Polvo eres y tres obras más

Harold Pinter · Capítulo 1 de 6

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Polvo eres y tres obras más

Luz de luna

 

PERSONAJES

Bridget

Andy

Bel

Fred

Jake

María

Ralph

Bridget a media luz.

 

Bridget

No puedo dormir. No hay luna esta noche. Está tan oscuro que mejor

bajaré a caminar. No haré ruido. Me estaré quietecita. Nadie me

escuchará. Está tan oscuro. Yo sé que todo se vuelve más silencioso en la

oscuridad. Pero no quiero que nadie se entere de que yo me muevo de

noche. No quiero despertar a mi padre y a mi madre. Están tan cansados.

Nos han entregado tanto de su vida, a mí y a mis hermanos. Toda su

vida, en realidad. Todas sus energías, todo su amor. Necesitan dormir en

paz y despertar descansados. Debo asegurarme de que así sea. Es mi

tarea. Porque yo sé que cuando ellos me miran saben que yo soy lo único

que les queda en la vida.

(La recámara de Andy. Andy en la cama. Bel sentada,

bordando)

Andy

¿Dónde están los muchachos? ¿Los has localizado?

Bel

Estoy tratando.

Andy

Llevas semanas intentándolo. Y fracasando. Hasta el gato se ríe de ti.

¿Tenemos un gato?

Bel

Sí.

Andy

¿Se está riendo?

Bel

A las carcajadas.

Andy

¿De quién? De mí, supongo.

Bel

¿Por qué habría de reírse nuestra linda gata de ti? Esa gata que fue tu

adorada micifuz cuando ella era joven y tú también, esa gatita que tú has

mimado y acariciado y amado, ¿cómo crees que tu gatita podría, cómo

podría, por qué querría, reírse de su propio amo? No es ni remotamente

imaginable.

Andy

¿Pero se está riendo de alguien?

Bel

De mí. De mi ineptitud. De mi fracaso para encontrar a los muchachos,

de mi fracaso para traer a los muchachos al lecho agónico de su padre.

Andy

Vaya, así nos entendemos. Tú eres quien realmente merece la carcajada

del gato. Y pensar que te amé tanto.

(Pausa)

¡Qué maravillosa mujer fuiste! Tenías un corazón así de grande. Y lo

sigues teniendo, por supuesto. Desde aquí lo escucho. Sonando como un

tambor.

(Pausa)

Bel

¿Sientes algo? ¿Qué cosa sientes? ¿Te sientes caliente? ¿O frío? ¿O las

dos cosas? ¿Qué cosa sientes? ¿Sientes frío en las piernas? ¿O sientes

calor? ¿Y tus dedos? ¿Qué me dices de tus dedos? ¿Están fríos? ¿O

calientes? O quizá, ¿no están ni fríos ni calientes?

Andy

Oye, ¿estás bromeando? Dios mío, me estás sacando la mierda. Mi

propia mujer. En mi propio lecho agónico. Mi esposa es tan malvada

como esa cabrona gata.

Bel

Atribúyelo a que fui educada en un convento, pero tu uso de la palabra

«mierda» me deja un tanto amedrentada.

Andy

¡Amedrentada! Tú nunca has estado amedrentada a lo largo de toda tu

voraz, lasciva y libidinosa vida.

Bel

Es posible que te estés muriendo, pero ello no te autoriza a ser totalmente

ridículo.

Andy

Bueno, ¿por qué me estoy muriendo, después de todo? Jamás le he hecho

daño a nadie. Nadie se muere si es bueno. Sólo te mueres si eres malo.

Bel

Nosotras las muchachas estábamos, desde luego, al tanto de la palabra

«mierda», cómo no, desde el sexto de primaria, y hasta la sabíamos

conjugar, cómo no, yó enmierdo, tú enmierdas, etc.

Andy

¡Nosotras las muchachas! ¡Vive Dios!

Bel

Pero el término «sacar la mierda» nos era totalmente desconocido.

Andy

Quiere decir destruir, noquear, dar en la madre. Es una burla. Significa

burla, burla, burla…

Bel

¿De verdad? Qué raro. ¿Existe una explicación racional?

Andy

La razón se fue por un tubo hace mil años y nadie la ha vuelto a ver. Tu

famosa racionalidad, toditita ella, está nadando en un mar mojado y

mojonero de residuos excrementicios. Está eructando y pedorreando en

un negro pozo por los siglos de los siglos. ¡Te habla el destino, querida!

Ése fue siempre el destino de tu famosa inteligencia racionalista,

ahogarse en crema agria y bazofia.

Bel

Oh, cálmate, por amor de Dios.

Andy

¿Por qué? ¿Por qué?

(Pausa)

¿Qué quieres decir?

(La recámara de Fred. Fred en la cama. Entra Jake)

Jake

Hermano.

Fred

Hermano.

(Jake se sienta en la cama)

Jake

¿Y cómo se halla mi hermano menor?

Fred

Alegre aunque deprimido. Dueño de insólito aplomo.

Jake

Todo saldrá bien. Absolutamente todo.

(Pausa)

Fred

¿Qué clase de vacación me ofreces este año? ¿El arte o la playa?

Jake

Yo diría que un hombre de tu calibre necesita un poco de ambos.

Fred

O nada de ninguno.

Jake

Es muy importante que mantengas tu erección.

Fred

¿Hasta dónde?

Jake

Bueno… por ejemplo… ¿Qué tan alto la mantiene un chino?

Fred

Bastante.

Jake

Exactamente.

(Pausa)

Fred

Escribías poemas cuando eras apenas un niño, ¿no es cierto?

Jake

Yo escribía poemas antes de aprender a leer.

Fred

Óyeme. Yo sé que tú escribías poemas antes de que aprendieras a hablar.

Jake

¡Óyeme tú! Yo escribía poemas desde antes de nacer.

Fred

De esta manera, ¿afirmarías que tú eres el rey de todo el mundo?

Jake

El artículo genuino.

Fred

Jamás rebajado a sabiendas.

Jake

Precisamente.

(Silencio)

Fred

Oye. He estado pensando en el universo mundo. Te diré lo que nos hace

falta. Nos hace falta capital.

Jake

Ya lo pesqué.

Fred

¿Lo pescaste?

Jake

Lo pesqué.

Fred

¿Dónde?

Jake

Por derecho divino.

Fred

Jesús.

Jake

Exactamente.

Fred

Bromeas.

Jake

No, mi padre lo sopesó todo cuidadosamente desde el día en que nací.

Fred

¿Conque tu padre? ¿El que se acostaba con tu madre?

Jake

Todo lo sopesó. Pesó los pros y los contras y convocó, sin más, una

conferencia. Convocó al consejo de administración de su empresa, ves,

para discutir los pros y los contras. Mi padre era un hombre muy

minucioso. Invariablemente, inició las conferencias a tiempo y dentro del

presupuesto. Siempre mantuvo el ojo abierto contra la blasfemia, la

glotonería y la mariconería.

Fred

¿Era en verdad una fuerza crítica?

Jake

No actuó ni por gloria ni por placer. Que eso quede bien claro. No buscó

el aplauso fácil, ni le fue dado. La gratitud no le fue dada, ni la buscó. La

masturbación no le fue dada. Ni la buscó. Perdón: quise decir la

aprobación no le fue dada.

Fred

¿A poco?

Jake

Ni la buscó.

(Pausa)

Quiero pedir excusas por mi falta de concentración.

Fred

Puede ocurrirle a cualquiera.

(Pausa)

Jake

Mi padre era un hombre con estricto apego al derecho.

Fred

Cosa no muy distinta del apego al despecho.

Jake

No, a ojo de buen cubero, no.

Fred

Pero los miembros del consejo de administración, me imagino, no

podrían ser descritos como una abigarrada muchedumbre.

