Siete pacientes

Atul Kumar · Capítulo 1 de 8

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Siete pacientes

Capítulo 1: Sacudido

Estábamos por comenzar a cenar a las 11 p.m. cuando los pagers de todo el equipo comenzaron a sonar simultáneamente. No hubo necesidad de chequear el mensaje porque el intercomunicador sonó a todo volumen,

“CÓDIGO AZUL, SALA DE EMERGENCIAS, TIEMPO ESTIMADO DE

ARRIBO 2 minutos; CÓDIGO AZUL, SALA DE EMERGENCIAS, TIEMPO ESTIMADO DE ARRIBO 2 minutos”.

Tras devorar cualquier tipo de bocado que pudiésemos meternos a la boca, todos corrimos hacia la Sala de Emergencias y nos ubicamos en nuestros puestos cerca de las grandes puertas del departamento de urgencias, a la espera de cualquier desastre que viniese en nuestra dirección.

El ambiente estaba cargado de una ansiedad tensa y todo el mundo estaba listo para saltar a la acción, pero sin nada que hacer aún. Todo el personal se dirigía hacia las puertas de la sala de urgencias mientras se colocaban máscaras y guantes, ignorando temporariamente a los 20

pacientes de la sala de emergencias que estaban en varios estados de agonía y sufrimiento.

Toda la atención se centraba en las dos inmensas puertas dobles que conducían a la estación de ambulancias. El equipo de urgencias estaba integrado por dos médicos superiores, dos residentes, dos internos, un terapista respiratorio, un farmacéutico, tres enfermeras y yo, el simbólico estudiante de medicina omnipresente— heraldo del suficiente conocimiento como para ser peligroso.

Después de 20 segundos de miradas inciertas y tics inadvertidos, se oyó una débil sirena que se hacía cada vez más fuerte— no habría efecto

Doppler con esta ambulancia ya que se detendría a un par de metros de donde yo estaba.

La sirena estaba alcanzando un crescendo casi insoportable pero, de repente, se silenció. Los neumáticos chirriaron, los cambios crujieron y hubo un momento de silencio ensordecedor antes de que las puertas de la sala de urgencias se abrieran ferozmente. Un equipo de paramédicos entró rápidamente y le comenzaron a dar el parte a la Dra. Peters. El personal rodeó al paciente de manera tan rápida que nunca llegué a verlo.

—Cianótica y apneica a su llegada, indiferente al dolor, incapaz de ser intubada en el campo, tubo nasotraqueal colocado sin complicaciones, respondió a ventilación positiva, ritmo cardíaco de 180, al principio débil, ahora fuerte, disminución de murmullos respiratorios a la derecha, normales a la izquierda. Sin acceso intravenoso. Collarín colocado. Pupilas dilatadas y sin reacción. Flácida inicialmente y, desafortunadamente, eso no ha cambiado mucho. — el paramédico principal lanzó todo eso, de una sola vez, en el camino desde la puerta hasta el quirófano de urgencias #2, una distancia total de unos 6 metros.

Durante todo ese tiempo, la Dra. Peters no hizo ningún comentario y miraba sólo a su paciente, asintiendo una vez al final del informe, un asentimiento sólo encontrado en el mundo médico, indicando que él hizo un estupendo trabajo y que sus superiores serían notificados de sus esfuerzos.

Tras entender que ya no era su responsabilidad, los paramédicos rápidamente se separaron para ir a completar su papeleo a la estación central de trabajo.

—Tráiganme un kit intravenoso, conecten los cables del ECG y tengan un aparato de TC listo DE INMEDIATO. —gritó la Dra. Peters, con una seguridad que sólo puede provenir de los años de experiencia y del hecho de haberlo visto todo, al menos dos veces. —También, llamen a la sala de operaciones y pónganlos al tanto de la situación. Tú,-señalando a uno de los residentes senior — quítale el resto de la ropa y haz una completa evaluación primaria mientras ella escribe.

Con algo para hacer, la multitud se dispersa, cada uno con una tarea específica. Finalmente, pude abrirme camino a codazos y ver a nuestro foco de atención de la noche. Era extraño. A pesar de la cantidad de gente, el

lugar parecía vacío. En lugar del normal despliegue de maquinaria grande de soporte vital, todo era en miniatura. Cuatro médicos y un terapeuta respiratorio estaban amontonados alrededor de una camilla. Cuando me acerqué, me di cuenta de que no era una camilla, sino una cuna.

Nuestra paciente tenía sólo unos cuatro kilos y medio y apenas medía sesenta centímetros. ¡Este era un código pediátrico!

Con razón la conmoción era más intensa de lo normal. Chicos, especialmente bebés, siempre ponen al personal médico muy nervioso. No estoy completamente seguro de por qué. Solía pensar que es porque nadie quiere ver un niño enfermo pero creo que la verdadera razón es que el cuidado pediátrico es tan litigioso que todo es escudriñado.

En un esfuerzo por ser útil, miré rápidamente alrededor de la sala. Debo haber repetido este gesto varias veces porque una enfermera se me acercó y me recomendó que me subiera a una banqueta para observar, en lugar de girar como una peonza en todas las direcciones.

Con los hombros caídos, me aparté. Encontré una banqueta y, silenciosamente, ocupé mi lugar en un rincón de la sala y fuera del camino, yo, el omnipresente pero, rara vez visto, estudiante de medicina. Al menos, esta vez, tenía una buena vista superior.

—Conseguí acceso intravenoso, pie izquierdo.— anunció uno de los residentes.

—Cables en su lugar, ritmo normal con taquicardia.— anunció otro.

