Boda En Auschwitz

Erich Hackl · Capítulo 4 de 7

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Boda En Auschwitz

Capítulo 4

Jakob, los cinco enviaron mensajes al exterior, y no sólo a los miembros del grupo de combate. Supongo que fue de nuevo ese tal Hölblinger quien llevó su correspondencia a Viena. De Vesely llegaron al menos una carta para su madre y otra para su amiga recluida en Birkenau. En ésta última da las gracias por los calcetines gruesos y el jersey que ella le hizo llegar al búnker. Sin Jakob, esto no habría sido posible.

Nuestras miradas furtivas, hacia el búnker, hacia la plaza de formación.

Allí levantan la horca, allí la desmontan y la retiran cuando, desde Berlín, llega la orden de suspender cautelarmente la sentencia y continuar las investigaciones. Allí se vuelve a montar y se desmonta de nuevo.

Contundentes martillazos que, sordos, retumban en mis oídos. Esa calma a mi alrededor, ese mutismo, esa escucha y esa espera de algo que no llega, ese silencio que desgarra el silencio.

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NOVENTA POR CIENTO

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28 de octubre de 1944

Queridísima Marga: Mis temores se han hecho realidad, estoy en el búnker. No sé si estas líneas llegarán algún día a tus manos; no obstante, te escribo porque es un gran alivio para mí en estas horas. Ojalá todo salga bien. Ayer, unos compañeros intentaron huir. Los atraparon porque un soldado los delató. Inmediatamente después vinieron por Ludwig y por mí.

Ya hemos pasado por un interrogatorio espantoso. Si siguen así, voy a tener que quitarme la vida. Hasta ahora son dos los muertos.

1 de noviembre

Hoy han continuado con el interrogatorio. Esta vez no ha sido tan terrible. Ludwig está fuera de peligro. No lo han golpeado más. Mi impresión es que la cosa está mejor, pero aún no es seguro que vaya a sobrevivir. Ya son tres los muertos. Esta tarde nos encerraron en una celda, seguimos siendo cinco, el resto.

5 de noviembre

Hemos sabido que las investigaciones han concluido, ahora enviarán el expediente a Berlín. Hemos hecho un buen papel durante los interrogatorios, les impresiona nuestra actitud firme. Ninguno ha dicho nada que pueda perjudicar al otro, todos nos inculpamos a nosotros mismos. Sin embargo, la situación me resulta siniestra. La conozco.

Tenemos que contar con que nos caerá un castigo extremadamente drástico. Fusilamiento u horca. En cuanto haya novedades seguiré escribiendo.

12 de noviembre

Aún estamos con vida. Dicen que el asunto terminará bien. El jefe del campo va a interceder por nosotros. Un consuelo, pues nuestro destino depende ahora de Berlín. Los demás dan por hecho que nos sentenciarán a muerte. Somos dos polacos y tres vieneses. Ludwig se salvará y te enviará estas líneas. No pesan demasiados cargos contra él, pero Ernst y yo somos considerados «rojos incorregibles», y los otros son polacos.

20 de noviembre

Pobre mujercita, es hora de que hable contigo seriamente.

Hola nos han comunicado que Berlín ha devuelto el expediente. Decía escuetamente: «Tenéis que contar con lo peor». Eso significa que nos ejecutarán.

En los últimos días he reflexionado sobre mi vida. Cuando uno cuenta ya con el final, dirige la mirada a las profundidades de sus propios abismos. Sin sentimentalismos puedo reconocer mis errores y las debilidades de mi carácter. Muy pronto, ya a los dieciséis años, conocí a las mujeres. Mientras para otros apenas comenzaba el amor, yo ya sabía prácticamente todo acerca de su lado amable y de su lado sombrío. Tomé a las mujeres como llegaron y no las aprecié mucho. Nunca hubo una tragedia, pero tampoco sentí nunca lo que se dice amor verdadero. Así fue durante años. Más tarde, estando ya en prisión, decidí acabar con las relaciones fugaces y entregarme de cuerpo y alma a mi trabajo y a la lucha política. Y no me resultó difícil poner en práctica mi decisión.

Hasta que llegaste tú. En ti vi a la mujer a la que podía entregar mi corazón, y por primera vez sentí lo que es el amor, no sólo el deseo sexual.

Pero nunca pudimos vivir una vida normal. A las circunstancias harto conocidas se sumaron los lados malos de mi carácter, la vida que había dejado atrás. De modo que en realidad nunca llegamos a encontrarnos. Tu gran vulnerabilidad y tu agotamiento anímico y corporal en la lucha por nuestra supervivencia hicieron aún mayor la distancia interior. Y nuestra separación forzosa amenazó con desunirnos para siempre.

Entretanto, había comprendido lo mucho que significabas para mí. Pero también encontraste el camino hacia mí. Tras tus experiencias con otros hombres, emprendiste el mismo sendero que yo, el que conduce a una vida en común. Estas experiencias me han afectado mucho, pero gracias a ellas también he ganado una familia: mi mujer y mi hijo. Aunque no poseía tu amor, era infinitamente feliz. Entonces pude hacerme una idea de la vida presente y futura de mi hijo; pude verte como mi verdadera mujer. Y tú llegaste a la misma conclusión, me lo demuestra la carta que recibí el día antes de mi detención. Con preocupación y angustia sigo las noticias sobre los ataques aéreos a Viena. Pero siempre he tenido la esperanza de volver a veras algún día, a ti y a nuestro pequeño hijo.

