Abducción
-En la parte superior hay gente -susurró-, vestidos como nosotros.
Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.
Michael dejó su botín de copas de oro sobre la mesa con estrépito, Richard se acercó a Donald, arrastrando a las tres mujeres como si fueran trofeos.
-Bueno, almirante Fuller -dijo burlón-, supongo que a la vista de nuestra compañía y nuestro botín te darás cuenta de lo que te has perdido.
-seguro.
-No te imaginas lo bien que lo hemos pasado, listillo.
-Estás borracho -le espetó Donald con desdén-, por suerte algunos tenemos la sensatez de no perder la cabeza.
-Ya, mira, ¿sabes cuál es tu problema? -repuso Richard, blandiendo el dedo en la cara de Donald-, que te crees que sigues metido en el puto ejército.
-Y tú además de ser idiota das asco.
Algo saltó en el cerebro de Richard, el buceador apartó a las mujeres y se arrojó sobre la mesa de mármol, sorprendiendo a Donald, a pesar de su borrachera atinó a ponerse a horcajadas sobre él y darle unos cuantos puñetazos en la cabeza, aunque no con mucha fuerza.
Donald se abrazó a Richard y ambos rodaron por el suelo, no se hicieron mucho daño, pero no dejaban de golpearse, lo que sí lograron fue tirar la mesa, y con ella las copas de Michael, que cayeron al suelo con estruendo.
Los interterranos retrocedieron espantados, aunque no fue nada fácil, Suzanne y Perry consiguieron separar a los contendientes, Richard sangraba por la nariz.
-¡Hijo de puta! -exclamo.
-Tienes suerte de que tus amigos estén aquí, si no te mato.
-Ya basta -terció Perry-, nada de peleas y nada de provocaciones, esto es ridículo, parecéis dos niños.
-¡idiota! -añadió Donald, se zafó de Perry y se alisó la túnica.
-¡Gilipollas! -replicó Richard, apartándose de Suzanne-, ¡venga, chicas!
Vamos a mi habitación, no quiero ni ver a este imbécil.
Richard se acercó a las mujeres, pero ellas retrocedieron y sin decir una palabra echaron a correr, Richard fue tras ellas, pero se detuvo al ver que ya
estaban a medio camino del pabellón.
-¡eh, venid! -gritó-, Meeta…
-Creo que es hora de que te vayas a la cama -le dijo Suzanne-, ya has causado bastantes problemas por una noche.
Richard volvió a la habitación furioso y dio un palmetazo en la mesa que hizo dar un respingo a todos.
-¡mierda!
Perry abrió con mano trémula la puerta de su bungalow y se apartó para dejar paso a Luna, hacía mucho tiempo que no estaba a solas con una mujer como aquella, y no sabía si su ansiedad se debía a su sentido de culpa por su esposa o a la juventud de Luna, además estaba un poco bebido, pero más embriagador que el christal era el hecho de que aquella preciosa joven le encontrara atractivo.
Mientras se esforzaba por disimular los nervios advirtió que Luna también estaba agitada.
-¿Te apetece algo? -preguntó-, se supone que tengo aquí comida y bebida.
Luna se inclinó junto a la piscina para probar la temperatura del agua.
-No, gracias.
-Pareces nerviosa, -Perry, sin saber muy bien qué hacer, se sentó en la cama.
-Si, es que nunca había visto a nadie comportarse como Richard.
-Ya, no es nuestro mejor representante.
¿Hay mucha gente como él en tu mundo?
-Si, por desgracia, generalmente los malos tratos son una cosa que pasa de generación en generación.
Luna movió la cabeza.
-¿y cuál es la causa de esos malos tratos?
Perry se rascó la cabeza, no tenía pensado entrar en una discusión sociológica, ni se sentía capaz de ello, pero al mismo tiempo sentía que tenía que decir algo, Luna le miraba fijamente.
-Pues no se… la verdad es que no lo había pensado mucho, en nuestra sociedad hay mucho descontento, debido a que nuestras expectativas son muy altas y a que pensamos que tenemos derecho a muchas cosas, muy poca gente está satisfecha.
-No lo entiendo.
-Por ejemplo, si alguien se compra un Ford Explorer, en cuanto ve un Lincoln Navigator, el Ford Explorer pierde todo su encanto.
-No sé qué es eso.
-Nada, cosas, y la publicidad nos machaca para que pensemos que nunca tenemos bastante.
-No entiendo esa codicia, aquí en interterra no existe nada parecido.
Entonces es difícil que lo entiendas, en fin, el caso es que hay mucho descontento, sobre todo en las familias pobres que tienen todavía menos que los demás, y dentro de las familias, unos se desahogan con otros.
-Es muy triste -dijo Luna-, y aterrador.
-Sí, es verdad, pero estamos condicionados para no pensar en ello, puesto que es lo que impulsa nuestra economía.
-Me parece muy raro que haya una sociedad que fomenta la violencia, la violencia es algo espantoso para nosotros, porque aquí en Interterra no existe.
-¿no hay violencia?
-No, jamás, yo nunca he visto a nadie pegar a otra persona, sólo con haber visto la pelea de Richard ya me siento fatal.
-Anda, siéntate, -Perry dio unas palmaditas en la cama, consciente de que sus intenciones debían ser transparentes-, no estarás mareada, ¿verdad?