Jake

Ni abigarrada ni casual. Estaban sujetos, más bien, a escrutinio estricto e

implacable. Se les permitía ir al baño sólo una vez y media por sesión.

Debían evacuar con puntualidad.

Fred

¿Y la medida fue aprobada?

Jake

La moción fue aprobada, nueve contra cuatro, con Limantour

absteniéndose.

Fred

No suena muy bien.

Jake

El obispo se puso de pie. Dijo que era insólito, verdaderamente raro e

insólito, que un hombre en la plenitud de la vida dejase, sin codicilos o

condiciones, su fortuna personal a su hijo recién nacido el día mismo del

nacimiento, antes de que el niño tuviese la oportunidad de decir unas

cuantas palabras o aprender a jugar bridge o a cosquillearse el culo con

una pluma…

Fred

¿Cuyo culo?

Jake

Era un acto, continuó el obispo, que, desde un punto de vista de absoluta

y valerosa previsión, fortaleza moral indubitable, rigurosa visión

intelectual, clásico despego filosófico, apasionado fervor religioso,

profunda intensidad emotiva, escalofriante ardor espiritual, y

mesmerizante descaro metafísico, comía aparte: no tema rival.

Fred

Tanto como hacer una cabriola desde la posición de loto.

Jake

Un acto, continuó el obispo, sin vestigio de lujuria pero con cualquier

cantidad de carretadas de lujo.

Fred

¿De manera que el obispo se impresionó?

Jake

El único miembro del consejo que no se impresionó fue mi tío Rufián.

Fred

Ahora vienes con el cuento de que tienes un tío llamado Rufián. ¿Es eso

lo que vienes a decirme?

Jake

El tío Rufián no se impresionó.

Fred

¿Por qué? ¿Adivinó la respuesta? Creo que sí. ¿La adivinó?

(Pausa)

Jake

Creo que sí.

Fred

Yo también. La adivino.

Jake

Yo también lo creo.

(Pausa)

Fred

La respuesta es que tu padre andaba escaso de krugerands.

Jake

Las pesetas se le habían acabado espectacularmente.

Fred

Sólo unas cuantas noches antes, había dejado caer un paquete en Las

Vegas.

Jake

Apostó hasta la camisa.

Fred

Desde hace tiempo, su vida de casino era ya un horizonte perdido.

Jake

Las arcas estaban vacías de plata.

Fred

Y de oro también.

Jake

Ni una sola esmeralda.

Fred

Gema cual ninguna.

Jake

Gemelos sin gemas en Wall Street…

Fred

Obligado a ir hasta el banco con la mano tendida…

Jake

Sí, es preciso y necesario decirlo, el discurso que mi padre les hizo a los

miembros del consejo esa dulce mañana de verano en los Cotswolds,

hace tantos y tantos años, fue el discurso de un estafador -de un niño-de

un coyote-de un imbécil-de un villano…

Fred

O de un santo.

(Entra María. Jake se pone de pie)

María

¿Os acordáis de mí? Fui la mejor amiga de vuestra madre. Qué altos

estáis. Los recuerdo cuando erais dos niñitos. Y Bridget, desde luego.

Una vez los llevé a todos al zoológico, con vuestro padre. Tomamos té.

¿Se acuerdan? A veces yo iba a vuestra casa a tomar té con vuestra

madre. ¡Qué cantidades de té bebíamos en aquel tiempo! Mis tres hijos

están todos en espléndida forma. A Sara le va maravillosamente bien y

Luciano florece en el Consulado y por lo que toca a Susana, nada la

puede detener. Pero ¿recordáis nuestros juegos de palabras? Después,

cruzábamos el parque. Allí conocimos a Ralph. Estaba arbitrando un

juego de fútbol. Lo hacía, no sé, con tanto aplomo, con tanto mando. A

vuestra madre y a mí nos… impresionó. Siempre iba por delante de las

jugadas. Siempre sabía a dónde iba a dar la pelota, desde antes de que la

patearan. Creo que eso se llama osmosis. Sigue siendo el hombre más

osmótico que he conocido. No, mucho más que nadie. La mayoría de la

gente no tiene nada de osmótica. Pero en aquellos tiempos —no lo niego

— yo sentía gran afecto por vuestro padre. También vuestra madre —

digo—, sentía gran afecto por vuestro padre. Vuestro padre tenía muy

poca ósmosis pero no se sonrojaba ni disimulaba sus propias cualidades.

Quiero decir que no era un pretencioso, no perdía un tiempo precioso. Y

cómo sabía bailar. Uno de los grandes bailarines de vals. Una elegancia,

una gracia perdidas para siempre. Una firmeza, una autoridad rara vez

encontradas. Y te miraba directamente a los ojos. Resuelto. Mientras te

hacía girar en el salón de baile. Un raro don. Pero yo era joven en

aquellos años. Vuestra madre también. Vuestra madre era

maravillosamente joven y pulsante en todo momento. Yo —yo debo

admitirlo especialmente cuando miré a vuestra madre girando por el

salón con vuestro padre— yo sentí que los capullos brotaban por todas

partes. Creí volverme loca.

(La recámara de Andy

Andy y Bel)

Andy

Te diré algo sobre mí. Durante toda mi vida, sudé frente a un escritorio

caliente y nadie, nunca, pudo encontrar una falla en mis procedimientos

de trabajo. Nadie, jamás, descubrió el menor atisbo de negligencia o

corrupción. Nunca. Fui la inspiración de los demás. Inspiré a los hombres

y mujeres jóvenes, venidos de aquí y de allá. Los inspiré para que

tomaran el timón con ambas manos y el toro por los cuernos. Que

tuviesen fe en la estructura que después de todo aseguraba el buen

gobierno de todas nuestras vidas, el orden que se ocupaba perfectamente

de nosotros, dándonos de mamar, por así decirlo. Fui un burócrata de

primera. Fui admirado y respetado. No digo que fui querido. Yo nunca

quise ser amado. El amor es un atributo al cual ningún burócrata de

prosapia le daría cabida. Es algo redundante. Una excrescencia. No, no,

les diré lo que yo fui. Fui una fuerza temida y envidiada en los templos

de los justos.

Bel

¿Pero nunca dijiste malas palabras en la oficina?

Andy

Jamás hubiese usado un lenguaje obsceno en la oficina. Mi lenguaje

obsceno lo reservé para mi casa, como debía ser.

(Pausa)

Ah, hay algo más que se me olvidó decirte. El otro día me encontré

casualmente con María, el día anterior a mi ataque. Me invitó a su casa a

tomar una rebanada de pastel de ciruelas. Yo le dije, si tienes muslos,

prepárate para enseñarlos ahora.

Bel

Es cierto, siempre cultivaste un sano apetito por ella.

Andy

¿Un sano apetito? ¿Lo crees de verdad?

Bel

Y ella por ti.

Andy

¿Es eso lo que se murmura a lo largo de las blancas playas del azul

Caribe? Me estoy muriendo. ¿Me estoy muriendo?

Bel

Si te estuvieras muriendo, ya estarías muerto.

Andy

¿Cómo llegas a esa conclusión?

Bel

Estarías muerto si te estuvieras muriendo.

Andy

¡A veces pienso que estoy casado con una loca de atar! Sin embargo,

siempre estoy preparado para ver el lado sonriente de las cosas. ¿Quieres

decirme que veré una primavera más? ¿Veré otra primavera? ¿Toda la

parafernalia florida?

Bel

Qué bonito lenguaje empleas. Sabes, antes nunca habías usado el

lenguaje de esta manera. Nunca dijiste algo así antes.

Andy

¿Y qué? He dicho otras cosas, ¿no es cierto? Un montón de cosas. Toda

mi vida. Toda mi vida he dicho un montón de cosas distintas.