—Denme el tubo de 3.5 F, el 4 es demasiado grande para esta pequeñita...y un poco de presión cricotiroidea, suave allí...MALDICIÓN, tiene un espasmo. ¡Traigan el set de fibra óptica ahora! ¿Ya tenemos listo el aparato de TC?-la Dra. Peters estaba comenzando a ponerse tensa. Rara vez obtenía las cosas en el primer intento y dos intentos fallidos de intubación no la iban a poner de buen humor.

El set de intubación con fibra óptica apareció de la nada y el laringoscopio pediátrico era tan pequeño que parecía un juguete. Casi de inmediato, una imagen en alta resolución apareció en el monitor de LCD.

En la pantalla, había una amplia imagen que evidenciaba el traumatismo, seguida por una imagen de una lengua, una faringe y la tráquea, una abertura pequeña y oscura que conduce directamente a los pulmones. Lo

siguiente que vimos fue el transparente tubo plástico rellenar el espacio y la imagen parecía nevada cuando se retiró el endoscopio. Se infló el globo del tubo endotraqueal y se inició ventilación artificial. Casi de inmediato, la bebé pasó de tener una tonalidad azulada a un saludable color rosado a medida que ambos pulmones comenzaban a inflarse y desinflarse de forma rítmica con cada bombeo de la diminuta bolsa de ventilación, no más grande que el tamaño de un pequeño cartón de jugo. Todo el proceso llevó alrededor de 10 segundos.

—TC listo,— gritó una voz desde el pasillo. Tan pronto se confirmaron que los signos vitales se encontraban presentes y relativamente estables, la bebé fue llevada al escáner por un séquito de no menos de siete profesionales altamente calificados con un sólo objetivo: mantener viva a este extraña.

Los vi girar en la esquina y desaparecer pero no sin antes ver a la Dra.

Peters negar con la cabeza. El sutil gesto fue sólo para ella pero al tener una vista desde un ángulo superior, yo lo vi. Se estaba atacando a sí misma por pedir la endoscopia guiada por imagen. En el supuesto de que haga las intubaciones más fáciles, usarla es admitir haber fallado en intubar de forma

“real”, sin la ayuda tecnológica. Es análoga a las épocas anteriores del GPS

cuando teníamos que detener nuestro coche y preguntar direcciones. A nadie le gustaba hacerlo pero, a veces, era necesario.

De la misma manera que el quirófano de urgencias se llenó, se vació.

Sólo yo permanecí en la sala vacía. Ya no estaba ni organizada ni higiénica, en vez de eso, estaba desierta con desechos médicos desparramados por todos lados. Máquinas que parecían en miniaturas y futurísticas contaminaban la sala. La mayoría de ellas todavía estaban encendidas y emitiendo varios bips y sonidos, sólo que sin las ondulaciones consistentes asociadas a un corazón palpitante u a otros órganos en funcionamiento.

Bajé de mi pedestal y pisé directamente un charco de fluido desconocido. Era más viscoso que el agua pero relativamente inodoro, probablemente algo usado para lubricar tubos para intubación. Cuando comencé a limpiarme el menjunje de los zapatos, oí pasos que entraban a la sala.

—Oye, ¿eres uno de los doctores que se ocupó de la niña que estaba aquí hace un momento? Soy el Detective Higgs— resonó una voz barítona desde arriba.

Levanté la vista bien alto y ahí estaba, no un hombre sino una montaña móvil. Debe haber medido unos 2 metros y pesado unos 136 kilos. Su uniforme marrón claro y su chaleco antibalas no podían ocultar el hecho de que pasaba una cantidad considerable de tiempo en el gimnasio. La muy usada correa y funda de pistola de rápido acceso ya había definitivamente visto algo de acción. La confianza, que demostraba en su postura, y la seriedad de su voz indicaban que estaba seguro de sus habilidades y que se encontraba cómodo en el marco del hospital.

—Hola, Detective.-respondí mientras estaba parado en un pie con una toalla pegajosa, que me goteaba quien sabe qué, en la mano.— No estoy seguro de que vaya a serle de mucha ayuda. Sólo soy un estudiante de medicina. Creo que los jugadores activos en el rescate están todavía en radiología, siguiendo por el pasillo.

Se quedó parado ahí, asimilando todo. Rompí el silencio. —Sé que la edad de los criminales ha estado bajando pero la niña que entró aquí no podría tener más de cinco meses, demasiado joven como para hacer mucho más que mojar un pañal.

Mi broma encontró más silencio.

Echó un vistazo a todo el lugar, presuntamente buscando a alguien más con quien hablar, pero yo era el único que estaba a la vista. Estoy seguro de que el simple hecho de decir “estudiante de medicina” había provocado su completo desinterés. Después de decidir que su tiempo sería mejor empleado en algún otro lugar, se dio vuelta y se fue sin decir ninguna otra palabra.

Ser estudiante de medicina implicaba que yo estaba en el peldaño más bajo de la jerarquía médica; el personal y los médicos le prestaban más atención a los voluntarios. El próximo peldaño de la escalera era estudiante de medicina senior o Sub I (que significa estudiante graduado o Sub-Interno), seguido por médico interno (que se refiere al primer año de residencia), residente (residente senior generalmente significa que quedan 2

años hasta la finalización y residente en jefe se refiere al último año de

residencia que puede variar de 3 a 7 años de duración). Uno puede abandonar y comenzar una carrera después de la residencia o bien continuar la capacitación con una beca de investigación, de 1 a 3 años más de súper-especialización. Después de que se completa el entrenamiento, se lo conoce al médico como “tratante”, completamente certificado por el Consejo Médico y en la parte superior del tótem.

Después de la facultad de medicina es cuando se otorga el título de Doctor en Medicina y uno se convierte en un verdadero “doctor” y ya no es más estudiante. Pero es sólo después de completar las prácticas que un doctor obtiene una licencia médica real y los permisos para recetar medicamentos. Pero le deseo buena suerte si quiere practicar medicina, lo cual requiere certificación del Consejo Médico y ésta sólo es concedida después de completar la residencia o la especialidad, dependiendo del campo de la medicina.

