La serpiente de oro

Ciro Alegría · Capítulo 1 de 21

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La serpiente de oro

Prólogo

Ciro Alegría

 

La serpiente de oro

 

ePub r1.0

jugaor 18.07.15

Ciro Alegría, 1935

Editor digital: jugaor [www.epublibre.org]

ePub base r1.2

PRÓLOGO

 

En un país, como el Perú, de tan escasa memoria para lo bueno y lo malo, es significativo que nos congreguemos a celebrar «las bodas de plata» de un libro que es, sin lugar a dudas, pero también sin hipérbole de ningún género, hito fundamental en la novelística hispanoamericana.

No ignora el lector que por la época en que se escribió este libro, los autores de América Hispana acababan de afirmar su derecho a la autonomía literaria; que al afianzar la conciencia nacional y pretender sustentar ésta en expresiones populares, reconocían su realidad; y que, en ese ensayo de inscribir la presencia hispanoamericana en el proceso histórico-cultural del mundo contemporáneo, un deseo desbordante de autenticidad y la búsqueda desgarradora de un mensaje los impulsó a describir el medio rural y, especialmente, la región andina. El «indigenismo» fue, por eso, más allá de los límites escuetos del movimiento artístico, algo así como la revuelta y la revelación de una tarea. Pero además, con ese sincronismo asombroso que empareja los hechos literarios y sociales en nuestro continente, el «indigenismo» fue, en todas partes, un documento agrio, sombrío, rabioso, que invocaba la esperanza por el camino del desengaño y de la indignación; fue en cierta medida nuestra caja de resonancia frente al expresionismo europeo y norteamericano, aunque menos cultivado que intuitivo. Pocos periodos quedarán para la historia de nuestras letras, dominados, como ése, por una impresión tan deprimente; mosaico de figuras postradas y envilecidas, sin que entreviera el hombre una perspectiva de ascenso y dominio de la circunstancia.

En ese horizonte, Calemar (a orillas del Marañón, en una remota región del Perú) se convierte en escenario del mundo, y don Matías y su gente se alzan hasta adquirir el perfil de una humanidad arrogante, vigorosa, que no mueve ya a la compasión ni a la protesta, pero que, y ahí su mérito insólito en la época, incitan al asombro, a la admiración por el balsero que trabaja y crea, y devuelven al ser humano el señorío de la realidad y el derecho a establecer las normas vitales.

Los personajes de La serpiente de oro están recortados sobre el molde de ese río imponente y furioso que es el Marañón; mas si la naturaleza define al hombre, en la identidad trascendente que emerge de dicho contacto el paisaje se subordina al personaje, y el hombre, la acción del hombre, con su poesía y su tragedia, con su sentido rural y su lenguaje arcaico, se subliman en arte verdadero y en emoción conmovedora e inolvidable.

Con La serpiente de oro el «indigenismo» empieza a ser «nativismo», lo local se torna universal, y la adhesión transitoria se convierte en destino: el destino de un pueblo. Y aunque la intención haya sido la misma que privó en otras obras: denunciar que frente al absurdo centralismo hierve la vitalidad provinciana, que ante el oficialismo absorbente se yergue la dignidad de la persona y la tradición comunal, nunca antes se había escrito —entre nosotros— un canto más hermoso a la conciencia del hombre ni a la humanidad de su destino.

ALBERTO ESCOBAR

(1960)