Abducción

Robin Cook · Capítulo 2 de 4 · parte 1/3

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Abducción

-En la parte superior hay gente -susurró-, vestidos como nosotros.

Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.

-¿De verdad? -Suzanne se inclinó para verlo por si misma, pero estaba demasiado atrás.

-No puedo estar seguro, pero creo que llevan la misma ropa de satén, -

todos suponían que aquellos extraños atuendos eran uniformes de prisionero.

-Vamos -apremió Richard, más impaciente que nunca-, esto tengo que verlo, ¡venga!

-¿y por qué nos han vestido como antiguos griegos? -preguntó Suzanne a Donald.

-No tengo ni idea, vamos a averiguarlo.

Perry echó a andar en primer lugar, alzó la cabeza, protegiéndose los ojos con las manos, lo que vio le dejó tan perplejo que se detuvo bruscamente con la boca abierta, Suzanne tropezó con él, y el resto del grupo se apretó contra ella, todos atónitos.

Estaban en una especie de corral, unos cinco metros más arriba había una galería cubierta de cristal, bordeada por una balaustrada de mármol y soportada por columnas aflautadas en cuyos capiteles se veían doradas criaturas marinas, toda la galería estaba atestada de gente que se apretaba contra el cristal mirando hacia abajo con silenciosa e intensa curiosidad, tal como Perry había avistado antes, todos iban vestidos con idénticas túnicas de satén y pantalones cortos.

Aunque ninguno se había hecho una imagen mental de sus captores, imaginaban que tendrían un aspecto fiero, nada más alejado de la realidad, antes de vislumbrar los atuendos de satén, Perry había esperado ver uniformes, así como expresiones severas, si no abiertamente hostiles, sin embargo ahora se encontraba frente al grupo de personas más bellas que había visto jamás, cuyos rostros transmitían una serenidad casi divina, aunque la edad del grupo oscilaba desde niños muy pequeños a vigorosos ancianos, la mayoría se encontraba entre los veinte y los veinticinco años, todos irradiaban salud con sus cuerpos esbeltos, sus ojos brillantes, su pelo lustroso y unos dientes tan blancos que los de Perry parecían amarillos en comparación.

-¡no me lo puedo creer! -exclamó Richard.

-¿quién es esta gente? -susurró Suzanne maravillada.

-No había visto gente tan guapa en mí vida -atinó a decir Perry-, ¡todos ellos! Ni siquiera uno sólo parece del montón.

-Pues yo me siento como una rata de laboratorio -comentó Donald entre dientes-, fijaos cómo nos miran, y os recuerdo que las apariencias engañan, no olvidéis que esta gente ha estado jugando con nosotros para su propia diversión, esto podría ser una especie de trampa.

-Pero son de una belleza increíble, -Suzanne iba volviéndose lentamente para verlos a todos-, sobre todo los niños, e incluso los ancianos, ¿cómo iba a ser esto una trampa? bueno, una cosa está clara, ahora si podemos descartar del todo la idea de estar en una base secreta rusa.

-Pues americanos tampoco son -observó Perry-, no hay ni un solo gordo en todo el grupo.

-Esto debe de ser el cielo -comentó Michael maravillado.

-Yo creo que es más bien un zoológico -replicó Donald-, con la diferencia de que los animales somos nosotros.

-Intenta pensar algo positivo -le espetó Suzanne-, la verdad es que para mí esto es un alivio.

-Bueno, por lo menos no veo ningún arma.

-¡es verdad! -exclamó Perry-, buena señal.

-Claro que no necesitan armas, teniéndonos aquí abajo encerrados -

añadió Donald.

-Ya, supongo que tienes razón, ¿tú qué piensas, Suzanne?

-No puedo pensar, todo esto es surreal, ¿estamos en el cielo?

-Eso parece.

-¿creéis que existe alguna posibilidad de que nos hayan trasladado hacia el este cuando el Oceanus cayó por la chimenea? Tal vez estemos en una de las islas Azores.

-Sólo podemos saberlo si se deciden a decírnoslo -apuntó Donald.

-¡qué más da dónde estemos! -terció Michael-, ¡vaya tías! ¡Vaya cuerpazos! ¿Son de verdad o es mi imaginación?

-Es una idea interesante -comentó Suzanne-, anoche, cuando cenamos, la comida sabía según nuestros deseos, ahora podría estar pasando lo mismo, tal vez estamos viendo lo que queremos ver.

-Eso no puedo concebirlo -dijo Perry-, nunca he creído mucho en lo sobrenatural.

Apero qué más da! ¡Mirad a la tía aquella del pelo castaño! ¡Menudo tipazo! ¡Y me está mirando! -Richard alzó la mano con una sonrisa y saludó

con entusiasmo, la mujer sonrió a su vez y pegó la palma de la mano al cristal-, ¡eh! ¡Le gusto!

-Richard le tiró un beso y la mujer sonrió todavía más.

Animado por el éxito de Richard, Michael se volvió hacia una mujer de brillante pelo negro, ella también pegó la mano al cristal, Michael se puso a brincar como un loco, saludando frenético con las dos manos, la mujer se echó a reír.

-Yo no veo ninguna hostilidad -dijo Suzanne a Donald-, todos parecen tan pacíficos…

-Seguro que es una treta para que bajemos la guardia.

Perry apartó la vista de mala gana de aquella gente tan hermosa para hablar con Suzanne y Donald, Richard y Michael proseguían con sus aspavientos, intentando improvisar un lenguaje de signos.

