
La enferma
Consuelito Mendoza duerme mal, se despierta con fiebre y arrastra por la casa unos nervios que nadie cura. Su marido llama a un amigo, el doctor Gabriel Montánchez, que selló las ventanas de su casa y vendió relojes y espejos para no saber cuánto envejecía. La trata por hipnotismo, la domina del todo y abusa de ella. Cuando el marido le arranca el nombre, ella cae muerta en la cama, y los dos hombres pelean a muerte junto al cuerpo, en el entresuelo de la calle Arenal.
Fue la primera novela de Zamacois, de 1896, y al reeditarla él mismo avisó de los balbuceos del principiante. Se le ven. Lo que aguanta es Montánchez, su laboratorio cerrado a la luz y el hipnotismo usado como llave. La última página es un suelto de periódico que prefiere no dar detalles.


