Sonetos & Sansón agonista
Soneto VII
SONETO VII[4]
¡Cuán raudo el tiempo, sutil ladrón de la juventud ha arrebatado en sus alas mis años veintitrés!
Mis días apresurados vuelan a toda prisa,
pero mi tardía primavera no muestra yemas ni flores. Mi aspecto acaso pueda engañar la verdad
de que he llegado tan cerca de la edad adulta[5]; y mucho menos aparece la madurez interna
que orna a otros espíritus más felizmente puntuales. Sin embargo, sea más o menos, rápido o lento, aún será estrictamente igual en la medida
a aquel mismo destino, sea humilde o exaltado, hacia el que me lleva el tiempo y la voluntad del cielo: Todo queda, si tengo gracia para usarlo así,
como siempre, ante los ojos de mi creador.