
La dama errante
Madrid, mayo de 1906: estalla una bomba al paso de la comitiva real por la calle Mayor. La puso Nilo Brull, un anarquista catalán con mucha retórica y poco fondo, y esa tarde pide amparo al doctor Enrique Aracil, que se había dejado querer por él: lo presentó en todas partes, le dio dinero y lo sentó a su mesa. Aracil lo esconde en casa; lo delata una memoria suya dedicada a Brull, hallada en la maleta del terrorista. Desde ahí, huida a caballo por la Vera de Plasencia hacia Portugal, entre ventas, curas y arrieros, con un padre que monta mal y se viene abajo, y una hija que sostiene a los dos. Baroja conocía a varios de los implicados y recorrió ese camino antes de escribirlo. Abre la trilogía La raza y María reaparece en La ciudad de la niebla.






