Sonetos & Sansón agonista
Soneto III
Como en un monte áspero al caer la tarde,
la habituada joven pastorcilla
va regando la planta extraña y bella,
que se adapta mal al desusado clima,
fuera de su nativa pura primavera,
así acelera el amor en mi ágil lengua
la nueva flor de una habla extraña,
mientras a ti, dulce y noble dama,
te canto, sin que me entienda mi buen pueblo,
y cambio el bello Támesis por el bello Arno[85].
Lo quiso amor[86], y yo a costa de otros he aprendido que el amor nunca quiso nada en vano. Ah, así fuera mi lento corazón y duro seno
tan buena tierra para quien del cielo planta.