Notas de la cárcel
Kohl y las relaciones con bonn
LA retirada de Helmut Schmidt y la elección de Kohl al puesto de Canciller federal crearon una situación nueva en las relaciones interalemanas. El partido que él dirigía, la CDU, había efectivamente intentado obstaculizar todos los pasos hacia delante en el lento proceso de normalización de relaciones entre la RFA y la RDA…
Pienso en Willy Brandt, Helmut Schmidt, Herbert Wehner y Egon Bahr. Ellos rompieron el hielo y comenzaron a crear las condiciones para la firma del Tratado Fundamental. Éste fue seguido de la entrada de la RDA y la RFA en la ONU como miembros gozando de iguales derechos. Tales evoluciones constituyeron un giro en la política europea. El contexto evolucionaba poco a poco de la confrontación a la cooperación. La confrontación no dejó sin embargo de convivir con la cooperación. La CDU de Kohl y la CSU de Strauss no dejaron de manifestar una oposición de las más violentas a la política de normalización. Por esa cuestión se produjo la dimisión
de Willy Brandt. Éste debió abandonar su puesto tras el caso Guillaume[32], un error de los servicios secretos de la RDA que nada puede excusar. Sólo la Conferencia de Helsinki abrió el camino a la cooperación con el Gobierno de la RFA gracias a mi encuentro con Helmut Schmidt. Vino después la visita de este último a la RDA. La cual desembocó en resultados positivos, aunque su final estuvo empañado por la
repentina proclamación del estado de sitio en Polonia[33] [34] por W. Jaruzelski.
Algún tiempo más tarde, cuando parecían abrirse perspectivas para las relaciones interalemanas, Helmut Schmidt debió abandonar bruscamente su puesto de Canciller tras la ruptura de la coalición social-liberal en Bonn. Helmut Schmidt me telefoneó para informarme de sus intenciones. Le expresé mi pesar por esta inminente retirada y mi agradecimiento por la calidad de la cooperación realizada con él. Y llegamos al Canciller Kohl. Ninguno de nosotros sabía qué aspecto tomaría el futuro de las relaciones entre la RFA y la RDA… Se trataba del hombre que dirigía la oposición en el Bundestag desde hacía años. Había tomado posición sistemáticamente contra toda mejora de las relaciones con la RDA. En adelante, sería Canciller. Su declaración de política general arrojó no obstante cierta luz al pronunciarse por la prosecución de la aplicación de los Tratados de la Ost-politik. Las relaciones interalemanas podían continuar y desarrollarse. Se trataba de una cuestión importante en esa época para reducir el nivel de confrontación y valorizar la cooperación entre Estados con sistemas sociales diferentes.
Nuestro objetivo principal era establecer relaciones normales entre los dos Estados alemanes: el socialista y el capitalista. Ello iba en interés de la paz y de los ciudadanos de los dos Estados.
Utilizado por última vez por Helmut Schmidt, sonó el teléfono un día en mi casa. Me preguntó si, y cuándo, estaría yo dispuesto a hablar con el Canciller Kohl. Naturalmente, yo estaba listo. Esta conversación telefónica trató sobre la prosecución de las relaciones entre la RFA y la RDA tras el cambio de Gobierno en Bonn. Intercambiamos propuestas sobre futuros encuentros entre nosotros. Todo lo que se
discutió en esta ocasión figura en las correspondientes actas[35].
Nuestro encuentro se hizo posible por una triste ocasión: el funeral de
Chernenko[36].
Tuvo lugar el 12 de marzo de 1985 en una casa de recepciones del Gobierno soviético en los Montes Lenin de Moscú. En una atmósfera abierta, tomamos disposiciones de principio para el futuro de nuestras relaciones. El Canciller se esforzaba visiblemente en crear un buen ambiente para la visita que yo proyectaba hacer a Bonn.
Ésta tuvo lugar en 1987. En Moscú se habían tratado problemas del mantenimiento de la paz sobre la base de la existencia de dos Estados alemanes soberanos y en el respecto de su independencia y de la inviolabilidad de sus territorios. Fue elaborada una declaración final por Teltschik y Hermann, respectivamente colaborador de Kohl para los asuntos extranjeros, y secretario de Estado de la RDA. Expresamos firmemente nuestra voluntad de que sólo la paz
saliese en el futuro de suelo alemán[37].
En los intervalos entre sesiones de trabajo, tuve la ocasión de discutir con Kohl
sobre la resistencia a Hitler en Alemania, de la acción de Hans y Sophie Scholl[38], y de otras cosas. Convinimos un plazo para un asunto importante: mi visita oficial a la RFA. Era de entrada una cuestión de conveniencia. Se trataba de devolver la visita efectuada a la RDA por Helmut Schmidt. Por supuesto, era además necesario mejorar todo lo posible las relaciones entre la RFA y la RDA. Ya sabemos que nuestro encuentro de Moscú había permitido mejorar las posibilidades de circulación entre la RDA, de un lado, y la RFA y Berlin Occidental de otro. Más tarde mantuve encuentros con dirigentes del SPD. Los gobiernos de los dos países determinaron la fecha de mi visita oficial.
Debo revelar lo que sigue a este respecto: mi visita a la RFA debió tener lugar ya en 1981. La idea había sido discutida con las direcciones de la CDU y el SPD. Entonces apareció en «Pravda» un violento artículo titulado: «Por un camino equivocado». Se trataba del proyecto de visita. No dudé en llamar a Chernenko por teléfono. Estaba de vacaciones y convinimos una cita en Moscú. Participaron en este
encuentro los camaradas Hermann Axen[39] [40] [41] , Kurt Hager y Erich Mielke por la RDA, Chernenko, Gorbachov, Ustinov, Shebrikov, Rusakov y Grichenko representaban a la dirección soviética.
Expresé claramente mi punto de vista: ese artículo era calumnioso para la RDA. Todos los presentes se expresaron. Gorbachov concluyó por la parte soviética. Explicó largamente por qué esa visita no debía tener lugar. Respondí que no podíamos decidir sobre eso inmediatamente. Esa decisión se tomaría en Berlin. Los resultados de este encuentro son sin embargo conocidos: la visita a la RFA se atrasó tres años.
Fui recibido amistosamente en Bonn en septiembre de 1987. Por primera vez se oyó allí el himno nacional de la RDA. Se rindió el conveniente homenaje a su bandera. Al contrario del contenido de nuestras entrevistas privadas que se habían desarrollado en un espíritu constructivo, los discursos públicos de Kohl estuvieron trufados de conceptos agresivos. Es sabido que respondí a esto en una recepción oficial introduciendo en mi discurso el pasaje siguiente: «el socialismo y el capitalismo son tan poco susceptibles de mezclarse como el agua y el fuego». No obstante, con la perspectiva del tiempo, debo decir que las negociaciones se desarrollaron con una voluntad cierta de obtener resultados concretos. Fueron positivamente comentadas por los medios en la RDA. Pero el contenido de las discusiones probó que los discursos pronunciados en Moscú sobre la división de
Alemania en dos Estados habían encontrado cierto eco[42].
El Canciller Kohl efectuó, y esto es una anécdota, una visita oficiosa a la RDA, de Weimar a Dresde, en 1988. Los medios se abstuvieron de hacerlo saber.