-¿qué vamos a hacer? -preguntó Perry.

-A mí personalmente no me gusta nada estar dando un espectáculo -

respondió Donald-, sugiero volver a nuestra habitación y esperar, ahora les toca actuar a ellos, que vengan a vernos a nuestro territorio, por decirlo de alguna manera.

-¿pero quiénes son? -dijo Suzanne-, esto es como una película de ciencia ficción.

Perry fue a responder, pero las palabras se le atascaron en la garganta, una de las paredes del recinto se estaba abriendo, detrás apareció una escalera que llevaba a la galería.

-¡vaya! -exclamó Suzanne-, como tú decías, Donald, ahora les toca actuar a ellos, y creo que nos están invitando a un encuentro cara a cara.

-¿qué hacemos? ¿Vamos?

-Sí -contestó Donald-, pero despacio y en grupo, y tú hablarás por todos, Perry, como habíamos decidido.

Richard y Michael, ajenos a lo que sucedía, seguían haciendo el payaso, la multitud respondía con risas a sus aspavientos, lo cual no hacía más que animarles a dar más brincos, al ver las escaleras, sin embargo, salieron disparados hacia ellas, ansiosos por establecer un contacto más íntimo con sus nuevas amigas.

-¡alto ahí! -gritó Donald, bloqueándoles el paso-, vamos a subir todos juntos, y el señor Bergman hablará por todos.

-Tengo que conocer a esa tía buena -dijo Richard ansioso.

-Y yo tengo que quedar con esa morenaza -añadió Michael sin aliento.

Intentaron pasar, pero Donald los sujetó con mano de hierro, los buceadores quisieron protestar, pero callaron al ver la expresión del ex militar, Donald tenía los labios apretados en un gesto de determinación y le temblaban las aletas de la nariz.

-Está bien, esperaremos -atinó a decir Richard.

-Sí, ya habrá tiempo de sobra.

Donald hizo un gesto a Perry para que comenzara a subir.

Perry subió los peldaños con más confianza que la que había sentido en el pasillo, había esperado enfrentarse a una escena mucho más terrible, pero ahora se trataba de ir al encuentro de un grupo de hermosos individuos ataviados con ropas similares a las suyas, sin embargo, lo insólito de la situación fue minando su seguridad a medida que avanzaba, se planteó la posibilidad de que aquello fuera una alucinación colectiva, como había sugerido Michael, o una trampa, como aseguraba Donald, pero, con su natural optimismo, le costaba imaginar que se tratara de una trampa, sobre todo teniendo en cuenta que aquella gente no tenía ninguna necesidad de tenderles una encerrona, puesto que tenía control absoluto de la situación.

La gente guapa, como Perry los llamaba mentalmente, se había apiñado en principio junto a las escaleras como un grupo de adolescentes esperando la llegada de una estrella del rock, pero todos se fueron apartando a medida que ellos subían, esto confundió a Perry todavía más, puesto que parecían retirarse como si les tuvieran miedo o un profundo respeto, como haría una multitud normal ante un animal potencialmente peligroso.

Por fin, se detuvo al final de las escaleras, la gente formaba ahora un semicírculo en torno a él, nadie se movía, nadie decía nada, nadie sonreía.

Perry había supuesto que sus captores serían los primeros en hablar, pero finalmente se decidió a romper aquel incómodo silencio

-Hola.

Su saludo provocó risitas, pero no mucho más, Perry se volvió hacia sus compañeros esperando alguna sugerencia, Suzanne se encogió de hombros, Donald no dijo nada, todavía parecía desconfiado.

-¿alguien habla inglés aquí? -preguntó Perry-, ¿o algo de español?

De pronto una pareja se destacó de la multitud, ambos aparentaban unos veinticinco años y, como todos los demás, eran de una belleza alucinante, sus rasgos eran perfectos, a Perry le recordaban los retratos que había visto en camafeos antiguos, el hombre era rubio, con ojos de un azul intenso, la mujer era pelirroja, con marcadas entradas en el pelo y ojos verdes tan

brillantes como esmeraldas, su piel era tersa y perfecta, en Los Ángeles se les habría considerado estrellas de cine.

-Hola, amigos, ¿cómo estáis? -saludó el hombre con perfecto acento norteamericano-, por favor, no tengáis miedo, no se os hará ningún daño, yo me llamo Arak, y esta es Sufa.

-Yo también quiero saludar, ¿cómo os gustaría que os llamaran a vosotros?

Perry se quedó perplejo ante un inglés tan perfecto, era un alivio oír algo tan familiar, después de todo lo que había sucedido desde que se hundió el Oceanus.

-¿quiénes sois? -acertó por fin a preguntar.

-Somos habitantes de Interterra -contestó Arak, su voz de barítono era similar a la de Donald,

-¿y dónde demonios está Interterra? -Perry no pudo evitar un tono brusco, se le había ocurrido de pronto que todo aquello podía ser una sofisticada broma de mal gusto, más que una trampa.

-¡por favor! -exclamó Arak solicito-, sé que estáis desconcertados y cansados, y con toda la razón después de lo que habéis pasado, sabemos muy bien que la secuencia de descontaminación es agotadora, así que por favor, intentad relajaros, os esperan muchas emociones,

-¿sois norteamericanos expatriados?

Arak y Sufa se llevaron la mano a la boca en un vano intento por contener la risa.