Dadas mis tremendas responsabilidades inmediatas de limpiarme el menjunje de mi zapato, decidí seguirlo. Diablos, si la sustancia viscosa pudo ser usada para intubar un bebé, entonces no dañará mis zapatos.

—Perdone, ¿Detective?— le grité mientras lo seguía por el pasillo hasta el centro de la sala de emergencias; el “centro de comando” como lo apodábamos. Este era el núcleo central donde se encontraban todas las computadoras y las historias clínicas. Había doce salas con puertas transparentes de plexiglás a su alrededor. Hacia un lado había dos enormes quirófanos de urgencias y un tercero que podía ser abierto si era necesario.

Un poco más al fondo del pasillo había una organización similar, sólo que más pequeña con ocho salas y sin área de quirófanos.

¡Dios, el tipo sí que era rápido! Tuve que trotar para alcanzarlo y él ni siquiera caminaba rápido. —¿Hay algo en que pueda ayudarlo?

Prácticamente vi todo lo que sucedió.

Pensó la oferta y respondió:-Sí, ¿Quién está a cargo hoy? ¿Podrías ir a buscarlo? Estaré en la sala de espera.

Fantástico, para lo único que sirven los estudiantes de medicina es...para buscar cosas. Y bueno, no tenía nada mejor que hacer. —Claro, es la Dra.

Peters. La iré a buscar. ¿Qué le digo? ¿Por qué asunto es?

—Peters, ¿eh? No te preocupes entonces. Ella es una de las pocas que me encontrará cuando tenga oportunidad. Ella sabe dónde encontrarme.—

Se fue, sin prisa hacia, la sala de médicos.

Supuse que probablemente no debería seguirlo pero, de todas formas, me escabullí antes de que se cerrara la puerta detrás de él y me dejase afuera. El detective debe de haber sido un pez gordo para tener acceso a la codiciada sala. Sólo los jefes de residentes y los médicos tratantes tienen la autorización requerida para entrar.

En realidad, no hay más que unas pocas sillas acolchadas, mesas, televisiones de LCD, un puñado de computadoras y una cocina, pero proporciona un descanso de la bulliciosa sala de emergencias. Además, hay comida gratis que no consiste ni en los típicos sándwiches empaquetados ni las gaseosas sin nombre. La cocina tiene de todo, desde cafés doble shot de Starbucks y bebidas energéticas Rockstar hasta comida caliente provista por los restaurantes locales.

El detective tomó una Coca-Cola dietética del refrigerador y se sentó en el rincón trasero, como si lo hubiese hecho muchas veces. Previo a que él pudiera agarrar la revista que tenía más cerca, caminé hacia él e intenté comenzar una conversación. No me vendría mal tener un aliado en el mundo policial.

—Detective Higgs, ¿verdad? —Levantó la vista pero no dijo nada. —

Hola, me llamo Rajen. Acabo de comenzar mi tercer año de la escuela de medicina aquí. No tengo mucha experiencia pero cada vez que veo un agente del orden público en la sala de emergencias es, en general, para sujetar a alguien con un problema psiquiátrico o de drogas o, bien, para escoltar al perdedor de una pelea de un bar. Un agente de orden público pediátrico es nuevo para mí. ¿Qué lo trae por aquí hoy?

—Bueno, supongo que ya que viste a la niña, no es un gran secreto.

¿Viste a la pareja de adolescentes que mi compañero esposó en el área de espera? —hice un gesto con la cabeza, negativo. —Bien, bueno, esos son supuestamente los padres si se pueden llamar de esa manera. Ni siquiera sabemos si han terminado la escuela secundaria. Es como ese juego “Baby Shaker” que la gente solía poner en sus teléfonos antes de que fuese prohibido, sólo que en la vida real.

—¿Quiere decir que los padres le hicieron eso a ella? ¿No pudo haber sido un accidente?

—No fue un accidente, eso es seguro. Apuesto a que sus padres lo hicieron y es muy probable que haya sido a propósito. Sólo que ellos no pensaron que serían atrapados. Todos piensan que son lo suficientemente listos como para salirse con la suya. Estoy seguro de que la niña tendrá quemaduras perfectamente redondas de cigarrillos por los brazos (por supuesto que los padres van a asegurar que se debe a un sarpullido que se rascó) y luego, habrá numerosos huesos rotos en varias etapas de curación (que los padres no sabrán nada al respecto). El final sorprendente de la historia, y te apuesto 10 a 1, será que la niña se cayó de una cuna, mesa o algo cuando nadie estaba cerca y la encontraron tirada. Intentarán culpar a una niñera o algo así, pero no nos darán ninguna información de contacto o nombre de la presunta nana.

Se tomó un descanso para beber su Coca Cola dietética, vaciando lo que parecía una diminuta lata en su gigantesca garra. Apretó la lata y la arrojó con fuerza al bote de basura. —Me saca de quicio que la gente le haga esto a niñitos inocentes...

La Dra. Peters entró justo en ese momento. —Buenas noches, Detective. Supongo que está aquí por el pollito sacudido que acabo de escoltar hasta la sala de operaciones, ¿no es así? —La forma horripilante que los profesionales médicos se refieren al síndrome del niño sacudido.

Asintió con la cabeza en dirección hacia mí, con un toque de reconocimiento, pero claramente no recordaba mi nombre.

—Sí, ¿Cómo lo supo? Se convierten en padres cada vez más jóvenes.

Imagínese que la madre es todavía una adolescente y su hipótesis es tan buena como la mía con respecto a quién es el padre. Una cosa es segura, no es el tipo que está con ella ahora. Le importa un comino la niña. ¿La beba tenía las observaciones habituales?

