13 Locuras que regalarte (Titania f

Alice Kellen · Capítulo 32 de 53

Páginas del PDF

13 Locuras que regalarte (Titania f

Capítulo 22

La tensión, cargada de deseo, se enredó entre ellos cuando subieron al ascensor del hotel. Él pulsó el botón del tercer piso y luego su mirada intensa atravesó la distancia que lo separaba de Autumn. Al notarlo tan cerca, sintió un escalofrío trepando lentamente por su espalda, que intentó disimular sonriendo.

—¿Estás pensando en lo divertido que es bailar sin música? —le preguntó.

—Ahora mismo solo puedo pensar en quitarte la ropa.

—Una mente limitada —apuntó Autumn.

—Muy muy limitada —reconoció él.

Las puertas del ascensor se abrieron y ella echó a correr entre risas por el largo pasillo enmoquetado. Jason la siguió. La acorraló delante de la puerta de su habitación y le dio un beso en la nuca mientras encajaba la tarjeta en la ranura y abría para que pudiesen entrar. Cerró la puerta a su espalda sin hacer ruido, con una delicadeza que contrastaba con las pupilas dilatadas que oscurecían el azul de sus ojos.

Parados en medio de la estancia decorada en tonos grises y blancos, se miraron unos segundos sin decir nada hasta que los dos dieron un paso al frente y se encontraron a medio camino, respirando al compás. Y entonces él la besó con todas las ganas que había reprimido hasta entonces, llevándose un jadeo y su sabor y su aliento, buscando sus labios una y otra vez. Ella enredó las manos en su cuello y disfrutó de aquel beso y del cosquilleo que notaba en el estómago.

Nunca antes había sentido algo así.

Era como subir a lo alto de una montaña rusa y luego descender a toda velocidad. Y con cada curva, una sacudida. Con cada acelerón, un estremecimiento. Autumn rodeó sus caderas con las piernas cuando él la levantó del suelo sin parar de besarla.

Jason la dejó delante de la cama. Alzó los brazos en alto y dejó que ella le subiera la camiseta para podérsela quitar por la cabeza y luego se quedó

quieto mientras sus manos lo acariciaban, descendiendo con lentitud hasta la uve que se dibujaba sobre su pelvis y encontrando el botón de los vaqueros.

Él se inclinó hacia ella para susurrarle al oído y le mordisqueó el lóbulo con suavidad.

—Gírate, Autumn. Date la vuelta.

De repente, fue como si algo se le atascase en la garganta y le costó tragar saliva. Lo miró insegura. ¿Cómo decirle que no quería volver a sentir sus manos encima sin poder mirarlo? ¿Cómo hacerle ver que, hasta entonces, en todos sus encuentros él parecía haber evitado sus ojos? Se lamió los labios antes de hablar, consiguiendo que el corazón de Jason se acelerase aún más.

—Quiero verte. Que me mires. Que nos miremos.

Él comprendió lo que quería decirle. Jason alargó una mano hacia ella y le acarició con suavidad la mejilla, frotando la piel con los nudillos hasta que Autumn cerró los ojos. «Solo quería desabrocharte el vestido», la calmó. Y ella se relajó contra su cuerpo mientras él la abrazaba y recorría su espalda con las manos en busca de los botones. Cuando desabrochó los tres de la parte superior y deslizó lentamente la cremallera, el deseo lo recorrió entero. Jason cerró los ojos al sentir la mano de Autumn tocándolo por encima de los vaqueros y supo que, si quisiera dejarse llevar, podría terminar antes incluso de estar dentro de ella. No sabía por qué. No sabía por qué lo rompía así. Por qué conseguía con un simple roce hacerle perder el control como nadie había logrado hasta entonces.

Deslizó los tirantes del vestido por sus hombros y la tela cayó al suelo.

Jason dio un paso hacia atrás para poder verla, para mirarla como se miran esas imágenes o momentos que deseas retener en tu memoria para siempre.

—Joder, Autumn… —Su voz sonó ronca y lejana mientras terminaba de quitarse la ropa y se acercaba hasta ella para volver a buscar la suavidad de su boca. Habló contra sus labios, alternando palabras entre beso y beso—.

Te dije que te lamería como si fueses un helado de menta, pero te juro… te juro que voy a tener que hacer un ejercicio de autocontrol porque ahora mismo creo que podría correrme solo con mirarte.

Autumn dejó que él la tumbase sobre la cama.

El corazón le latía tan fuerte que ni siquiera se preguntó si él lo estaría escuchando; sabía que lo hacía, sabía que podía oír cada latido caótico.

—No quiero control —logró susurrar.

«Sí que lo quieres», pensó él.