-Perdonadnos, por favor, no queremos ser groseros, no, no somos norteamericanos, pero en Interterra tenemos bastante conocimiento de vuestros idiomas, y el inglés en todas sus variantes es la especialidad de Sufa y mía,

Suzanne se inclinó hacia Perry,

-Pregúntales otra vez dónde está Interterra -le susurró al oído,

-Interterra está debajo de los mares -contestó Arak-, se encuentra entre lo que vuestro pueblo llama la corteza terrestre y el manto, es una zona que vuestros científicos sísmicos llaman el manto de discontinuidad Mohorovicic.

-¿Es un mundo subterráneo? -Suzanne miró perpleja hacia lo que parecía el cielo.

-Submarino seria más correcto -contestó Sufa-, pero, por favor…

sabemos que tenéis muchas preguntas, y todas serán respondidas a su

debido tiempo, por ahora os suplicamos un poco de paciencia.

-Pero necesitamos saber cómo os tenemos que llamar- añadió Arak.

-Yo soy Perry, presidente de la Benthix Marine, -y a continuación presentó a los demás miembros del grupo.

Arak se acercó a Suzanne y tendió el brazo con la palma de la mano hacia ella.

-Tal vez puedas concederme el honor de un saludo interterrano, presiona tu palma contra la mía.

Suzanne miró un instante a Perry y Donald antes de acceder, su mano era mucho más pequeña que la de Arak.

-Bienvenida, doctora Newell, estamos muy contentos de que hayas venido a visitarnos, -y con una reverencia apartó la mano.

-Vaya, muchas gracias, -Suzanne estaba algo desconcertada, aunque le halagaba que la hubieran destacado a ella de forma personal.

-Ahora os llevarán a vuestras habitaciones, que estoy seguro serán de vuestro agrado.

-¡Un momento, Arak! -exclamó Richard poniéndose de puntillas-, por ahí anda una chica preciosa que se muere por conocerme.

-Sí, y yo quiero quedar con una morenaza que he visto antes -añadió Michael.

Ambos habían escudriñado la multitud desde que subieron las escaleras, pero no habían podido localizar a sus chicas.

-habrá tiempo de sobra para relacionarse -dijo Arak-, por ahora es importante que os retiréis a vuestros aposentos, puesto que tenéis que comer y asearos adecuadamente, más tarde habrá una gala para celebrar vuestra llegada, y espero que todos asistáis, por favor, seguidme.

-Sólo será un momento, -Richard quiso pasar entre Arak y Sufa para mezclarse con la muchedumbre, pero Donald le retuvo con fuerza,

-¡Ya está bien! Nos quedamos todos juntos, ¿Entendido?

Richard le miró furioso, estaba tan cerca de aquella preciosa mujer, era tan difícil contenerse… de hecho nunca se le había dado muy bien contenerse, pero la mirada de Donald le hizo vacilar.

-Bueno, la verdad es que también me apetece comer algo.

-Más vale que no te pases -le espetó Donald-, si no quieres vértelas conmigo.

-Que conste que no me asustas.

Suzanne seguía a Arak y Sufa casi sin darse cuenta, se sentía desconectada de la realidad, como sí no pisara suelo firme, no era un mareo, pero si algo muy parecido, había oído hablar del concepto psiquiátrico de despersonalización y se preguntaba si no estaría sufriendo alguna variante, todo lo que experimentaba le parecía surreal, era como estar en un sueño, aunque sus sentidos le dijeran lo contrario, oía, veía y olía normalmente, pero nada parecía lógico, ¿cómo podían estar bajo el mar?

Como oceanógrafa geofísica, Suzanne sabía que la discontinuidad Mohorovicic era una capa de la tierra que marcaba un brusco cambio en la velocidad de las ondas sísmicas, localizada aproximadamente de unos cuatro a once kilómetros bajo el suelo oceánico y a unos treinta y seis kilómetros por debajo de los continentes, el nombre de Mohorovicic se debía al sismólogo serbio que la había descubierto, pero no se sabía qué era en realidad aquella capa, ningún geólogo ni sismólogo había considerado siquiera la posibilidad de que se tratara de una enorme caverna llena de aire, la idea era demasiado ridícula para ser tenida en cuenta.

-Por favor, mostrad a los humanos secundarios la cortesía que merecen -

pedía Arak a los interterranos mientras se abrían paso entre ellos-,

¡dejadnos sitio! -al cabo de un momento se volvió hacia Suzanne y los demás y señaló un camino que salía de la galería-, en cuanto salgamos de la sala de llegadas extranjeras estaremos ya muy cerca de vuestras habitaciones.

Suzanne caminaba entre la multitud como si se viera a sí misma en una película, la situación ya no era amenazadora, los saludaban con gestos furtivos, casi tímidos, Suzanne no podía evitar sonreír.

¿Está sucediendo esto de verdad?, Se preguntaba una y otra vez, ¿será un sueño? Pero la sensación del mármol frío en los pies descalzos y la caricia de una suave brisa en las mejillas era del todo real, en sueños nunca había sentido las cosas con tanto detalle.

-Habrás notado que tu grupo es toda una celebridad -le dijo Sufa-, los seres humanos de la segunda generación son muy populares, además, sois todo un estímulo, debo advertirte que estaréis muy solicitados.

-¿qué es eso de la segunda generación de seres humanos?