Bel

Sí, es perfectamente cierto que toda tu vida y en todas tus relaciones

personales y sociales, el lenguaje que empleaste fue sobre todo grosero,

crudo, vacío, pueril, obsceno y brutal hasta cierto punto. Después de no

más de diez minutos en tu compañía, la mayor parte de la gente sentía

ganas de vomitar. Pero con ello no quiero decir que debajo de ese

exterior vicioso, por no decir demencial, no exista una sensibilidad

delicada y aun poética, la sensibilidad de un potrillo en la edad de oro,

quiero decir en la edad de oro de nuestros antepasados.

(Silencio)

Andy

De todos modos, admítelo. Tú también cultivaste un sano apetito por

María. Y ella por ti. Pero déjame decir algo muy claramente. Nunca sentí

celos. No sentí celos entonces. Y no los siento ahora.

Bel

¿Por qué habías de sentirlos? Ella era tu amante. Durante los días

hermosos y primerizos de nuestro matrimonio.

Andy

Seguramente ella me recordaba a ti.

(Pausa)

El pasado es una niebla.

(Pausa)

Una vez… esto lo recuerdo… una vez… una mujer caminó hacia mí

atravesando un cuarto en penumbra.

(Pausa)

Bel

Era yo.

(Pausa)

Andy

¿Tú?

(Tercera área.

Media luz. Bridget)

Bridget

Camino lentamente por una selva tupida. Pero no me estoy sofocando.

Puedo respirar. La razón es que no puedo ver el cielo a través del follaje.

(Pausa)

Las flores me rodean. El hibisco, la adelfa, la buganvilla, la jaracanda. El

pasto bajo mis pies es suave.

(Pausa)

Crucé tantos feroces paisajes para llegar hasta aquí. Espinas, piedras,

avispas, alambrados de púas, los esqueletos de hombres y mujeres

abandonados en zanjas. Era imposible esconderse allí. Era imposible

entregarse allí. No había compasión, ni amparo.

(Pausa)

Pero aquí sí hay un refugio. Puedo esconderme. Estoy escondida. Las

flores me rodean pero no me aprisionan. Soy libre. Escondida pero libre.

Nunca más una cautiva. Nunca más perdida. Nadie puede verme ni

encontrarme. Sólo puedo ser vista por los ojos de la selva, por las

miradas de las hojas. Pero ellas no quieren herirme.

(Pausa)

Huele a quemado. Un olor de terciopelo, muy profundo, como el eco de

una campana.

(Pausa)

Nadie en el mundo puede encontrarme.

(La recámara de Fred.

Fred y Jake, sentados a la mesa)

Jake

¿Cómo dices que te llamas? Lo apunté en alguna parte.

Fred

Fraga.

Jake

Qué curioso. Creí que te llamabas González. ¿Estoy en lo correcto al

inferir que naciste en Tucumán?

Fred

Vine aquí porque me lo pediste con urgencia. Querías consultarme.

Jake

¿A tanto llegué?

Fred

Cuando digo «tú» desde luego no quiero decir «tú». Quiero decir «ellos».

Jake

Quieres decir Galtieri.

Fred

¿Galtieri? Yo no conozco a ningún Galtieri.

Jake

¿No?

Fred

Tu nombre es el que me proporcionaron.

Jake

¿Cuál nombre?

Fred

Videla.

Jake

Por supuesto.

Fred

Nadie mencionó a Galtieri.

Jake

Cuando tú dices «ellos», ¿supongo que no quieres decir «ellos»?

Fred

No. Me refiero a un hombre llamado Onganía.

Jake

¿Isaac Onganía?

Fred

No.

Jake

Bueno, si no se trata de Isaac Onganía no me imagino de qué Onganía

puedes estar hablando.

Fred

Me importa un pepino.

Jake

Fervorosamente, espero que tengas razón. (Examina los papeles) Por

cierto, Rojas va a pasar a vernos en unos minutos.

Fred

¿Rojas?

Jake

Hurlingham, sí.

Fred

Yo no conozco a ningún Rojas.

Jake

Ya lo sé. Por eso va a pasar a verte.

Fred

Momentito. Creo que nos estamos excediendo. Primero Galtieri, ahora

Rojas. Dos hombres no sólo a los que no he conocido, sino de los cuales

jamás he oído hablar. Temo que debo consultar con mi gente. Necesito

más información sobre el asunto.

Jake

Lo siento de verdad, desde luego: quizás conoces a Rojas por su otro

nombre.

Fred

¿Qué nombre es ése?

Jake

Rawson.

Fred

A Rawson sí lo conozco.

Jake

No tuve derecho de llamarlo Rojas.

Fred

De ninguna manera. Pero sólo si se trata del Rawson que yo conozco.

Jake

Es el Rawson que tú conoces.

Fred

Entonces, esto nos lleva con certeza de vuelta a Galtieri. ¿Cuál es el otro

nombre de Galtieri?

Jake

Videla.

(Pausa)

Fred

Pero ése es tu nombre.

(Ralph a Jake y a Fred)

Ralph

¿Les entusiasmaba el fútbol cuando eran chicos, muchachos? Puede que

no. Probablemente pensaban en otras cosas. Besar muchachas. Literatura

extranjera. Billar. Conozco la forma. Me basta ver el cutis, adivinar por

la postura y la actitud, si a un hombre le gusta o no el deporte. Vuestro

padre no podía ser descrito como un atleta natural. Ni de lejos. El hombre

era un filósofo. Seguramente en el mundo hay cabida para la filosofía,

eso no lo voy a negar. Lo malo de pensar demasiado, sin embargo, es que

es como tocar la Cucaracha con pedos a través de una cerradura. Es lo

malo de lo que se llama filosofar. Una pérdida de tiempo —el tuyo y el

mío—. ¿Qué creen que pretende la filosofía, eh? Pretende aclarar las

cosas, ven ustedes. Pero ¿qué es lo que en realidad logra? ¿Eh? ¿Ustedes

qué creen? Yo se lo voy a decir. Es confundirnos, es hacer que la cabeza

gire, mareándonos tanto que al final del día ya no sabemos si venimos o

vamos. Yo siempre he sido un hombre bastante vigoroso. Una vez fui

marinero. Fui capitán de un lugre. El contramaestre se llama El

Destripador. Pero después de pasar muchos años en altamar decidí darle

una oportunidad a las Artes en general: Ya había ensayado un poco ser

réferi no profesional, pero no me resultó. Sin embargo, poseía un talento

natural para la actuación y también tocaba el piano y sabía pintar. Pero

debí haber sido arquitecto. Allí estaba la platita. Fueron vuestros padres

los que despertaron en mí el amor por la poesía y por el arte. Ellos

cambiaron mi vida. Y después por supuesto me casé con mi mujer. Una

mujer excelente pero exigente. Andaba buscando el pedal y la fibra. Sus

ojos eran negros y espantosos. Caí rendido a sus pies. En aquellos

tiempos todo nos salía bien. Amor, fútbol, arte, la cervecita ocasional. Lo

admito: yo prefería el vino blanco afrutado, pero en aquellos tiempos

esto no se podía decir.

(Tercera área.

Jake (18), Fred (17), Bridget (14).

Bridget y Fred en el piso. Jake de pie.

Una casetera tocando)

Fred

¿Por qué no puedo ir?

Jake

Ya te lo dije. No hay cupo en el carro.

Bridget

Ay, llévalo contigo.

Jake

No hay cupo en el carro. No es mi carro. Sólo soy un pasajero. Tengo

suerte de que me den un aventón.

Fred

Pero si no puedo ir contigo, ¿qué voy a hacer toda la noche? Voy a

tenerme que quedar aquí con ella.

