Aprendiendo a obedecer

Alfredo Olmeda · Capítulo 1 de 42

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Aprendiendo a obedecer

Introducción

 

U n fantasma recorre las aulas: el fantasma del aburrimiento. Miles de niños, niñas y adolescentes languidecen en las clases entre el sopor y la incomprensión, buscando resquicios para evitar la disciplina y el muermo de un sistema educativo diseñado para adormecer las aspiraciones creativas y la curiosidad de cualquiera. Miles de profesores soportan con dificultades una profesión cada vez con menos sentido, que dice intentar lograr el perfeccionamiento humano, pero que solo cumple con el logro de la obediencia que demanda el sistema educativo. Un sistema educativo que da pruebas de resquebrajarse por todas partes: ni sirve para los seres humanos que están obligados a permanecer en él ni sirve para lo que dice perseguir, incluso desde una óptica capitalista: informes elaborados por especialistas liberales acusan a la escuela de no satisfacer los criterios del mercado, pues mientras el capitalismo ha mutado de industrial a postindustrial y a tecnológico, la escuela se ha mantenido en su forma de fábrica fordista, con sus tiempos medidos, sus filas, su rigidez metodológica, sus contenidos inamovibles, etc.

No es, sin embargo, este el propósito que nos anima a emprender la escritura del libro, pues la crisis educativa siempre estuvo ahí y lo que puedan pensar los puntales del capitalismo vertiginoso nos trae sin cuidado. Hay otras pistas que nos han conducido a redactar lo que tienes en tus manos.

En primer lugar, nuestra propia preocupación por la educación. Tanto por formación, como por relación profesional y personal, se trata de uno de los temas que percibimos como centrales en la sociedad y no debemos estar demasiado errados, a tenor de las pasiones que provoca incluso entre los diferentes partidos políticos que tratan de gestionar la miseria del capitalismo. La educación es escenario de la batalla política: leyes y contraleyes se suceden ante la indignación de algunas personas y la indiferencia de la mayoría, incluidos los docentes, que se han creado una coraza por la que resbala toda normativa que afecte a sus rutinas. Algunos, que no han tocado poder, claman por un pacto entre lobos, entre partidos, para reconducir al rebaño de forma homogénea, más homogénea aún. Todos son sabedores de que controlar el espacio educativo es interesante, tanto por lo que tiene de control ideológico como por lo rentable que resulta un negocio en el que los clientes deben asistir obligatoriamente al establecimiento, rehenes legales.

Frente a estas batallas, que son más artificiales que profundas, defendemos un espacio diferente para la educación, un espacio que ha empezado a extenderse de forma más o menos silenciosa en los últimos años ampliándose de manera significativa, poniendo en

marcha diferentes experiencias de educación llamada [1] alternativa . Sin embargo, no todas estas experiencias coinciden con nuestros criterios, incluso algunas están claramente en oposición a los mismos, pues responden precisamente a la necesidad de adaptar al alumnado a la sociedad dinámica y creativa que se supone representa el capitalismo tecnológico y no ocultan carecer de un proyecto social divergente del actual. Simplemente se trata de una revolución metodológica que, al fin y a la postre, dejará intacto el mundo, si bien disimulará las cadenas. Otras de estas experiencias, más cercanas a nuestros planteamientos, viven en la arrogancia de la desmemoria, algo muy del signo de los tiempos, en los que cualquiera cree haber inventado la pólvora y reconocer raíces parece ser descubrirse desfasado. El caso es que muchas escuelas y proyectos de los denominados alternativos beben directamente de las líneas maestras del rico pensamiento y acción libertaria, de las que nosotros nos consideramos herederos sin rubor.

Con este panorama de crisis del modelo educativo, de intereses personales y de ampliación del espacio alternativo, pusimos en marcha esta obra.

Es muy posible que lectores que hayan realizado una profundización en la crítica al sistema de enseñanza no encuentren grandes aportaciones en este libro, lo reconocemos desde este mismo momento. Sin embargo, echábamos en falta una obra que sistematizase la visión crítica de una forma sencilla y ordenada. Nuestro punto de partida son las ideas anarquistas y, en ese sentido, pese a que en los últimos años ha habido una cierta proliferación de obras en este terreno, no se ha conseguido, creemos, mostrar las líneas maestras de análisis del sistema de adoctrinamiento de la escuela.

Por supuesto que esta obra quedará también incompleta, pues partir desde las ideas fuerza del anarquismo nos hace considerar al sistema de enseñanza una pieza, importante pero pieza al fin y al cabo, de todo un sistema de dominación que se corresponde con todo un entramado de relaciones sociales, políticas, económicas y personales que tienen como base la autoridad y el control de unos seres humanos por parte de otros.