-¡Sufa, recuerda lo que hemos decidido! -exclamó Arak-, con estos invitados no iremos tan deprisa como con otros, habrá que introducirlos en nuestro mundo poco a poco.

-Sí, ya lo sé, -Sufa se volvió de nuevo hacia Suzanne-, ya hablaremos de todo a su debido tiempo, y te prometo que contestaremos a todas vuestras preguntas.

Pronto salieron a una espaciosa galería que daba a una caverna subterránea tan inmensa que parecía estar a la luz del día, aunque no había sol, el cielo abovedado era de un azul pálido como el cielo de un brumoso día de verano, algunas nubes flotaban perezosas en la brisa.

La galería se encontraba al lado de un edificio localizado en la periferia de una ciudad, desde la balaustrada se extendía un bucólico paisaje de colinas, frondosa vegetación y lagos, con algunas aldeas a lo lejos, los edificios, de basalto negro muy pulido, combinaban diversas formas: curvas, cúpulas, torres y pórticos columnados, a lo lejos se alzaba una serie de montañas cónicas que, desde sus anchas faldas, se iban estrechando hasta la cima para formar gigantescas columnas.

-Esperad un momento, por favor, -Arak murmuró unas palabras en un diminuto micrófono que llevaba en la muñeca.

Los cinco "seres humanos de segunda generación" quedaron hipnotizados por la inesperada belleza y las increíbles dimensiones de aquel paraíso subterráneo, era algo que superaba sus más locas fantasías, hasta los buceadores se habían quedado sin palabras.

-Estamos esperando un aerodeslizador -explicó Sufa,

-¿Es esto la Atlántida? -preguntó Perry, todavía boquiabierto.

-No, -Sufa pareció algo molesta-, esto no es la Atlántida, es la ciudad de Saranía, la Atlántida queda hacia el este, pero desde aquí no se ve, está detrás de las columnas que soportan las protuberancias de la superficie que vosotros llamáis las Azores,

-¡Así que la Atlántida existe!

-Claro que sí, pero a mí, personalmente, no me parece ni mucho menos tan agradable como Saranta, es una ciudad joven de gente bastante descarada, la verdad, pero eso ya lo veréis vosotros mismos.

-Ah, aquí está -exclamó Arak, en la base de las escaleras había aparecido una nave parecida a un platillo volante, era tan silenciosa que sólo los que miraban en su dirección la vieron llegar-, siento haberos hecho esperar, debe de haber mucha demanda en este momento, pasad, por favor -

indicó, señalando la entrada que se había abierto milagrosamente a un lado de la nave.

El platillo flotaba inmóvil a más de un metro sobre el suelo, media unos diez metros de diámetro, con la parte superior en forma de bóveda transparente, era muy parecida a los ovnis que aparecen en la prensa sensacionalista, dentro había un banco circular con cojines blancos en torno a una mesa redonda negra, no se veían controles para manejarla.

Arak fue el último en entrar, y en cuanto lo hizo la puerta desapareció en silencio.

-Siempre pasa lo mismo -se quejó mirando alrededor-, justo cuando queríamos impresionaros nos llega una de las naves más viejas.

-Deja de quejarte -le amonestó Sufa-, este vehículo funciona perfectamente.

Donald enarcó las cejas, Suzanne tenía tantas preguntas que no sabía por dónde empezar.

Arak puso la mano en el centro de la mesa y se inclinó.

-Al palacio de invitados, - luego se arrellanó sonriente en el asiento, un instante después se pusieron en marcha.

Suzanne tendió la mano instintivamente para agarrarse al borde de la mesa, pero no fue necesario, no se percibía ninguna sensación de movimiento ni ningún sonido, era como si la nave estuviera parada mientras la ciudad descendía.

-Pronto os enseñarán a llamar y manejar estos aerotaxis- indicó Arak-, tendréis tiempo de sobra para explorar.

El grupo del Benthix Explorer estaba abrumado. Parecían atravesar el centro de una ajetreada metrópoli, una multitud de personas caminaba de un lado a otro y cientos de aerotaxis surcaban el espacio en todas direcciones.

Para Suzanne aquel mundo estaba lleno de extrañas contradicciones, la ciudad, con su avanzada tecnología, parecía muy futurista, pero la vegetación tenía un aspecto primitivo, la flora le recordaba la existente durante el período carbonífero, trescientos millones de años atrás.

Pronto los brillantes edificios de basalto dieron paso a un área menos densa, aparentemente residencial, donde se veían extensiones de césped, árboles y estanques, tanto las multitudes como los taxis desaparecieron, ahora sólo se veían personas aisladas o pequeños grupos paseando por los parques, muchos iban acompañados de mascotas de curioso aspecto que parecían una quimérica combinación de perro, gato y mono.

El escenario comenzó a aminorar la velocidad a medida que se aproximaban a un magnifico conjunto palaciego, dominado por una gran

estructura central abovedada y soportada por columnas dóricas de color negro, en torno a él se alzaban otros edificios más pequeños, de forma ovalada, varios senderos serpeaban entre estanques cristalinos, extensiones de césped y frondosa vegetación.

El aerotaxi detuvo su movimiento horizontal y descendió deprisa, un momento más tarde la entrada volvió a abrirse en silencio.

-Doctora Newell, este es tu apartamento, ya puedes bajar, por favor, yo te acompañaré para asegurarme de que estás cómoda,

Suzanne miró nerviosa a Donald, no esperaba tener que separarse del grupo.

