Notas de la cárcel
La rda, sus realizaciones y su liquidación
LA RDA, SUS REALIZACIONES Y SU
LIQUIDACIÓN
FUE literalmente a partir de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial como se edificó la nueva industria de la RDA. Pese a los múltiples desmontajes de
instalaciones efectuados a título de reparaciones[58], millones de trabajadores reconstruyeron sus fábricas, a imagen de las acerías de Brandenburgo. Después, edificaron ramas industriales enteras que no existían anteriormente en el territorio de la RDA. No sólo nosotros, sino organismos internacionales, contaban a la RDA entre las diez primeras potencias industriales.
La Deutsche Reichsbahn [Ferrocarriles Alemanes] ofrecía a esta industria fuertemente desarrollada infraestructuras ferroviarias de calidad, aunque todas sus
líneas fueran transformadas tras la guerra en vías únicas[59] y esta desventaja no hubiera sido enteramente compensada todavía en 1989. Sin eso, el desarrollo industrial no habría sido posible. Hasta 1958, importantes complejos químicos, centros de ingeniería, empresas de construcción del automóvil, ferroviaria y de máquina-herramienta siguieron siendo propiedad soviética. 26 sociedades soviéticas «por acciones» reunían las principales empresas que trabajaban por cuenta de la Unión Soviética, muy debilitada económicamente por la guerra. La sociedad Wismut tenía el mismo estatus. Tanto sus instalaciones productivas como su equipamiento en viviendas fueron financiados hasta 1989 principalmente por la RDA.
Estas observaciones no pretenden para nada denigrar los esfuerzos que hizo la Unión Soviética y que permitieron a la RDA acelerar su desarrollo. Sólo una estrecha colaboración con la URSS puso las bases del desarrollo de la RDA durante cada fase de su existencia. No obstante, si tenemos en cuenta estos hechos históricos así como varios otros más, sería difícil sobrestimar los logros realizados por los obreros, los empleados, los técnicos y los científicos del país. En el momento de su creación, la RDA no podía apoyarse en ninguna base industrial ni en ninguna fuente de materias primas. Las fronteras establecidas entre las zonas de ocupación pusieron fin a la unidad económica de Alemania en lo poco que ésta existía todavía. Hubo en la práctica un verdadero bloqueo, primero contra la zona de ocupación soviética, luego contra la RDA. Los ciudadanos de nuestro Estado eran al menos tan asiduos al trabajo como los alemanes occidentales. Sus realizaciones creaban las condiciones necesarias para garantizar el derecho al trabajo, a la formación y al descanso… en suma, para que la sociedad fuera realmente solidaria. Gracias al ardor en el trabajo de sus obreros, sus campesinos, sus científicos, y a la participación activa de su gobierno, la RDA era el único país socialista capaz de resolver el problema alimentario para sus ciudadanos. El complejo agro-industrial se apoyaba en una investigación puntera gracias a la cual la producción de cereales y de proteínicos sobrepasó los 11 millones de toneladas a partir de 1981. Las estructuras cooperativas permitían a los campesinos ejercer su dinamismo. Su futuro estaba asegurado y su nivel de vida era satisfactorio. Todo esto fue salvajemente destruido desde 1989. Centros comerciales occidentales inundaron lo que todavía era la RDA con sus productos. Las patatas, las frutas y casi todo lo que se producía localmente no tenía salida sino a precios irrisorios. El sistema cooperativo fue víctima de la introducción de las leyes alemanas occidentales y de la Política Agrícola Común. No queda hoy más que un cuarto de los 800 000 empleos que contaba la agricultura.
Las entregas de materias primas soviéticas eran indispensables para nuestra economía. Que algunos hombres políticos y teóricos crean poder afirmar que la RDA habría podido adoptar una posición más autónoma en el marco de la comunidad socialista no cambia nada al hecho de que la RDA no podía sino seguir la vía de una estrecha asociación. Las cifras referentes a las entregas soviéticas de materias primas y productos semielaborados durante el plan 1981-85 pueden servir de ejemplo convincente. La Unión Soviética entregó, durante este periodo, 95 millones de toneladas de petróleo, 32 millones de m3 de gas, 21 millones de toneladas de carbón, 8,5 millones de toneladas de hierro, 4,8 millones de toneladas de fundición, 211 500 toneladas de cuero, 65 000 toneladas de aluminio, 7,7 millones de toneladas de fibra de madera, 257 000 toneladas de celulosa, 440 000 toneladas de algodón y gran cantidad de otros productos importantes. No se trata aquí más que de hacer más claro el hecho de que la Unión Soviética constituía la garantía de que el trabajo de edificación de la RDA podía continuar y avanzar. Aunque disguste a los que hoy quieren rescribir la historia, nadie puede negar esto, como no se pueden negar las condiciones de total boicot económico creadas por la actividad de la RFA y los aliados occidentales. Sin la ayuda soviética, ni la clase obrera más capaz, los campesinos más valientes y la intelectualidad más competente, hubieran conseguido hacer de la RDA un país industrial y agrario tan poderoso como lo era todavía en 1989.