Si bien reconocemos nuestras ideas anarquistas, si bien proclamamos con orgullo que este es un libro escrito por anarquistas, no es exactamente un libro escrito para anarquistas. En primer lugar, hemos intentado esgrimir nuestros argumentos y nuestros análisis de forma comprensible para el mayor número de gente posible, evitando al tiempo que se trate de una publicación para profesionales. Padres, madres, alumnado y cualquiera a quien interese el tema pueden leer el texto y tratar de complementarlo. Es por ello por lo que, entre otras cosas, hemos eliminado la habitual costumbre de citar montañas de bibliografía, a pesar de que numerosas lecturas y prácticas estén detrás de lo que vamos a contar. Incluimos al final una breve bibliografía para ampliar conocimientos, pero dejamos al lector la posibilidad de rastrear de dónde hemos bebido para redactar este trabajo. Tampoco hemos querido insistir en un lenguaje excesivamente técnico, pues si consideramos que la educación es un asunto que afecta a toda la sociedad, no tiene sentido crear un paralenguaje que nos ponga en el pedestal de los especialistas que dicen a los demás qué hacer. En los casos en que hemos visto necesario hacer referencia a teorías o autores significativos, hemos incluido notas para aclarar tales conceptos. Hemos vencido también la tentación de escribir un libro de una extensión enorme, entre otras cosas para proporcionar un material económicamente asequible para aquellas personas que tengan interés en el asunto. Queríamos alejarnos lo más posible de las obras que acaban en las estanterías de sesudos analistas para coger polvo, docto polvo. Por supuesto, estas ventajas tendrán como contraposición que alguien pueda echar en falta análisis más extensos sobre algunos aspectos, pero siendo conscientes de ello, aspiramos a que nuestro libro sirva de puente hacia otros desarrollos teóricos y/o prácticos.

En ese sentido, estás ante un libro escrito por anarquistas preocupados y conocedores del sistema educativo, pero necesariamente incompleto. Nuestro conocimiento del fenómeno educativo nos hace comprender que se trata de algo muy complejo y siendo la extensión de la obra la que es, la escuela queda retratada como fenómeno general, aun a sabiendas de que hay momentos y lugares excepcionales, a pesar de que la generalidad sigue siendo una escuela liberticida y adoctrinadora. No se ofenda pues el lector trabajador de la tiza si se ve retratado de manera en la que no se reconoce, al igual que familias o alumnado. Toda obra de análisis necesita de cierta abstracción que solo puede obtenerse por la generalización y toda generalización contiene en sí rasgos certeros y, de alguna manera, pérdida de detalles.

Hemos dispuesto esta obra en seis capítulos dedicados a diferentes aspectos de la enseñanza que nos parecen relevantes y que pueden hacer un retrato del sistema de forma ordenada. Comenzaremos, ya que es el asunto central, haciendo unas aclaraciones sobre lo que consideramos que es aprender y lo que la escuela representa de ese aprendizaje, en una reducción del concepto bastante significativa. Pasaremos luego a un repaso histórico para la comprensión de la génesis de los sistemas estatales educativos, novedad que incluye la obligatoriedad y que magnifica el papel del Estado en la educación de todas las personas dominadas por él. En el capítulo tercero nos centraremos en las relaciones entre la escuela y el poder, tanto como construcción ideológica como en tanto que realidad tangible, ahondando en lo que la escuela enseña de forma oculta, para explicar en el siguiente capítulo lo que la escuela enseña de forma explícita, los llamados contenidos, y en cómo estos contenidos no son neutrales, sino que responden a criterios que se relacionan con el modelo político y económico imperante. En el capítulo quinto haremos un análisis de la metodología escolar actual y, para terminar el libro, expondremos la concepción antropológica que subyace al modelo educativo, la visión del ser humano que sostiene la escuela actual. Como es lógico, podríamos haber ordenado nuestras tesis de otra forma, pero hemos considerado que de esta forma se construye una especie de embudo dialéctico que va de lo más general, que puede ser la consideración del aprendizaje de una forma muy amplia, al objetivo central de la enseñanza estatal o privada: la creación de un modelo humano concreto, cercenado y obediente.

El libro estará recorrido por una tesis central poco novedosa: la escuela es una herramienta de reproducción del sistema, que genera o trata de generar individuos conformistas. Esto obedece, tanto a un plan declarado en las diferentes disposiciones legislativas como a la dinámica no declarada, así como a las prácticas irreflexivas de la escuela, que repite rutinas heredadas.

Sabemos que para algunos lectores esta tesis resultará familiar y para otros supondrá un choque con sus percepciones sobre la escuela como factor de movilidad social o de aprendizajes sistemáticos y útiles, por lo que animamos, sin duda, a la lectura de esta obra y de otras, a la multiplicación de respuestas, a la puesta en marcha de iniciativas, a la transformación desde la reflexión y, en definitiva, a la acción.