La vida ha continuado, también la lucha. No pude dejar de luchar, creo que lo entiendes. Y ahora mi suerte está echada, al igual que la de millones de personas antes que yo. Aquí y así termina mi vida.

No estoy triste y tú tampoco deberías estarlo, Marga. He cumplido mi misión. Muero con la cabeza en alto y por mis ideales. Sólo que es doloroso vislumbrar ya el final del calvario humano sin tener la posibilidad de

ayudar, de colaborar en la construcción de un nuevo mundo, de gozar con vosotros la recompensa de tan enorme sacrificio.

Cuando termine la guerra, regresarás a España, mi segunda y más querida patria. Cuida de nuestro hijo, edúcalo para que sea un hombre que esté por los demás. Busca para ti una solución que te permita olvidar lo horrible que fue vivir conmigo. Perdóname todo lo que hice. Entonces podré marcharme tranquilo.

Hasta el último instante pensaré en ti y en Edi. Os abrazo y te beso.

Tuyo, Rudi.

1 de diciembre

Queridísima. Sigo sin saber nada de nuestro destino. Es horrible esta incertidumbre. Naturalmente que esperamos librarnos de lo peor, y quizá tengamos suerte aunque las posibilidades son mínimas. Bien mirada, la situación no está tan mal: la guerra podría acabar todavía este año. Digo

«podría», pero más bien creo que durará hasta febrero o marzo.

Las fiestas se avecinan. Estarás sola con mi querido hijo. El año que viene celebrarás la navidad con tus hermanos o conmigo, en caso de que esto termine bien. No te enfades conmigo si durante estos días no te escribo. Entenderás que no tengo los nervios para hacerlo. En estos momentos quiero permanecer fuerte, y los pensamientos sentimentales debilitan. De todo corazón y con todo amor os deseo lo mejor, paz y felicidad. Sobre todo deseo que salgáis indemnes de los bombardeos, ésta es ahora mi mayor preocupación.

Es mejor que a partir de ahora sólo me escribas por la vía regular.

Mañana o pasado intentaré enviarte ésta, más tarde quizá sea imposible.

No me mandes paquetes, tampoco por las fiestas. Envíame más bien una carta o postal cada semana, para que- sepa cómo estáis.

Dile a mi padre que escriba al comandante del campo para preguntarle si aún estoy vivo. Hazlo tú también. ¿Me lo prometes?

3 de diciembre

Mi querida y pobre Marga. Han devuelto el expediente porque no estaba completo. Esto quiere decir que volverán a interrogarnos. No es una mala noticia, al contrario, significa que la solicitud de condena a muerte aún no ha sido aprobada. La lucha por nuestra vida continúa. Durará todavía semanas, y el tiempo es vida.

Marga, quizás estés enfadada porque te haya escrito todas estas cosas, pero existen dos motivos para ello. Primero, tienes que saber todo acerca de mi vida y sufrimiento en estos días decisivos, para que estés fuerte el día en que recibas una carta con orla negra. Segundo, porque para mí es un gran alivio poderte abrir mi corazón. (Mañana intentaré enviar esta carta, ojalá llegue.) Marga, quiero llorar en tus manos, para librarme de este enorme cansancio que siento. Tengo miedo. Tú me conoces lo suficientemente bien como para creerme. Pero todo esto dura ya tanto tiempo. Quiero tenerte por fin entre mis brazos para siempre. Si sobrevivo haré todo lo posible para volver a verte pronto. En qué estarás pensando ahora, querida mía.

7 de diciembre

Hoy nuestra situación está un poco mejor. Esperemos a ver cómo continúa. Una cosa es segura: llegaré con vida a la navidad, por eso tienes que prometerme que ese día pensarás un poco en el hombre que te atormenta. Con nostalgia infinita te abraza, tuyo, R.

Dale un beso de mi parte a mi hermoso muchachito.

14 de diciembre

Queridísima Marga, el 8 no pude enviarte la carta, pero mañana funcionará.

Hay buenas noticias. No nos ejecutarán, siempre y cuando no se presenten otras complicaciones. Hay un 90 por ciento de probabilidades de que nos salvemos. Si no nos matan, recibiremos 25 azotes en el trasero, o quizá 50, y nos sacarán del búnker. Probablemente nos trasladarán a otro campo. ¿No sería maravilloso? En dos o tres semanas sabremos más.

Hasta entonces todo es incierto. Esperemos lo mejor.

Ludwig ya está completamente fuera de peligro. En breve saldrá del búnker. Tienes que decírselo a su madre, y repíteselo para que de veras se lo crea. Dale saludos de su parte. Dile que le desea unas felices fiestas.

Que no se preocupe, que su nene está bien, al igual que los demás.

Ernst está en la misma situación que yo. Sería importante contarle todo esto a su hermana. Pero que ni ella ni la señora Vesely lo mencionen con una sola palabra en sus cartas.

Quizá dentro de un tiempo puedas volver a escribirme en español, pero entonces tendrás que entregar tu carta a la vez que recibas la mía.