—Creo que sí. Definitivamente, vi las quemaduras de cigarrillo características y la TC mostró un hematoma subdural que estaba comprimiendo el cerebro y causando una significativa desviación de la línea media. Había varios moretones que, estoy segura, corresponden a huesos rotos fundamentales. El neurocirujano está en este momento, en

camino, para drenar el hematoma. Le daría un 30% de posibilidades de sobrevivencia y, si lo logra, será exactamente igual a los que tienen PC y tendrá una apariencia extraña.

—¿PC? —pregunté con indecisión mientras me presentaba a mí mismo ante la reconocida Dra. Peters, la número dos en la jerarquía de urgencias de la universidad y en la afamada junta de directivos del hospital. Ella podía crear o destruir la carrera de un novato estudiante de medicina con facilidad.

—Ah, sí, comenzaste hoy, ¿no es así? Recuerdo tu solicitud. Lo hiciste muy bien, encantada de conocerte. —estrechó mi mano mientras se servía un café negro. Lamento que tu primer gran caso de urgencias tenga que ser tan triste. PC es una jerga médica; es la forma en la que nos referimos a los niños con parálisis cerebral, los que están institucionalizados con comportamientos autodestructivos. Sin duda, los habrás visto en público, usando cascos y gafas protectoras porque ellos se golpean la cabeza y se meten los dedos en los ojos. Algunos pueden hablar, la mayoría sólo babean. Son una inmensa carga para la familia y la sociedad.

Higgs se levantó e hizo crujir los nudillos, asustándome. Pensé que unos petardos habían explotado. Vino hacia nosotros con un destello en los ojos; algo estaba a punto de suceder. —Oiga, Doc, —murmuró en un tono casi conspiratorio— ¿Tiene ganas de jugar al “buen policía, mala doc” como solíamos hacerlo antes de que usted tuviera hijos y se volviera blanda?

Peters se bebió de un trago la mitad de su café y guiñó un ojo a Higgs.

—Sí, cuente conmigo, ¿como en los viejos tiempos cuando usted tenía el abdomen como una tabla de lavar y no como un barril?

—Touché. Llevemos al estudiante de medicina con nosotros y mostrémosle cómo es realmente la medicina. — Se volvió hacia mí y dijo:-