-preguntó, intentando darle conversación ahora que la tenía tan cerca-, no te irás a desmayar ni nada de eso…
-No, no, estoy bien.
Perry la miró a los ojos por unos momentos.
-Eres muy joven -dijo por fin.
-¿Joven? ¿Y eso qué tiene que ver con nada?
-Bueno… -Perry no encontraba las palabras, ni siquiera él sabía si se estaba refiriendo a la reacción de Luna ante Richard, o a la reacción de él ante Luna-, cuando uno es joven no tiene mucha experiencia, tal vez no hayas tenido tiempo de ver ningún tipo de violencia.
-Te digo que aquí no existe la violencia, ha sido eliminada por selección, además, no soy tan joven como seguramente te imaginas, ¿tú cuántos años me echas?
-No lo sé… unos veinte.
-Ahora eres tú el que pareces nervioso.
-Sí, lo estoy un poco, es que podrías ser mi hija.
Luna sonrío.
-Te aseguro que tengo más de veinte años, ¿Te sientes mejor?
-Un poco, en realidad no sé por qué estoy tan nervioso, aquí todo es muy agradable, pero un poco desconcertante.
-Sí, lo entiendo, -Luna sonrió de nuevo y alzó la palma de la mano hacia él.
Perry se la tocó con timidez.
-¿qué es todo esto de las manos?
-Es nuestra forma de demostrar amor y respeto, ¿No te gusta?
-Bueno, para demostrar amor yo prefiero los besos.
-¿Qué es eso, lo que Richard estaba haciendo esta tarde?
-Bueno, lo mío es algo más íntimo que lo de Richard.
-A ver.
Perry se inclinó hacia ella y le dio un suave beso en los labios, luna se los tocó con la punta de los dedos, como perpleja ante aquella sensación.
-¿no te gusta?
-No, no es eso, es que mis dedos y mis manos son más sensibles que mis labios, pero enséñame mas.
Perry tragó saliva.
-¿estás segura?
-sí.
Luna se acercó más y le miró con ojos soñadores.
-Te encuentro muy atractivo, señor presidente de la Benthix Marine.
Perry la rodeó con sus brazos y la tumbó sobre la colcha de cachemira blanca.
Michael estaba en el séptimo cielo, Mura era la mujer de sus sueños, ni siquiera le importaba la presencia de Sart, de todas formas el muchacho estaba en la piscina, y el podía disfrutar de Mura a solas.
Justo cuando estaba a punto de desmayarse de puro placer, le interrumpió una llamada a la puerta, primero intentó ignorarla, pero por fin se acercó trastabillando y desnudo.
-¿quién coño es?
-Soy yo, Richard.
Michael abrió la puerta.
-¿qué pasa?
-No pasa nada, pensaba que igual necesitabas ayuda, no sé si me explico.
Michael, con la borrachera, tardó unos segundos en comprender, miró a Mura, que seguía en la cama, y se volvió de nuevo a Richard.
-¿estás de coña?
-no -replicó el otro con una sonrisa torcida.
-Mura, ¿te importa que se quede Richard?
-Sólo si promete comportarse.
Michael miró a su amigo con expresión de sorpresa.
-Ya has oído a la señora.
Cuando los dos se acercaban a la cama, Mura levantó las manos.
-¡venid, primitivos! Tengo ganas de tocaros las palmas a los dos.
Michael y Richard se miraron incrédulos un instante, luego Michael volvió a la cama mientras Richard forcejeaba por quitarse la ropa.
-Aquí el amor es una cosa muy libre -comentó cuando por fin se acomodó junto a Mura.
-si, tenemos mucho amor, es nuestra mayor riqueza.
Poco tiempo después los dos buceadores se derretían de placer en brazos de Mura, no practicaban el sexo en sentido estricto, puesto que en su borrachera ninguno era capaz de consumarlo, pero no podían estar más satisfechos.
Sart había observado la llegada de Richard desde la piscina, se sentía a la vez atraído y repelido por él, pero sobre todo tenía curiosidad, cuando se cansó de nadar se secó y se acercó al trío, Mura le sonrió, rodeaba con los brazos a los dos amigos, que se habían quedado dormidos, y les acariciaba la espalda, hizo una señal a Sart para que se sentara en la cama, encantada de que se dedicara a Richard, así ella podría concentrarse sólo en Michael.
Sart comenzó acariciando la espalda de Richard como Mura lo había hecho, pero al cabo de un rato prefirió improvisar, primero le acarició el brazo y el hombro, la piel de Richard le resultaba extraña, intrigante, no era tan firme como la de cualquier interterrano, y tenía muchas pequeñas y curiosas imperfecciones, en la cabeza se veía un descolorimiento morado, muy mal definido, justo por encima de la oreja, en la línea del pelo, Sart se inclinó para examinarla más de cerca y la tocó suavemente con la punta del dedo.
Richard abrió los ojos de golpe, Sart sonrió y siguió acariciándole con ternura.
-¡pero qué coño! -Richard le apartó la mano de un golpe y se levantó de un brinco.
Sart también se puso en pie, pensando que tal vez la marca que Richard tenía sobre la oreja era especialmente sensible, tal vez no debería haberla tocado.
