Demonia
El contagio
¡MACABRO!
Diario La Prensa, sábado 8 de mayo
Extracto de nota
El cuerpo sin vida de un niño de ocho años de edad fue encontrado por un barrendero entre los arbustos de la Alameda Central. El cadáver presentaba signos de tortura y mutilación, por lo que se sospecha que este crimen está relacionado con los de los otros dos menores asesinados en el Centro Histórico en la última semana. El niño aún no ha sido identificado y su cuerpo permanece en el Semefo, a la espera de que algún pariente acuda a reclamarlo.
Revista El Nuevo Alarma!, lunes 10 de mayo
Extracto de nota
Ya no hay duda: un asesino serial de niños anda suelto en las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México. La PGJDF confirmó que el modus operandi es el mismo en los tres casos de los menores, cuyos cadáveres fueron abandonados en distintos puntos del primer cuadro de la ciudad: tortura, mutilación, violación y muerte por asfixia. Las víctimas rondaban entre los ocho y los diez años de edad, y eran de extracción humilde. Lo que más ha llamado la atención de las autoridades es el hecho de que, hasta el momento, nadie ha acudido a reclamar los cuerpos y los menores permanecen sin identificar.
GRAFITI REGISTRADO EL 11/05/10
EN EL ANDADOR DE REGINA,
a la altura del cruce con Bolívar:
Se busca a los padres de tres cadáveres
CONVERSACIÓN TELEFÓNICA GRABADA EL 12/05/10,
CLASIFICADA BAJO EL RUBRO DE «AUDIO CONFIDENCIAL»:
—Me parece que no nos había tocado atestiguar algo de esta naturaleza, Mayor.
—Eso es cierto, pero por la razones equivocadas.
—Puedo revisar los archivos de la Logia y comprobar que no habíamos registrado un caso así… ¿Por qué estoy equivocado?
—No puedo decírtelo ahora. Tengo una teoría, pero necesita tiempo.
—El tiempo sólo traerá más cadáveres.
—¿Por qué hablas como si pudiéramos intervenir? Me preocupa.
—Algún día…
—No te distraigas de lo importante. Sabes muy bien cuál es nuestra misión.
—Observar cansa.
—Lo sé. Pero alguien tiene que hacerlo.
TRIUNFAN ASESINOS EN EL MUSEO DEL POLICÍA
Periódico Metro, jueves 13 de mayo
Extracto de nota
La muestra Asesinos medievales, que se lleva a cabo en el Museo del Policía, registra su segunda semana de éxito. Más de veinte mil personas se han dado cita en el inmueble de las calles Victoria y Revillagigedo para conocer las historias de algunos de los personajes más depravados de todos los tiempos.
Por otra parte, la seguridad se ha duplicado en el museo ya que, un día después de la inauguración, fue robada la máscara mortuoria de Gilíes de Rais, el infame Barba Azul, quien en la Francia medieval se dedicó a torturar y asesinar niños. Debido a las exhaustivas revisiones de parte del personal de seguridad del museo, tanto el acceso como la salida del recinto se han vuelto muy problemáticas y los asistentes han plasmado sus quejas en el libro de visitantes.
¿DÓNDE ESTÁ LA MÁSCARA DE GILLES DE RAIS?
Semanario Sensacional, viernes 14 de mayo
Extracto de nota
Las autoridades aún no lo saben. La dirección del Museo del Policía tampoco. El historiador Rodrigo Núñez, curador de la muestra, afirma que la máscara de Gilíes de Rais, el célebre asesino de niños, contaba con un seguro y que, en caso de no ser recuperada, se le pagará una importante suma de dinero a la colección europea a la que pertenece.
Algunos expertos consultados por este semanario consideran que la máscara es una réplica de la original, y que el escándalo del robo es una artimaña perpetrada en busca de mayor publicidad.
