La boca seca
Tercera parte
Diario de Jane Rose Valtz
Domingo 30
Comenzaron a llegar algunos alimentos que nos faltaban. Como harina, carne y yerba. ¡Ah, cómo extrañaba tomar mate! Desde que llegué de Inglaterra, el mate se ha hecho algo tan necesario. A tal punto que los días que no bebo la maldita infusión, una migraña terrible se apodera de mi cabeza. Señora Lourdes dice que eso no puede ser, que ella hace más de cincuenta años que toma mate y que nunca le pasó algo así. Lo dice enojada y pierde exageradamente la paciencia cada vez que me pasa. Meme dice con un dejo de malicia que señora Lourdes es una loca solterona a la que no tengo que llevarle el apunte. Y que seguramente la bombilla es lo único que chupa y que yo tenga esa relación con su esposo, mister mate, la pone mal. Cada vez que Meme tiene estas reflexiones, nos matamos de risa. Por lo general me las comenta cuando tenemos a señora Lourdes muy cerca y entonces contenemos nuestras risas hasta casi el espanto. No sé qué sería de mis días si no las tuviera. Las quiero y las necesito tanto. Seguramente estos versos del poeta les queden a medida: eres la eternidad en la gota de espanto. (...) Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,/ cariñosa, lo mismo que el pan del hombre pobre.
Lunes 7
El día amaneció pesado y con una humedad abrumadora. Unos hombres, funcionarios públicos, han venido a la escuela a tratar de hablar con los chicos sobre lo que está pasando. Creo que no han sabido manejar la situación y todo se fue al demonio. La información que brindan es totalmente incompleta y sabemos también, por otras fuentes, que es vieja. Han hecho algo que nos molestó, separaron a Carlos y algunos chicos más de la clase, para hacerles una serie de estudios, sin querer darnos ningún tipo de explicación. Algunos de los maestros han querido oponerse, pero intervino el militar que los acompañaba, la situación se tornó agresiva y se llevaron a los chicos por la fuerza. No termino de saber qué es lo que realmente pasa, pero tengo la sensación de que al ritmo que vamos van a suceder cosas feas muy pronto. Los ánimos en la calle están por el piso, ya que hay una total desinformación y nadie explica por qué están escaseando los alimentos y los medicamentos. Por otro lado, los servicios prácticamente no funcionan, la basura se acumula en las esquinas donde el hedor, por momentos se hace insoportable. Sobre todo en los últimos días en que las temperaturas aumentaron con la llegada de los primeros calores. Me gustaría estar cerca del mar y a veces, muchas veces últimamente, deseo que una ola inmensa venga y lave todos los males de esta tierra. Miércoles 16
En el mercado he presenciado una situación horrible. Al no haber alimentos la gente se junta para esperar a que los comerciantes saquen a la venta lo poco que les queda en los depósitos. Comida que venden a precios altísimos ya que no se consigue nada en ningún lado. En un momento estaba esperando en la pescadería y cuando el hombre se dignó a darnos a cada uno un filete bastante fino y con un olor terrible, dos mujeres comenzaron a pelear por el último pescado que quedaba. La escena fue patética. Además de insultarse, se agarraron de las ropas para seguir por el pelo y después olvidarse totalmente de su dignidad y del filete que cayó al piso en medio de la gresca y fue engullido por un perro que siguió atentamente toda la función hasta obtener su premio. Cuando todo terminó, una de las mujeres se acercó hasta el perro sigilosamente y lo golpeó varias veces con un fierro. Yo me quedé como clavada al piso, totalmente estática. Solo pude salir corriendo, horrorizada, tirando lo que había conseguido en el mercado, cuando vi que de la cabeza del perro comenzaba a brotar sangre como una catarata. Cuando llegué a la casa con las manos vacías, señora Lourdes se enojó de tal manera que me dijo cosas horribles. Después salió al mercado y cuando volvió estaba totalmente desgreñada, con los ojos desorbitados y su ropa llena de barro. “Conseguí comida”, fue lo único que dijo y nosotras comimos con ganas y sin hacerle ningún tipo de pregunta.