El movimiento brusco de Richard bastó para despertar a Michael, que aturdido y somnoliento se incorporó en la cama, Richard se tambaleaba mirando a Sart, que tenía una expresión culpable.
-¿qué pasa, Richie?
Richard no respondió, se pasó la mano por la cabeza sin dejar de mirar furioso a Sart.
-¿qué ha pasado, Sart? -preguntó Mura.
-He tocado la marca que tiene Richard sobre la oreja, lo siento.
¡Michael, ven aquí! -exclamó el buceador, caminando a trompicones hacia la piscina.
Michael, todavía medio dormido, le siguió, era evidente que su compañero estaba muy agitado.
-¿qué pasa? -preguntó en un susurro.
Richard se limpió la boca con el dorso de la mano.
-Creo que ya sé por qué a estos tíos no les importa que nos tiremos a sus mujeres.
-¿por qué?
-Porque son todos maricones.
-¿sí? -Michael se volvió hacia Sart, él mismo ya había pensado en esa posibilidad durante la fiesta, al ver a tantos hombres del brazo, pero con la excitación general se le había olvidado.
-Sí, ¿y sabes otra cosa? ese gilipollas me ha estado acariciando la cabeza y la espalda, ¡yo me creía que era la tía!
Michael se echó a reír a pesar de la rabia de su amigo.
-¡no tiene ninguna gracia! -saltó Richard.
-Pues seguro que Mazzola se va a reír un rato cuando se entere.
-Como le digas algo a Mazzola te mato.
-Ya, ¿tú y quién más? pero mientras tanto, ¿qué quieres hacer?
-Creo que deberíamos dejarle claro a este imbécil lo que pensamos de los maricones, ¡me ha estado manoseando, el muy cabrón! esto no puede quedar así, ¡esta gente se tiene que enterar de quiénes somos!
-Muy bien, ¿qué se te ocurre?
-lo primero echar de aquí a la tía.
¡Vaya! ¿De verdad hace falta?
-Es primordial -replicó Richard impaciente-, no pongas esa cara, dile que venga mañana, hay que dar una lección a este niñato y si la tía nos ve se va a poner a gritar como una descosida y al final nos las tendremos que ver con un par de clones obreros.
-Está bien, -Michael respiró hondo y se acercó a la cama.
¿Está bien Richard? -preguntó Mura.
-Sí, pero algo cansado, bueno, la verdad es que los dos estamos agotados, además de borrachos, como ya habrás notado.
-A mi no me molesta, me lo estaba pasando muy bien.
-Me alegro, pero preferiría que siguiéramos frotándonos las manos mañana, ¿no te importa?
-Claro que no -respondió Mura sin vacilar, se levantó de inmediato y comenzó a vestirse, Sart hizo lo mismo.
-No quiero darte una mala impresión -dijo Michael-, me gustaría que nos viéramos mañana.
-Ahora estás cansado, lo comprendo, no te preocupes, sois nuestros invitados, y mañana volveré si lo deseas.
Sart se ciñó el cinturón y miró a Richard, que no se había movido del borde de la piscina.
-Sart, ¿por qué no te quedas? -dijo Michael-, Richard quiere disculparse por haber sido tan brusco.
Sart miró a Mura, que se encogió de hombros.
-Es cosa tuya, Sart,
-Si los invitados quieren que me quede, me quedo, -Sart volvió a sentarse en la cama.
-estupendo.
Mura terminó de vestirse y se despidió de Michael y Richard tocándoles la palma de la mano, aseguró que había sido un placer su compañía y que deseaba verles al día siguiente.
En cuanto cerró la puerta se produjo un incómodo silencio, Richard y Michael se quedaron mirando a Sart, el muchacho comenzó a agitarse y se levanto.
-¿queréis que pida más bebidas? -preguntó, intentando darles conversación.
Richard forzó una sonrisa y negó con la cabeza, luego se acercó tambaleante a Sart.
-¿más comida, entonces?
Richard negó otra vez, estaba a un brazo de distancia, Sart retrocedió un paso.
-Mi amigo y yo queremos decirte una cosa muy importante -dijo por fin el buceador.
-Es verdad, -Michael se acercó con paso incierto a la cama, acorralando a Sart contra la pared.
-para que quede claro y no haya ningún malentendido, no soportamos a los maricones como tu.
-No, nos ponen furiosos -añadió Michael.
Sart miraba fijamente sus expresiones de rabia.
-Creo que es mejor que me vaya -dijo nervioso.
-Primero tenemos que estar totalmente seguros de que entiendes lo que te estamos diciendo.
-No sé lo que significa "maricón",
-Homosexual, gay, marica, invertido -dijo Richard con desdén-, el nombre da igual, son tíos a los que les gustan los hombres, y me da en la nariz que tú eres uno de esos.
-Claro que me gustan los hombres, me gustan las personas, Richard miró un momento a Michael.
-Los bisexuales tampoco nos hacen gracia.
Sart quiso echar a correr hacia la puerta, pero Richard le retuvo del brazo mientras Michael le cogía del pelo.
Richard le retorció los brazos a la espalda, Sart se debatió, pero no logró zafarse, una vez tuvieron al muchacho inmovilizado, Michael le dio un puñetazo en el estómago, a continuación lo soltaron y se echaron a reír al verle retroceder tambaleándose, Sart intentaba recuperar el aliento, tenía la cara amoratada.