-¿Y los demás? -preguntó por fin, intentando interpretar la expresión del ex oficial.

-Arak se encargará de acomodarlos, cada uno tendrá su propio bungalow.

-Es que esperábamos poder estar juntos.

-Y lo estaréis -replicó Arak-, toda esta zona es sólo para visitantes, comeréis juntos, y si queréis dormir por parejas en vuestros aposentos, es decisión vuestra.

Donald miró a Suzanne y se encogió de hombros, ella salió de la nave seguida de Sufa, un momento más tarde el aerotaxi se puso de nuevo en marcha para detenerse en una casa cercana.

-¡Vamos! -Sufa echó a andar por el sendero, pero se detuvo a esperar a Suzanne, que se había quedando mirando la nave-, pronto te reunirás de nuevo con tus amigos, sólo quiero comprobar que tu alojamiento es aceptable, además, pensé que te gustaría darte un baño antes de comer, ese fue mi primer deseo cuando pasé por la descontaminación.

-¿Tú pasaste por lo mismo que nosotros?

-Sí, hace muchísimo tiempo, varias vidas, de hecho.

-¿Cómo? -Suzanne pensó que no había oído bien.

-Ven, primero tienes que instalarte, las preguntas tendrán que esperar.

Sufa cogió a Suzanne del brazo y juntas subieron los escalones que llevaban al bungalow.

Suzanne se detuvo en la puerta, boquiabierta de nuevo, en marcado contraste con el exterior negro, el interior era casi todo blanco: mármol blanco, cachemira blanca y múltiples superficies de espejo, era parecido a la sala en que habían dormido hacía poco, pero mucho más lujoso, una piscina

azul se extendía desde dentro hasta el exterior, alimentada por una cascada que salía de la pared.

-¿no te gusta la habitación? -preguntó Sufa preocupada, malinterpretando la expresión de Suzanne.

-La cuestión no es sí me gusta, ¡es increíble!

-Pero queremos que estés cómoda,

-¿Y los otros? ¿Sus habitaciones son parecidas?

-Idénticas, todos los bungalows de invitados son iguales, si necesitas algo más dímelo, estoy segura de que podremos proporcionártelo.

Suzanne miró la enorme cama circular, sobre una tarima de mármol en el centro de la habitación, del dosel colgaban abundantes cortinas blancas.

-Dime qué crees que te falta.

-No, no falta nada, es impresionante.

-¿Entonces te gusta?

-Me encanta, -Suzanne tocó la pared de mármol, pulido como espejo, estaba caliente.

Sufa se acercó a un armario empotrado.

-Dentro encontrarás consolas de ordenador, ropa, libros en tu idioma, una nevera grande con refrescos, artículos de aseo personal y todo lo demás que puedas necesitar.

-¿Cómo se abre?

-Con una orden verbal, -Sufa señaló una de las dos puertas en la pared frente al armario-, allí tienes los servicios personales.

-¿y qué tengo que decir?

-lo que estés buscando, seguido de alguna palabra exclamativa como

"ahora" o "por favor".

-¡Comida, por favor! -dijo Suzanne con cierta timidez, al punto se abrió una puerta del armario dejando al descubierto una nevera llena de refrescos y comida de diversa consistencia y color.

Sufa rebuscó.

-Debería haberlo sabido, me temo que sólo han puesto una selección básica, aunque yo pedí algunos artículos especiales, pero no importa, un clon obrero te traerá todo lo que quieras.

-¿Un clon obrero? -la expresión sonaba ominosa.

-Los clones obreros son los trabajadores, ellos realizan todas las labores manuales en Interterra.

-¿He visto alguno?

-Todavía no, no suelen dejarse ver hasta que los llaman, prefieren su propia compañía y sus propias habitaciones.

Suzanne asintió, sabía que en cualquier régimen de intolerancia, el grupo dominante siempre atribuía a los oprimidos una actitud que hacia sentir mejor a los opresores.

-Y esos clones, ¿son clones de verdad?

-Desde luego, han sido clones durante una eternidad, en principio provienen de homínidos primitivos, algo similar a lo que tu pueblo llama Neandertales.

-¿Mi pueblo? ¿Qué nos hace tan diferentes de vosotros, aparte de vuestra belleza?

-Por favor…

-Ya lo sé, ya lo sé -exclamó Suzanne exasperada-, no tengo que hacer preguntas, pero es que tus respuestas a las cuestiones más simples me resultan desconcertantes.

Sufa se echó a reír,

-Ya lo imagino, pero sólo te pedimos que tengas paciencia, hemos aprendido por experiencia que es mejor introducir a la gente poco a poco en nuestro mundo.

-Eso significa que habéis tenido otros visitantes como nosotros.

-Desde luego, han venido muchos durante los últimos diez mil años más o menos.

Suzanne se la quedó mirando boquiabierta.

-¿Diez mil años, dices?

-Sí, antes de eso no teníamos ningún interés en vuestra cultura.

-¿Me estás diciendo que…?

-Por favor, -Sufa respiró hondo-, no más preguntas a menos que se refieran a tus habitaciones, lo siento.

-Está bien, a ver, dime, ¿cómo tengo que llamar a un clon?

-Con una voz de mando, es lo mismo con todo aquí en Interterra.

-O sea, que sólo tengo que decir "clon obrero", ¿es eso?

-"clon obrero" o simplemente "clon", luego, claro, tienes que decir alguna palabra exclamativa con la que te sientas cómoda, pero la frase tiene que decirse como una exclamación,

-¿y lo puedo hacer ahora mismo?