«Lo quieres porque sin control ya estaría hundiéndome dentro de ti y pensando solo en placer y en deseo, y ni siquiera te habría pedido que te dieses la vuelta para desabrocharte los botones del vestido, porque te lo habría quitado de un tirón y me habría importado una mierda romperlo».

A Autumn se le secó la boca cuando se tumbó sobre ella y notó contra su estómago lo excitado que estaba. Deslizó una mano entre ellos y lo acarició con suavidad mientras la boca de Jason abandonaba sus labios y bajaba por su cuello hasta saborear la piel de sus pechos y arrancarle un gemido.

Conectaban. Esa era la palabra. Sus cuerpos conectaban ante cada caricia; algunas se hacían con las manos, otras con la mirada, pero todas eran mensajes que llegaban a su destino, a la piel. Jason deslizó las manos por sus muslos y su boca trazó un camino de roces y besos hasta llegar al pequeño lunar.

Joder, cómo había deseado aquello…

Lo lamió. Lamió el lunar. Su piel. A ella.

Ascendió hasta encontrar el deseo que latía entre sus piernas y acogerlo en su boca. Autumn se agitó mientras un grito escapaba de su garganta y sus dedos se aferraban a las sábanas. Sintió la sonrisa de él ahí, justo ahí, jugando con ella antes de que su lengua volviese a provocar que se retorciese de placer. Jason deseó que el momento durase para siempre; tenerla así, saborearla hasta cansarse, llevarla al límite. Y lamió. Y besó. Y

quiso marcarla de algún modo con la boca, que ella recordase ese instante para siempre.

Cuando ese pensamiento lo asaltó, tembló.

La llevó al borde del precipicio y el cuerpo de Autumn se estremeció bajo sus caricias, contra sus labios, con un gemido que consiguió excitarlo aún más.

El corazón se le aceleró cuando se colocó sobre su cuerpo unos segundos después. No dijo nada. No pensó en nada. Tan solo se hundió en ella de una sola embestida mientras la miraba a los ojos. Tras el primer golpe de placer que lo sacudió, apretó los dientes y volvió a perderse en su interior. Las manos de Autumn lo rodearon, abrazándolo contra su cuerpo, y Jason quiso rogarle que no lo soltase, que lo retuviese así para siempre. Jadeó, con el anhelo erizándole la piel y el aliento de ella entremezclándose con el suyo.

Y la penetró fuerte, profundo. Y se olvidó del control, de quién era supuestamente él y de quién era en teoría ella. Solo placer. Solo sus cuerpos meciéndose, agitándose. Solo sus bocas encontrándose. Solo ella fundiéndose en su piel. Solo él vaciándose en su interior con un gruñido ronco.

Cuando el cuerpo de Jason abandonó el suyo, tardó un buen rato en dejar de temblar antes de conseguir levantarse de la cama. Separada de su piel, rememoró lo que acababa de ocurrir. Y supo que no tenía nada que ver con lo que habían vivido en la casa azul meses atrás. Puede que, desde fuera, pudiese parecer lo mismo: dos cuerpos, deseo, un instante de unión física.

Pero no. Había sido mucho más que eso

Se apartó el cabello del rostro y se miró en el espejo del cuarto de baño.

Tenía los ojos brillantes, vivos, y los labios enrojecidos por culpa de sus besos.

Ese pensamiento la hizo sonreír antes de salir de allí y regresar a la cama.

Él estaba tumbado, con las sábanas blancas arremolinadas a su alrededor de forma caótica. Y le gustó verlo así, con el pelo despeinado y la mirada todavía turbia.

Se acostó a su lado. No supo cuánto tiempo estuvieron así, quizá tan solo fueron un par de minutos o más de un cuarto de hora, pero no le importaba.

Estaba cómoda en aquel silencio compartido, con la vista clavada en el techo hasta que lo notó moverse.

Él la miró de reojo.

—¿Ha sido «meh»? —preguntó.

Autumn rio con los ojos cerrados.

—No. Ha sido… «boom».

—Eso va sonando mejor.

—Ya confesé que mentí cuando te dije eso… —Dejó de hablar al sentir otra vez los labios de Jason en su cuello, recorriéndole la barbilla y perdiéndose en su boca. Con un gemido suave, acogió sus besos mientras él volvía a trepar por ella y le alzaba la rodilla con suavidad para colocarse entre sus piernas. El estómago de Autumn se sacudió por el deseo cuando lo notó de nuevo duro y deslizándose en su interior.

—Te necesito más —susurró él.

Luego, la embistió con lentitud una y otra vez.

Y pensó que podría pasarse la noche entera haciendo eso. O toda la vida,

hasta que su cuerpo dejase de necesitarla.

OceanofPDF.com