Thor

Jesse Harasta · Capítulo 3 de 14

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Thor

1. Los orígenes de Thor

1.

Los orígenes de Thor

 

Pocas fuerzas naturales pueden ser a la vez tan impresionantes y tan cotidianas como el rayo, por lo que no debería sorprender que cuando los cielos rugían para nuestros ancestros, con frecuencia oyeran en ellos la voz de los dioses. Éste no es un concepto exclusivamente pagano, dado que los cristianos también imaginan a su Dios como gobernando desde los cielos y su voz como el trueno, como lo expresa, por ejemplo, el Salmo 23:3-9, en el cual se lee:

 

La voz del Señor está sobre las aguas; resuena el trueno del

Dios de la gloria; el Señor está sobre las aguas impetuosas. | La

voz del Señor resuena potente; la voz del Señor resuena

majestuosa. | La voz del Señor desgaja los cedros (…) La voz

del Señor lanza ráfagas de fuego; la voz del Señor sacude al

desierto. | La voz del Señor retuerce los robles y deja desnudos

los bosques; en su templo todos gritan: «¡Gloria!».

 

Santa Biblia NVI

 

No obstante el parecido de su poder sobre los rayos y truenos, Jehová y

Thor no parecen compartir un origen común, puesto que Jehová proviene de la tradición semítica del Antiguo Oriente. Históricamente, Jehová es asociado a deidades como El y Enlil, mientras que Thor desciende de una tradición religiosa frecuentemente denominada «indo-europea», la cual abarca los panteones de la Europa antigua, incluyendo a los griegos, romanos, celtas, germanos, eslavos, etc.

«Semítico» e «indoeuropeo» son términos que no denominan culturas,

sino familias lingüísticas, grandes agrupaciones de lenguajes que comparten una raíz histórica aunque hayan divergido mucho a lo largo de sus desarrollos particulares. Los lenguajes semíticos se encuentran principalmente en el Oriente Próximo e incluyen el árabe, hebreo, amárico y el arameo, así como los lenguajes antiguos de Mesopotamia. Por su parte los lenguajes indoeuropeos comprenden todos aquellos de Europa occidental, los lenguajes de Irán y aquellos del norte de la India. Ésta es una simple generalización, y existe un número de excepciones. Por ejemplo, el vasco, turco, finés, estonio, lapón y el húngaro, no son indoeuropeos a pesar del hecho de que muchos de los pueblos que los hablan habitan en Europa. Resulta esto de particular importancia cuando se discuten la mitología y los dioses, ya que debe evitarse asociar automáticamente la familia lingüística a la cultura. Los panteones tradicionales lapón (saami) y finlandés compartían grandes similitudes con aquellos de los normandos/escandinavos, incluyendo sus propias versiones de Thor, a pesar de las grandes diferencias idiomáticas.

Por lo general, la religión «indoeuropea» es asociada con los grupos

lingüísticos, pero este sistema religioso, que adoptó muchas formas en diferentes regiones, fue adorado también por otros grupos de personas que no hablaban lenguajes indoeuropeos. De hecho, no hay nada inherente en el habla de un lenguaje indoeuropeo que predisponga hacia la adoración de sus dioses, como lo prueban los millones de personas de habla indoeuropea que hoy en día siguen al dios semítico de los cristianos, judíos y musulmanes.

Thor no fue el único dios del trueno encontrado entre los indoeuropeos; de

hecho, era un tropo común en todas las religiones. Dioses similares incluyen a Zeus (Antigua Grecia), Júpiter/Jove (Antigua Roma), Taranis (celta), Donar/Donner (germánico), Þunor (sajón), Perún (eslavo), Perkūnas (pueblos bálticos), Ukko (finlandés) y Horagalles (lapón). Algunos de estos dioses son clara y obviamente similares a Thor. Donar era un dios no sólo del trueno sino también de la guerra y la fuerza, quien era adorado por los pueblos teutónicos, los predecesores de los alemanes de hoy en día. De forma similar, Þunor (pronunciado «Thunor») entre los sajones, Thuner entre los frigios (actuales Países Bajos) y ðunor (de nuevo pronunciado «Thunor») del inglés antiguo, tenían todos gran parecido con Thor. Por ejemplo, también se les asociaba a los robles y arboledas sagrados, como aquel dedicado a Donar que San Bonifacio derribara en el actual estado alemán de Hesse, en la década del

720 d. C.[1]

Por su parte, Zeus y Júpiter comparten entre ellos muchas similitudes,

como lo hace la mayoría de los dioses griegos y romanos, pero son bastante diferentes a Thor/Donar/Thunor. Zeus y Júpiter no son guerreros que luchan con monstruos, asociados con arboledas boscosas, sino dioses regios cuya posición en la cima de montañas sagradas les permite reinar sobre toda la creación. Aunque son conocidos por blandir rayos, dejan el combate mano a mano a cargo de dioses como Ares/Marte.