Naturalmente algunos hoy se esfuerzan en desacreditar a posteriori los logros económicos de la RDA. Esto hace notablemente más fáciles las tentativas de rebajar a la RDA al rango de país en vías de desarrollo. En realidad no se toma en cuenta la economía de la RDA salvo en la medida que ésta no hace sombra a las salidas de las empresas situadas en el Oeste de Alemania. Está claro hoy que la química de la RDA fue seriamente amputada porque las capacidades de producción de la química alemana occidental eran excedentarias. La industria textil de la RDA fue destruida porque el textil está «adelgazando» sus efectivos en el Oeste. Sucedió igual con las industrias siderúrgicas y metalúrgicas, las empresas de electrónica, los astilleros navales y otras ramas de la industria.
La desindustrialización de la RDA es un crimen contra todas las gentes trabajadoras que construyeron una industria nueva en lo que fue la Alemania central, con un esfuerzo de varias décadas. Desde el punto de vista de la civilización, esta desindustrialización es una vergüenza, porque la vida profesional es la base de la cultura. No es porque la química huele mal que las empresas químicas de la RDA fueron destruidas. La química huele mal también en occidente. Esta destrucción se debió únicamente a motivos ligados a la competencia.
Es igualmente idiota y simplemente indigno borrar de la historia alemana las realizaciones culturales de la RDA. No pienso sólo en realizaciones fundamentales y transformadoras tales como el sistema educativo de la RDA, tras la destrucción del fascismo hitleriano, la creación sistemática de guarderías para los niños, de escuelas infantiles y otras instituciones destinadas a ello, la puesta en marcha de la moderna escuela de diez grados y de enseñanza general que nivelaba el camino de la vida que se presentaba delante de todos los niños salidos del pueblo, o en un sistema de formación profesional inicial que correspondía a las necesidades, englobaba todas las ramas profesionales y terminaba para todos en un empleo, o en la multiplicación de los institutos y la extensión del sistema de salud, en la acción de las diferentes academias. Hubo y quedan aún grandes realizaciones culturales, lo que fue reconocido en el mundo entero. Estos hechos no podrán ser contestados duraderamente, como tampoco la existencia de un gran número de monumentos y lugares de memoria que fueron construidos de nueva planta por miles de trabajadores de la RDA y del extranjero y que siguen abiertos al público de hoy. Hablar de estos lugares obliga a recordar, no sólo los que fueron reconstruidos o restaurados hace 20 o 30 años, sino igualmente los que fueron salvados y reabiertos al público poco tiempo después de la liberación. Pienso en ciertos teatros de Berlin, así como en museos, en el Teatro Nacional de Weimar, en el Zwinger de Dresde. Pienso también en la reconstrucción de la Ópera del Estado, del Teatro Alemán, del teatro de cámara Kammerspiele, de la sala de conciertos del Schauspielhaus (en Berlin) en el palacio
de los pioneros del Wuhlheide cerca de Berlin, en el Palacio de la República[60], en iglesias como la Französischer Dom, en el centro de deportes y juegos de Berlin, en la Ópera de Dresde, y en el Gewandhaus de Leipzig. Muchas instituciones más modestas, gestionadas por la Academia de ciencias, se remontan a la época del socialismo, por ejemplo, las casas de Otto Nagel, Arnold Zweig, Ernst Busch, la casa de Brecht y toda una serie de otros lugares excelsos de la vida cultural y espiritual de Alemania, como por ejemplo en Weimar.
Cuando las relaciones entre los dos Estados alemanes eran buenas, varias personalidades importantes de Alemania occidental que mantienen su rango y cuyo nombre sigue siendo conocido, hicieron saber hasta qué punto estaban impresionados por la manera en que la RDA había sabido reconstruir los monumentos destruidos y dotarse de equipamientos culturales nuevos. En esa época, decían que era un ejemplo en el que la RFA haría bien en inspirarse. Hoy se habla de esto de forma muy diferente o no se evoca en absoluto. Pero después de todo, las realizaciones de la RDA hablan por sí mismas.