CÉDULA INTRODUCTORIA A LA SALA NÚMERO 4
MUSEO DEL POLICÍA
GILLES DE RAIS
PARÍS, FRANCIA, 1404-1440
Asesino nato, cometió su primer homicidio a los once años de edad. Heredero de una cuantiosa fortuna, combatió en la Guerra de los Cien Años al lado de Juana de Arco, quien ejercía sobre él una extraña fascinación. En 1432, se retiró a su castillo de Tiffauges y con la ayuda de sus sirvientes comenzó la ola de infanticidios que le dio fama. Se estima que, en total, Gilles de Rais violó, torturó y asesinó a trescientos niños que arrebataba de las comunidades campesinas, muchas veces engañándolos con convertirlos en pajes y con supuestos mimos que les esperaban en su castillo. Rodeado de una bizarra corte de criminales, brujos, satanistas, magos y alquimistas, se entregó a orgías delirantes en las que, en medio de sus crímenes atroces, invocaba al demonio. En 1440, el tribunal de Nantes inició un proceso en su contra —fue acusado de sodomía y herejía— que condujo a su excomunión y posterior ejecución. Sin embargo, debido a su condición de noble, fue reintegrado al seno de la Iglesia y recibió cristiana sepultura.
AUDIO CONFIDENCIAL /15/05/10
—¿Será posible?
—Es evidente. Me extraña que nadie haya hecho esta conexión en los medios.
—¿Tendría idea el que la robó de lo que estaba haciendo?
—Me parece que sí. Es lo que hace aún más interesante este caso. A eso me refería cuando te decía que es algo inédito.
—¿Copycat o posesión?
—No tengo todas las respuestas. ¿Tú qué piensas?
—Sabemos del poder simbólico de las máscaras: quien la porta se convierte en recipiente del espíritu que representa…
—Perdona que interrumpa, ¿simbólico?
—Mayor, no creerá usted en verdad que… No, yo me inclino por una cuestión de imitación.
—En cualquier caso, estamos claramente ante una situación de contagio. Por lo tanto, tomaremos las medidas pertinentes. Conoces el protocolo: la próxima reunión de la Logia queda suspendida hasta nuevo aviso. Sólo tú y yo estaremos en contacto.
—De acuerdo, Mayor. Informaré a los otros.
NUEVO INFANTICIDIO
EN EL CENTRO HISTÓRICO
Diario El Gráfico, lunes 17 de mayo
Extracto de nota
La cabeza de un niño, cercenada y clavada en una estaca, fue encontrada por un indigente en una de las jardineras del atrio de la iglesia de Santo Domingo. Los párpados del menor estaban abiertos y engrapados, de manera que los ojos sin vida «miraban» en dirección del Antiguo Palacio de la Inquisición, situado a un costado de la iglesia. Las autoridades han vinculado el caso con la reciente ola de asesinatos de menores en el Centro Histórico, que con este suman cuatro. La víctima, al igual que las tres anteriores, permanece sin ser identificada.
COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN
PARA LA PROTECCIÓN DE MENORES
Al Jefe de Gobierno / A los medios de comunicación / A la sociedad en general:
No podemos permitir que estos crímenes continúen ocurriendo. Nuestros niños son lo más preciado que tenemos y representan el futuro de la nación. Exigimos a las autoridades que capturen a quien resulte responsable y pongan fin a tan abominables actos. Es un hecho que quien está detrás de ellos se aprovecha de niños vulnerables y olvidados, ya que ni siquiera tienen a alguien que reclame sus cuerpos. Exhortamos a las autoridades a que redoblen la vigilancia hacia los niños de la calle, en los albergues y en las esquinas donde suelen buscarse la vida. Nuestra asociación formará brigadas de vigilancia nocturna, por lo que solicitamos al GDF nos apoye y se sume a esta iniciativa tan necesaria como urgente.
Cartel pegado en la estación del metro Balderas
¿LE HAS VISTO?
México, D.F., a 18 de mayo de 2010 Nombre: José López Hernández Sexo: masculino
Edad: 12 años
Estatura: 1.63 m.
Señas particulares: lunar en la frente
Lugar y fecha de extravío: Col. Centro, Delegación Cuauhtémoc, el día 17 de mayo de 2010.
AUDIO CONFIDENCIAL /19/05/10
—Encontré un fallo en su teoría, Mayor.
—¿Sí? Escucho…
—Gilíes de Rais fue quemado en la hoguera. Es imposible que le hicieran una máscara mortuoria. Por lo tanto, la que llegó al Museo del Policía es falsa.