Bridget

Por Dios, llévalo contigo. De otro modo, voy a tener que quedarme aquí

con él.

Jake

Bueno, después de todo son parientes.

Fred

Eso es lo malo.

Bridget

(A Fred) Tú también eres su pariente.

Fred

Sí, pero una vez que lo lleve al baile, lo perderé. No volveríamos a

vernos. Él es solamente un medio de transporte. La emoción o el

parentesco no tienen nada que ver.

Bridget

Está bien, ve con él entonces.

Jake

Ya te lo dije, no puede venir. No hay sitio en este carro. ¡No es mi carro!

Yo no tengo carro propio.

Fred

Eso es lo trágico del asunto. Si tuvieras un carro nada de esto estaría

pasando.

Bridget

Mira, yo no quiero que él se quede aquí conmigo, se lo aseguro,

preferiría quedarme sola.

Fred

¡Greta Garbo! ¿Vas a ser estrella de cine cuando crezcas?

Bridget

Cállate la boca. Tú sabes lo que voy a ser.

Fred

¿Qué?

Bridget

Fisioterapista.

Jake

Será una gran fisioterapista.

Fred

Tendrá que poner música muy suave para que sus pacientes no se den

cuenta de que sufren.

Bridget

El otro día te di un masaje en la nuca y no te quejaste.

Fred

Es cierto.

Bridget

Ternas un espasmo y te curé.

Fred

Es cierto.

Bridget

Entonces no te quejaste.

Fred

Pero me estoy quejando ahora. Creo que eres maravillosa. Y sé que te

convertirás en una maravillosa fisioterapista. Pero de todos modos quiero

llegar a este baile en Amersham. Lo cual no quiere decir que deje de

creer que eres maravillosa.

Bridget

Vete a Amersham, por favor. ¿No crees que necesito a alguien que me

cuide, verdad? No soy una niña. De todos modos, estoy leyendo este

libro.

Jake

Tú no quieres quedarte sola.

Bridget

Sí quiero quedarme sola. Quiero leer este libro.

Fred

Yo ni siquiera tengo un libro. Quiero decir, tengo libros, pero todos ellos

son absolutamente ilegibles.

Jake

Bueno, me voy a Amersham.

Fred

¿Y yo qué?

Bridget

Por el amor de Dios, ¡llévatelo a Amersham o no lo lleves contigo a

Amersham o cállense la boca! ¡Los dos!

(Pausa)

Jake

Bueno, me voy a Amersham.

(Sale. Bridget y Fred permanecen sentados, inmóviles.

Se escucha la música.

La recámara de Andy.

Andy y Bel)

Bel

Hoy te voy a servir una tortilla de hongos, una ensaladita verde —y una

manzana.

Andy

Qué generoso de tu parte. Sin ti, estaría perdido. Es cierto. Me hundiría.

Bueno, de todos modos me estoy desintegrando —pero sin ti a mi lado,

ya no tendría esperanzas.

Bel

No eres un hombre malo. Eres solamente lo que antes se llamaba un

hablador. No puedes evitarlo. Está en tu naturaleza. Si sólo supieras

quedarte callado un poco más, la vida contigo podría ser un poquito más

tolerable.

Andy

Permite que te bese la mano. Te lo debo todo. (La observa bordar) Ah,

he estado queriendo preguntarte, ¿qué cosa estás bordando? ¿Una

mortaja? ¿Vas a envolverme en ella cuando estire la pata? Apúrate. Me

estoy yendo rápido.

(Pausa)

¿Dónde están?

(Pausa)

Dos hijos. Ausentes. Indiferentes. Mientras su padre se muere.

Bel

Eran buenos chicos. He estado pensando en cómo me ayudaban con la

limpieza. Lavar, secar. Despejar la mesa, lavar, secar. ¿Recuerdas?

Andy

¿Te refieres al crepúsculo? ¿La suave luz que pasaba por la ventana de la

cocina? ¿La campana que llamaba a vísperas en la cantina de la esquina?

(Pausa)

Bastardos. Los dos. Siempre. ¿Recuerdas cuando le pedí a Jake que

limpiara la alacena de las escobas? Está bien, se lo ordené, lo admito, no

se lo pedí, le dije que era una pocilga y que en toda la semana no había

levantado un dedo. Y el otro bastardo tampoco. Holgazanes, vividores,

buenos para nada. De todos modos, me limité a pedirle —muy

cortésmente— que limpiara el jodido clóset de las escobas. ¡Su desafío!

¿Recuerdas la manera como me miró? ¡El desafío!

(Pausa)

¡Míralos ahora! ¡Qué son ahora! Una parasitaria pareja de padrotillos, un

par de esponjas mamando la teta del Estado. ¡Mamando la teta del

Estado! Y apuesto que todas las semanas los alimentas con unas cuantas

rupias de tu pequeña alcancía, ¿verdad que sí? Porque a su amante

mamacita la amaron siempre. ¡La ayudaron a limpiar la casa!

(Pausa)

Tengo que mover las piernas. Ir al parque, ver un partido de fútbol,

llueva o haga sol. ¿Cómo se llamaba ese viejo compadre mío? ¿El que

arbitraba los partidos amateur todos los fines de semana? ¿En el parque?

Tipo encantador. Lo trataban como si fuera mierda. Objeto de desprecio.

Ninguna decisión suya era obedecida o respetada. Le gritaban, lo

insultaban, lo llamaban todas las peores cosas. Yo miraba aterrado desde

atrás de la meta. Siempre recordaré su imponente pito. Lo oigo silbar a lo

largo de los siglos, húmedo y solitario. ¿Cómo se llamaba? Y ahora de

seguro que ya murió.

Bel

No ha muerto.

Andy

¿Por qué no?

(Pausa)

¿Cómo se llamaba?

Bel

Ralph.

Andy

¿Ralph? ¿Ralph? ¿Cómo es posible?

(Pausa)

Bueno, aunque se llamara Ralph seguía siendo el más sensitivo e

inteligente de todos los hombres. Mi más viejo amigo. Pero

patológicamente idiosincrático. Otras cosas no sería, pero ésa sí. Se podía

confiar en él, hasta cierto punto, cuando estaba sentado, pero apenas se

ponía de pie, aquello era el caos, cuando se movía, cuando caminábamos

juntos por la calle. Era un hombre reticente, ¿ves? Hablaba poco pero

pensaba todo el tiempo. Y el problema era que el ritmo de su paso era

idéntico al de su pensamiento. Si pensaba con lentitud, caminaba como si

estuviese nadando en lodo o tratando de escapar de un tarro de

mermelada. Si pensaba rápido, caminaba como un relámpago, no era

posible seguirlo, uno acababa de rodillas en la cuneta en tanto que él

había alcanzado el horizonte en un instante. Siempre sentí simpatía por

su compañera sexual, quienquiera que haya sido. Quiero decir,

enfebrecido un momento, moviéndose a mil revoluciones por segundo, y

al siguiente deteniéndose, rechinando de la manera más espantosa y

mortal. Él era su propio y natural freno. Pobre muchacha. Debe haber

maneras más fáciles de juntar los dos cabos.

(Pausa)

Pero en fin, dejémoslo de lado, si no te importa, por unos minutos.

¿Dónde está María? ¿Por qué no está aquí? No puedo morirme sin ella.

Bel

Claro que puedes. Y lo harás.

Andy

Pero piensa en nuestro pasado. Éramos tan unidos. Piensa en los meses

que pasé engañándote con ella. ¿Cómo puede ella olvidarlo? Evoca la

maravilla de todo ello. ¡Te engañé con tu propia amante, ella te engañó

con tu marido y a su marido —¡y a ti!— nos engañó contigo! ¡Rompió

todos los récords conocidos! Era un genio y una gran cogedora.

Bel

Era una mujer muy encantadora y atractiva.