-Vas a ver, maricón, esto es por haberme puesto encima tus sucias manazas.
Richard le levantó la cara con una mano y le lanzó un salvaje gancho con la otra, poniendo en él toda su fuerza, el muchacho salió despedido hacia atrás, con la nariz rota, y se golpeó la cabeza contra la esquina de la mesa de mármol, la piedra penetró varios centímetros en su cráneo, Richard no advirtió nada de esto, absorto en el intenso dolor de sus nudillos, se apretó la mano maldiciendo en voz alta.
Michael vio horrorizado el cuerpo yerto de Sart, el cerebro rezumaba por la herida, el buceador, sobrio de pronto, se agachó junto al muchacho,
que emitía gorgoteos.
-¡Richard! ¡Tenemos problemas!
Richard se negó a responder, todavía estaba dolorido y caminaba por la habitación sacudiendo la mano.
-¡Richard, joder! ¡Este tío está muerto!
-¿muerto?
-Bueno, casi, tiene la cabeza abierta, se ha dado contra la puta mesa.
Richard se acerco.
-¡me cago en todo!
-¿y ahora qué coño hacemos? ¿Por qué has tenido que pegarle tan fuerte?
-¡no era mi intención!
-Bueno, ¿qué vamos a hacer?
-No lo sé.
En ese momento Sart exhaló su último suspiro.
-Ya está -dijo Michael con un escalofrío-, ¡está fiambre! ¡Tenemos que hacer algo, y deprisa!
-Hay que sacarlo de aquí.
-No podemos, ¿dónde vamos a ir? ¡Si ni siquiera sabemos dónde estamos!
-A ver, déjame pensar… ¡mierda, yo no quería hacerle daño!
-Ya, seguro -replicó Michael con sarcasmo.
-Bueno, no quería matarlo.
¿Y si viene alguien?
-es verdad, tenemos que esconder el cadáver.
-¿dónde? - preguntó Michael frenético.
¡Y yo qué sé! -Richard miró desesperado alrededor-, tengo una idea.
-Bien, ¿dónde lo metemos?
-Primero ayúdame a levantarlo, -Richard rodeó al cadáver y lo cogió por los brazos.
Michael lo agarró por los pies y entre los dos lo levantaron del suelo.
El nuevo día llegó poco a poco, como sucede en la superficie de la tierra, la luz fue creciendo en intensidad mientras que en el techo abovedado desaparecían las estrellas, el color pasó del índigo al rosa hasta llegar al azul cielo, Saranía comenzaba a cobrar vida.
Suzanne fue la primera en despertar con la llegada del amanecer artificial, vio a su alrededor el mármol blanco, los espejos, la piscina, y se
dio cuenta sobresaltada de que la surreal experiencia interterrana no había sido un sueño.
Volvió la cabeza despacio y miró a Garona, que dormía de costado, hacia ella, a Suzanne le sorprendía haber permitido que se quedara a pasar la noche, no era su costumbre, sólo había demostrado un poco de compostura al negarse con firmeza a quitarse la ropa, había dormido vestida.
No sabía muy bien si achacar su decisión al christal que había bebido, o a la belleza de Garona, que había sabido ganársela con halagos, aunque odiaba admitirlo, Suzanne consideraba importante el atractivo físico, de hecho era en parte la razón de haberse aferrado a la relación insegura e insana que había mantenido con aquel actor en los Ángeles.
Garona, como si hubiera notado su mirada, abrió sus ojos oscuros y sonrió con expresión soñadora, lo cierto es que Suzanne no podía arrepentirse mucho de lo sucedido,
-Siento haberte despertado -atinó a decir, Garona era tan guapo a la luz del día como la noche anterior.
-No lo sientas, es estupendo despertarse y ver que todavía estoy contigo.
-¿cómo es que siempre sabes decir lo más adecuado?
-Preguntó ella, sin atisbo de sarcasmo.
-Digo lo que me gustaría que me dijeran a mí.
Suzanne asintió con la cabeza, Garona intentó abrazarla, pero ella se levanto de la cama.
-Por favor, Garona, no quiero repetir lo de anoche, por lo menos no ahora.
Garona se tumbó de nuevo.
-No entiendo por qué, ¿es que acaso no te importo nada?
Suzanne lanzó un gemido.
-Ay, Garona, siendo tan sensible y tan sofisticado no veo por que te cuesta tanto entenderlo, ya te dije anoche que necesito un poco de tiempo para conocer a alguien.
-¿qué quieres saber? puedes preguntarme todo lo que quieras.
-Mira, por supuesto que me importas, de lo contrario, no te habría dejado quedarte, no suelo hacer estas cosas tan deprisa, y me alegro de que te quedaras, pero no esperes mucho de mí, piensa en todas las cosas que tengo que asimilar.
-Pero es que no es natural, no deberías contener tanto tus emociones.
-No estoy de acuerdo, no puedo ir por la vida dando rienda suelta a todos los caprichos que se me antojen, y tú deberías hacer como yo, al fin y al cabo no sabes nada de mí, podría estar casada, o tener novio.
