Milagros de Nuestra Señora

Gonzalo de Berceo · Capítulo 13 de 26

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Milagros de Nuestra Señora

12. El prior de San Salvador y el sacristán Uberto

 

281 En una villa bona que la claman Pavía,

cibdat de grand facienda, yace en Lombardía,

habié dentro en ella una rica mongía,

de muchos bonos homnes, muy sancta compañía.

282 Era el monesterio alzado en honor

del que salvó el mundo, señor Sant Salvador;

habié por aventura en elli un prior

que non querié vevir si non a su sabor.

283 Habié el bon homne una lengua errada,

dicié mucha horrura de la regla vedada;

facié una tal vida non mucho ordenada,

pero dicié sus oras en manera temprada.

284 Habié una costumne que li hobo provecho,

dicié todas sus oras como monje derecho,

a las de la Gloriosa siempre sedié erecho;

aviel el dïablo por ello grand despecho.

285 Peroque semejaba en unas cosas boto

e como vos disiemos que era bocarroto,

en amar la Gloriosa era muy devoto,

dicié el su oficio de suo corde toto.

286 Hobo cuanto Dios quiso est prior a finar,

cadió en un exilio, en áspero logar,

non vos podrié nul homne el lacerío contar

que el prior levaba, nil podrié asmar.

287 Habié un sacristano en esa abadía

que guardaba las cosas de la sacristanía;

Uberto habié nomne, cuerdo e sin folía,

valié más ca non menos por elli la mongía.

288 Ante de los matines, una grand madrugada,

levantóse est monje rezar la matinada,

tañer a los matines, despertar la mesnada,

endrezar las lámpadas, allumnar la posada.

289 El prior de la casa, de suso ementado,

año habié complido de que fuera finado,

pero fue el su pleito en cabo recentado,

tan bien como al día cuando fo soterrado.

290 El monje de la casa que sacristano era,

ante que empezase tañer la monedera,

alimpiaba las lámpadas por fe mejor lumnera,

priso un grand espanto de estraña manera.

291 Udió una voz d'homne, flaquiella e cansada,

dijo: «Fraire Ubert», non sola una vegada;

conocióla Ubert e non dubdó en nada

que la del prior era; priso grand espantada.

292 Salió de la eglesia, fo a la fermería,

non levaba de miedo la voluntat vacía,

non irié tan apriesa yendo en romería,

¡don Bildur lo levaba par la cabeza mía!

293 Estando de tal guisa fuera de las vertudes,

udió: «Ubert, Ubert, ¿por qué me non recudes?

Cata, non hayas miedo, por ren non te demudes,

piensa cómo me fables e cómo me pescudes.»

294 Estonz dijo Ubert: «Prior, ¡se que debedes!

de vos cómo estades, vos me lo reguncedes,

que sepa el cabildo de vos como sedes,

en cuál estado sodes o cuál lo atendedes.»

295 Dísoli el prior: «Ubert, el mió crïado,

sepas hasta aquí mal ha de mi estado;

cadí en un exilio crudo e destemprado:

el príncep de la tierra Smirna era clamado.

296 Sufrí mucho lacerío, pasé mucho mal día,

el mal que he pasado contar no lo podría,

mas hobo a pasar por y Sancta María,

hobo pesar e duelo del mal que yo sufría.

297 Prísome por la mano e levóme consigo,

levóme al logar temprado e abrigo;

tollióme de la premia del mortal enemigo,

púsome en logar do vivré sin peligro.

298 ¡Grado a la Gloriosa que es de gracia plena!

fuera só del lacerío, esido só de pena;

caí en dulz vergel cerca de dulz colmena,

do nunca veré mengua de yantar nin de cena.»

299 Calló la voz con tanto, despertó el conviento,

fueron a la eglesia todos de buen taliento;

disieron los matines, ficieron complimiento,

de guisa que podrié Dios haber pagamiento.

300 Los matines cantados, esclareció el día,

disieron luego prima, desend la ledanía,

fueron a su capítulo la sancta compañía,

ca esto es de regla, costumne de mongía.

301 Estando en capítulo, leída la lectión,

fizo el sacristano su genuflexïón;

contólis al conviento toda la visïón,

plorando de los ojos a muy grand misïón.

302 Rendieron todos gracias a la Madre gloriosa,

que sobre sos vasallos es siempre pïadosa;

fueron a la eglesia cantando rica prosa,

ficieron en escripto meter toda la cosa.

303 End a poco de tiempo murió el sacristano,

murió de fin cual dé Dios a tot cristiano,

isió de mal ivierno, entró en buen verano,

fo pora paraíso do será siempre sano.

304 Esto es sumum bonum servir atal Señora,

que sabe a sus siervos acorrer en tal hora;

ésta es buena tienda, ésta buena pastora,

que bale a tot homne que de buen cor la hora.

305 Cuantos que la udieron esta tal visïón

cogieron en sus almas mayor devocïón,

en amar la Gloriosa de mayor corazón,

aclamarse a ella en su tribulación.