
Memorias de un vagón de ferrocarril
Quien habla aquí es un coche de primera clase salido de los talleres de Saint-Denis y montado en Irún, al que sus compañeros de vía acabaron llamando El Cabal. Lleva cuarenta años rodando, de Hendaya a Sevilla y de Madrid a Barcelona, y por dentro de él pasa media España: curas, monjas, militares, estudiantes, toreros, ladrones, matrimonios rotos, enamorados que se creen solos. Zamacois usa ese punto de vista para mirar a los viajeros sin que ellos lo sepan, con ironía y una piedad algo seca; hay una noche de nieve, con un suicida bajo las ruedas, que el vagón no consigue olvidar. Luego llegan la degradación a tercera, el descarrilamiento y la vía muerta. El final le reserva algo insólito: lo convierten en vivienda de un guardabarrera y ahí, quieto y cubierto de hiedra, se declara más feliz que nunca.