-Supongo que lo tienes -replicó Garona-, de hecho me sorprendería que no estuvieras con nadie, pero eso no importa.
-Mira qué bien, -Suzanne se puso las manos en las caderas y le miró con expresión desafiante-, a ti no te importa, ¿pero y a mí? -de pronto se interrumpió y se frotó los ojos, se estaba enfadando cada vez más, y acababa de despertarse-, prefiero hablar de esto en otro momento, que hoy ya tengo bastantes cosas por delante, Arak ha prometido responder a nuestras preguntas, y te aseguro que yo tengo un montón.
Se acercó a uno de los muchos espejos y dio un respingo al verse, podía tener la mente confusa, pero una cosa estaba clara.
Aquel pelo de siete centímetros de largo no le sentaba nada bien, Garona se sentó en la cama y se estiro.
-Los seres humanos de segunda generación sois tan serios…
-No sé qué significa eso de "segunda generación", pero creo que tengo razones de sobra para estar seria, para empezar, no he venido aquí por mi propia voluntad, como dice Donald, hemos sido secuestrados.
Tal como había prometido, Arak apareció justo después de que el grupo hubiera terminado con el desayuno, y preguntó si estaban listos para la sesión didáctica, Perry y Suzanne estaban ansiosos, Donald no se mostró tan entusiasmado, y Richard y Michael no parecían tener el menor interés, de hecho estaban tensos y callados, cosa nada propia en ellos, Perry pensó que sería debido a la resaca.
-Yo no lo dudaría -convino Suzanne-, con lo borrachos que iban ayer,
¿tú cómo estás?
-Estupendamente -contestó Perry-, dadas las circunstancias, anoche fue una velada de lo más interesante, ¿y tu amigo Garona? ¿Se quedó mucho tiempo?
-Un rato, ¿y Luna?
-Lo mismo.
Perry y Suzanne evitaron mirarse a los ojos.
En cuanto todos estuvieron listos, Arak los condujo hacia una estructura semicircular parecida al pabellón aunque mucho más pequeña, Perry y Suzanne caminaban con Arak, Donald se retrasó un poco, y los buceadores todavía más.
-Sigo pensando que deberías decírselo a Donald -susurró Michael-, a lo mejor a él se le ocurre qué hacer.
-¿qué coño quieres que haga ese hijoputa? El chaval está muerto y Fuller no lo va a resucitar.
-No, pero puede que se le ocurra algo mejor para esconder el cadáver, me da miedo que lo encuentren, y la verdad es que no me apetece nada saber qué hacen aquí con los asesinos.
Richard se frenó en seco.
-¿te refieres a mí?
-Bueno, tú lo mataste.
-Tú también le pegaste.
-Pero yo no lo maté, y además, todo fue idea tuya.
Richard miró furioso a su amigo.
-Mira tío, estamos juntos en esto, era tu habitación, lo que me pase a mí te pasará a ti, eso que quede claro.
-Vamos, vosotros dos, -Arak había abierto la puerta del pequeño edificio sin ventanas y todos esperaban a los buceadores.
-eso da igual -susurró Michael nervioso-, el caso es que el cuerpo apenas está escondido, tienes que decírselo a Donald, por si se le ocurre algo mejor, es verdad que es un hijoputa, pero también es listo.
-Está bien -accedió Richard de mala gana.
Por fin llegaron con los demás, Arak les sonrió y entró al edificio seguido de Suzanne y Perry, Richard tiró de la manga de Donald, que apartó el brazo de un tirón y siguió caminando,
-¡comandante Fuller! ¡Espere un momento!
Donald se volvió hacia Richard con una mirada de desdén, pero no se detuvo, Arak les guiaba por un pasillo curvo y sin ventanas.
-Quisiera disculparme por lo de anoche -prosiguió Richard, caminando junto a Donald.
-¿Por qué? ¿Por tu estupidez, por la borrachera o por dejar que esta gente te embaucara?
Richard se mordió el labio.
-Tal vez por las tres cosas, la verdad es que perdimos la cabeza, pero no es de eso que quiero hablarle.
Donald se paró con tanta brusquedad que Richard casi chocó contra él, Michael si tropezó con su amigo.
-¿Qué pasa? -preguntó Donald con tono severo-, ve al grano, nos espera una charla muy interesante que no quiero perderme.
-Bueno, es que… -Richard no sabía cómo empezar, a pesar de su habitual bravuconería, ahora se sentía intimidado por Donald.
-Habla de una vez.
-Michael y yo creemos que lo mejor es salir zumbando de Interterra.
-Vaya, qué listos, e imagino que habéis tenido esa revelación esta misma mañana, pues bien, os recuerdo que no sabremos dónde coño estamos hasta que Arak se decida a informarnos, así que, una vez lo sepamos, quizá podamos hablar de nuevo.
-Donald quiso marcharse, pero Richard le agarró el brazo con desesperación, el ex oficial le miró furioso-, suéltame antes de que pierda los estribos.
-Pero…
-¡Ya basta! -Donald zafó el brazo de un tirón y echó a andar a toda prisa en pos de los demás.
-¿Por qué coño no se lo has dicho? -preguntó irritado Michael.
-Tú tampoco has dicho nada.