Síguenos, muchacho, y mantén la boca cerrada.

~~~~

—Oiga, Doc, no he ido a la escuela de medicina ni a nada parecido pero lo último que supe es que se necesita haber completado el período de pubertad para tener un hijo, ¿no es cierto?

—Bueno, al menos, se debería estar a mitad de camino...-Peters tuvo que mirar dos veces antes de continuar.— Espere, ¿habla en serio cuando dice que aquellos dos son los culpables?

Me estaba apurando para seguirles el ritmo cuando, rápidamente, nos acercamos a un par de muchachos esposados en un rincón de la sala de emergencias. Uno pensaría que estarían asustados y llorando. En cambio, ella estaba pateando su mochila de “Hello Kitty” mientras le gritaba al chico con pelusa en la cara que estaba sentado en el banco de acero. Tal vez estaba sentado por cansancio o porque sus pantalones eran tan holgados que no podían resistir la gravedad, quién sabe.

El otro oficial se paró derecho cuando Peters y Higgs entraron a la pequeña sala de espera y cerraron la puerta. Yo fui a un rincón, recordando que mi único trabajo era mantenerme callado.

—¿Cuál es el nombre de la paciente? —preguntó la Dra. Peters, claramente dirigiéndose a la pareja de adolescentes.

Nadie respondió. Lo que es más, ni siquiera reconocieron nuestra presencia en la pequeña sala. La muchacha seguía interrogando al muchacho sobre cuántas mamadas había recibido en el último mes. Se escondió tan adentro de su sudadera Raiders con capucha que apenas podía ver la visera de su extrañamente angulosa gorra de béisbol.

¡PUM! El sonido de un trueno inmediatamente captó la atención de todos.

Después de una larga mirada, Higgs rompió el silencio:-Escuchen, mocosos, lo próximo que golpearé será a uno de ustedes, imbéciles, si no le muestran a la Doctora algo de respeto.

No sé qué tipo de fuerza lleva ahuecar una pared de la sala de detención pero Higgs la tenía y parecía ya haber usado esta técnica, a juzgar por las hendiduras similares que había esparcidas por toda la pared trasera.

—La doctora les preguntó amablemente, a los dos, el nombre de su paciente gravemente enferma. ¿Alguno de los dos podrá brindar esa información?

—Todavía no tiene nombre.-susurró la muchacha.

—¿No tiene nombre? ¿Qué edad tiene?

—Seis semanas.

—Y... ¿por qué no tiene nombre todavía? ¿No recibió un certificado de nacimiento?

—Bueno, no exactamente. Me fui del hospital antes que el médico nos diera el alta. Así que nunca obtuve el certificado.

Peters y Higgs pusieron los ojos en blanco y el hombre grande estalló:

— Corríjame si me equivoco, Doc, pero dejar el hospital con un alta voluntario y con un bebé es secuestro, ¿no es cierto?

—Sí, tiene razón. A menos que la madre, por supuesto, provea un nombre falso y una dirección ficticia, en cuyo caso no es más que una Juana Perez y no se podrá probar nada.-Una sonrisa de suficiencia y autosatisfacción apareció en la cara de la muchacha.

Se borró rápidamente cuando continuó la Dra. Peters:— Aunque sería bastante fácil descubrirlo por la edad de la madre, fecha y hora del parto, edad de la niña y tipo de sangre. Todos estos datos coincidirían con Juana Perez y ya no sería más una desconocida y se la puede acusar de secuestro, abuso infantil y cualquier otra cosa.

Gotas de sudor comenzaron a aparecerle a nuestra Juana. Juan Perez todavía estaba escondido en su ropa como una marmota americana que aún no había salido en la primavera.

Una vez más, Higgs tomó la delantera. —¿Es usted la madre, señorita?

Con la mirada baja sobre su mochila y revoloteando sus ojos, susurró:-

Sí.

—¿Cómo se llama?

—No tiene nombre.

—No me refiero al nombre de ella, podremos completar su certificado de defunción más tarde. Tu...

—¿Está MUERTA? —Juana se puso de pie de un salto; la mirada de preocupación en su cara fue algo que hasta una actriz experimentada no podría fingir. Creo que acabábamos de confirmar que era la madre de nuestra paciente.

—Lo estará si no comienza a responder mis preguntas más rápido.

Estoy seguro de que la doctora aquí necesita ir a salvarle la vida en lugar de estar perdiendo el tiempo con ustedes dos. Pero no puede estar en dos lugares a la vez, así que les sugiero que sean más cooperativos.

—Juanita.

—Y tú, ¿cómo te llamas, Papá?-preguntó Higgs, quien extendió la mano y le quitó rápidamente la capucha, dejando ver una gorra de béisbol puesta tan abajo que le cubría las cejas y girada hacia un lado para darle sombra a su oreja izquierda.

Saltó de su asiento y se paró mirando con furia la clavícula de Higgs, antes de levantar la cabeza y hacer contacto visual. El detective tenía, al menos, tres manos y ocho piedras sobre el aspirante a pandillero que intentaba, sin éxito, hacerle bajar la mirada. La lucha duró 30 segundos, gracias a que la Dra. Peters intervino. Si no hubiese sido así, no sé si habría podido contener la risa al ver esta situación.

—Entonces, ¿cómo te llamas? ¿Eres el padre?-preguntó Peters.

—¡Quiero ver a mi abogado!

Higgs le dio un empujón hacia abajo así que quedó sentado en el banco nuevamente. Buena jugada, o de lo contrario, sus jeans podrían haberse asentado alrededor de los tobillos en lugar de estar colgados, precariamente, a la mitad de los muslos alrededor de sus dos pares de boxers.

—No estás arrestado, Einstein; sólo estás siendo detenido por cómo se te encontró en la escena de una bebé de seis semanas inconsciente que fue secuestrada de un hospital.

—Sin mencionar el hecho de que contratar un abogado es tan bueno como declararse culpable. Por lo que parece, no creo que vayas a poder pagar una de esas grandes firmas de abogados con el dinero del almuerzo.

Diablos, si sólo fuese el dinero del almuerzo y no robado.

Escupió la pared. —¡Váyase al diablo! ¡Yo me gano el sustento! Voy a quitarle la placa y va a tener que buscar trabajo como guardia de seguridad.

Esto es acoso y brutalidad policíaca. —Higgs se alejó del supuesto padre y puso la mano, no muy sutilmente, en su ahora desajustado pero todavía enfundado revolver. Juan se percató de eso:— ¿Alguna vez lo ha usado?

En un segundo, Higgs sacó su arma y puso el cañón contra un lado de la cabeza de Juan Perez, empujándolo hacia la pared en un ángulo extraño.

Peters, calmadamente, entró en la discusión al ver el sufrimiento que había comenzado a aparecer en la expresión de Juan. —No se preocupe, Detective, acabo de ver todo. Estaba irritado e intentó atacarlo. Continúe;

jale del gatillo. Atestiguaré que lo hizo en defensa propia. Hágame un favor y asegúrese de que sea letal. En este momento, los cirujanos tienen las manos ocupadas con la bebé y no tenemos otra sala de operaciones disponible.

—¿Qué?... ¿qué? ... ¡No puede hacer algo así. Usted es doctora. —

balbuceó nuestro Juan, ya sin verse tan fuerte con mocos goteándole de la nariz.

Higgs empujó el arma un poco más y continuó:— Me parece que la buena Doctora te preguntó cómo te llamabas. ¿Vas a responder sus preguntas o voy a tener que actuar en defensa propia como ella sugirió?

Asintió con la cabeza. Todas las preguntas fueron respondidas rápidamente sin ninguna bravuconada ni impertinencia. Una gran cantidad de pañuelos de papel fueron tomados de una caja cercana antes de que Higgs y Peters se fueran de la sala.

~~~~

Juan y Juanita, ¿eh? ¿Creyó sus historias?

Higgs y Peters estaban discutiendo el caso afuera de la sala de interrogatorios. Juan (resultó ser su nombre verdadero) estaba más que feliz de responder todas las preguntas una vez que se dio cuenta de que Higgs había, en verdad, disparado su arma antes y que la Dra. Peters no iba a tener más compasión que el detective. De hecho, ambos hacían su rol de “malos”

bastante bien.

La pareja estaba todavía en la sala de interrogatorios mientras se decidían los pasos a seguir. Juanita sostenía la cabeza de su hombre, que ahora estaba llorando, contra su pecho mientras que él se sonaba la nariz y le contaba lo cerca que había estado de ser asesinado, aunque ella se encontraba a sólo unos sesenta centímetros cuando todo sucedió.

A medida que los minutos pasaban lentamente, Juanita parecía estar cada vez más distante de Juan, careciendo del cariño que uno esperaría de una pareja inocente. Ella dejó de sostenerle la cabeza; tenía el brazo débil porque él estaba apoyado sobre su hombro. Ella tenía la mirada fija a la distancia, claramente pensando en otra cosa.

—Ella está ocultando algo, Doc; puedo verlo en sus ojos.— dijo Higgs con total seguridad.