Viernes 23
Hoy ha sido un día feliz, sin llegar a ser como eran antes, pero hemos tenido que bajar las pretensiones. Señora Lourdes ha conseguido a través de su primo, el señor Méndez, una horma de queso y vino y ciruelas. Así que nos propuso ir a pasar el día a orillas del río. Hemos pasado una mañana y una tarde maravillosas y hemos podido nadar. Señora Lourdes demostró que tiene un gran sentido del humor y cada una ayudó al propio, bebiéndonos entre las tres, dos botellas de vino mistela que preparamos con agua y jugo de limón y que quedó delicioso. Así de deliciosas también quedamos nosotras con todo ese alcohol encima. Así que una vez que terminamos con la bebida, nos tiramos al río completamente desnudas. Sentir el agua entrando y saliendo del cuerpo fue algo tan hermoso… A veces no puedo creer cómo han cambiado las cosas desde mi llegada. Mi relación con Pablo, la desgracia de su desaparición… Ahora ni siquiera me queda la agradable presencia del Mariscal… Cuando regresamos, al atardecer, las cosas estaban algo tumultuosas. Aparecieron unas pintadas en la escuela. Estaban escritas en las paredes de casi todas las aulas. Nadie pudo decir a ciencia cierta de qué se trataba. Y casi todos preferimos minimizar el asunto y creer que fueron hechas por algún grupo de jóvenes aburridos. Señora Lourdes dice que no hay que hacerles caso y seguir trabajando, que ella ha vivido épocas peores que esta y que nunca dejó de profesar su vocación. A veces pienso que señora Lourdes es un tanto ingenua, pero después surgen las situaciones difíciles y ella me demuestra lo contrario “Casi nunca los gritos y la brutalidad son signos de fortaleza”, dice. Yo quisiera pensar lo mismo, pero siento que no puedo resistir mucho esta situación y a escondidas, muchas noches, tengo miedo y lloro.
Martes 10
Me ha dado la real gana de mandar todo al demonio. Lo que sospechamos de las pintadas en los últimos días, se confirmó. El grupo que las hace no es ningún hatajo de jóvenes aburridos por el tedio del verano. Ayer por la noche un grupo de encapuchados apedreó la casa de la familia Bernal, gritando y rompiendo los vidrios de casi todas las ventanas. Los Bernal son inmigrantes que llegaron aquí hace unos años a trabajar, a forjarse un futuro mejor. Nadie nos dice qué raíz tenía la agresión, pero la situación nos ha dejado de rodillas a más de uno. Pese a todas nuestras muestras de apoyo a la familia y de repudio a los agresores, los Bernal han decidido irse. Tengo una furia y una impotencia que me brota por los poros y así, equivocadamente, lo demostré hoy cuando los funcionarios del gobierno han venido nuevamente a hacerles estudios a algunos niños. Me salí de las casillas y comencé a gritarle toda clase de improperios a uno de los médicos y en un momento perdí el conocimiento. Me desperté varias horas más tarde, arriba de una camilla y toda llena de cables. La situación no podría haber sido más horrible. La primera cara que vi inmediatamente después de despertarme, fue la del médico con el que se me había terminado la paciencia. Por suerte, inmediatamente, entró en la habitación señora Lourdes acompañada de Meme. El médico dijo que estoy anémica y que debería alimentarme mejor. ¿Con qué? Le pregunté yo, si lo único que abunda últimamente es la miseria ¿Con un enojo maniatado por la cantidad de calmantes que me inyectaron?, grité. El médico me miró con una sonrisa irónica en los labios y sacó la maravillosa conclusión de que ese no era su problema.
