¡Paternidad a carcajadas! 1

Antón Cruces · Capítulo 3 de 14

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¡Paternidad a carcajadas! 1

2. ¡Que al final son dos!

 

 

Estimado Capitán:

Giro inesperado de los acontecimientos.

Tengo el corazón a mil por hora. ¡La que se me viene encima! La cosa empezó muy normalita. Es lunes y aquí en la Tierra los lunes empieza la semana y toca trabajar. Trabajar es una cosa que hacemos los humanos para ganar dinero. Ganar dinero tiene un único objetivo: gastarlo. Una vez gastado el dinero, te quedas sin él y vuelta a empezar. Esto funciona en ciclos mensuales. Además, casi todo lo que compran los humanos no es necesario para la vida. Ridículo. Esta gente es así. Yo también he tenido que buscarme un trabajo de esos para conseguir dinero. Soy periodista. Reciclado a guionista. Me invento cosas y me pagan. Como los políticos. Sí, ya sé que suena muy divertido, pero en realidad no lo es; de hecho, mi trabajo es uno de los menos creativos de todo el equipo de televisión con el que trabajo. En realidad soy una especie de recopilador de datos. A veces meto chistes en los guiones, pero son para consumo propio. Como la heroína. Los escribo, los leo, me río y después los borro. ¿Más cosas que debe saber de mi trabajo? ¡Ah, sí! El mundo del audiovisual es bastante inestable. Hoy eres guionista y mañana asustas a las viejas en el parque. Ahora que voy a tener un hijo, esa inestabilidad laboral me aterra, Capitán, así que prefiero pensar a corto plazo. Como los concejales. Para no agobiarme. ¿A que es una postura inteligente? Antes de que me olvide: mi novia y yo vivimos en un país que se llama España. España es un lugar muy innovador. Por ejemplo: ahora se nos ha dado por votar dos veces al año. La gente de este lugar es muy eficaz y estoy seguro de que en breve alguien arreglará lo de la inestabilidad laboral que le comentaba. Perdone que me ande por las ramas, pero es que estoy bastante atacado. Como para no estarlo.

La cosa, Capitán, es que empieza el programa y en el plató hay dos invitadas, dos señoras de mediana edad que hablan de la menopausia y de cómo vivirla con alegría y jolgorio. La cuestión es que las señoras hablan como dos cotorras y aseguran que durante esta fase de su vida hay menor riesgo de infarto y no sé qué más. Mi teléfono empieza a vibrar en la mesa. Es un mensaje de ella, la futura madre de mi hijo (o hija). Qué raro suena: «la futura madre de mi hijo». Hoy tenía la primera cita en el ginecólogo para constatar que «el milagro de la vida» es real. Yo, por motivos laborales que me da la risa explicarle, no puedo acompañarla. «Pues sí que empezamos bien. Menudo desastre de padre», pienso. Me pregunta por mensaje si puedo hablar un momento. ¡Estoy en directo, por Dios! Claro que no. Pero dadas las circunstancias, la llamo. Seguro que el Mundo Menopausia puede subsistir un rato sin toda mi atención. Ella descuelga antes de que suene el primer tono.

—Cari, ya está. Todo bien —dice ella. En la Tierra, Capitán, se estila mucho llamar «cari» o «amor» a la pareja.

—¿Seguro? —esta es la típica pregunta que uno hace inconscientemente para provocar inseguridad en su interlocutor. Técnicas básicas de manipulación.

—Sí, amor. Estamos de cinco semanas y cuatro días —me emociono un poco y me da la sensación de que una de las señoras menopáusicas lo nota. Parece el Muñeco Diabólico. Menopausia sí, pero del infierno. ¡Tengo un hijo de cinco semanas y cuatro días! Pienso en cómo harán para afinar tanto estos cabrones. Cinco semanas, cuatro días y tres horas. Eso sí, decirme si llueve el fin de semana, eso ya no. Si ya le digo yo que estos son muy listos para unas cosas, pero para otras…

—¡Genial! —susurro.

—Te quiero —me dice. Hombre, como para no quererme, soy el futuro padre de tu hijo. Mal empezaríamos.

—Y yo a ti —es de bien nacido será agradecido.

—Cari, es que no me aguanto. ¡Que son dos!

—Bien, cari, dos ginecólogos. Así me gusta. Que pidas una segunda opinión. No está de más, muy bien hecho.

—¡Dos ginecólogos no! ¡Dos bebés! ¡Vamos a tener dos bebés! ¡Mellizos!

—…

Hongo nuclear.

—Cari, ¿estás ahí?

—…

Muerte cerebral.

Dos bebés.

¿Cómo que dos bebés? Creo que me está dando un infarto. Ojalá fuera menopáusico. Ni Hitchcock, joder, ni Hitchcock.

El mundo se congeló durante un segundo, Capitán, y empezó a girar de nuevo muy muy despacio. Escucho las risas de las menopáusicas a 45 rpm. Creo que se ríen de mí. ¿Dos hijos? ¿O sea que lo del predictor va por rayas o qué? ¿Dos rayas, dos hijos? Me mareo. Si lo llego a saber me hubiese dedicado a la fecundación profesional. Como Julio Iglesias. ¡Dos hijos! Si es que cuando me pongo lo bordo. Me lleva dos minutos digerirlo, uno por niño, pero una vez me proyecto en el futuro —y me veo con mis hijos por la calle, paseando, jugando— sonrío. ¡Claro que sí! ¡Mellizos! Me siento orgulloso de mi esperma, esperma de calidad, esperma del bueno, artesano. Apto para veganos. Las señoras menopáusicas recobran su velocidad normal, pero ya nada es igual. Todo ha cambiado. ¡Voy a ser papá de mellizos!

Desde luego, cómo le puede cambiar la vida a uno en un segundo.

Saludos, Capitán.