Ojos de ambar

Joan D_ Vinge · Capítulo 3 de 14

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Ojos de ambar

Comentario

sigues viva.

–¿Por qué? – la voz de Ahtseet reverberó débilmente en el viento.

T’uupieh rió amargamente.

–¿Por qué? Para mantener los caminos limpios de rufianes. ¡Para hacer que el Gran Señor ame más a su leal servidora, y la recompense aún mejor, mi querida hermana! Y para hacer que Klovhiri me odie. ¡Ojalá el saber que me debe vuestras vidas le devore las entrañas! Pasa libremente a través de mis tierras, Ahtseet; te lo permito…, por esta vez.

T’uupieh retrocedió del borde del risco y se alejó cansinamente, sin preocuparse de si Ahtseet le creería o no. Su gente aguardaba inmóvil, reunida en silencio alrededor del cadáver del bliell.

–¿Y ahora qué? – preguntó Y’lirr por todos ellos, mirando al demonio.

Y ella respondió. Pero lo hizo directamente al silencioso ojo de ámbar del demonio:

–Parece que después de todo le dije la verdad a Chwiul, mi demonio. Le dije que después de hoy él no iba a necesitar su casa de la ciudad… Quizás el Gran Señor lo considere un trato justo. Quizá pueda arreglarse. La Rueda del Cambio nos arrastra a todos, pero no con la misma facilidad. ¿No es así, mi hermoso Shang'ang?

T’uupieh palmeó afectuosamente el caparazón del demonio, calentado por el ya avanzado día, y se sentó en el suelo reblandecido en espera de la respuesta.

COMENTARIO

Ojos de ámbar es una historia de Cenicienta… figuradamente, si no literalmente. Ben Bova me escribió para pedirme si le escribía una historia como base de su “número femenino” de junio de 1977 de la revista Analog, y el plazo máximo que me dio era de cerca de un mes. Me sentí encantada, pero al mismo tiempo preocupada, pues yo escribo muy lento, y no tenía ninguna historia almacenada en ningún rincón de mi cabeza por aquel entonces, que estuviera simplemente esperando a ser escrita. Tenía que sacar algo del sombrero…, o de mi caja de ideas, en este caso.

Una caja de ideas es una herramienta tremendamente útil para un escritor.

Descubrí que una caja para tarjetas de ocho por doce centímetros sirve perfectamente para mantener mi colección en orden. A menudo una sola idea no es suficiente para sostener el andamiaje de toda una historia, pero resulta útil coleccionar ideas y guardarlas juntas en algún lugar. En tiempos de necesidad uno puede recurrir a ellas y extenderlas ante sí, combinarlas y recombinarlas hasta que empiezan a crear resonancias interesantes que permiten construir una historia. Asi es esencialmente como creé “Ojos de ámbar”.

Empecé tomando la idea de una relación emocional íntima -pero no física-entre un ser humano y un alienígena, de un libro que había leído acerca de un indio y un lobo, y le añadí los detalles de un sueño que había tenido acerca de una mujer asesina en un escenario medieval. Tomé también la sugerencia de mi esposo Vernor, de situar la historia en Titán, una luna de Saturno, uno de los pocos cuerpos en el sistema solar que los científicos creen tiene el potencial suficiente como para desarrollar alguna forma de vida. Puesto que la música me inspira frecuentemente, le entretejí también elementos de una canción popular acerca de un “demonio amante” benigno.

Mezclando todos esos elementos creé la trama básica de la historia. Una vez dispuesta la base, me senté, y escribí y escribí, a veces diez o doce horas al día. Mi índice básico de producción de palabras es bastante escuálido, aunque constante. Para escribir rápido debo hacerlo a lo largo de muchas horas, y el proceso de escribir es una especie de prolongada ensoñación,