
De carne y hueso
Zamacois abre el volumen con una declaración incómoda: cita a Moleschott y a Taine para negar el alma y sostener que solo somos materia que vibra. De ahí el título. Lo que viene después no es filosofía sino gente. Una mujer explica a su amante por qué seca sus cartas con ceniza y la respuesta es una venganza. Un obrero mata al casero que acosaba a su mujer y el fiscal pide la pena capital. Un enamorado se suicida para que su antigua amante no lo olvide, y una errata del periódico en el apellido deja el gesto sin destinatario. Cinco de las piezas están escritas como teatro, con acotaciones, y una llega hasta el telón. Son casi treinta relatos, de prosa recargada y crueldad tranquila. Dice en el prólogo que le dolió llegar a esa conclusión; los cuentos le dan la razón.