Domingo 15
La situación no puede ser peor. Las calles están abarrotadas de basura, lo que genera que todo esté impregnado de un olor que mejor ni pensarlo. Se suman a eso los tres días de lluvia. Señora Lourdes está intratable, nos habla como si la culpa de todo fuera nuestra. Por suerte Meme ayuda a que las cosas sean más fáciles de soportar. Ayer, mientras cortaba jazmines para poner hasta en el último rincón de la casa, ya que es lo único con lo que se puede combatir dignamente el olor de la basura acumulada, un grupo de esclavos ha venido a pedirme ayuda, y sin siquiera dejarme entender en qué era que necesitaban que los ayudara, prácticamente me han levantado del jardín y llevado en el aire hasta el lugar donde pasan su tiempo libre. Todos sabemos en qué condiciones viven cuando viven. Y digo esto porque pienso, pobrecitos, que es más el tiempo de sus vidas que pasan muertos, sosteniendo hasta el último caprichito de sus dueños, que el tiempo que tienen libre para vivir. Tiempo que por otra parte no pueden usar de otra manera que durmiendo, como es de entender. Así que luego de montarme en una de esas carretas con un intento de caballo como medio de tracción, fuimos a toda velocidad hasta el asentamiento. No voy a decir que no me genera miedo y cierto pudor también, la forma en que miran a una extranjera cuando entra en aquellos territorios. Miedo porque en sus miradas se nota toda esa furia contenida y que parece que pudiera estallar en cualquier momento y con qué fuerza. Y pudor, porque cómo puede una mirar a otro ser humano que vive en esa situación y sentirse una mujer cristiana y con dignidad. A veces pienso que dios es una mosca y nosotros sus gusanos. La cosa es que me he tenido que abrir paso entre una multitud silenciosa y que a medida que me veía, corría a esconderse atrás de las puertas de sus casillas, y se quedaban observando desde ahí, casi santiguándose, como si vieran al demonio en persona. Una vez que pude llegar hasta el centro abarrotado de aquella masa callada, divisé la escena para la que se me pedía socorro. Una madre estaba sentada delante de toda esa gente y se había quedado dormida dando de mamar a su bebé. Pero mi inteligencia anémica hizo que primero por contagio me quedara mirando aquella escena igual que los demás y de a poco, tratando de dilucidar qué pasaba de especial allí. Hasta que por medio de las señas que me hacían, noté las moscas. Primero una y después la otra, verde, tornasolada, en el ojo de la mujer. Entonces sin poder contener las lágrimas, José, el esclavo que me fue a buscar, mirándome con lo poco que le quedaba en los ojos, me pidió que por favor retirara al niño que estaba prendido del pecho y que parecía querer succionar hasta el último gramo de vida de aquel cuerpo. Me costó un tiempo, ya que las extremidades de la mujer estaban duras como un pan y llevaba un buen rato muerta y como cualquier buena madre parecía no querer que la separasen de su hijo.
Martes 24
Haciendo caso de lo que dijera mi padre en la última carta, he ido a ver al embajador Redford, quien cursó la universidad junto a él en Cambridge y con el que después han tenido una grata amistad. Aunque nunca pudimos hacernos de una relación más íntima, ya que su esposa y su hija son mujeres insoportables y con las que ni mi madre ni yo tenemos ningún tipo de afinidad. Cuando yo era niña, cada vez que regresábamos de alguna reunión en la casa de los Redford, mi madre se reía maliciosamente comentándole a mi padre, y refiriéndose a la esposa del embajador, que qué se creía esa mujer, dándose humos como se los daba porque ahora era la esposa de un diplomático, cuando ella (mi madre) sabía bien de dónde venía y cuál era su pasado. Aunque cuando llegaba a esta parte de las críticas y yo, que apenas alcanzaba a ver por encima de la mesa, le pedía que me contara cuál era aquel pasado “tumultuoso” y supuestamente “indigno” al que siempre hacía referencia, mi madre se callaba y me esputaba un seco “Jane Rose Valtz, menos averigua Dios y perdona”. Y siempre con la misma sentencia daba por terminada la conversación mandándome a la cama. Decía, entonces, que fui a ver al embajador Redford, quien muy cortésmente me invitó a almorzar y que una vez que su mujer y su hija vieron que estaba en compañía de mi persona dijeron que preferían almorzar en el restaurante del hotel Flixton, en la terraza que da al río. Y cuando el embajador les dijo que nosotros también podíamos acompañarlas, arguyeron que ya tenían una mesa reservada y que sería de muy mal gusto llegar hasta allí diciendo que en vez de dos iban a ser cuatro los comensales. Cosa que al embajador lo apenó visiblemente y me miró sin saber muy bien cómo explicarme tanta descortesía. Yo traté de tranquilizarlo diciéndole a él y las dos vacas arpías, que por mí no se hicieran problema, que no era a comer a lo que había ido. Pero por dentro, a decir verdad, no me hubiera disgustado de ninguna manera comer alguno de aquellos sándwiches de salmón, palta y aceitunas negras que preparan en el Flixton, viendo a los barcos amarrar en el puerto. Así que una vez aclarado que no era a comer a lo que iba, el embajador mandó a preparar algo rápido a la cocina, argumentando que estaba bastante atareado y disculpándose un poco por “sus mujeres”, diciendo que últimamente muchos de sus conocidos pasaban por allí a saludar a la hora de la cena o el almuerzo. Yo hice como quien no quiere la cosa. Nos sentamos y lo primero que me preguntó entonces fue qué me llevaba por allí. Le comenté que estaba un tanto desconcertada con todo lo que estaba pasando y que quería saber si él tenía algún tipo de información que me pudiera ser de utilidad, con respecto a la situación que vivíamos. Redford esquivó el tema todo lo que pudo y solo en algún momento soltó un escueto “todo está muy difícil y va a estar peor” y rápidamente trató de matizar preguntándome si me gustaban las nuevas cortinas con las que habían cubierto los ventanales del salón de té de la embajada. Creo que tampoco me dijo la verdad cuando pregunté por qué los empleados estaban embalando algunos muebles y me contestó que estaban aprovechando el receso estival para hacer algunas reformas en el edificio, pero la verdad es que no creo que vuelva a verlo.