-Por supuesto,

-Clon, por favor -dijo Suzanne sin dejar de mirar a Sufa.

No pasó nada,

-Eso no ha sido una auténtica exclamación, inténtalo otra vez.

-¡Clon, por favor! -exclamó Suzanne.

-Mucho mejor, pero no hace falta subir tanto la voz, el volumen no es lo que cuenta, sino la intención, los humanoides tienen que saber sin lugar a dudas que quieres que aparezcan, su modo por defecto es no venir, para no ser un incordio,

-¿Has dicho "humanoide"?

-Los clones obreros son muy parecidos al hombre, aunque son una fusión de elementos androides, componentes biomecánicos y secciones hominidas, son mitad máquina mitad organismos vivos, que se cuidan ellos mismos e incluso se reproducen.

Suzanne se quedó mirándola entre incrédula y consternada, Sufa pensó que la había asustado.

-No te preocupes, es muy fácil tratar con ellos, y son de lo más servicial, de hecho son criaturas maravillosas, como ya verás, su único defecto es que, como sus antepasados homínidos, son incapaces de hablar, pero entienden perfectamente.

Antes de que Suzanne pudiera hacer más preguntas, se abrió una de las puertas frente a los armarios y apareció una mujer escultural, Suzanne había esperado ver a un grotesco autómata, pero la mujer era de una belleza exquisita, con rasgos clásicos, pelo rubio, piel de alabastro y penetrantes ojos oscuros, llevaba un uniforme de satén negro.

-Este es un ejemplar de clon obrera, verás que lleva un anillo en la oreja, todos lo llevan, no sé por qué, creo que tiene algo que ver con el orgullo o el linaje, también advertirás que es bastante guapa, como lo son también las versiones masculinas, pero lo más importante es que se avendrá a todos tus deseos, si quieres algo no tienes más que pedírselo y ella intentará complacerte, a menos que eso implique hacerse daño a ella misma.

Suzanne miró los ojos de aquella mujer, sus rasgos faciales eran tan hermosos como los de Sufa, pero totalmente inexpresivos.

-¿Tiene algún nombre?

-¡Claro que no! -replicó Sufa con una risa-, eso complicaría muchísimo las cosas, no queremos personalizar nuestras relaciones con los trabajadores, en parte por eso no han sido nunca diseñados para hablar.

-Pero hará lo que yo le pida, ¿no?

-Así es, cualquier cosa, puede recoger tu ropa, lavarla, prepararte el baño, llenarte la nevera, darte un masaje o incluso cambiar la temperatura del agua de la piscina, cualquier cosa que quieras o necesites.

-De momento creo que sería mejor que se marchara, -Suzanne se estremeció, la idea de que alguien pudiera ser medio humano y medio máquina era perturbadora.

-¡Vete, por favor! -pidió Sufa, la mujer dio media vuelta y se marchó tan silenciosamente como había aparecido-, claro que la próxima vez que llames a un clon, lo más posible es que venga otro distinto, siempre acude el primero que está disponible.

Suzanne asintió, de nuevo sin comprender del todo.

-¿De dónde salen?

-De debajo de la tierra.

-¿Viven en cuevas? -preguntó Suzanne.

-Supongo, yo nunca he estado allí abajo, ni yo ni nadie que conozca,

¡pero basta de hablar de los clones! Tengo que llevarte al comedor para la cena, ¿prefieres bañarte en la piscina o en la bañera? Aunque te advierto que no tenemos mucho tiempo.

Suzanne tragó saliva, tenía la garganta seca, con todo lo que tenía a su disposición le costaba trabajo tomar la decisión más sencilla, la piscina, ahora más turquesa que azul, era de lo más tentadora.

-Si, creo que me daré un baño en la piscina.

-Excelente, en el armario tienes ropa limpia y zapatos.

Suzanne asintió.

-Te espero fuera, tengo la sensación de que te vendrá bien quedarte a solas un rato.

-Sí, tienes razón.

El comedor estaba situado en un edificio similar en forma y tamaño a los bungalows, pero sin cama, también se abría al exterior, pero daba al espectacular pabellón central, en lugar de los jardines, la larga mesa central era como la que había en la cueva de descontaminación, así como las sillas acolchadas.

El grupo había llegado desde sus respectivas casas más o menos al mismo tiempo, y todos con ánimo diferente, Richard y Michael no albergaban recelo alguno, estaban entusiasmados como niños sueltos en el parque de atracciones de sus sueños, y pensaban disfrutar de todo cuanto se les ofreciera, Perry también estaba encantado con las posibilidades de aquel

nuevo mundo, aunque se mostraba más sereno que los buceadores, Suzanne todavía estaba más desconcertada que otra cosa, todavía se planteaba la posibilidad de estar viviendo una especie de alucinación colectiva, Donald, a diferencia de los demás, seguía convencido de que todo aquello era una trampa, un engaño con algún horrible propósito.

La conversación giró en torno al viaje en platillo y las maravillas de sus habitaciones, Richard y Michael eran los más animados, sobre todo después de saber que el clon obrero de Suzanne había sido una mujer, Richard hizo alusión a los placeres que una criatura tan complaciente podría proporcionar.

Suzanne se mostró escandalizada.

-¡A ver si os comportáis como seres civilizados!

