Rosas muertas

Arnaldur Indridason · Capítulo 26 de 42

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Rosas muertas

Capítulo 26

26

 

El día después de que Erla se llevara el cadáver de su hija, la prensa publicó una fotografía de Janus acompañada de un breve aviso, para que aquellos que pudieran tener alguna información sobre él, se pusieran en contacto con la comisaría de Reikiavik. Era la foto de su carné de conducir, del que la policía conservaba una copia. Habían localizado a su madre y la habían informado de que recibiría la visita de dos agentes.

Erlendur y Sigurður Óli pasaron la mayor parte del día en ministerios e instituciones públicas. En el Ministerio de Pesca averiguaron que Kalmann se sentaba en el consejo de administración de una naviera de Reikiavik que poseía cuotas por valor de cinco mil millones de coronas. La mayor parte procedía de la compra reciente de barcos y botes de pesca en distintos pueblos de los fiordos del noroeste, pero también en el este del país y en la península de Reykjanes.

Debían ir con pies de plomo al investigar a Kalmann. En cuanto se supiera que dos hombres de la Policía Judicial andaban preguntando por las actividades profesionales del emprendedor y husmeando en sus negocios, los rumores correrían como la pólvora. Sigurður Óli visitó la Asociación de Constructoras con el pretexto de que estaba escribiendo un trabajo para la universidad sobre la construcción de presas. Se mostró interesado en saber si disponían de alguna información sobre el tema. Lo recibieron con agrado y le permitieron acceder a sus archivos acompañado de uno de los empleados, que le indicó dónde podía encontrar lo que buscaba. El empleado lo dejó solo en cuanto se cansó de estar pendiente de él.

Por su parte, Erlendur se centró en las obras de construcción adjudicadas a Kalmann en Reikiavik. Tenía un contacto de confianza en la Agencia Estatal de Tasación de la Propiedad que sabía que no se iría de la lengua si curioseaba en las actividades del empresario en el sector. Le explicó que le había llegado información sobre unas posibles irregularidades cometidas por un empleado de una de las empresas de Kalmann. Sus indagaciones lo llevaron a la Oficina de Ordenación del Territorio de Reikiavik, donde se interesó especialmente por la adjudicación de los terrenos. Después se dirigió a Kópavogur y a Hafnarfjörður con la misma intención, y constató que los edificios se multiplicaban en nuevas áreas que se expandían a toda velocidad.

Por la tarde, Sigurður Óli y Erlendur se reunieron para poner en común sus conclusiones y decidieron dar una vuelta por Hafnarfjörður y Kópavogur. A continuación, se acercaron a los nuevos barrios de Grafarvogur, hicieron un alto en los márgenes de Rimahverfi y bajaron del coche.

—No cabe duda de que ese tipo tiene unas cuantas casas —señaló Erlendur—. ¿A que no sabes a quién le han adjudicado la mayoría de las obras más importantes de las afueras del área metropolitana en los últimos diez años? —preguntó mientras paseaban entre la hierba de los límites de la ciudad.

—A nuestro hombre, ¿no? A Kalmann —respondió Sigurður Óli mientras dirigía la mirada hacia Kjalarnes y el monte Esja.

—¿Y sabes a quién le han concedido la mayor parte de los terrenos urbanizables donde se ha construido en los últimos diez años?

—Al mismo hombre, supongo.

—A un holding llamado Búlki. ¿Adivinas quién es el mayor accionista?

—¿A cuánto debe de ascender la fortuna de ese hombre? En coronas.

—Cuando el sector de la construcción cayó hasta prácticamente acabar desapareciendo, hace unos quince años, a Kalmann le adjudicaron terrenos por toda el área metropolitana —explicó Erlendur—. Por ejemplo, él es quien edificó en la zona donde nos encontramos ahora. Le asignaron un territorio inmenso que alcanza hasta Mosfellssveit y Kjalarnes. Su empresa posee la mayor parte de las tierras donde se construirá en un futuro.

—Tengo entendido que es el tercer hombre más rico del país —comentó Sigurður Óli sin dejar de pensar en el posible valor de su fortuna.

—He consultado el Plan de Urbanismo de Reikiavik para el periodo comprendido entre 1992 y 2010. Kalmann puede seguir construyendo hasta bien entrado el tercer milenio. Tiene permiso para edificar aquí detrás, en Grafarvogur, y también aquí delante, en Borgarholt, Geldinganes y Hamrahlíðarland. En Borgarholt se levantará un centro comercial dos veces mayor que Kringlan, el del centro de Reikiavik. Kalmann se sienta en el consejo de planificación urbanística y es el mayor accionista del holding. Los dueños de una cadena británica participan en el proyecto. Ya lo habrás escuchado en las noticias.

—¿Y de qué nos sirve saber todo esto?

—¿Recuerdas lo que le dijo Birta a Dóra?

—¿Eso de quiénes iban a mudarse a todas esas casas? ¿No era una cosa así? Se preguntaba quiénes se suponía que iban a ocuparlas.

—Una extraña reflexión para una drogadicta que se prostituye, ¿no te parece?

—Sí, seguramente. ¿Adónde quieres ir a parar?

—¿Quién hace caso de las tonterías que pueda decir una drogadicta? Algo me dice que a Birta no le hacía falta hacer esas preguntas.

—¿Por qué no?

—Porque creo que ya conocía la respuesta.

—¿Y?

—Y por eso murió.