Miércoles 2
El verano está terminando y las temperaturas comenzaron a bajar. Los diarios hablan de un científico que se robó no sé bien qué proyecto de un laboratorio del gobierno central, pero que la situación está completamente controlada y que pronto todo va a volver a la normalidad. Pero en la calle no parece pasar lo que dicen los diarios. Los alimentos ahora sí brillan por su ausencia y para conseguir cualquier cosa las colas dan vuelta a la esquina. No hay dinero que alcance para comprar una hogaza de pan o un poco de leche, cosa que venden totalmente rebajada, ni hablar de la carne. Por la noche, y algunos días desde la tarde, se cortan la luz y el agua y a veces pasan días y noches sin que vuelvan. Así que nos higienizamos cuando podemos. Esta semana ha sido terrible porque Meme, señora Lourdes y yo, estamos con la regla. Hemos estado ideando un plan. Cada una donaría la mitad de sus comidas y las guardaríamos para tener más alimento cuando vengan los fríos más fuertes. Pasé por la embajada y me acerqué a saludar a señor Redford, que estaba subiendo a un coche con bastante equipaje y que cuando me vio a la distancia, trató de hacerse el desentendido. Pero como me acerqué a toda prisa y tuvo que saludarme, visiblemente incómodo me dijo que hiciera lo posible por volver a Inglaterra, pegunté quién quedaba a cargo de los ciudadanos ingleses que estuvieran en la ciudad. Me respondió que quedaban al cuidado de Dios. Estiró una de sus manos y puso en la mía un poco de dinero. Luego golpeó la puerta del carruaje y el coche comenzó a avanzar lentamente por Calle de los Duelos con destino hacia el puerto. Pude escuchar desde dentro las risas de hiena de su mujer y su hija. Con lo que me dio, logré comprar papas y una barra de grasa en el mercado, con eso y algo más que consiguió Meme, nos hicimos un banquete.
Jueves 17
Ayer por la noche dos bandos se enfrentaron en la puerta de la despensa de los Britez, que es una de las más grandes, para ver quién se quedaba con su depósito de alimentos. Anteanoche, nos habían pedido las instalaciones de la escuela para hacer una reunión. Los Britez se han negado a entregar la mercadería que les correspondía según se pautó en una asamblea que organizaron estos grupos y en la que sin ningún tipo de discusión o votación se leyó una suerte de memorando donde se decía que a partir de la fecha de dicha asamblea, las despensas iban a tener que ceder mercadería para los grupos que se están armando y que a partir de ahora iban a ser los que recolectaran y llevaran adelante el reparto de alimentos entre la gente. Esto no hubiera parecido tan descabellado si no fuese porque todo el mundo se enteró, muy rápidamente, que de los alimentos entregados por las despensas, la mayor parte fue a parar al mercado negro y revendido a precios altísimos y lo que no, fue repartido entre las familias de los cabecillas de los bandos. Estos grupos que se han armado se hacen llamar “Comisiones de supervivencia” como si el nombre los hiciera quedar bajo la tutela de la legalidad. Pero señora Lourdes y Meme coinciden en que no son más que violentos que esperan poder sacar una buena tajada de la necesidad de la gente. Y así lo están demostrando. Para el caso de las despensas que se negaron, como la de los Britez, han estado haciendo propaganda apostados en las plazas, prometiendo una bolsa de alimentos a los que se sumaran al saqueo. Todos suponiendo de una forma un poco estúpida que los Britez, que hasta aquí nunca habían tenido un problema con nadie, iban a esperar al ganador de tan grata discusión con la cena servida como premio. Y vaya sorpresa se llevaron los escuálidos triunfadores, después de estar unas dos horas tirándose con lo que tuvieran a mano y golpeándose como bestias, los pocos sobrevivientes del grupo de “Los Toritos”, que así se hacen llamar los que vienen de más allá de la Calle de los Saladeros, quisieron entrar a comer el banquete que nadie les había prometido. Y ahí sucedió lo que no esperaban, y es que una vez que lograron abrir la puerta del depósito, los Britez, que son una familia numerosa, los estaban esperando con todo un arsenal de bienvenida. Me siento extraña pensando en esto, pero de alguna manera me divirtió ver los colgajos de carne que regaron desde el suelo hasta los cables de alta tensión, explotados por los rifles. Algo me humedeció la entrepierna y cuando quise contenerme una calma tibia me bajó por la pantorrilla y se hizo un charco de orín en el piso.