La comida fue parecida a la que habían consumido previamente, con la misma curiosa variación en el gusto, aunque esta vez fue presentada en elaborados platos individuales, la trajeron dos hombres de extrema belleza ataviados con unos monos de satén negro abrochados por delante con una cremallera, ambos llevaban un anillo en la oreja.

De pronto Donald arrojó el tenedor contra su plato de oro, el ruido resonó sorprendentemente en la habitación de mármol, Richard, que en ese momento describía el baño que se había dado en la piscina, con la boca llena de lo que aseguraba ser helado de caramelo, se interrumpió a media frase, Suzanne dio un brinco sobresaltada y dejó caer su propio tenedor, que cayó sin tanto estruendo, Michael se atragantó con el bocado que le estaba sabiendo a patatas.

-¿Cómo demonios podéis comer en estas circunstancias? -gritó Donald,

-¿Qué circunstancias? -preguntó Richard, todavía con la boca llena, mirando alrededor, temeroso de que hubieran invadido la sala.

Donald se inclinó hacia él.

-¿Qué circunstancias? -repitió con desdén, sacudiendo la cabeza-,

¡Nunca he podido comprender por qué los buceadores de saturación tienen que ser tan idiotas! Tal vez la presión y el gas inerte destruyen las pocas neuronas que tienen.

-¿De qué coño hablas? -saltó Michael,

-¿De qué hablo? te lo voy a decir, ¡Mira! ¿Dónde demonios estamos?

¿Qué hacemos aquí? ¿Quiénes son estas personas, vestidas como si fueran a una fiesta de disfraces?

Se produjo un silencio, todos evitaban mirarle a los ojos, porque lo cierto es que también se habían planteado esas cuestiones.

-Yo sé dónde estamos -dijo por fin Richard-, en Mierterra.

-¡Joder! -Donald alzó las manos exasperado-, estamos en Interterra, ya, y eso lo explica todo, ¿Verdad? ¡Pues no! eso no explica nada, no explica dónde estamos, qué hacemos aquí o quiénes son estas personas, y ahora nos tienen convenientemente aislados en diferentes habitaciones.

-Han dicho que nos explicarían todo lo que queramos saber-apuntó Suzanne-, pero nos han pedido que tengamos paciencia.

-¡Paciencia! yo os voy a decir lo que hacemos aquí, ¡somos prisioneros!

-¿y qué? -saltó Richard.

De nuevo se produjo un silencio, Michael dejó el tenedor, pero Richard siguió disfrutando de su postre, mirando a Donald con descaro, Suzanne, Perry y los clones se quedaron inmóviles.

-Si fuéramos prisioneros -dijo por fin Richard con la boca llena-, me gustaría saber cómo trata esta gente a sus amigos, mirad todo esto, es fantástico, si tú no quieres comer, Fuller, no comas, a mí esto me gusta, ¡y que te jodan!

Donald se levantó de un brinco con intención de lanzarse contra él, pero Perry se interpuso antes de que corriera la sangre.

-¡Ya está bien! -gritó-, no deberíamos pelear entre nosotros, además, los dos tenéis razón, no sabemos dónde estamos ni por qué estamos aquí, pero nos están tratando bien, puede que demasiado bien.

Soltó a Donald al notar que se tranquilizaba, y miró a los clones obreros para ver si aquel estallido los había inquietado, pero sus rostros seguían tan inexpresivos como siempre.

Donald se alisó la túnica.

-Ya veis lo que quiero decir -gruñó-, incluso han mandado carceleros para que nos vigilen mientras comemos.

-No creo que sea el caso -terció Suzanne-, ¡clones, marchaos, por favor!

Los clones desaparecieron por una de las tres puertas de la estancia.

-¿Ves? Ya no nos vigilan.

-Ya, eso no significa nada -insistió Donald-, probablemente tienen micros y cámaras escondidas por toda la sala.

-Oye -terció Michael de pronto-, Mirad estos platos, y los cubiertos,

¿será oro de verdad?

Suzanne sopesó su tenedor,

-Yo también me lo he planteado, y creo que sí.

-¡Joder! -Michael levantó su plato-, pues aquí hay una pequeña fortuna.

-De momento nos tratan bien -dijo Donald, retomando el tema principal.

-¿Tú crees que eso va a cambiar? -preguntó Perry.

-Podría cambiar en cualquier instante, en cuanto hayan obtenido lo que quieren de nosotros, quién sabe qué puede pasar, estamos a su merced.

-Sí, la situación podría cambiar, pero yo no lo creo -terció Suzanne.

-¿Cómo estás tan segura?

-No estoy segura, pero es lógico, mirad todo esto, estas personas están muy avanzadas, no necesitan nada de nosotros, de hecho creo que podemos aprender cosas extraordinarias de ellas.

-Ya sé que hemos estado evitando el tema -admitió Perry-, ¿pero estás sugiriendo que se trata de extraterrestres?

La pregunta los dejó a todos en silencio, nadie sabía muy bien qué pensar.

-¿Gente de otro planeta? -dijo por fin Michael.

-No estoy sugiriendo nada, pero todos hemos visto ese platillo volante, es evidente que tienen una tecnología de la que ninguno de nosotros había oído hablar, además se supone que estamos bajo el mar, cosa que todavía me cuesta aceptar, pero una cosa os aseguro, la discontinuidad Mohorovicic existe, y nadie ha podido dar nunca explicación de ella.

Richard hizo un gesto desdeñoso con la mano.

