La séptima lápida

Igor de Amicis · Capítulo 16 de 16

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La séptima lápida

Capítulo 8

8

Entró bailando en el cementerio

 

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Tres meses. Noventa días.

Tres meses para que los periódicos dejaran de hablar de ello. Para que los

escandalosos titulares desaparecieran de las primeras páginas, para que los

programas de la tarde dejaran de regocijarse con lo macabro.

Tres meses para que por fin empezara a olvidarse.

 

Tres meses, para Pepè. Para reponerse de las heridas y trasladarse con toda su

familia a Birmingham. Lavaba platos y suelos y no comprendía una palabra

de inglés, pero nadie volvería a maltratarlo bajo los puentes de la carretera de

circunvalación. La droga era un recuerdo del pasado. Su madre era feliz, y

para su hermano todo era nuevo y fascinante.

 

Tres meses, para Don Aldo. Para morir de infarto en la mesita desportillada

de su habitual bar lleno de moho. En el momento del tránsito a la vida eterna

había perdido el control de la vejiga y se había orinado encima. La noticia

había corrido entre las familias; y el viejo boss, en la muerte, había perdido

ese honor tan anhelado en vida.

 

Tres meses, para Genny B. Para continuar siempre igual. Entre alcohol y

cocaína, jovencitas y fiestas privadas. Se miraba al espejo después de ponerse

una raya, la piel gris, los ojos hundidos. Se alisaba su largo cabello

engominado, forzaba una sonrisa de cadáver, y por un momento…, solo un

momento, hubiera querido estar en otro lado, desaparecer…, pero qué diantres, él era Genny B. Su destino era pasarse los últimos restos de coca por

las encías y volver a la gran sala inundada de música.

 

Tres meses, para Umberto De Marco. Para salir de cuidados intensivos, donde

había acabado después de que los hombres de Don Aldo le metieran una

sobredosis. La oreja se le había infectado y en el hospital se la habían

amputado durante el coma. El abogado se había despertado confuso, no había

comprendido que había tocado fondo, que no tenía nada ni a nadie. Le dio por

reír. Era la ocasión perfecta para comenzar desde el principio.

 

Tres meses, para el inspector Lopresti. Para entregar su dimisión y abandonar

el cuerpo, para encontrar el valor de subir a aquel tren que lo llevaría arriba, a

los confines del norte de Italia. Entre montes perdidos, entre gamuzas y

cabras, donde le esperaba un trabajo de guarda jurado en un centro comercial,

y Martina…, que al final había decidido responder a sus llamadas y creer en

sus promesas. Carmine veía correr veloz el paisaje por la ventanilla del tren, a

cada kilómetro que se alejaba del pasado se sentía más ligero, casi feliz.

 

Tres meses. Tres meses para que la puerta del cementerio volviera a abrirse

de nuevo.

La muchacha caminaba con paso ligero por el sendero de grava. Miraba a

su alrededor confundida. No sabía seguro adónde se dirigía. Había probado a

preguntar a un par de personas, pero nadie había querido responderle. Dio

vueltas unos instantes, entre un olor a flores marchitas y a gatos vagabundos.

Luego, a lo lejos una mujer anciana le hizo una señal. Rápida y temerosa,

pero suficiente.

La tumba de Michele Vigilante estaba abajo, en uno de los últimos nichos

de la parte nueva del cementerio. Desnudo y frío. Sin flores, ni lamparilla, ni

foto. Un nombre grabado de mala manera sobre la lápida de piedra gris.

Le dolía la cara, todavía sentía los golpes del gitano, aunque los

cardenales ya estaban desapareciendo. Pero no le importaba, aquella era la

última vez que le había pegado. Al final Yleana lo había logrado, había hecho

lo que le había dicho Michele: irse muy lejos. Fuera, para siempre, sin que

nadie conociera su destino. Sin ella saber qué sería de su futuro.

Una nueva vida que estaba loca por abrazar, conocer, amar.

Se inclinó sobre la tumba de Michele y dejó un ramo de flores. Hizo un

leve gesto con la mano, casi una caricia, luego se marchó. Era el momento de

desaparecer.

Solo quería irse lejos de allí.

Se encaminó hacia la salida del cementerio, mientras un viento hostil

esparcía sus flores sobre la tumba de Michele.

Sobre la séptima lápida.

Terminaste La séptima lápida

Igor de Amicis

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