Sábado 26
Alguien hizo volar por el aire un depósito de explosivos del ejército. Los diarios no dicen nada sobre lo que pasa en la calle y comentan que ha sido un atentado de alguna facción opositora. Pero qué clase de facción opositora puede surgir de una población diezmada por el hambre y a la que ahora se le empiezan a sumar las pestes y las enfermedades. La realidad se ha vuelto durísima de la noche a la mañana y deambulamos por las calles como enfermos terminales, sin dar un signo de vida en el cuerpo. Por las noches los robos y las muertes recrudecen al ritmo de la fiebre de los apestados. La gente amontona cadáveres en los jardines para prender grandes piras funerarias. Una gran parte de la ciudad se ha visto afectada por la explosión. Señora Lourdes nos dice que tenemos que aguantar, que todo va a pasar. Ya estoy cansada de escuchar los llantos de los chicos a orillas de los charcos de sangre de los padres. Han desaparecido las palomas, el cielo se ha tapado de moscardones. Ayer Meme ha salido a buscar comida y no ha vuelto en toda la noche. Hoy regresó al amanecer con toda la falda manchada, sin camisa, borracha, con un golpazo en el rostro y una bolsa de pan y cebollas. Señora Lourdes le ha dicho que no vuelva a hacer una cosa así nunca más, que ella no necesita un Cristo para sobrevivir. Meme le ha gritado perra desagradecida y se ha ido, dejando la comida encima de la mesa. Señora Lourdes ha sacado la bolsa a la calle como si fuera basura. Apenas cerró la puerta se dio cuenta de lo que estaba haciendo pero cuando volvió a salir la bolsa ya no estaba.
Martes 5
Los diarios hablan de unos chicos que serían los asesinos de dos militares que estaban haciendo guardia en un hospital. La noticia no es del todo clara. El matutino La verdad que es opositor al gobierno, titula su portada así: “Juego de niños”. Y muestra una foto enorme de los cuerpos de los militares que han sido destrozados, y se hace la misma pregunta que nos hacemos la mayoría: ¿cómo puede ser que chicos de diez o doce años hayan atacado a dos militares fornidos y bien comidos y los hayan despedazado como si hubieran sido atacados por perros salvajes? Es algo que nadie se explica. Y leyendo las otras noticias y escuchando lo que la gente murmura por la calle, hay varias cosas que no cierran por ningún lado. La cosa es que como dice señora Lourdes, siempre hay un roto para un descosido y la noticia ha prendido, disparando la paranoia de unos cuantos enfermos que están a la espera de cualquier cosa para poner en práctica su lucidez fascista, produciendo varios hechos de violencia con menores como víctimas. En resumidas palabras ha disparado una caza de brujas. Al punto de que hoy en la plaza que está frente a Calle de las Cartas, un grupo de hombres y mujeres tenían a un niño colgado por las piernas y estaban a punto de azotarlo con una varilla de madera, para escarmiento de los demás, decían. En un ataque de furia he ido donde Lorenzo y le he pedido ayuda y también que me facilitara un rifle. Es la primera vez en mucho tiempo que los esclavos se suman a algún tipo de protesta. Hemos llegado Lorenzo y alrededor de veinte esclavos con sus facas adonde estaban golpeando al chico y luego de una discusión bastante enardecida en la que se hicieron todo tipo de amenazas de parte de los dos bandos, los que golpeaban al chico nos lo han tenido que entregar al verse doblados en cantidad y sin tanta posibilidad de defender sus insuflados ideales de justicia. Ha sido como sacarle un trozo de carne a los lobos. Hemos vuelto a La Colonia y los esclavos han preparado “pajarito”, he estado tomando y bailando con ellos toda la noche.