Andy

Entonces, ¿por qué no está aquí? Me amaba a mí, sin olvidarte a ti

también. ¿Por qué no está aquí, consolándote en tu pena?

Bel

Probablemente se ha olvidado de que te estás muriendo. Si es que alguna

vez lo recordó.

Andy

¿Cómo? ¿Cómo?

(Pausa)

La poseí en nuestra recámara, un par de veces, en nuestra cama. En aquel

entonces, yo era un hombre.

(Pausa)

Probablemente tú la poseíste en el mismo lugar, desde luego. En nuestra

recámara, en nuestro lecho.

Bel

Yo no «poseo» a la gente.

Andy

A mí me has poseído.

Bel

Ah, sí. A ti. A ti todavía te puedo tener.

Andy

¿Qué quieres decir? ¿Me estás amenazando? ¿Qué se te ha metido en la

cabeza? ¿Vas a violarme? ¿Te has propuesto poseerme aquí y ahora?

¿Sin más? ¿Sería excesivo recordarte que estoy en mi lecho agónico? ¿O

es éste un solecismo? ¿Qué plan tienes, matarme durante el acto, como Jake

una mantis religiosa? ¿Cuántos jugos sexuales retiene un cadáver y por

cuánto tiempo, Dios mío? La verdad es que yo soy básicamente inocente.

Conozco poco a las mujeres. Pero he escuchado terribles historias. Me

las contó, sobre todo, mi viejo camarada, el árbitro. Pero seguramente

eran puras fantasías y elucubraciones, sin relación alguna con la realidad.

Bel

¿Así lo crees? ¿Lo crees de veras?

(La recámara de Fred

Fred y Jake, a la mesa)

La reunión está fijada para las seis y media. Presidirá O’Higgins. Prat,

Cochrane, O’Reilly y O’Farril, más Alsogaray, estarán presentes. El

Teniente Coronel Silvio d’Orangerie hablará, off of the record, a las siete

y cuarto precisas.

Fred

¿Pero Alsogaray estará presente?

Jake

No te preocupes. Alsogaray nunca se cae del caballo. Además, yo he

dispuesto los lugares personalmente.

Fred

¿Quién eres, el secretario permanente?

Jake

Eso mismo. Eso mismo.

Fred

Curioso que O’Farril y O’Reilly se sienten a la misma mesa.

¿Mencionaste a De la O?

Jake

¿Por qué? ¿Se pelearon O’Farril y O’Reilly en O’Campo? No, no

mencioné a De la O.

Fred

Se pelearon a muerte en O’stia.

¿Qué cosa, durante la jerarquía de O’viedo?

Fred

¿O’viedo? Yo nunca dije O’viedo.

Jake

Mencionaste a De la O.

Fred

¿No pretendes decirme que De la O no tiene nada que ver con O’viedo?

¿O que O’viedo y De la O…?

Jake

Tal ha sido siempre mi firmé convicción.

Fred

Vaya, menos mal que en algo estamos de acuerdo.

Jake

Nunca pensé que estábamos muy separados.

Fred

Quieres decir en las cosas importantes.

Jake

Exactamente. Háblame más de O’Reilly.

Fred

O’Reilly. ¿Quién es O’Reilly? Ah, sí, O’Reilly. Perdón. Por un momento

creía que confundías a O’Reilly con O’Higgins. Por aquello de las Os.

¿Me sigues?

Jake

Cualquier confusión en esta área es enteramente tuya, mi viejo.

Fred

Eres demasiado directo, ¿verdad? ¿Siempre eres tan brusco? Después de

todo, yo tengo un empleo seguro en este lugar, cosa de la cual tú no

puedes ufanarte.

Jake

Escúchame, hijo. Yo he hecho un largo viaje hasta aquí para estar

presente en una serie de reuniones sumamente confidenciales en las

cuales mi participación es considerada como un factor esencial. He

venido de muy lejos y la gente a la cual abandoné para hacerme cargo de

esta maldita barricada me dio a conocer claramente sus serias reservas.

Pero insistí y aquí me tienes. Quiero ver a O’Higgins, quiero ver a

O’Reilly, necesito ver a O’Farril. De la O es un hoyo por lo redondo,

pero Pratt es práctico. Frustra cualquier aspecto de todo esto y te

arrepentirás.

Fred

Sólo puedo esperar que el Teniente Coronel Silvio d’Orangerie no te

encuentre tan ofensivo como te encuentro yo. Es una persona

increíblemente violenta.

Jake

Conozco a Silvio.

Fred

¿Lo conoces? ¿Qué quieres decir?

Jake

Estuvimos juntos en Turquía.

Fred

Ah, ya veo.

(Pausa)

¿Y qué hacemos con Alsogaray?

Jake

Alsogaray es todo tuyo.

(La recámara de Andy.

Andy y Bel)

Andy

¿Dónde se encuentra? Entre toda la gente del mundo, yo sé que a ella le

gustaría estar ahora conmigo. Porque estoy seguro de que ella lo recuerda

todo. Cómo la mimé y le canté canciones, cómo le ahuyenté sus

pesadillas, cómo se quedó dormida en mis brazos.

Bel

Por favor. Te lo ruego.

(Pausa)

Andy

¿Será ella quien me traiga a mis nietecitos a verme? ¿Será ella? ¿Para

verme por última vez, para recibir mi bendición?

(Bel permanece inmóvil)

Pobres cabroncitos, sus ojos tan azorados, tan azules, tan negros, pobres

bebés, bebecitos chiquititos, pobres bebecitos chiquitos, perder a su

abuelo en la cumbre de sus poderes, cuando el viejo iba a descubrir

nuevas reservas de poder espiritual, cuando la puerta iba a abrirse sobre

horizontes cada vez más anchos y largos.

Bel

Pero amor mío, la muerte será tu nuevo horizonte.

Andy

¿Qué dices?

Bel

La muerte es tu nuevo horizonte.

Andy

Puede ser. Puede ser. Pero la gran pregunta es, ¿lo cruzaré mientras

muero o después de muerto? O quizás no lo cruce para nada. Quizás me

quede tirado a la mitad del horizonte. En cuyo caso, ¿podré ver por

encima del horizonte? ¿Podré ver el otro lado? ¿O es el horizonte

infinito? ¿Y cómo es el clima allí? ¿Incierto, con aguaceros, o soleado

con neblinas ocasionales? ¿O negro, profundamente negro por los siglos

de los siglos? Me dirás que no tienes la más cabrona idea y tendrás razón.

Pero personalmente yo no creo que será eternamente oscuro porque si es

oscuro por los siglos de los siglos, para qué jugamos todas estas

enervantes charadas en primer lugar. ¿Para qué? Debe haber una salida.

Lo malo es que no la encuentro. Si la encontrase, la atravesaría a gatas y

me encontraría a mí mismo regresando. Igual que cuando gritamos de

terror al descubrir a un extraño y en seguida nos damos cuenta de que

nos estamos mirando en un espejo.

(Pausa)

Pero ¿qué tal si yo cruzo el horizonte antes de que mis nietos lleguen al

mundo? Nunca sabrán dónde me encuentro. ¿Qué dirán? ¿Me lo dirás tú?

¿Algún día tú me dirás lo que ellos dijeron? Lloraran o no, su pena será

más profunda que las lágrimas, pero ahora son sólo bebés, ¿qué pueden

saber ellos de la muerte?

Bel

Ay, yo sí creo que los muy pequeñitos sí saben algo de la muerte, saben

más que nosotros. Nosotros hemos olvidado a la muerte pero ellos no. La

recuerdan. Porque algunos de ellos, los que son realmente muy jóvenes,

recuerdan el momento en que su vida comenzó —para ellos el tiempo no

es demasiado largo, ¿ves?— y el momento antes de empezar a vivir

estaban, desde luego, muertos.