-Ya, porque quedamos en que hablarías tú. -Michael alzó las manos con exasperación-, ¡Y si que has hablado mucho! Mi abuela lo habría hecho mejor, ahora estamos donde empezamos, sabes que el cadáver no está muy bien escondido, ¿Y si lo encuentran?
Richard se estremeció.
-No quiero ni pensarlo, de todas formas era lo mejor que podíamos hacer.
-Deberíamos habernos quedado en la habitación.
-Eso no solucionaría nada -observó Richard-, vamos, a ver si por lo menos averiguamos dónde estamos y se nos ocurre cómo coño escapar de aquí.
Por fin echaron a andar hasta llegar a una sala circular y sin ventanas, muy futurista, de diez metros de diámetro y techo abovedado, en torno a la zona central, oscura y ligeramente convexa, había una hilera de unas doce sillas.
Arak y Sufa estaban sentados frente a la entrada, los brazos de sus sillas incorporaban un conjunto de mandos, a su derecha había dos personas desconocidas, aunque vestían de blanco como todos, no eran tan atractivas
como los demás Interterranos, Suzanne y Perry se encontraban a la izquierda de Arak, y Donald se había sentado aparte.
-Por favor, Richard y Michael, sentaos donde queráis -dijo Arak-, vamos a empezar.
Richard se acomodó junto a Donald y le saludó con la cabeza, pero el ex oficial se inclinó hacia el otro lado, Michael se colocó junto a Richard.
-Quiero daros de nuevo la bienvenida a Interterra -comenzó Arak-, hoy vamos a ejercitar vuestro intelecto de forma muy positiva, y de paso descubriréis lo afortunados que sois.
-¿Por qué no empiezas por decirnos cuándo vamos a volver a casa? -
preguntó Richard.
-¡Cállate! -le espetó Donald.
Arak se echó a reír.
-Richard, te agradezco tu espontaneidad, pero ten paciencia.
-Primero nos gustaría presentaros a dos de nuestros distinguidos ciudadanos -terció Sufa-, estoy segura de que os ayudará mucho hablar con ellos, puesto que, igual que vosotros, proceden del mundo de la superficie, os presento a Ismael y Mary Black.
La pareja se inclinó en una reverencia, Michael empezó a aplaudir por costumbre, pero se detuvo al ver que era el único, Suzanne y Perry miraron a los dos desconocidos sin ocultar su curiosidad.
-Mary y yo queremos daros también la bienvenida -comenzó Ismael, era bastante alío, de rostro enjuto y rasgos afilados, con los ojos hundidos-, estamos aquí porque nosotros ya hemos experimentado lo que vais a experimentar vosotros, en primer lugar os aconsejo que no intentéis asimilarlo todo de golpe.
Michael se inclinó hacia Richard.
-¿Crees que se refiere a la crema tan cojonuda de anoche?
-¡Silencio! -le espetó Donald-, si vais a seguir interrumpiendo, ya os podéis ir a sentar a otra parte.
-Está bien, está bien.
-Gracias, Ismael - dijo Arak, se volvió hacia los demás-, espero que sigáis el consejo de los Black, hemos pensado que será mejor dividir el trabajo, Sufa y yo nos encargaremos de daros información, mientras que Ismael y Mary se encargaran de vuestra adaptación,
Suzanne se inclinó hacia Perry con expresión preocupada,
-¿Qué es eso de adaptación? ¿cuánto tiempo pensar n tenernos aquí?
-No lo sé -contestó Perry, también inquieto.
-Antes de empezar me gustaría ofreceros a cada uno un
telecomunicador y un ocular, -Sufa sacó de una caja cinco paquetes, cada uno con un nombre impreso, y procedió a repartirlos, Richard y Michael abrieron los suyos como si fueran regalos de navidad, Suzanne y Perry tuvieron más cuidado, Donald dejó el suyo sin abrir sobre el regazo.
-Esto parecen unas gafas y un reloj de pulsera sin esfera-comentó Michael, algo decepcionado, se probó las gafas, tenían una forma aerodinámica, con las lentes transparentes.
-Es un sistema de telecomunicaciones -explicó Sufa-, está programado para responder a la voz de cada uno, de modo que no son intercambiables, ya os enseñaremos más adelante cómo funcionan.
-¿Para qué sirven? -preguntó Richard.
-Para muchas cosas, están conectados con fuentes de datos centrales, cuya información aparecerá en las lentes, también permiten la comunicación visual y auditiva con cualquier otro habitante de Interterra, también sirven por ejemplo para llamar un taxi, pero ya hablaremos de eso más tarde.
-Vamos a comenzar -anunció Arak, tocó el teclado que tenía delante y la zona convexa y oscura se tomó de un azul fosforescente-, en primer lugar debemos hablar del concepto de tiempo, este es tal vez el tema más difícil para la gente como vosotros, porque en Interterra el tiempo no es un proceso inmutable como parece ser en el mundo de la superficie, un científico vuestro, el señor Einstein, reconoció la relatividad del tiempo, en el sentido de que depende de la posición del observador, aquí en Interterra veréis muchos ejemplos de esa relatividad, el más sencillo es la edad de nuestra civilización, desde la perspectiva de las referencias de la superficie, nuestra civilización es increíblemente antigua, mientras que desde nuestra perspectiva y la del resto del sistema solar no lo es, vuestra civilización se mide en milenios, la nuestra en millones de años y la del sistema solar en billones.