—No se te olvide que Gilíes de Rais primero fue ahorcado y después, en efecto, arrojado a las llamas. En el lapso en que fue bajado del cadalso y trasladado a la hoguera hubo tiempo suficiente para que le hicieran la máscara… Una costumbre por demás extendida en aquella época, principalmente con personajes famosos.
—No sé qué pensar, Mayor.
—Cuidado: no pensar es el mayor de los crímenes, y si ese crimen triunfa, todos los demás continuarán ocurriendo. Te preguntaré algo para reactivar tu mente: dime otro personaje histórico que rivalice con Gilíes de Rais…
—Herodes.
—Una opción muy obvia. Yo mencionaré al emperador Tiberio. Como recordarás, tenía una piscina llena de «pececillos»; es decir, niños a los que había entrenado para que le chuparan y mordieran los testículos mientras nadaba. Y no olvidemos que gustaba de destetar recién nacidos para en su lugar «amamantarlos» con su propio miembro.
—Pienso ahora en otra opción, salida de las leyendas: el Flautista de Hamelin.
—Touché. Eso se llama usar la cabeza.
PROCURADURÍA GENERAL DE LA REPÚBLICA /
FISCALÍA ESPECIAL PARA LA ATENCIÓN DE DELITOS
CONTRA MENORES
DECLARACIÓN DEL NIÑO JOSÉ LÓPEZ HERNÁNDEZ
(REDACTADA POR EL AGENTE
AURELIO TAPIA TALAMANTES)
Era más de la una de la madrugada. Lo recuerdo porque minutos antes vi el reloj de la Torre Latino al caminar por el Eje Central, después de terminar mi jornada limpiando vidrios. Caminaba por la calle de Cuba, rumbo a la vecindad en la que vivo con mi tío Ernesto. (Mis padres murieron hace dos años, cuando viajaban en un autobús que se accidentó en la carretera, y mi tío se hizo cargo de mí). Todo ocurrió muy rápido. Una sombra salió de un zaguán, me puso un trapo en la cara que desprendía un olor muy penetrante y me desmayé. Cuando desperté, pensé que soñaba. Estaba amarrado a una silla de madera que tenía picos de metal en el asiento y en los brazos. Pensé que soñaba porque conocía el lugar. Había estado ahí en mis tiempos de estudiante durante una visita escolar al Palacio de Minería. Era una de las salas de la exposición Instrumentos de tortura. La reconocí porque cuando la visité me impresionó mucho y tuve pesadillas durante varios días con los aparatos e historias que ahí se cuentan. Al principio no me dolía mucho, estaba mareado y débil, pero conforme me fui recuperando comencé a sentir cómo lo picos se me encajaban en la piel. Entonces me puse a llorar. La sombra volvió a aparecer. No la podía ver claramente debido a las lágrimas, pero me di cuenta de que se bajó los pantalones y comenzó a tocarse. Eso me asustó todavía más y me dejó de algún modo paralizado, porque dejé de llorar. Alguien le gritó a la sombra desde la entrada de la sala: «Tienes que llevártelo. Me acaban de llamar los de mantenimiento y vienen a hacer reparaciones en el aire acondicionado». «Imbécil», aulló la sombra mientras se subía los pantalones. «Cómo pudiste olvidarlo». Se abalanzó sobre mí y otra vez me colocó el trapo mojado en el rostro. Cuando volví a recuperar la conciencia me llevaba por la calle, apretándome contra su hombro, como si fuéramos dos borrachos. Reconocí la Plaza de Santo Domingo. Me arrastró por República de Brasil y luego por Belisario Domínguez y nos detuvimos frente a una de las entradas laterales de un antiguo edificio. Golpeó a la puerta tres veces, hizo una pausa y luego tocó cuatro veces. Quise mirar su cara pero me tenía aplastado contra su pecho. La puerta se abrió y apareció el velador. «No te tocaba esta noche», dijo. La sombra respondió: «Lo sé. Pero hubo un imprevisto. Te lo compensaré». El velador nos dejó pasar y la sombra me llevó por un patio y después por un largo pasillo. Todo esto lo recuerdo entre sueños, pero yo sabía que estaba despierto: el dolor en mis brazos y mis nalgas era muy intenso y sentía cómo me escurría la sangre. Lo siguiente que recuerdo