En un lugar intermedio se encuentran los dioses Taranis, Perun y

Perkūnas. Taranis era adorado por los celtas de las Galias y parece ser un dios del fuego. Era asociado con el rayo y con el sol, y se decía que sus seguidores realizaban sacrificios rituales quemando a sus víctimas en estructuras de mimbre. A Taranis se le conoce hoy en día mayormente a través de los

escritos de observadores romanos, particularmente Julio César[2]. El Perún eslavo es rey de los dioses, como Júpiter y Zeus, pero también es un poderoso guerrero que lucha con monstruos con un hacha o un martillo y al que se le

asocia a un roble sagrado[3]. Perkūnas, adorado por los antiguos lituanos, era

un dios similar, también relacionado a robles y colinas[4].

Ante tales similitudes entre dioses de culturas diferentes, hay solo tres

explicaciones lógicas para ellas. La primera es la evolución paralela, la cual implica que la misma fuerza externa condujo a que pueblos en diferentes contextos desarrollaran ideas similares. La segunda es un origen común; que ambos conceptos ahora diferentes (y sin embargo similares), provienen de las mismas raíces históricas. Finalmente la tercera opción es la difusión; una idea que fue desarrollada en una cultura es exportada a otras sociedades.

En el caso de estos dioses, cuando los investigadores no pueden establecer

que hubo un contacto histórico entre pueblos con dioses que sólo comparten algunas similitudes, por lo general asumen que la razón es la evolución paralela. Por ejemplo, Thor y el Jehová cristiano probablemente fueron ambos parcialmente inspirados por el mismo asombro ante el fenómeno natural del rayo y el trueno. Sin embargo, en circunstancias donde las culturas en cuestión han compartido contactos históricos, como el comercio o la guerra, la idea de un desarrollo independiente pierde probabilidad. En el caso de los dioses del trueno en Europa, por largo tiempo se ha discutido la relación entre ellos. Una escuela de pensamiento ha promovido la idea de que estos dioses de hecho surgieron de una única raíz histórica: una deidad llamada «*Þunraz».

Lo más importante a entender sobre *Þunraz es que nunca se sabrá con

certeza si fue de verdad un dios adorado o si se trata de una creación de la erudición moderna. Al rastrear los orígenes de cualquier pieza antigua de cultura humana intangible, ya sea un sistema de creencias o un género de canción, es imposible determinar un origen concreto, puesto que no ha sobrevivido evidencia alguna de su existencia. En estos puntos, las investigaciones tradicionales que dependen de registros históricos o incluso restos arqueológicos, fallan. Los académicos tienen otros métodos para indagar con mayor profundidad, pero éstos pierden confiabilidad a medida que se va más atrás en el tiempo.

Uno de estos métodos es el uso de la lingüística histórica para reconstruir

palabras. Los lingüistas históricos toman palabras afines (o «cognadas») de idiomas relacionados e intentan rastrearlas hasta la palabra raíz original de la cual descienden. Esto es más complejo que una simple comparación, puesto que también implica tomar en cuenta cómo cambian los sonidos con el tiempo. Cuando se dispone de más palabras cognadas, la búsqueda de la raíz se facilita progresivamente y, en teoría, los resultados se vuelven más precisos y de mayor profundidad temporal. Desafortunadamente, los resultados son a su vez siempre hipotéticos, ya que no es posible saber cómo eran pronunciadas las lenguas muertas. Por ende, los productos de estos estudios, las palabras antiguas propuestas, siempre son marcadas en el ámbito académico con un asterisco «*», para denotar que no pueden ser confirmadas.

*Þunraz (pronunciada «*thunraz») es una de éstas palabras. Los

estudiosos tomaron varios términos, incluyendo a los dioses Thor (o «Þórr», como se escribe algunas veces), Donar, Donner y Þunor, pero también observaron palabras afines, como «thunder» ([trueno] inglés), «dunder» (sueco), «donder» (holandés), «tornden» (danés), «donner» (alemán) y «þrumuveðri» (islándico). Los investigadores que utilizaron estas palabras para rastrear y reconstruir *Þunraz argumentan que dicha palabra probablemente representaba tanto al dios como al fenómeno natural de los truenos/rayos. *Þunraz sería entonces un antiguo dios indoeuropeo temprano, uno de los arquetipos que los demás panteones tomaron como inspiración, alteraron y mezclaron con corrientes de otras culturas para así crear los

diversos dioses que pueden encontrarse en el registro histórico[5].

En este esquema, *Þunraz recibió influencia en el sur de los pueblos

semíticos quienes veían a sus dioses celestiales (los ancestros de Jehová) como reyes en las montañas, mientras que en el norte, se les relacionó a los árboles (particularmente robles), martillos y cacería de monstruos.