Lunes 25
Después de que rescatáramos al chico que se llama Andrés de que lo lincharan en la plaza, nos contó que sus padres fallecieron por la peste que también está haciendo estragos por estos días. Andrés tiene doce años y dice que lo único que hizo ese día antes de que lo agarraran para colgarlo cabeza abajo de un árbol de la plaza, fue estar mirando el gallinero de la casa de los Menéndez para robarse una gallina para comer en las pascuas con sus hermanos. Pero confiesa que también ha estado espiando un poco a la hija mayor de la familia. Una muchacha joven, de pechos rozagantes, según me dijo Colino, uno de los esclavos, a la que le gusta pasearse ligerita de ropas entre los mulatos que trabajan para su padre. El padre de la muchacha era uno de los más enardecidos a la hora de hacer justo el castigo para Andrés y uno de los que más nos maldijo y amenazó cuando nos llevamos al chico. Así que Lorenzo intuyó y me dijo, que seguramente han encontrado al chico espiando a la muchacha y no precisamente con una gallina entre las manos. Por eso no nos extrañó nada cuando a la noche se acercaron él y unos cincuenta “buenos ciudadanos” de La Autoridad Blanca hasta La Colonia, cargados de antorchas, piedras, palos y pistolones, diciendo que se acercaban amistosamente, si es que nos quedaba alguna duda de sus intenciones. Le gritaron a Lorenzo que ellos no tenían ni querían tener ningún tipo de discusión con los esclavos y que una vez entregado el chico y “la extranjera”, todo quedaría en paz y armonía como hasta ahora. Por suerte para el chico y para esta extranjera, Lorenzo hizo causa común y les enumeró un sinfín de razones para recordarles que las cosas entre estos buenos ciudadanos y los esclavos no están en paz y armonía hace por lo menos cuatro o cinco siglos. Y le dijo que si bien los esclavos tampoco deseaban tener ningún tipo de enfrentamiento con La Autoridad Blanca, estaban pensando aprovechar esta ocasión para sentarse en una mesa a negociar ciertas cosas y como todos sabían bien que negociar esas cosas podían llevar varios siglos más, hasta ese entonces el chico y la extranjera serían sus huéspedes de honor en La Colonia. Obviamente este diálogo amistoso que duró algo más de veinte minutos con un tono de voz de tensión elevada y que no se esperaban los de La Autoridad Blanca, hizo que todo se fuera al demonio y se armó la guerra. Esta noche después del enfrentamiento, los esclavos echaron a golpes y facazos a los encapuchados, pero sabemos que esto recién empieza y que no se va a terminar así nomás.