—Estoy de acuerdo. Sin embargo, él parece de fiar, esos llantos son auténticos. Quién sabe si son de miedo o dolor, por ese chichón que le hizo en el lado derecho de la sien. ¡Al menos, no necesitó puntos! Realmente creo que él entró y encontró a la niña inconsciente sin tener nada que ver con la sacudida o con otro tipo de abuso. El pobre tipo hasta cree que es su hija.

Yo sólo observaba estupefacto, en silencio. No podía creer que ésta era la forma en la que se practicaba la medicina. Ni Peters ni Higgs estaban disfrutando lo que habían hecho. Por el contrario, parecían muy profesionales y alejados de la situación, sabiendo que ésta era una manera imperfecta de lidiar con un sistema quebrantado. Un transeúnte médico se dio cuenta de que algo grave pasaba y esquivó el pasillo que nosotros ocupábamos. El poco personal que entró por suministros al depósito lo hizo rápidamente, sin quedarse un segundo más de lo necesario. Era el escondite proverbial a la vista de todos. Si la gente supiera que un menor de edad había sido amenazado a punta de pistola dentro de un hospital con la médica tratante observando, hasta justificándolo...los medios de comunicación se habrían dado un festín.

Pero a juzgar por la forma en la que Peters y Higgs estaban planeando cómo continuar su interrogatorio y por el hecho de cómo ellos no habían ni siquiera vacilado en la parte inicial, este no podría ser un hecho aislado en este hospital solamente. A diario, parejas disfuncionales sacudían bebés a lo largo de todo el país. Me preguntaba si esta era la forma en que se manejaba el tema en otros lados. Desafortunadamente, no podía hablarlo con ninguno de mis amigos. Si saliera a la luz que esto ocurrió, que yo estaba presente y que no intenté detenerlo, sería igual de responsable. El problema inherente era que, desafortunadamente, si yo hubiese intentado detenerlo, probablemente habría tenido bajas notas en mi rotación, algo completamente inaceptable para cualquier estudiante de medicina.

Fantástico, cómplice de brutalidad policíaca y abuso de poder, como mínimo. Justo lo que el Decano esperaba que aprendiésemos como parte de nuestro entrenamiento.

Giré en el momento en que la puerta de la sala de detención se cerraba detrás de Peters con Higgs. Juan y Juanita se quedaron inmóviles en el banco, intentando hacer lo mejor que podían para aparentar estar calmos y serenos. No lo lograron.

Me moví hacia la ventana para tener una mejor vista.

Desafortunadamente, el doble vidrio y las paredes de concreto se interponían en el camino del audio. Todavía estaban haciendo la rutina del bueno y el malo. Higgs golpeó la mesa, con la palma de la mano, con la intención de mostrar que hablaba en serio. Con razón, había tantas hendiduras y rasguños en todas las cosas de la sala.

Se intercambiaron palabras y, de repente, Juan se levantó de un salto y enfrentó a Higgs y a Peters. Su expresión cambió por completo como si estuviese enfrentado a una decisión imposible o a una verdad innegable.

Pasó de estar con los ojos llenos de lágrimas a estar enfurecido. Con el pecho hacia adelante, de repente, fijó la mirada decidido a tomar venganza.

Tiró el brazo hacia atrás como si fuese a golpear a Higgs cuando, de pronto, se dio vuelta y abofeteó a Juanita.

En lugar de intervenir, Peters y Higgs se quedaron mirando cómo se desarrollaban los acontecimientos. Yo estaba paralizado. Pensé que, tal vez, debería intervenir pero sin oír lo que había pasado, no sabía de qué lado estar.

Ahora Juan estaba gritando tan fuerte que la saliva le salía de la boca como una tormenta de nieve. Tenía la cara como un tomate y parecía que los ojos se le iban a salir. Su ira se centraba solamente en Juanita. En vez de encogerse de miedo, ella aceptó el ataque violento con una expresión oprimida de culpa y remordimiento. Permanecía sentada mientras Juan estaba parado; era claro quién tenía el poder y quién era el pecador.

Juan le dio un puñetazo a la pared y pateó la silla que estaba cerca de él.

Al girar hacia la silla volteada, sus intenciones eran claras. Quería venganza. Caminó hacia la silla, la levantó y estaba a punto de arrojársela a Juanita cuando Higgs intervino y lo tiró contra la pared, haciendo que se le cayera la silla a Juan. Higgs forzó a Juan a sentarse al otro extremo del banco mientras Peters escoltaba a Juanita hacia la celda de espera contigua, haciéndome señas de que la siguiera.

Después de que Higgs esposó a Juan, se unió a Peters en la sala de al lado. —Juanita, es tu oportunidad de confesar o serás también esposada y llevada a la estación de policía. —Era obvio que Higgs no estaba bromeando, dado el tono serio de su voz y su postura demasiado cercana a ella, que invadía su espacio personal.

Juanita estalló en llanto. Cayó de rodillas y ya no era la dura y desafiante rebelde que antes había querido parecer. Su verdadera apariencia revelaba una adolescente vulnerable perdida en un mundo de errores y malas decisiones.

Se acostó en posición fetal al lado de las botas de Higgs, llorando desconsoladamente como si el apocalipsis estuviese sobre nosotros...o, al menos, sobre ella. Finalmente Peters cedió y se agachó al lado de ella, dándole pañuelos de papel y frotándole la espalda. Parecía una niña pequeña deseando a su madre. La compasión de Peters y los instintos maternales se apoderaron de ella mientras tranquilizaba a Juanita, probando que el rol de “mala doc” era, en efecto, sólo un acto. Higgs y yo nos quedamos fascinados, mirando en un estado de catatonia mientras las mujeres se unían en sollozos y lágrimas.