(Pausa)

Andy

¿Realmente?

Bel

Desde luego.

(Toda la escena a media luz.

Quietud. Suena un teléfono en la recámara de Fred Suena seis veces. Un clic. Silencio.

Oscuridad total.

Tercera área.

Luz tenue. Andy se mueve en la oscuridad. Se golpea un

dedo)

Andy

¡Mierda! (Se dirige a una alcoba) ¿Por qué no? Prohibido el tabaco,

prohibido el sexo. Al carajo con todos ellos. Me tomaré un trago de todos

modos. Al carajo con todos y que se vayan a tomar por el trasero.

(Sonido de botella abierta. Líquido vertido. Andy bebe,

suspira)

Andy

Ay, Dios. Ésta es la gloria. Lo que me hacía falta. Al carajo con todos.

(Vuelve a servirse, bebe)

(La luz de la luna, cada vez más brillante, revela a

Bridget al fondo, inmóvil.

Andy se mueve hacia la luz y se detiene, escuchando.

Silencio)

Andy

Ay amor. Ay, mi amor.

(Aparece Bel. Entra al claro de luna. Andy y Bel se

miran. Se dan la espalda. Se detienen, escuchando.

Bridget permanece inmóvil, al fondo.

Silencio.

Las luces se desvanecen para Andy y Bel. Bridget, en

medio de la luz de la luna.

Las luces se apagan.

La recámara de Fred.

Jake y Fred. Fred en la cama)

Jake

¿Cómo anda tu consumo de agua en esta temporada?

Fred

Abstención total.

Jake

¿De verdad?

Fred

Te lo aseguro. He decidido apartarme del camino de la pureza y la

abstención y adoptar una teología verdadera. De ahora en adelante, me

dejaré llevar por la Guía Michelin y el Orient Express —o algo así.

Jake

Una vez, yo también viví en Jauja.

Fred

¿Cómo era ese tipo?

Jake

¿Jauja? Nunca lo conocí personalmente. Pero me hice muy, muy amigo

de la mujer con la que se fugó.

Fred

Apuesto que te enseñó una o dos cosas.

Jake

Nada que ella misma no hubiese aprendido a los pies del maestro.

Fred

¿No era conocido Jauja en su otra ocupación como el Burlador de

Sevilla?

Jake

Ese mismo. Su madre era una de las más grandes ombliguistas de todos

los tiempos y su padre uno de los últimos grandes ancianos de la tribu.

Fred

Gente maravillosa.

Jake

Y digna.

Fred

Alerta.

Jake

Desconfiada.

Fred

Susceptible.

Jake

Erizable.

Fred

Vengativa.

Jake

Absolutamente feroces, para ser francos.

Fred

Lo mismo te miraban que te pateaban los testículos.

Jake

Pero ¿tú sabes qué los convirtió en los hombres que fueron?

Fred

¿Qué cosa?

Jake

Eran bebedores de agua. Pura, fría, burbujeante agua de montaña.

Fred

¿Y eso los hizo hombres?

Jake

Y Dioses.

Fred

Entonces sírveme un vaso. Siempre he querido ser un Dios.

Jake

(Sirviendo) Anda, bebe.

Fred

Escucha. ¿Puedo hacerte una pregunta sumamente personal? ¿Crees que

estoy perdiendo mi valentía? ¿Crees que mi coraje se está opacando?

Jake

Necesito una segunda opinión.

Fred

Todavía no oímos la primera.

Jake

No, no, la segunda es siempre la que cuenta, cualquier tonto lo sabe. Pero

tengo otra sugestión.

Fred

¿Qué cosa?

Jake

¿Qué tal si damos una vuelta a la manzana?

Fred

De ninguna manera, estoy más contento metido en mi cama. Quedarme

en la cama es lo que más me gusta. Sería muy desgraciado si salgo de la

cama y encuentro extraños y todo eso. De verdad, prefiero quedarme en

la cama.

(Pausa)

Bridget me entendería. Yo era su hermano. Ella me entendió. Ella

siempre ha entendido mis sentimientos.

Jake

A mí también me entendió.

(Pausa)

A mí también me entendió.

(Silencio)

Fred

Oye, tengo la curiosa sensación de que mi equilibrio está hecho pedazos.

Jake

¿No me digas? Pues ahora esas cosas pueden ser comprobadas

científicamente. Te ruego que no lo olvides.

Fred

¿Realmente?

Jake

Por supuesto. Ahora hay exposímetros y toda la cosa.

Fred

¿Exposímetros?

Jake

Claro que sí. Pueden medir la calidad de la luz hasta una fracción de un

centímetro, aun en la oscuridad más total.

Fred

¿Pueden encontrar lo que queda de la luz en la oscuridad?

Jake

Así es. Pueden localizarla. Luego la meten en una cajita. La envuelven y

la adornan con un listón y te la dan libre de impuestos, como recompensa

por tus trabajos y tu fe y por toda la compasión y cuidado para con los

demás que tan elocuentemente y durante tanto tiempo has demostrado.

Fred

¿Y me servirá como la luz al final del túnel?

Jake

Te servirá de antorcha, de llamarada. Te servirá como tu propia y

personal luz eterna.

Fred

Fantástico.

Jake

Esto es lo que podemos hacer por ti.

Fred

¿Quiénes?

Jake

La sociedad.

(Pausa)

Fred

Óyeme, si no tienes inconveniente, me gustaría regresar contigo a lo que

decías hace un rato —sobre tu padre y sobre tu herencia— que quizás no

era exactamente lo que parecía ser, ni era, digamos, el testamento de

buena fe y con ribetes dorados que un rumor largo tiempo acariciado dijo

que era, de hecho, de acuerdo con la información que ahora poseemos en

los niveles más bajos de la fantasía y de la opereta…

Jake

De acuerdo, pero espera un momento. ¿Qué es exactamente lo que aquí

se está diciendo sobre mi Papá? ¿Qué se está diciendo? ¿Qué es esto? Lo

que demostrablemente no es esto es una disertación sobre los vencidos o

un lamento por lo perdido, ¿verdad? No, no, yo te diré lo que es. Es un

asalto atrozmente prejuiciado e ilegítimo contra los débiles y los

vertiginosos. ¿Me entiendes? De manera que, ¿qué es esto? ¿Qué se dice

aquí? ¿Qué se dice aquí, o, dado el caso, allá? Hago esta pregunta. En

otras palabras, hago esta pregunta. ¿Qué es, finalmente, lo que se dice?

(Pausa)

Toda su vida, mi padre ha sido objeto de odio y vituperación. Desde el

origen de los tiempos, ha sido perseguido y juzgado por una fuerza

maligna que hasta el día de hoy ha permanecido en las sombras: una

fuerza que resiste la definición o la clasificación. ¿Qué es esta fuerza,

cuál es su naturaleza? A ti te toca contestar esta pregunta, no a mí. Tú

mismo, gracias a la calma y el bienestar que algún día, sin duda alguna,

serán tuyos, podrás al fin, antes de que se juegue la última carta,

contestar esa pregunta, no yo. Yo sólo diré lo siguiente: Yo sostengo que

tú sometes a tu desprecio a un hombre —y en este punto hago votos por

tu benevolencia— a un hombre que ha sido el testigo inocente de su

propia náusea. A la edad de tres años, ese hombre se encontraba ya al

final de su cuerda. Con razón deseaba legarle a su amantísimo hijo todo

lo mejor y más valioso de su vida y de su muerte. Él me amó. Y algún

día yo lo amaré. Lo amaré y pagaré con gusto el precio total de ese amor.

Fred

Que es el precio de la muerte.

Jake

El precio de la muerte, sí.

Fred

Como la cual no hay precio mayor.