Domingo 7
La Autoridad Blanca sacó un comunicado y empapeló todas las calles con fotos de Lorenzo, Andrés y mías. Al título de peligrosos y con un texto que invita a cualquier buena vecina que nos encuentre, a sacarnos la cabeza de un solo tajo y que además, por si no queda clara la conveniencia de ese favor, La Autoridad Blanca explica que va a pagar un año de alimentos al que lo haga. Pienso al ver el monto del premio que mi estómago amaría que las cabezas por las que pagan fueran de otro y no nuestras. Ya no podemos andar por la calle, salimos solo de noche a robar comida. Tampoco damos a basto con el asilo de la gente que empieza a desbordar la lista negra de perseguidos y ejecutables. La Colonia no es un lugar tan grande y nosotros ya somos varios. El domingo hemos ido hasta la iglesia y nos mezclamos entre el gentío que soporta el sermón, para al final, poder comer el guiso horrible que reparten a la salida de la misa. La plaza frente a la parroquia estaba bastante vigilada por miembros de La Autoridad Blanca, más preocupados por cerrar tratos con las pobrecitas que van a canjear el uso de su cuerpo por un poco de comida, que por nosotros. Así fue que pudimos acercarnos hasta el cura. Se llama Modesto y llegó desde Brasil hace unos años. Me conoce hace tiempo. En algún momento fue mi confesor y no puedo negar que ha despertado una pasión en mí, que muchas veces me llevó a pasar semanas teniendo que rezar el Padre Nuestro. Cuando me acerqué con el cabello cubierto por la capucha del abrigo, no me reconoció y se apresuró a bendecirme y a darme el cacharro con el guiso espeso, pero al tomar su mano con firmeza y al cruzar nuestras miradas, pudo reconocerme y haciéndome un gesto me indicó que me esperaba atrás de la capilla para hablar. Hasta ahí me acerqué, atravesando en la oscuridad de la plaza los dúos que se habían formado entre los integrantes de la guardia y las mujeres. Entre gemidos y perros pasé totalmente desapercibida y pude llegar hasta el interior de la iglesia. Así también llegó Lorenzo. El padre Modesto nos hizo pasar a su despacho y nos preguntó primero si estábamos locos y que cómo se nos había ocurrido la feliz idea de enfrentarnos con los blancos. También nos dijo que era de esperar que un día saliera de la parroquia y nos encontrara colgados del ombú añejo que está en medio de la plaza. Poco a poco se fue calmando ante nuestro silencio y cuando terminó con su encolerizado consejo, finalmente, nos dijo que nos veía demacrados, nos preguntó cómo estábamos y de qué era de lo que queríamos hablar. Le dije que necesitábamos las viejas aulas del seminario que se encuentran en los subsuelos de la parroquia para hospedarnos nosotros y algunos compañeros que corren peligro. Dio una carcajada larga que retumbó contra el techo y nos dijo que sí, que evidentemente estábamos locos y que si creíamos que el viejo seminario era el Arca de Noé. Sirvió un vaso de vino para cada uno y después de tomárselo de un trago y fumar un cigarrillo en silencio, con la mirada perdida y con la cruz que le colgaba del cuello en una mano, suspiró y dijo que se encomendaba al señor y que lo único que esperaba es que esta vez el diluvio durara poco y sirviera para algo.
Jueves 25
El domingo antes de hacer la ronda de lugares para conseguir comida, nos persiguieron miembros de La Autoridad Blanca. Estábamos solos Colino y yo, ya que nos habíamos separado en grupos más pequeños, para hacer más efectiva la recolección de comida. Caminábamos en dirección a la Calle de los Suspiros, cuando creí ver a Meme parada en una esquina. Hace semanas que no la veía y me costó darme cuenta si era o no, ya que como todos nosotros, tiene varios kilos menos. Me acerqué hasta reconocerla y le hice una seña para que se corriera unos pasos de las luces y se metiera un poco más adentro del callejón. Estaba totalmente drogada y golpeada. Comenzamos a caminar lentamente hacia el fondo de la calle y noté que desde atrás un tipo vestido con sobretodo negro y bastón nos seguía a unos diez metros de distancia. Meme me preguntó si no podía darle algo de dinero, cosa a la que me negué, diciéndole que podía venir y quedarse conmigo y así podría comer y darse un baño, que era lo necesitaba, y mucho. De repente se acercó el tipo que nos seguía y me puso un filo en el cuello y me dijo que ni se me ocurriera sacar mi cuchillo de la media de liga porque me pasaba a mejor vida. Colino, que se había quedado atrás, vio la escena y sin que el tipo se diera cuenta se acercó hasta tenerlo a distancia de poder hacer algo. Con su faca le dio un puntazo en la nalga y pateándole la mano lo dejó sin el cuchillo. Meme salió corriendo a los gritos y el Tuerto, como le dicen a este ser nefasto que regentea a las chicas del callejón, quedó de rodillas en el piso, tomándose la pierna y gimiendo por su vida, el muy cobarde. Le sacamos como pudimos el anillo de oro del dedo gordo de la mano y a punta de navaja nos dio todo lo recaudado por las chicas hasta esa hora. Todo hubiese quedado así, hasta que arregláramos nuevas cuentas con El Tuerto y nos íbamos riendo por el callejón con Colino, cuando el muy desgraciado hizo sonar un silbato parecido al que hacen sonar los policías cuando hay algún problema. Inmediatamente aparecieron cuatro hombres y dos mujeres de la Autoridad Blanca. Dos se nos vinieron encima. Colino, forcejeó con uno derribándolo de un golpe en la cara y el otro me dio una patada en el estómago que me dejó doblada y babeando en el piso como un pescado recién sacado del agua. Con ese se trenzó Colino y estaba por sacarlo de la pelea, cuando una de las mujeres le partió la cabeza de un bastonazo. Colino cayó dando de lleno contra el piso y yo, que ya me había reincorporado, comencé a correr con tal desesperación y miedo que aunque mi cabeza ordenaba parar y volver, el cuerpo no respondía y seguía corriendo. Corrí hasta llegar a las afueras de la ciudad y me senté a llorar junto al río. Cuando volví de madrugada a la iglesia, Lorenzo me estaba esperando con el padre Modesto. Inmediatamente me abrazaron preguntándome qué era lo que había pasado. Me dio tanta vergüenza de mí misma que no pude contarles la verdad. Dije que nos habían sorprendido y que habíamos escapado uno para cada lado y que no había vuelto a ver a Colino. A la madrugada han ido con una carreta hasta la entrada de La Colonia y han tirado el cuerpo de Colino allí y después de escupirlo y orinarlo, lo han prendido fuego. Han pasado cuatro días de no querer comer, de no poder dormir, de no parar de llorar.
