Corazón roto

Linda Howard · Capítulo 13 de 14

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Corazón roto

Corazón roto – Linda Howard

cogerlos. Cuando colgó el teléfono, le sudaban las manos. Se las secó en los pantalones y alzó la barbilla.

-¿Sabes si el ayudante Phelps ha encontrado alguna pista de Roger?

John se estaba vistiendo, pero al oírla giró la cabeza y achicó el ojo bueno, mirándola fijamente. Se subió lentamente la cremallera de los vaqueros y se abrochó el cinturón; luego rodeó la cama y se cernió sobre ella amenazadoramente. La mirada de Michelle no vaciló, ni tampoco lo hizo su mentón, aunque de repente se sentía muy pequeña e indefensa.

Él no dijo nada. Se limitó a esperar. Su boca era una fina raya bajo el bigote.

-Estaba escuchando detrás de la puerta -dijo ella con calma-. Yo ya había relacionado las llamadas telefónicas con el accidente, ¿pero cómo lo hiciste tú?

-Tenía un presentimiento y muchas sospechas -dijo él-. Después de la última llamada, quise averiguar el paradero de Roger. Había demasiados cabos sueltos, y Andy no lograba encontrarlo en las listas de pasajeros de las aerolíneas que hacen viajes intercontinentales. Cuantas más dificultades teníamos para encontrar a Beckman, más sospechoso me parecía todo.

-Pero al principio no me creíste, cuando te conté lo del Chevrolet azul.

Él suspiró.

-No, no te creí. Al principio, no. Lo siento. Me resultaba difícil de creer que alguien quisiera hacerte daño. Pero algo te angustiaba. No querías conducir, no querías salir del rancho, pero tampoco decías nada. Entonces empecé a darme cuenta de que estabas asustada.

Los ojos verdes de Michelle se ensombrecieron

-Más bien aterrorizada -musitó mirando por la ventana-. ¿Has tenido noticias de Phelps?

-No. Me dijo que no me llamaría a menos que encontrara a Beckman.

Michelle se estremeció, crispando el rostro.

-Intentó matarte. Debí imaginármelo. Debí hacer algo.

-¿Y qué podías hacer? -preguntó él ásperamente-. Si ese día hubieras estado conmigo, la bala te habría dado a ti, en vez de romper simplemente el parabrisas.

-Está loco de celos -pensar en Roger la ponía enferma, y se llevó la mano a la tripa-. Está realmente loco. Seguramente se puso fuera de sí cuando me mudé a tu casa. Las dos primeras veces que me llamó, no dijo nada. Quizá solo llamaba para comprobar si estaba en tu casa. No podía soportar siquiera que hablara con otro hombre, y cuando averiguó que tú y yo... -se interrumpió; una fina pátina de sudor cubría su cara.