La hermana de alguien

Derek Marlowe · Capítulo 1 de 15

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La hermana de alguien

Obertura

 

LA pantalla que tenía delante representaba su propia imagen —familiar unas veces, distorsionada otras, alguna fuera de foco—, como una serie de transparencias coloreadas, proyectadas al azar por una máquina enloquecida. Se entremezclaban, borrosas, un rectángulo en rojo y negro, infinidad de pecas en la nariz; una rápida sucesión de cosas abstractas, difíciles de identificar, (¿un foco de luz?, ¿la luna?); una secuencia de paisajes, titilando delante de la vista, apareciendo y desapareciendo, borroneándose nuevamente, girando, inmovilizándose. Y ella puede ver (¿Cómo los llaman? ¿Remaches?), puede ver los enormes remaches, e incluso comienza a contarlos antes de que aparezca otra diapositiva, otra transparencia.

Repara en el ruido, que parece muy cercano, una banda sonora personal, adecuada a su propia visión; pero sus oídos no pueden registrar los detalles. Los colores ciegan, la música de las bocinas subraya las vistas discontinuas, y de pronto, el carretel llega al final, saltan los engranajes, se rasga el film, y la pantalla se convierte un caleidoscopio infantil, una súbita cascada de arroyuelos y encajes, afluentes de diseños, piezas irreemplazables de un rompecabezas. Y entonces, súbitamente, hay aire fresco y ella puede ver dónde se encuentra. Ahora sabe. Se preocupa por su vestido y lo siente romperse. Ruido de astillas. Música. Siente el gorro (una palabra absurda), es sensible a él (Cuando era una niña podía pararme sobre la cabeza durante cinco minutos y medio y apuesto a que tú no lo haces). Y entonces el celuloide, finalmente, inevitablemente, suelta sus amarras y estalla, y la rueda gira sin fuerzas hasta detenerse. Como la niña. O lo que queda de ella. Sobre el puente Golden Gate. A las cinco de la mañana.

Hay otros coches, naturalmente. Algunos incluso aminoran la velocidad cuando sus conductores advierten que el cuerpo muerto comprimido entre trozos de metal y salpicado de partículas de vidrio, es el de una jovencita. Pero no se detienen. Nunca en el puente. Eso, para quien conoce los reglamentos, sería ilegal.

Excepto, por supuesto, que se trate de un testigo.