Lunes 29
Entraron en la iglesia y se llevaron a todos. Juana, René, Ignacio, Valentina y Tomasa, convertidos en carne rota, vejada y quemada. El padre Modesto pudo avisarnos y llegamos a ocultarnos bajo el altar mayor, en un compartimiento que se conecta a una pequeña salida que da a la calle y que quedó allí, sin que nadie sepa de su existencia desde los tiempos de la reforma. Para escarmiento, a Modesto lo obligaron a que les diera la extremaunción y los comulgara por última vez. Se han ido pero no sin antes darle una golpiza al cura y advertir que esto no va a parar hasta que nos encuentren. A la noche pudimos juntarnos con él en la casa de un amigo. Lorenzo y yo dijimos que no aguantábamos más el río de sangre que hicieron de tanta gente inocente y que nos entregaríamos. Modesto dijo que hacer eso era poco ético y agregó que esa gente había muerto peleando y no solo por nosotros, sino porque entendían que lo hacían por ellos mismos, por sus hijos, por todos. Acá nadie es Cristo de nadie, concluyó. El martillo está a punto y cuando caiga, no va a haber piedad. Nos golpearon, es cierto, pero todavía me queda una mejilla y estas dos manos. Golpe por golpe y tiempo al tiempo, dijo Modesto.
Martes 14
Desde hace unas semanas empezaron a aparecer cuerpos sin vida colgados de los árboles. Todos muertos por agua, y como si hubieran sufrido antes de morir una suerte de alegría ya que en sus rostros no hay un gesto de temor sino más bien de calma. Todos son chicos de no más de doce años. Hemos visto como algunos padres, los que parecen más lastimados, viven su dolor en silencio y aislados de los demás, no hemos escuchado a nadie quejarse, ni preguntarse qué es lo que está pasando. Nosotros hicimos algunas averiguaciones, pero no pudimos dilucidar mucho. Tuvimos que abandonar nuestro refugio subterráneo y las cosas se han hecho más difíciles. Modesto también sufre los embates de la situación, lo han despojado de su cargo clerical, le han prohibido usar su ropa y lo han destinado a atender a los apestados que ya se cuentan por miles. De igual forma ha conseguido un pequeño lugar donde da misa los domingos después de la medianoche. Hasta allí se acercan los que todavía tienen ganas de seguir sus palabras en los sermones hasta las últimas consecuencias. Lo que no saben los de la Autoridad Blanca, que son excesivamente supersticiosos es que Modesto está preparando un ejército de fieles que cada domingo destinan varias horas de la madrugada a preparar armas para una batalla final. Tiempo al tiempo y golpe por golpe.
Sábado 25
Entrampados como ratas, así morimos. Escribo esto al borde. Estoy pensando demasiado rápido, demasiado rápido. Modesto y Lorenzo murieron en la plaza. Doscientos de nosotros, fuimos, pero no alcanzó. Ellos eran más, siempre son más, están por todos lados. Escucho pasos abajo, me preparo para lo que sea. Ya están. Los escucho subir las escaleras. Alguien
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