13 Locuras que regalarte (Titania f
Capítulo 30
Ese día, cuando Jason llegó a casa a última hora de la tarde, el silencio le dio la bienvenida. El perro salió a recibirlo y, distraído, él le acarició el lomo. Le había mandado a Autumn dos mensajes a lo largo del mediodía, pero no había respondido a ninguno de ellos. Contrariado, subió al piso superior mientras se aflojaba la corbata del traje que vestía tras la jornada llena de reuniones.
Y entonces lo escuchó. Un sollozo.
Se le encogió el alma al abrir la puerta del cuarto de baño y verla en la bañera. El vaho empapaba el espejo y Autumn estaba desnuda dentro del agua. Entró y cerró la puerta tras él para evitar que el calor se fuese antes de arrodillarse en el suelo.
—¿Qué te ocurre? Autumn…
Negó con la cabeza. Él vio los surcos negros de rímel que cubrían sus mejillas y la desolación y la frustración que escondía su mirada enrojecida.
—Me estás asustando. Por favor, pequeña…
—Es Hunter. Otra vez… otra vez… todo está mal.
Jason cerró los ojos e inspiró hondo, aliviado.
Aliviado porque no había dejado de temblar hasta saber que tanto ella como el bebé estaban bien. Aliviado porque no podía evitar ser egoísta en eso.
—Cuéntamelo, dime qué ha ocurrido.
Autumn tragó con dificultad. El cabello largo y oscuro resbalaba por sus hombros. Jason se arremangó la camisa y hundió la mano en el agua para buscar la suya. Ella estuvo un largo minuto en silencio, con un nudo en la garganta, como si las palabras no saliesen y, luego, de repente, lo hicieron a borbotones.
—¿Recuerdas que me llamó para decirme que no podía quedar el viernes pasado y que lo retrasásemos una semana? Pues fue para intentar…
esconder lo que ocurría. Aunque dio igual, porque seguía teniendo el ojo algo morado y una herida en el pómulo y… A veces me gustaría odiarlo por
ver lo que se hace a sí mismo. Ha vuelto a caer. Estaba pálido y ha perdido todo el peso que había ganado.
—¿Y las heridas? —preguntó en un susurro.
—Debía dinero. Le dieron una paliza.
—Joder… —Se mordió el labio para evitar decir algo más, porque no soportaba la idea de verla sufrir por él. No lo soportaba. Intentó calmarse trazando círculos sobre el dorso de su mano mojada—. ¿Ha ocurrido algo más, Autumn?
Ella negó con la cabeza, pero luego asintió.
—Le he dado dinero. Él no quería cogerlo… no quería… Y tuve que rogarle para que lo hiciese. Y sé que está mal, sé que eso no lo ayuda y que es lo último que debería haber hecho si quiero que salga de ahí, pero no soporto la idea de que puedan hacerle daño. Yo… me ahogo solo de pensarlo —dijo antes de que un sollozo la dejase sin palabras.
Jason se obligó a mantenerse sereno cuando notó que temblaba de rabia.
Consiguió apartar los pensamientos que le carcomían por dentro y centrarse solo en ella, en ella y en lo que necesitaba de él en ese preciso instante.
Alzó la otra mano y acogió su mejilla tras borrarle el rastro de rímel con los dedos.
—Me destroza el corazón verte llorar.
—Es que… no puedo. Estoy tan triste…
Y él se dio cuenta entonces de que le chocaba verla así porque no estaba acostumbrado a hacerlo. Esos labios que siempre estaban curvados, ahora temblaban. Esa mirada llena de luz, ahora estaba empañada de decepción.
Cogió aire. Nunca había sentido los sentimientos de otra persona casi como propios. Nunca había sufrido tanto al ver a alguien pasar un mal momento. Hasta entonces. Así, sin avisar, como un golpe que no ves venir y no puedes encajar.
—Siento mucho, muchísimo, lo que ha ocurrido.
—¿No vas a decirme todo lo que he hecho mal?
—No, joder. Solo… solo quiero que pares de llorar.
—¿Por qué? —Lo miró sin dejar de hacerlo.
—Porque me duele verte así. ¿Qué puedo hacer?
Ella sacudió la cabeza.
—Nada, ahora saldré.
Jason se levantó mientras tomaba una bocanada de aire. Estaba esa
opción. Estaba la opción de salir de allí y dejarla sola y esperar en el comedor hasta que se calmase y regresase a sus brazos. Y estaba la otra opción, la de hacer algo, cualquier cosa, para conseguir aliviar ese dolor.
No supo en qué pensaba, probablemente porque no lo hacía, cuando se quitó los zapatos y luego se metió en la bañera. Vestido. Con el traje. Se sentó frente a ella. Autumn lo miró tan alucinada que no pudo decir nada hasta pasados unos segundos.
—¿Qué demonios…? ¿Te has vuelto loco?
«Loco por ti», pensó. Se quitó la corbata mojada.
Autumn estaba tan desconcertada que tardó en asimilar la escena. Y luego rio, primero suave, casi como un susurro, hasta que su risa se alzó con fuerza entre ellos y se mezcló con las lágrimas.
—¡Estás… estás fatal! Peor que yo.
—Todo se pega —replicó.
Respiró hondo al darse cuenta de que ya no lloraba. Y, después, cuando ella se incorporó en la bañera para acercarse a él y descansar el rostro contra su pecho, se sintió como si estuviese en la cima de una montaña contemplando un paisaje privilegiado, con las manos pequeñas aferrándose a su camisa empapada y su cuerpo sobre el suyo.
—Jason, te quiero —le susurró.
Y él no contestó, no pudo hacerlo, pero buscó el latido de su pulso en el cuello y la besó allí.
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