Las dictaduras de nuestro tiempo

Andreu Nin · Capítulo 1 de 41

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Las dictaduras de nuestro tiempo

Prólogo de la edición castellana

Andreu Nin

 

Las dictaduras de nuestro

 

tiempo

 

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Titivillus 07.07.2021

Título original: Les dictadures dels nostres dies

Andreu Nin, 1930

Editor digital: Titivillus

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Prólogo de la edición castellana

 

Las tesis fundamentales sostenidas en esta obra se han visto plenamente confirmadas por los acontecimientos desarrollados en nuestro país después de la publicación de la misma en catalán. El fracaso de la dictadura militar ha agravado —como lo preveíamos— la crisis del régimen, acelerado el proceso revolucionario y puesto en evidencia el papel reaccionario de la burguesía contemporánea.

La dictadura de Primo de Rivera cayó porque se mostró incapaz de realizar las tareas que le habían sido confiadas. La crisis sigue sin resolver, y el remedio no se halla ni en la dictadura descarada —que ha fracasado estrepitosamente—, ni en la dictadura encubierta disfrazada con los oropeles de la democracia. España no ha realizado todavía la revolución democrática, pero ésta no será en nuestro país, como lo ha sido en el siglo XIX en los países capitalistas avanzados, obra de la burguesía. Esta, aterrorizada por el ejemplo de Rusia, temerosa de perder sus privilegios en el huracán revolucionario, se arroja en brazos de los elementos feudales del país y se convierte en una fuerza netamente contrarrevolucionaria. Las declaraciones monárquicas de la Lliga Regionalista, el partido de la gran burguesía catalana, son, en este sentido, extremadamente sintomáticas.

La misión de efectuar la revolución democrática corresponderá al proletariado, apoyado por las masas campesinas y pequeño-burguesas, incapaces, por la situación que ocupan en el régimen económico burgués, de desempeñar un papel histórico independiente y decisivo. Desgraciadamente, la clase obrera española, dividida, desorganizada, carente de un partido revolucionario poderoso, de cuadros capacitados y de una orientación firme, se encuentra en la trágica situación de no poder aprovecharse de las circunstancias excepcionalmente favorables que se le ofrecen. Esto retrasará por algún tiempo el desenlace inevitable, pero no lo aplazará indefinidamente. La crisis profunda por que atraviesa España no hallará, no puede hallar una solución en el marco del régimen burgués. El proletariado, que en los períodos tormentosos y revolucionarios avanza con prodigiosa rapidez, se irá preparando y capacitando, en el fuego de la lucha, para los combates decisivos, y después de vencer a las fuerzas burgueso-feudales coaligadas destruyendo la dictadura, descarada o encubierta, de las minorías explotadoras, instaurará el poder del trabajo y, con él, la verdadera democracia, puesto que será el poder ejercido por la inmensa mayoría de la población.

La rapidez de este proceso depende de la medida en que la clase obrera vaya tomando conciencia de la misión histórica que le incumbe y se percate de la necesidad de emanciparse de las ilusiones democrático-burguesas y de actuar, en las luchas inminentes, con plena independencia política. Las circunstancias son duras y difíciles, pero las posibilidades, inmensas. Sólo la acción enérgica y revolucionaria del proletariado, apoyado por las masas pequeño-burguesas de la ciudad y el campo, puede salvar al país. O la revolución proletaria, y con ella el orden, o un período caótico de convulsiones y de desastre económico: he aquí el dilema que se ofrece a nuestro país.

 

Andrés Nin

Barcelona, 16 de octubre de 1930.