Jake

¿Cómo la qué?

Fred

La cual.

(Pausa)

La muerte.

Jake

Que es el precio del amor.

Fred

Un gran gran precio.

Jake

Inmenso y mortal precio.

Fred

Pero en estricto acuerdo con la voluntad de Dios.

Jake

Y las leyes de la naturaleza.

Fred

Y la lógica común o de jardinería astrológica.

Jake

El primer axioma.

Fred

Y el último.

Jake

Que bien puede ser, a la vez, tautológico y contradictorio.

Fred

Pero que de todos modos constituye una proposición filosófica irrebatible

que en el juicio final será vista como tal.

Jake

Así lo creo, cómo no. Creo que tal es el caso y quisiera brindar por todos

aquellos a los que dejamos atrás, todos aquellos que no pudieron salvar la

primera y todas las sucesivas vallas.

(Brindan)

Fred

Hasta no verte.

Jake

Hasta no verte.

(Beben)

Fred

Déjame decirte una cosa: Yo conocí a tu padre.

Jake

Sin duda, así fue.

Fred

Estuve cerca de él.

Jake

Muy cerca, en verdad.

Fred

Más cercano quizás que tú mismo.

Jake

Se puede discutir. En verdad eres su hijo más joven y más querido.

Fred

Precisamente. Por lo tanto, déjame decir lo siguiente. Fue todo un

hombre y no volveremos a mirar su par.

Jake

Me emocionas mucho.

(Pausa)

Fred

Claro está, algunos dicen que era espiritualmente furtivo, políticamente

insolvente, moralmente escabroso e intelectualmente abyecto.

(Pausa)

Jake

Mienten.

Fred

Le gustaban sus copitas.

Jake

Y podía ser espasmódicamente rampante.

Fred

A fe mía, no faltan doncellas que lo afirmen.

Jake

Acaso fue poéticamente pisoteado…

Fred

Pero aunque inmerso en esa introspección, siempre permaneció orgulloso

y ardiente.

Jake

Y a pesar de todo lo llamé «Papá».

(Pausa)

Fred

¿Cómo era en la vida real? ¿Qué dirías?

Jake

Caudillo de multitudes.

(Pausa)

Fred

¿Cómo era el apodo que sus amigos le atribuyeron con afecto, asombro y

admiración?

Jake

El Incumbente. Preséntese en la taberna del Caballo Negro esta noche a

las siete y media en punto. Allí estará. El Incumbente en su rincón,

convidándoles a cervezas a los muchachos.

Fred

Los apoyaron como un solo hombre.

Jake

Sabía de cerveza y poseía la fórmula clásica para defenderse de los

malhechores.

Fred

¿Cuál?

Jake

Un gancho de carnicero.

(Pausa)

Fred

Cuéntame de tu madre.

Jake

No me digas groserías.

(La recámara de Andy.

Andy y Bel)

Bel

La primera vez que María y yo almorzamos juntas —en un restorán— le

pedí que ella ordenara por mí. Iba vestida de gris. Un traje gris. Le dije

que por favor ordenara por mí, por favor, comeré lo que sea si tú lo

decides, lo prefiero así. Ella tomó mi mano y la apretó, sonrió y ordenó

por mí.

Andy

La vi hacerlo. La vi, la escuché ordenar por ti.

Bel

Le dije, me sentiré verdaderamente feliz de comer lo que tú decidas.

Andy

Pescado. Ordenó pescado.

Bel

Me preguntó acerca de mi infancia.

Andy

La puta.

Bel

Le hablé como nunca antes le había hablado a nadie. Le relaté mi

infancia. Le conté cómo corría por los acantilados con mis hermanos, de

prisa, entre los brezos, sin aliento, tan sin aliento que debía detenerme,

caer entre los brezos, rebotando, mis hermanos caídos a mi lado, y el

viento… Le conté sobre el viento y mis hermanos correteándome por la

punta del cerro y cayéndose a mi lado.

(Pausa)

Le hablé de una manera que nunca había empleado antes con nadie.

Sucede a veces, ¿verdad que sí? Le estás hablando a alguien y

súbitamente descubres que tú misma eres otra persona.

Andy

¿Quién?

Bel

Tú.

(Pausa)

No quiero decir tú. Quiero decir yo.

Andy

Por cierto, yo fui testigo de todo esto.

Bel

¿Ah, estabas allí?

Andy

Las estaba espiando desde una mesa en un rincón, detrás de un florero y

Los hermanos Karamazov.

Bel

Entonces ella me dijo que las mujeres tenían algo que los hombres no

tenían. Poseían cualidades que los hombres, definitivamente,

desconocían. Me pregunté si hablaba de mí. Pero en seguida me di

cuenta de que, desde luego, hablaba de las mujeres en general. Pero

entonces me miró y me dijo. Tú, por ejemplo. Pero yo me dije a mí

misma. Los hombres también pueden ser hermosos.

Andy

Yo estaba allí. Lo escuché todo.

Bel

Mis pensamientos no.

Andy

Escuché tus pensamientos. Podía escucharlos. Te dijiste a ti misma. Los

hombres también pueden ser hermosos. Pero no te atreviste a decirlo.

Sólo te atreviste a pensarlo.

(Pausa)

Date cuenta de que ella pensó lo mismo, yo lo sé.

(Pausa)

Los dos debimos casarnos con ella.

Bel

Ay, no, no lo creo. Yo creo que debí casarme con tu amigo Ralph.

Andy

¿Ralph? ¿Qué? ¿Ralph el réferi?

Bel

Sí.

Andy

¡Pero si era un pésimo réferi! ¡Era un réferi imposible!

Bel

Yo no amaba al réferi.

Andy

¡Amabas al hombre!

(Pausa)

¡Me lleva el demonio! Qué maravilla. Aquí estoy agonizando y ella viene

a decirme que estaba enamorada del réferi. Me dan ganas de vomitar.

(Pausa)

Te amé tanto. Jamás olvidaré los primeros y más hermosos días de

nuestro matrimonio. Me ofreciste tu cuerpo. Aquí tienes, me dijiste un

día, aquí está mi cuerpo. Ay, cuánto te lo agradezco, te dije, qué

simpático de tu parte, ¿qué quieres que haga con tu cuerpo? Haz lo que

gustes, me dijiste. Voy a tener que pensarlo un poco, te dije. ¿Sabes?, no

lo pierdas durante un par de minutos. No te desprendas de tu cuerpo

mientras llamo a la policía.

Bel

Ralph tema modales exquisitos y una bella voz de cantante. Nunca

entendí por qué no se convirtió en tenor profesional. Supongo que la

cantidad de viajes exigidos por ese tipo de vida fue el problema. Me

contó una historia sobre una madrecita anciana, una tía desorientada.

Algo que le tocaba el corazón. Nunca supe qué cosa creer de verdad.

Andy

No, no, te equivocas de persona. Mi Ralph era pedante y escolástico.

Nunca se perdió un día en la escuela nocturna. Orejas grandes pero pies

pequeñitos. Nunca sonreía. Un día, sin embargo, dijo algo. Me arrinconó

en una puerta. Me susurró al oído. ¿Sabes qué cosa me dijo? Me dijo que

los hombres tenían algo que las mujeres, definitivamente, no tenían.

¿Qué cosa?, le pregunté. Pero él, desde luego, de ninguna manera iba a

contestarme esa pregunta. ¿Y sabes por qué? Porque los réferis no están

obligados a contestar preguntas. Los árbitros son la ley. Son la ley en

acción. Tienen pito. Lo tocan. Y ese pito es la articulación de la justicia

divina.

(María y Ralph se dirigen a Andy y Bel)

María

Qué estupendos se ven los dos. Han pasado siglos. Nosotros ya no

vivimos acá arriba, desde luego.

