La secta

Camilla Läckberg · Apéndice

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La secta

Agradecimientos

 

YA SE ha dicho antes, pero vale la pena repetirlo. Para escribir un libro no

basta una sola persona. Ni siquiera dos, de hecho. Tenemos una deuda de

gratitud con todos los que nos han ayudado a mantener este libro en el buen

rumbo.

 

En primer lugar, los que han contribuido con su contenido:

La doctora Kelda Stagg, médico forense de la policía científica de la

región de Estocolmo, nos ha seguido explicando (con increíble profusión de

detalles) lo que sucede con un cuerpo después de la muerte —por ejemplo, si

queda enterrado bajo la hierba— y también cómo se abre un cadáver de la

manera correcta. Con sus conocimientos de microbiología ha corregido

nuestros errores más graves en lo referente a las bacterias susceptibles de ser

transmitidas de caballos a humanos, un área mucho más compleja de lo que

imaginábamos.

(La doctora Stagg es además uno de los tres cerebros detrás de la cuenta

de Instagram @liketefterdoden. Seguidla ya mismo si la medicina forense os

parece tan fascinante como a nosotros).

También hemos contado con la inestimable colaboración de expertos en

procedimientos policiales que nos han permitido desarrollar a nuestro nuevo

personaje, Adam, y asegurarnos de que se comporta de manera creíble en

situaciones de estrés y de que nuestros agentes actúan correctamente durante

los operativos. Adam tiene sus defectos, desde luego, pero sentimos una

profunda admiración por los negociadores policiales de la vida real y sus

habilidades. Por las características de su profesión han querido permanecer en

el anonimato, pero no os imagináis lo bien que se desenvuelven a diario en

una profesión que es como caminar por la cuerda floja.

Magnus Svensson, inspector de policía del centro penitenciario de Hall,

ha respondido con infinita paciencia a más correos electrónicos de los que

probablemente esperaba para explicarnos los protocolos que se aplican en Hall a las visitas. Puede parecer una minucia. Pero, como se suele decir, el

diablo está en los detalles.

Eline Dinnetz, con una cabeza para las matemáticas mucho mejor que las

dos nuestras juntas, nos ha enseñado a calcular las permutaciones de los

anagramas y otras cosas que para ella eran evidentes, pero que a nosotros nos

provocaron nudos en el lóbulo frontal cuando intentamos hacerlo sin ayuda.

También nos gustaría dar las gracias a todos los que generosamente

respondieron a nuestros crípticos correos electrónicos o llamadas telefónicas

sobre pinturas en la pared, habitaciones de hotel o cualquier otra de las

muchas cosas que necesitábamos saber, así como a los que colaboraron por

otros medios con su información e inspiración.

Como siempre, hemos tenido que tomarnos ciertas libertades respecto a la

realidad, tanto en lo referente al trabajo policial (por ejemplo, las casas de

empeño no reciben listas diarias de joyas robadas, hasta donde nosotros

sabemos) como al mundo en general (ni la escuela infantil de Backen ni la

granja de Epicura existen realmente), pero esperamos que la historia haya

mejorado como resultado.

 

Además de lo mencionado hasta aquí, hace falta mucho más para que todo ese

contenido se transforme en libro. Sin las personas que citaremos a

continuación, La secta seguiría siendo nada más que un larguísimo

documento de Word.

 

Para empezar, tenemos al incansable equipo de la editorial Forum. Son

muchas las personas que lo integran, pero hay dos que destacan por encima de

todas. Le prometimos a nuestra editora, Ebba Östberg, que este libro no sería

más largo que el anterior. Le mentimos. Esperamos que acepte nuestras

disculpas. Esta vez nuestra editora, Kerstin Ödeen, tuvo que comprobar que

más de un millón de letras y signos de puntuación estuvieran en su sitio,

además de verificar que cientos de afirmaciones sobre todo tipo de cosas se

ajustaran a la realidad. Muchísimas gracias y también a ella le pedimos

perdón.

Otra persona que merece una ovación es nuestro genial diseñador, Marcell

Bandicksson, que con sus portadas ha demostrado comprender a la perfección

nuestros extraños cerebros y ha creado los libros más bonitos que se han

publicado desde la invención de la imprenta.

Joakim Hansson, Anna Frankl, Signe Lundgren y todo el equipo de la

agencia Nordin, así como Lili Assefa, Paulina Bånge y toda la gente de

Assefa, desarrollan una labor internacional de primer orden que sigue dejando

sin palabras. Si en una remota isla japonesa o en un refugio de montaña del

Himalaya encontráis algún día un libro de las aventuras de Vincent y Mina

traducido a la lengua local, será gracias a estas superestrellas.

 

Pero el mayor agradecimiento es para vosotros, nuestros queridos lectores,

que habéis decidido acompañarnos en este viaje con Vincent y Mina. Un

relato solo comienza a existir cuando alguien lo lee y lo hace suyo. Os damos

las gracias por haber dado vida a Vincent y Mina. Esperamos que os caigan lo

suficientemente bien para querer seguirlos también la próxima vez.

 

Agradecimiento personal de Camilla: Sin las personas cercanas que tengo en

mi vida, jamás podría haber escrito ningún libro. Su apoyo, aliento y amor me

hacen avanzar a través de las páginas. El agradecimiento más grande es para

mi marido, Simon, y mis hijos, Wille, Meja, Charlie y Polly. Pero también

quiero dar las gracias a quienes me ayudan diariamente en las tareas

cotidianas y en el trabajo: Mathilda Norman, Natasa Maric y Johan Hultman.

Y a todos los amigos… ¿Qué sería de mí sin vosotros? No diré nombres para

que no se me quede nadie en el tintero, pero espero que sepáis lo mucho que

significáis todos para mí.

 

Agradecimiento personal de Henrik: Escribir un libro durante una pandemia

es algo muy especial. Esta novela fue cobrando forma en una época en que mi

familia y yo nos veíamos más de lo que jamás habríamos creído posible. Por

lo tanto, me gustaría conceder sendas medallas al mérito a Linda, Sebastian,

Nemo y Milo, por no haberme asesinado mientras dormía. Tengo que dar las

gracias también a todos los amigos que me han seguido jaleando y apoyando.

Y para terminar, un agradecimiento especial al mentalista y amigo Anthony

Heads, por nuestras largas conversaciones regadas con buen whisky y

cócteles mediocres.