No me puedes lastimar

David Goggins · Capítulo 1 de 12

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No me puedes lastimar

Introducción

 

¿Sabes quién eres realmente y de lo que eres capaz?

Estoy seguro de que piensas que sí, pero creer en algo no lo convierte en

verdad. La negación es la máxima zona de confort.

No te preocupes, no estás solo. En cada ciudad, en cada país, por todo el

mundo, millones deambulan por las calles, con la mirada perdida como

zombis, adictos a la comodidad y al confort, adoptando una mentalidad de

víctima e inconscientes de su verdadero potencial. Esto lo sé porque conozco

y escucho de esto todo el tiempo y porque, al igual que tú, yo solía ser una de

esas personas.

Yo tenía una maldita excusa también.

La vida me repartió una mala mano. Nací roto, crecí con golpizas, me

atormentaban en la escuela, me llamaron nigger más veces de las que puedo

contar.

Mi familia y yo fuimos pobres en alguna época, sobreviviendo gracias a la

asistencia pública, habitando en una casa subsidiada por el gobierno, y

mientras tanto mi depresión era asfixiante. Vivía la vida desde el fondo de un

barril, y mi futuro previsible era una mierda desoladora.

Muy poca gente sabe cómo se siente estar hasta el fondo, pero yo sí. Son

como arenas movedizas; se aferran a ti, te jalan hacia abajo, y no te dejan ir.

Cuando la vida es así es fácil andar a la deriva y continuar tomando las

mismas decisiones cómodas que están acabando contigo, una y otra vez.

Pero la verdad es que todos tomamos habitualmente decisiones que nos

autolimitan. Es tan natural como un atardecer y tan fundamental como la

gravedad. Es la manera en la que están diseñados nuestros cerebros, y es la

razón por la cual la motivación es una mierda.

Incluso la mejor charla motivacional o atajo de autoayuda no es nada más

que una solución temporal. No va a reconfigurar tu cerebro. No va a

amplificar tu voz ni va a elevar tu vida. La motivación no cambia a nadie. La

mala mano que era mi vida era algo que yo, y sólo yo, podía enmendar.

Así pues, busqué el dolor; me enamoré del sufrimiento y, eventualmente,

pasé de ser el jodido cabrón más débil y miserable en el planeta, al hombre

más duro que Dios jamás creó; o al menos eso me digo a mí mismo.

Lo más probable es que hayas tenido una infancia mucho mejor que la

mía, e incluso ahora puede que tengas un nivel de vida bastante decente; pero

no importa quién seas, o quiénes tus padres sean o hayan sido, dónde vivas,

en qué trabajes, o cuánto dinero tengas; lo más probable es que estés viviendo

cerca del 40 por ciento de tu verdadera capacidad.

Qué maldita vergüenza.

Todos contamos con el potencial de ser mucho más.

Hace algunos años fui invitado a formar parte en un panel en el Instituto

de Tecnología de Massachusetts. Nunca había puesto un pie en una sala de

conferencias siendo estudiante. Apenas me gradué de la preparatoria, no

obstante estaba en una de las instituciones más prestigiosas del país para

discutir sobre fortaleza mental con un puñado de otros panelistas. En un punto

de la discusión, un estimado profesor del MIT dijo que cada uno tenemos

limitaciones genéticas. Techos infranqueables. Que simplemente hay algunas

cosas que no podemos hacer sin importar qué tan mentalmente fuertes

seamos. Cuando alcanzamos nuestro techo genético, sostenía, la fortaleza

mental ni siquiera entra en la ecuación.

Todas las personas en la sala parecían aceptar esta versión de la realidad,

pues este profesor titular de gran experiencia era reconocido por su trabajo de

investigación sobre fortaleza mental. Se trataba del tema de investigación de

su vida; aunque también se trataba de un montón de tonterías, y en lo que a mí

respecta estaba utilizando la ciencia para facilitarse la vida.

Había permanecido callado hasta entonces porque estaba rodeado de todas

estas personas inteligentes, sintiéndome un tonto; pero una persona de la

audiencia notó el rostro que hice y me preguntó si estaba de acuerdo. Y si tú

me haces una pregunta directa, no responderé con timidez.

«Hay algo qué decir sobre vivir una experiencia en vez de estudiarla»,

dije, entonces me giré hacia el profesor. «Lo que ha dicho es cierto para la

mayoría, pero no para el 100 por ciento. Siempre habrá un 1 por ciento

conformado por quienes estamos dispuestos a hacer el esfuerzo de desafiar a

las probabilidades».

Proseguí a explicar lo que conocía de mi propia experiencia. Que

cualquiera puede convertirse en una persona completamente distinta y

alcanzar lo que los llamados expertos, como el profesor, claman que es

imposible; pero toma mucho corazón, voluntad, y una mente blindada.

Heráclito, un filósofo nacido en el imperio persa durante el quinto siglo

a. C., tenía razón cuando escribió sobre los hombres en el campo de batalla.

«De cada cien hombres», dijo, «diez no deberían de siquiera estar ahí, ochenta

son meros blancos, nueve son los verdaderos combatientes, y tenemos suerte

de tenerlos, pues ellos librarán la batalla. Ah, pero hay uno, uno que es un

guerrero…».

Desde el momento en que tomas tu primer aliento, te vuelves candidato

para morir. También te vuelves candidato para encontrar tu grandeza y

convertirte en ese Único Guerrero; mas depende de ti equiparte para la batalla

que se avecina. Sólo tú puedes dominar tu mente, lo cual es necesario para

vivir una vida audaz llena de los logros que la mayoría considera fuera de sus

capacidades.

Yo no soy un genio como esos profesores del MIT, pero sí soy ese

Guerrero Único. Y la historia que estás a punto de leer, la historia de mi

jodida vida, te mostrará un camino probado hacia el autodominio y te

empoderará para enfrentar tu realidad, hacerte a ti mismo responsable,

empujarte más allá del dolor, enseñarte a amar lo que temes; a que disfrutes

del fracaso, a que vivas tu máximo potencial, y para que averigües quién eres

en verdad.

Los seres humanos nos transformamos a través del estudio, el hábito y las

historias. A través de mi historia conocerás de lo que el cuerpo y la mente son

capaces cuando son llevados a su límite, y de cómo se llega hasta ese punto.

Porque cuando estás determinado, lo que sea que esté frente a ti, sea racismo,

sexismo, lesiones, divorcios, depresión, obesidad, tragedia o pobreza, se

convierte en el combustible para tu metamorfosis.

La serie de pasos descrita aquí da cuenta de un algoritmo evolutivo, uno

que arrasa barreras, resplandece de gloria y entrega paz duradera.

Espero que estés preparado. Es tiempo de ir a la guerra contigo mismo.