Después de varios minutos y muchos pañuelos de papel, el llanto de Juanita lentamente fue amainando y ella giró su pequeña silueta hacia Higgs y susurró tan bajo que apenas se le podía oír:— Juan es inocente, lo amaba pero él...

Higgs, que no estaba acostumbrado al rol cálido y confuso que la situación requería, defirió el interrogatorio a Peters quien, suavemente, convenció a Juanita de que continuara su historia. —Continúa, querida.

Estamos de tu lado.

—Él...él...se puso muy posesivo conmigo. Pensaba que la beba era de él cuando estaba embarazada. Intenté decirle que no era así pero no quiso creerlo. Una vez que di a luz, la violencia comenzó. —Se levantó la blusa para mostrar varios moretones. Podía distinguir la marca de un anillo y los nudillos en el moretón más reciente.

Respiró profundo un par de veces y continuó:— Fue demasiado para mí. No podía criar una beba con la persona en la que Juan se había convertido. La violencia era un lado de Juan que conocí después de que

nació la beba. Sabía que lo quería fuera de mi vida. Cuando le dije que quería que se fuera, se volvió completamente loco. Él nunca dejaba a la beba sola. Siempre estaba a su lado las 24 horas los 7 días de la semana.

Hasta se la llevaba con él cuando iba al baño. Es por eso que nunca le puse nombre a la beba. Para mantenerlo alejado hasta que Daikens volviese.

—Lo estás haciendo fantástico, querida. ¿Podrías decirnos quién es Daikens? —Juanita estaba todavía acostada en el piso, con la cabeza en el regazo de Peters, mientras que la Doc le acariciaba el pelo suavemente.

Comenzó a llorar nuevamente. Después de un momento, se calmó y continuó su confesión:— Daikens es su verdadero padre. Él y yo estuvimos juntos por un año antes de que quedara embarazada. Solía andar en malas compañías pero una vez que se dio cuenta que iba a ser padre, quiso hacer algo bueno. Daikens era traficante. Pero el día en que se enteró que iba a ser padre, fue directo a la policía y confesó. Hasta negoció con los policías para ayudarlos a atrapar a un grupo de traficantes y a los jefes del mundo de las drogas del este de LA.

—Él no me lo contó. Lo descubrí después de que fue a la cárcel.

Trabajaba con la policía en alguna operación encubierta o algo así, no estoy segura de cómo se llama y ellos arrestaron alrededor de 18 personas esa semana por la ayuda de Daikens...realmente se arriesgó. Diablos, hasta recibió un disparo en el brazo cuando todo se derrumbó. Parte del trato era que sólo tenía que soportar un año de malos ratos y, luego, recibiría libertad condicional por su ayuda. Eso fue hace seis meses.

—Estaba disgustada con él por dejarme y no sabía qué hacer mientras él estaba en prisión. Ahí fue cuando conocí a Juan. Era muy dulce y me ayudó con el embarazo y con todo lo demás. Pensé que, realmente, las cosas podían funcionar con Juan...bueno, hasta que, ya sabe, la violencia comenzó.

Peters continuó haciendo preguntas mientras le seguía acariciando el cabello al tiempo que ella le contaba todo lo que había sufrido:-¿Le dijiste a Juan que él no era el padre?

—Claro, tenía dos meses de embarazo cuando lo conocí. Pero él no quería creer que no era su bebé. Seguía diciendo que porque me amaba

tanto la niña se había desarrollado más rápido de lo normal y, por eso, la pudimos traer al mundo antes.

—¿Y qué hay con Daikens?

—Cuando Juan comenzó a golpearme, supe que él no era bueno para mí. Daikens siempre me escribía así que, al final, comencé a escribirle y a visitarlo en prisión. Él comprendía por lo que yo estaba pasando. Se culpó por todo. Quería volver conmigo después de que saliera y decía que comenzaríamos una buena vida juntos. Además, me dijo que tenía mucho dinero ahorrado del que nadie sabía y que podíamos usarlo para un nuevo comienzo.

Noté que Higgs estaba tomando nota mientras ella hablaba. Su confesión quedó claramente registrada.

Juanita continuó:-La semana pasada le conté a Daikens las veces que Juan me golpeó. Daikens no lo tomó bien y se puso realmente furioso.

Hasta dijo que golpearía a Juan muy duro. Yo tenía miedo de que lo matara una vez que estuviese libre. —Comenzó a llorar nuevamente— Y entonces yo me quedaría sola para siempre.

Hubo una mirada de comprensión entre Peters y Higgs, acababan de entender toda la historia. Yo estaba todavía confundido con respecto a un par de cosas: cómo y por qué una muchacha de diecisiete años pensó que era una buena idea tener un hijo y por qué creería que era algo bueno criarla con un ex traficante de drogas después de que ella le confesara que lo estaba engañando, mientras él estaba en prisión. No me parece que sea una receta para el éxito.

Higgs profirió en un tono alto:— ¿Cómo se lastimó la beba si Juan estaba siempre a su lado?

Hubo más respiros profundos y más sollozos pero, afortunadamente, no más lágrimas esta vez. Continuó:— Me contacté con uno de los amigos de Daikens que le debía un gran favor. Supongo que le salvó la vida o algo así en aquellos tiempos en los que era traficante. Se nos ocurrió un plan en el que sacudiríamos a la beba sólo un poco para que cuando Juan viera que estaba enferma pediría ayuda y lo arrestarían por maltrato.

—Así que fingí una caída y simulé haberme torcido el tobillo. Fue a la tienda a comprarme una tobillera y unas compresas de hielo. Cuando se fue,

“J” vino y sacudió a la beba. Pero él es realmente grande y supongo que la sacudió demasiado fuerte, le dije que se detuviera pero dijo que teníamos que hacerlo parecer real. Comencé a preocuparme y me fui a la ducha.

