldado crea.