-Joder -se quejó Richard-, ¿tenemos que aguantar esta lata? Pensaba que ibais a decirnos dónde demonios estamos.
-A menos que comprendáis los conceptos básicos, lo que os voy a decir os resultará increíble y sin sentido.
-¿Y por qué no lo hacemos al revés? Dinos primero dónde estamos y luego nos cuentas lo demás.
-¡Richard! -exclamó Suzanne-, ¡cállate!
Richard puso los ojos en blanco, Michael cruzaba y descruzaba las piernas con impaciencia.
-El tiempo no es una constante -prosiguió Arak-, como iba diciendo, Einstein reconoció esta verdad, pero se equivocó al pensar que la velocidad de la luz era el limite de la velocidad máxima posible, no es así, aunque hace falta una enorme cantidad de cuantos de energía para traspasar ese limite, se puede comparar a la cantidad de energía necesaria para modificar el estado de la materia y convertir un sólido en liquido o un liquido en gas, acelerar un objeto por encima de la velocidad de la luz es como modificar el estado de la materia, como trasladarla a una dimensión donde el tiempo es flexible y relativo sólo al espacio.
-¡Venga ya! ¿Es una broma? -masculló Richard.
-Donald se levantó para alejarse de los buceadores.
-Intentad tener paciencia -dijo Arak-, recordad que el tiempo no es una constante, pensadlo, si el tiempo es de verdad relativo puede ser controlado, manipulado y modificado, esto nos lleva al concepto de la muerte, escuchad con atención, en la superficie de la tierra la muerte ha sido un elemento necesario de la evolución, y la evolución, a su vez, es la única justificación de la muerte, pero una vez que la evolución ha creado un ser inteligente y sensible, la muerte no sólo no es necesaria, sino que es además un gasto inútil.
Al oír la palabra "muerte" Richard y Michael se hundieron en sus sillas, Perry alzó la mano y Arak se volvió hacia él.
-¿Podemos hacer preguntas?
-Desde luego, esto es más un seminario que una clase, pero os pido que hagáis preguntas sólo referentes a lo que ya he dicho, y no sobre lo que pensáis que voy a decir.
-Has hablado de medir el tiempo, ¿quieres decir que vuestra civilización es anterior a la civilización de la superficie?
-Desde luego, y por un periodo de tiempo incomprensible para vuestra experiencia, la historia de Interterra se retrotrae casi seiscientos millones de años.
-¡Venga ya, hombre! -se burló Richard-, eso es imposible, menudo rollo nos están metiendo, ¡dicen que son más antiguos que los dinosaurios!
-Mucho más antiguos que vuestros dinosaurios -convino Arak-, y es muy comprensible que os cueste creerlo, por eso tenemos que ir despacio
con nuestra introducción, no quiero machacar, pero será mucho más fácil adaptaros a vuestra presente realidad por etapas.
-Si, ya, todo eso está muy bien, pero yo quiero pruebas-insistió Richard-, empiezo a pensar que todo esto es pura patraña y, francamente, no me interesa estar aquí perdiendo el tiempo.
Ni Donald ni Suzanne se quejaron esta vez por la interrupción, porque ambos estaban pensando algo parecido, aunque Suzanne, desde luego, nunca habría manifestado su escepticismo de forma grosera.
Arak, sin embargo, no se inmutó.
-Está bien -dijo con paciencia-, os proporcionaremos alguna prueba que podáis relacionar con la historia de vuestra civilización, nuestro mundo ha estado observando y grabando el progreso de la civilización de seres humanos de segunda generación desde el primer momento de vuestra evolución.
-¿Qué quieres decir exactamente con "segunda generación"?
-Quiso saber Suzanne.
-Os quedará claro muy pronto, primero quiero mostraros unas imágenes muy interesantes, como ya he dicho hemos estado observando los progresos de vuestra civilización y, hasta hace unos cincuenta años, podíamos hacerlo a voluntad, desde entonces vuestra creciente sofisticación tecnológica ha limitado nuestra vigilancia, porque queríamos evitar ser detectados, de hecho hemos dejado de utilizar nuestros puertos de salida más antiguos, como el que empleamos para admitiros en Interterra, o el de Barsama, nuestra ciudad hermana al oeste, ordenamos sellar los dos puertos con magma, pero la ineptitud burocrática de los clones obreros ha retrasado el cumplimiento del decreto.
-Joder, mira que te gusta parlotear -le espetó Richard-, a ver, ¿dónde están esas pruebas?
-¿Estás hablando de la caverna donde terminó nuestro submarino? -
preguntó Suzanne-, ¿eso es lo que llamáis un puerto de salida?
-Así es.
-¿Y normalmente está llena de agua?
-Sí.
Suzanne se volvió hacia Perry.
-Ahora ya no me extraña que el Geosat no captara nunca el monte Olympus, ¡es porque no tiene masa detectable por un gravímetro!
-Ya está bien de rodeos! -exclamó Richard, de nuevo-, quiero ver esas pruebas.
-Muy bien, Richard, elige un período de tu historia y sacaremos las imágenes de nuestros archivos, cuanto más antiguo mejor, para demostrar lo que os digo.