—Supongo que se fue después de que la sacudió. Unos minutos más tarde, Juan regresó y ¡perdió los estribos! Decía a gritos que la beba estaba azul y que no estaba respirando. Corrió a la ducha y automáticamente me culpó. Luego, me dio un puñetazo aquí. —Señaló el moretón que nos había mostrado antes.

—Pobrecita.-Peters era verdaderamente cariñosa y, ahora, estaba abrazando a Juanita. —¿Y qué pasó después?

—Me caí después de que me golpeó pero luego me levanté, salí de la ducha y le dije que llamara al 911. Me cambié muy rápidamente y para cuando llegó la ambulancia...ya conocen el resto.

—Juanita,-Peters la miró directo a los ojos por unos segundos antes de continuar-ahora tienes que ser honesta conmigo. —ella hizo un gesto de aprobación con la cabeza.-¿Cuándo fue la última vez que realmente viste o sostuviste a tu bebé antes de hoy?

Apartó la mirada como si intentara contar el tiempo. —Más de tres semanas. Como dije antes, Juan se volvió escalofriantemente posesivo con ella. Él jamás me dejaba verla o sostenerla. La vez que lo intenté fue cuando me golpeó.

—OK, querida, te creo. Voy a salir un rato y me aseguraré de que la sala de emergencias esté bajo control. Haré que una enfermera te traiga algo de comida y jugo. ¿Te gustaría?

Se reanimó al mencionar la comida.

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Nos reunimos afuera. Higgs fue el primero en hablar. —¿Está pensando lo mismo que yo, Doc?

—Sí, Juan tiene graves problemas. Necesitará una evaluación psicológica, pero podría salir impune de todo.

—Eso es lo que estoy pensando. Ya lo he visto antes pero siempre ha sido la mujer la que se apega al hijo. Nunca vi que suceda con un muchacho. ¿Inversión de roles o algo así?

Sabía que si no preguntaba ahora, las cosas iban a suceder rápidamente y no tendría oportunidad así que interrumpí y pregunté a ambos qué era lo que estaba sucediendo. Pensé que podría meterme en problemas pero en lugar de eso, ellos estaban felices de ponerme al tanto.

—Comenzaré— dijo Higgs.— Verás, Juan se enamoró de Juanita. Pero nadie es tan estúpido para no darse cuenta de que no hay forma alguna de que un niño nazca en término, saludable y normal, a los seis meses de conocer a alguien. Eso explica sus estúpidas excusas acerca de que la beba crecía rápidamente. Pero en el fondo, está enojado porque la niña no es de él así que, en su cabeza, culpa a Juanita por serle infiel. Está enojado con la niña porque sabe que no es suya. El problema es que no puede asumir por completo el hecho de que no sea su hija.

Peters continuó:— Con el tiempo, se apegó cada vez más a la niña.

Pero, luego, la ira reemplaza el vínculo y él comienza a maltratar a la niña; de ahí las quemaduras de cigarrillo y los huesos rotos. No quiere matar a la niña pero cuando se enfurece, se desquita tanto con la niña como con Juanita. A medida que las palizas se hacían más intensas, él no quería que Juanita viera a la beba, o ella tal vez lo denunciaría; por lo tanto, él le prohibió que interactuara con la niña.

Comencé a entender lo que Higgs y Peters habían comprendido hace unos minutos. —Este debería ser un caso sencillo. Enviar a Juan a la cárcel,

¿no es cierto?

Mi comentario fue recibido con risa, seguido de una fuerte palmada en la espalda de parte de Higgs. —Son tan inocentes en esta etapa, ¿no es así?-

le dijo a Peters.

—Desafortunadamente no, Raj. — ¡Eh! ¡Recordó mi nombre! — Habrá varios abogados involucrados. Probablemente, Juan será declarado demente; claramente tiene problemas psicológicos y de ira. Claro que la policía necesitará su versión de la historia. Habrá una larga investigación y es probable que lo absuelvan por demencia u algún tipo de estupidez psicológica. A Juanita, definitivamente, le darán una condena por ser cómplice de algo, aparte de homicidio culposo, pero dado el hecho de que no participó y que es una menor de 17 años, podría obtener algún tipo de indulgencia.

Higgs sintetizó:— En pocas palabras, es un gran lío. Todo esto va a costar mucho dinero antes de ser resuelto. Sólo espero que “J” reciba su merecido porque no creo que podamos localizarlo sin más información.

—Seguro.-agregó Peters. —La gente como Juan es la que me preocupa.

Espero que nunca encuentre uno de esas novelas de asesinos seriales; él es del tipo que intentaría recrear el Infierno de Dante pero en la Tierra cuando sea más grande.

—¿Y qué hay de la beba?-pregunté.

Peters respondió:— Creo que es mejor que no encontremos un nombre para ella. Apostaría a que saldrá con vida de la cirugía pero, probablemente, no sobrevivirá más de un par de semanas dado el alcance de sus heridas.

Higgs y Peters se separaron. Higgs fue a hablar con su compañero y Peters a ver lo que se había perdido en la sala de emergencias mientras estaba tratando con este fiasco.

Higgs y su compañero decidieron que llevarían tanto a Juan como a Juanita a la estación para hacerles más preguntas y otros procedimientos.

De inmediato, Peters estuvo ocupada con otro caso de urgencia, un infarto agudo de miocardio, según mi impresión.

Otra vez, me quedé parado solo y confundido. No tenía a quién reportarle ni con quién verificar la historia y mi turno había terminado hacía más de una hora. Sin nada más que hacer, comencé a caminar a casa. No fue exactamente lo que esperaba experimentar en mi primer día en medicina clínica. Pero como se confirmaría más tarde en el año, este caso estaba muy lejos de ser el más interesante o trágico al que me expondría.

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