es que estaba rodeado de figuras de cera, todas representando personajes de la Iglesia. También había algunos instrumentos de tortura, parecidos a los del Palacio de Minería, y otras figuras de cera puestas sobre ellos, con el rostro congelado en una mueca de espanto. Se veían falsos, pero eso me aterraba más, porque si hubieran sido en verdad personas torturadas estarían en las mismas condiciones que yo; en cambio, esos muñecos parecían diabólicos y capaces de hacer las mismas cosas malas que la sombra. Me había colocado al lado de un fraile que sostenía una cruz y de un campesino que cargaba un gancho; en medio de ellos y sobre mi cabeza colgaba una mujer desnuda, cuyos brazos habían sido amarrados por detrás de su espalda y levantados a la altura de su cabeza. Comprendí que se trataba también de una exposición, una que yo no había visto pero que tenía que ver con algo llamado la Santa Inquisición, según pude leer en un cartel pegado en la pared. Me puse a llorar porque pensé que la sombra quería convertirme en una de esas figuras de cera y dejarme sufriendo por toda la eternidad. Escuché voces: el velador le hablaba a la sombra con tono desesperado: «Es la policía, alguien de las brigadas nocturnas los vio entrar y los reportaron». Después la duela crujió y apareció la sombra en el umbral de la sala. No me había dado cuenta de lo grande que era y de que llevaba una capa negra. Extendió los brazos y por un momento pareció un murciélago. Gritó algo en un idioma antiguo e incomprensible para mí, dio la vuelta y se esfumó. Más tarde entraron los policías y me sacaron. Mientras me colocaban una manta en la espalda y me ponían a salvo en la patrulla, uno de ellos me preguntó si podría reconocer al agresor.
Y fue entonces que me di cuenta que eso sería imposible, porque la sombra no tenía un rostro propio. Podría ser cualquiera, y eso es algo que no me dejará dormir tranquilo nunca más.
¡APARECIÓ!
Diario La Prensa, 20 de mayo
Extracto de nota
La máscara mortuoria perteneciente al asesino francés Gilles de Rais, que forma parte de la muestra Asesinos medievales en el Museo del Policía, fue encontrada en el casillero de uno de los guardias de seguridad, quien fue remitido a las autoridades y ahora enfrenta cargos por robo y abuso de confianza. El abogado del custodio aseguró que su cliente es inocente, y que lo más probable es que la máscara le fuera «sembrada» por algún rival del trabajo. Por su parte, el acusado, en entrevista exclusiva con este diario, declaró que no recuerda nada. «Tengo la memoria en blanco», afirmó. El objeto fue colocado de nuevo en la sala dedicada a Gilíes de Rais y las medidas de seguridad han sido redobladas. Mientras tanto, la dirección del museo aprovechó para anunciar la prolongación indefinida de la muestra debido al éxito que ha tenido, superando a otras exposiciones anteriores como Asesinos seriales y Vampiros y hombres lobo.
AUDIO CONFIDENCIAL /20/06/10
—¿En verdad da este caso por concluido, Mayor?
—El asesino está en la cárcel… aunque por los motivos equivocados.
—Pero no tenemos ninguna prueba de que el asesino de niños haya sido el guardia de seguridad del museo. Sólo fue acusado de robo.
—Ha transcurrido un mes entero sin asesinatos. ¿No te dice eso algo? ¿Qué conclusión sacas?
—Puede ser una coincidencia. Lo único cierto es que hay cosas que no tienen una explicación clara, y que su análisis deja más dudas que respuestas.
—Dudas… benditas sean. La gente prefiere las certezas y desprecia el valor de las dudas, que siempre conducen al misterio. Son la razón de existir de la Logia.
—¿Se levanta entonces la contingencia? ¿Programo la próxima reunión?
—Sí. Pero tenemos que cambiar nuestro método de contacto.
—¿Por qué?
—Es una intuición pero, ya sabes, no puedo evitar tomarla en serio.
—¿Y cuál es, Mayor?
—Este teléfono ya no es seguro.