-Estos no son extraterrestres ni nada, ¿Es que no habéis visto qué tías hay aquí? Yo he visto un montón de películas de alienígenas, y os aseguro que no se parecen en nada a esta gente.

-Podrían haber alterado su apariencia según nuestros gustos.

-Ya -dijo Michael-, eso pensé yo también al principio, que eso de que sean tan guapos son imaginaciones nuestras.

-Pues a mí me importa un carajo -le espetó Richard-, lo que cuenta es lo que hay en mi cabeza, y si a mí me parecen despampanantes es que son despampanantes.

-Lo importante son sus motivos -insistió Donald-, no hemos llegado hasta aquí por casualidad, es evidente que nos atraparon en aquella chimenea submarina, quieren algo de nosotros, os lo aseguro, porque si no estaríamos muertos.

-Creo que tienes razón en una cosa -concedió Suzanne-, en que nos han traído a propósito hasta aquí, Sufa me ha dado cierta información, en primer

lugar me confirmó que lo que pasamos abajo en la cueva fue un proceso de descontaminación.

-¿Pero por qué nos han descontaminado?

-Eso no me lo dijo, pero también confesó que han tenido otros visitantes como nosotros con anterioridad.

-Vaya, eso sí que es interesante -comentó Donald-, ¿y te dijo también qué ha pasado con ellos?

-No.

-Bueno, por mí podéis preocuparos todo lo que queráis-afirmó Richard-,

¡clones obreros, venid! -ordenó.

Al instante aparecieron dos humanoides, uno femenino y otro masculino, Richard echó un vistazo a la mujer y miró a Michael con expresión cómplice.

-¡Esto es una mina!

-Richard -dijo Suzanne-, quiero que me prometas que no harás nada que nos avergüence o ponga en peligro al grupo.

-¿Tú te crees mi madre? -Richard se volvió hacia la mujer clónica, ¿Me traes un poco más de postre, cariño?

-A mí también -añadió Michael, golpeando el plato con el tenedor.

Donald quiso levantarse, pero Perry se lo impidió.

-Nada de peleas, no sirve de nada.

Richard sonrió a Donald para provocarle, disfrutando de su rabia.

De pronto una suave campanilla interrumpió la música de fondo, un momento más tarde apareció Arak, con la indumentaria habitual aunque con un pequeño añadido: en torno al cuello llevaba, atada con un sencillo lazo, una cinta de terciopelo azul que hacía juego con el tono de sus ojos.

-Hola, amigos míos -saludó con vehemencia-, confío en que la comida fuera de vuestro agrado.

-Estupenda -respondió Richard-, ¿Pero de qué está hecha? Quiero decir que el sabor no tiene nada que ver con su aspecto.

-Consiste en proteínas de plancton y carbohidratos vegetales, -Arak se frotó las manos con entusiasmo-, ¡Bueno! ¿Qué tal si vamos a la celebración que os he mencionado antes? No os podéis imaginar cuanta gente aquí en Saranía está encantada con vuestra llegada, hemos tenido que rechazar a muchos, el caso es que no solemos recibir demasiadas visitas de vuestro mundo, desde luego muchas menos que la Atlántida, al este, o Barsama, al oeste, todo el mundo está deseando conoceros, lo cual me lleva

a la cuestión principal: ¿Queréis venir al pabellón o estáis demasiado cansados después de la descontaminación?

¿Dónde está el pabellón? -quiso saber Michael.

-Justo allí, -Arak señaló el extremo abierto del comedor-, la fiesta se celebra aquí, en la zona de los visitantes, es más conveniente así, de hecho queda a poco más de cien metros, así que se puede ir andando, ¿Qué decís?

-Yo me apunto -dijo Richard-, nunca me pierdo una fiesta.

-Lo mismo digo -añadió Michael.

-Espléndido, ¿y los demás?

Se produjo un silencio incómodo, por fin Perry carraspeó.

-Arak, la verdad es que estamos un poco nerviosos.

-Yo emplearía otra palabra -terció Donald-, francamente, antes de hacer nada nos gustaría tener alguna idea de quiénes sois y por qué estamos aquí, sabemos que nuestra presencia no es casual, para decirlo claramente, sabemos que hemos sido secuestrados.

-Comprendo vuestras preocupaciones y curiosidad, -Arak extendió las manos en un gesto conciliatorio-, pero, por favor, por una noche dejad que prevalezca mi experiencia, he tratado antes con visitantes de vuestro mundo, no muchos, es verdad, y nunca un grupo tan numeroso, pero los suficientes para saber qué es lo mejor, mañana responderé a todas vuestras preguntas.

¿Por qué esperar? -insistió Donald-, ¿por qué no lo explicas ahora?

-Ignoras lo estresante que resulta el proceso de descontaminación.

-¿Puedes decirnos por lo menos cuánto duró el proceso?

-Preguntó Suzanne.

-Un poco más de uno de vuestros meses.

-¿Estuvimos durmiendo más de un mes? -Michael no se lo podía creer.

-Si, y resulta estresante tanto para el cerebro como para el cuerpo, mañana recibiréis información todavía más sorprendente, hemos aprendido que es más fácil asimilarla cuando uno está descansado, una noche de sueño os facilitará las cosas, así que, por favor, de momento relajaos todos juntos aquí, por separado en vuestras habitaciones o, mejor aún, con nosotros celebrando vuestra llegada.

Seguir: parte 2 de 3