Richard se volvió hacia su compañero.
-¿Qué tal los gladiadores? -sugirió Michael-, queremos ver los gladiadores romanos,
-Podríamos ver los combates de gladiadores -replicó Arak de mala gana, pero unas imágenes tan violentas están bajo censura, necesitaríamos el permiso especial del consejo de ancianos, tal vez sería más apropiado escoger otra era.
-Eso es ridículo -afirmó Richard.
-Intenta controlarte -le espetó Donald.
-A ver si lo comprendo -terció Suzanne-, ¿nos estás diciendo que tenéis grabaciones de toda la historia humana? o sea que podemos ver imágenes de cualquier época que queramos, ¿es eso?
-Correcto.
-¿Por qué no la edad media?
-Es una época muy larga, ¿puedes concretar un poco más?
-Muy bien, el siglo xiv en Francia.
-Eso es durante la guerra de los cien años -dijo Arak sin ningún entusiasmo-, es curioso que incluso la doctora Newell nos pida imágenes de tanta violencia, claro que los seres humanos de segunda generación tienen una historia muy violenta.
-Muéstranos gente jugando, no en la guerra -pidió Suzanne.
Arak tocó el teclado de su consola y se inclinó para hablar por un pequeño micrófono, casi de inmediato bajaron las luces de la habitación y la pantalla del suelo se llenó de imágenes que se sucedían a increíble velocidad, todo el mundo se inclinó sobre el parapeto.
Las imágenes fueron aminorando la velocidad y por fin se detuvieron, la escena proyectada en la pantalla era totalmente clara, con colores naturales y en tres dimensiones, mostraba un pequeño campo de maíz a finales del verano filmado desde unos cien metros de altura, un grupo de personas habían dejado de trabajar en la cosecha, las guadañas estaban tiradas al azar en torno a varias mantas donde aparecía una modesta comida, de fondo se oía el zumbido de las cigarras.
-Esto no es muy interesante -observó Arak-, porque no demuestra nada, aparte de la ropa de la gente, no hay ninguna indicación del período histórico de la imagen, vamos a buscar otra vez.
Antes de que nadie pudiera replicar, miles de imágenes comenzaron a pasar de nuevo por la pantalla, hasta que una quedó fija al cabo de un momento.
-Ah, esto es mucho mejor -afirmó Arak.
Se trataba de un castillo construido sobre una roca, en el que se celebra un torneo, el enfoque era desde bastante más arriba que en la escena anterior, el color de la vegetación en torno al castillo indicaba que era otoño, el patio de armas estaba atestado de gente cuyas voces formaban un apagado murmullo, todos vestían coloridos atuendos medievales, los pendones heráldicos flameaban en la brisa, una larga cerca de troncos atravesaba el centro del patio, en los extremos, dos caballeros concluían los últimos preparativos para la justa, los caballos, ataviados con vistosas gualdrapas, piafaban nerviosos.
-¿Cómo están hechas estas fotografías? -preguntó Perry, paralizado ante la imagen.
-Con un dispositivo de grabación estándar.
-¿Pero desde dónde? ¿Desde algún helicóptero o algo así?
Arak y Sufa se echaron a reír.
-Perdona -se disculpó Arak-, el helicóptero es tecnología vuestra, no nuestra, además, un vehículo de esas características sería de lo más indiscreto, las imágenes fueron tomadas por una pequeña y silenciosa nave antigravitatoria que flotaba a unos seis mil metros de altitud.
-Ya, mira, esto lo hacen en Hollywood todos los días-protestó Richard-,
¿a esto lo llamas tú una prueba?
-Pues si esto es un decorado, es el más realista que he visto en mi vida -
dijo Suzanne, para ella era evidente que Hollywood jamás seria capaz de lograr tanto detalle.
Mientras tanto, los pajes de los caballeros se apartaron y los dos contendientes bajaron las lanzas, al clamor de las fanfarrias, los caballos salieron al galope el uno hacia el otro entre los crecientes gritos y vítores del gentío, pero justo antes de que los jinetes hicieran contacto, las imágenes desaparecieron y en la pantalla, de nuevo azul fosforescente, surgió una ventana con un mensaje: "escena censurada, solicitar al consejo de ancianos".
¡Maldita sea! -exclamó Michael-, ahora que se ponía emocionante,
¿quién coño gana al final, el tío de rojo o el de verde?
-Richard tiene razón -dijo Donald de pronto, sin hacer caso a Michael-, seria muy fácil montar estas escenas.
-Tal vez -replicó Arak, sin muestras de haberse ofendido-, pero os puedo mostrar lo que me pidáis, no nos habría sido posible montar una película de toda vuestra historia.
-¿Y si vemos algo más antiguo? -sugirió Perry-, algo del neolítico, por ejemplo, en la misma localización que estaba el castillo.
-¡Buena idea! -convino Arak-, voy a introducir las coordenadas sin establecer una época concreta, sólo voy a indicar que la escena debe tener, por ejemplo, más de diez mil años, el buscador nos dirá si hay alguna imagen archivada.
La pantalla cobró vida de nuevo, las escenas se sucedían a toda velocidad, esta vez tuvieron que esperar un poco más.
Suzanne se inclinó hacia Perry.