Ralph

Tenemos una casa en el campo.

María

Hace años.

Ralph

Diez. Hace diez años.

María

Nos hemos hecho amigos de muchísimas vacas, ¿verdad, querido? A

Sara le va muy bien y Luciano prospera en el Consulado y por lo que

toca a Susana, nada la puede detener. Todos se parecen a Ralph. ¿No es

cierto, mi amor? Quiero decir físicamente. Artística y mentalmente, se

parecen a mí. Tenemos un chalet venido a menos pero bastante grande.

No es lo que se llamaría un castillo. Y un pequeño lago.

Ralph

Un estanque, más bien.

María

Más bien un lago, diría yo.

Andy

¿De modo que ya no la giras de réferi?

Ralph

Por supuesto. Abandoné todo eso. Y jamás lo he lamentado.

Andy

¿Quieres decir que no te salió del corazón?

Ralph

No nací para réferi.

Andy

La verdad es que no servías un carajo para réferi.

(Pausa)

Ralph

Dime una cosa. Pienso a menudo en el pasado. ¿Tú también?

Andy

¿El pasado? ¿Cuál pasado? Yo no recuerdo ningún pasado. ¿De qué clase

de pasado estás hablando?

Ralph

Caminando por la calle del Lago de las Bolas, por ejemplo.

Andy

Yo nunca me acerqué siquiera a la calle del Lago de las Bolas. Yo era un

burócrata. No tenía pasado. No recuerdo pasado alguno. Nunca sucedió

nada.

Bel

Sí sucedió.

María

Claro que sí. Sucedieron. Muchas cosas sucedieron.

Ralph

Sí, sucedieron cosas. Ciertamente, cosas sucedieron. Toda clase de cosas.

Bel

Toda clase de cosas sucedieron.

Andy

Pues yo no las recuerdo. Yo no recuerdo una sola de esas cosas.

María

¡Tus hijos, por ejemplo! ¡Tu preciosa muchachita! ¡Bridget! (Ríe)

¡Muchachita linda! Ya debe ser madre, ¿verdad?

(Pausa)

Andy

Tengo tres hermosos nietecitos (A Bel) ¿No es cierto?

(Pausa)

Bel

Por cierto, no se encuentra bien. ¿Se han dado cuenta?

Ralph

¿Quién?

Bel

Él.

María

No lo había notado.

Ralph

¿Algo anda mal?

Bel

Él va de salida.

(Pausa)

Ralph

¿El viejo Andy? Claro que no. Siempre gozó de buena salud. Una

constitución de toro.

María

La gente como Andy nunca muere. Eso es lo maravilloso de la gente

como él.

Ralph

Parece un recién nacido.

María

Recién nacido pero quizás venido a menos. Lo veremos corriendo pro el

jardín antes de que cante el gallo. Créanme. Estará bailando valses antes

de que cante el gallo.

Ralph

Antes de que digas cocoricó. Bueno, vámonos a tatas.

(Salen Ralph y María.

Bel toma el teléfono. Marca un número.

Las luces sobre ella.

Luces-en la recámara de Fred.

Suena el teléfono. Jake descuelga)

Jake

¿Lavandería china?

Bel

Tu padre está muy enfermo.

Jake

¿Lavandería china?

(Pausa)

Bel

Tu padre está muy enfermo.

Jake

¿Puedo pasarle a mi colega?

(Fred toma el teléfono)

Fred

¿Lavandería china?

(Pausa)

Bel

No tiene importancia.

Fred

Oh, querida señora, absolutamente todo es importante cuando se trata de

lavandería.

Bel

No. No importa. No importa.

(Silencio.

Jake toma el teléfono, lo mira, lo acerca a su oído. Bel sigue al teléfono.

Fred le arranca el teléfono a Jake)

Fred

Si tiene usted una queja seña, ¿podemos referirla a nuestra oficina

central?

Bel

¿Lavan en seco?

(Fred inmóvil. Le pasa el teléfono a Jake)

Jake

Hola. ¿Puedo ayudarla?

Bel

¿Lavan en seco?

(Jake inmóvil.

Bel cuelga el teléfono. Zumbido.

Jake cuelga)

Jake

¡Claro que lavamos en seco! ¡Claro que lavamos en seco! ¿Qué clase de

lavandería de mierda es ésta si no sabe lavar en seco?

(Recámara de Andy.

Andy y Bel)

Andy

¿Dónde están? ¿Mis nietos? ¿Mis bebés? ¿Mi hija?

(Pausa)

¿Esperan allá fuera? ¿Por qué los dejas esperando afuera? ¿Por qué no

entran? ¿Qué cosa esperan?

(Pausa)

¿Qué sucede?

(Pausa)

¿Qué sucede?

Bel

¿Te estás muriendo?

Andy

¿Me estoy muriendo?

Bel

¿No lo sabes?

Andy

No. No lo sé. No sé cómo se siente. ¿Cómo se siente?

Bel

Yo no sé.

(Pausa)

Andy

¿Por qué no pasan? ¿Sienten miedo? Diles que no sientan miedo.

Bel

No están allí. No han venido.

Andy

Dile a Bridget que no tenga miedo. Dile a Bridget que no quiero que se

asuste.

(Recámara de Fred.

Jake y Fred.

Fred fuera de la cama, en calzoncillos. Ambos dan

vueltas alrededor de la recámara, las manos unidas detrás de la espalda)

Jake

Qué lástima que no estuviste en el entierro del teniente general.

Fred

Temo que estuve confinado a mi lecho con una enfermedad mortal.

Jake

Así lo supuse. Qué pena. Fue una-gran ceremonia.

Fred

¿De veras?

Jake

Ya lo creo. Todos estaban allí.

Fred

¿De verdad? ¿Quiénes?

Jake

Pues… López Rodó. Arias Navarro. Carreo Blanco. Serrano Súñer.

Fred

¿De verdad?

Jake

Claro que sí. Aranha. Ruiz Guiñazú. Padilla. Rosetti.

Fred

Dios mío.

Jake

Así es. Lacerda, Vargas, Barros, Dutra, Café Filho, Assis de

Chateaubriand y Waldemiro Bazabella.

Fred

¡Vaya, vaya!

Jake

Toda la pandilla. Kelly, Büchi, Luders, Madariaga y Onofre Jarpa.

Fred

¿Discursos?

Jake

Muy emotivos.

Fred

¿Quién habló?

Jake

A ver… Montes de Oca, Lleras Camargo, Ortiz Mena, Ponce Enriquez,

Prado Ugarteche, Medina Angarita y Krieger Vassena.

Fred

Era muy amado.

Jake

Bueno, también tú lo querías, ¿no?

Fred

Lo quise. Lo quise como a un padre.

(Tercera área)

Bridget

Una vez alguien me dijo —creo que fue mi padre o mi madre— de

cualquier modo, uno de ellos me dijo: Hemos sido invitados a una fiesta.

Tú también has sido invitada. Pero tendrás que venir sola, por tu cuenta.

No tendrás que vestirte elegante. Debes esperar a que la luna se oculte.

Me dijeron dónde tenía lugar la fiesta. En una casa al fondo de un

sendero. Pero me dijeron que la fiesta no empezaría hasta que la luna se

ocultara.

(Pausa)

Me puse una ropa vieja y esperé a que la luna se ocultara. Esperé un

largo rato. Entonces me encaminé a la casa. La luna seguía brillando y no

se movía.

(Pausa)

Cuando llegué a la casa la encontré bañada por la luz de la luna. La casa,

el parque, el camino, todos bañados por la luz de la luna. Pero el interior

de la casa estaba oscuro y todas las ventanas estaban cerradas. No se oía

un ruido.

(Pausa)

Permanecí allí bañada por la luz de la luna y esperando que la luna

desapareciese.