Poesías de Baltasar de Alcázar

Baltasar de Alcázar · Capítulo 56 de 105

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Poesías de Baltasar de Alcázar

Capítulo XXVII

VIDA DEL AUTOR EN LA VEJEZ.

Deseais, señor Sarmiento,

Saber en estos mis años,

Sugetos á tantos daños,

Como me porto y sustento.

Yo os lo diré en brevedad,

Porque la historia es bien breve,

Y el daros gusto se debe

Con toda puntualidad.

Salido el sol por Oriente

De rayos acompañado,

Me dan un huevo, pasado

Por agua, blando y caliente.

Con dos tragos del que suelo

Llamar yo néctar divino,

Y á quien otros llaman vino

Porque nos vino del cielo.

Quando el luminoso vaso

Toca en la meridional,

Distando por un igual

Del oriente y del ocaso,

Me dan asada ó cocida

De una gruesa y gentil ave,

Con tres veces del suave

Licor que alegra la vida.

Despues que cayendo viene

A dar en el mar Esperio,

Desamparando el imperio

Que en este horizonte tiene.

Me suelen dar á comer

Tostadas en vino mulso, Que el enflaquecido pulso

Restituyen á su sér.

Luego me cierran la puerta.

Yo me entrego al dulce sueño;

Dormido soy de otro dueño,

No sé de mí nueva cierta.

Hasta que habiendo sol nuevo,

Me cuentan como he dormido;

Y yo de nuevo les pido

Que me dén néctar y huevo.

Ser vieja la casa es esto,

Veo que se vá cayendo;

Vóile puntales poniendo,

Porque no caiga tan presto.

Mas todo es vano artificio;

Presto me dicen mis males

Que han de faltar los puntales

Y allanarse el edificio.