Una noche no es suficiente
Capítulo 14
Yo diría que lo mínimo que se espera de mí es que sea generoso.
–Tú también me has dado el mejor sexo de toda mi vida.
–Y ni siquiera he terminado.
–No empieces con esas… Si no, lo más probable es que pierda el control de esta furgoneta y que tengamos un accidente.
–Entonces, ¿de qué quieres que te hable? – preguntó Shane, riendo.
–Puedes hablarme de tu trabajo.
–No quiero hablar de mi trabajo.
–En ese caso, hazlo de tu familia.
De eso estaba más que encantado de hablarle. Parte de su plan era llevarla a aquella cabaña para que tuvieran oportunidad de hablar.
Efectivamente, el sexo que compartían era magnifico y así habían comenzado a conocerse en cierto sentido, pero les faltaban vínculos mucho más importantes.
Le habló de su infancia en Phoenix, de su hermano mayor y de sus padres. A continuación, Eileen le explicó que ella era hija única y que eso la había sometido a cierta presión para que lograra alcanzar el éxito.
Los dos parecían haber tratado de hacer realidad las expectativas de otros. En el proceso, habían dejado a un lado lo que más deseaban, al menos Shane. En aquellos momentos, se estaba dando cuenta de que lo que quería estaba muy relacionado con la mujer que tenía a su lado.
Por fin, llegaron a la carretera de Black Canyon y atravesaron la ciudad de Sedona. Allí, tomaron una carretera que los llevó hasta los bosques que había al otro lado de la ciudad.
–Estamos a punto de llegar -dijo Shane, diez minutos después-. Ahora, gira a la derecha por ese sendero. Allí está -añadió, cuando se pudo divisar una pequeña cabaña de madera entre la oscuridad.
–Estoy tan excitada…
–¿Nunca lo has hecho en una cabaña en el bosque?
–No. Y siempre lo he deseado.
–Cariño, te aseguro que, en esa cabaña, vas a disfrutar de todo el sexo que quieras -susurró.
Capítulo 14
Eileen saltó de la furgoneta, sin preocuparse por esperar a que Shane fuera a ayudarla. Respiró profundamente, aspirando el olor a pinos y a
robles. Si no se equivocaba, debía de haber un arroyo muy cerca de allí.
Había ido allí en alguna ocasión, con sus padres. Siempre había querido regresar, pero el trabajo, y su deseo por ser una buena hija, se lo habían impedido. Estaba empezando a darse cuenta de todas las cosas que se había negado por ser una buena chica.
Oyó que Shane abría y cerraba las puertas traseras de la furgoneta. El sonido, comparado con el del arroyo, era demasiado fuerte. El modo en el que el agua se deslizaba entre las piedras tenía una cierta connotación sexual. Algún día, le gustaría hacer el amor en un arroyo. Y en una tienda, como Shane había sugerido.
Qué tontería había sido pensar que su necesidad de aventuras se satisfaría en tres noches. Poco a poco, se había ido dando cuenta de que no era así. No estaba lista para sentar la cabeza al lado de Benjamín. De hecho, no creía estar lista para sentar la cabeza con nadie. Había una gran posibilidad de que su amor por el sexo fuera tan grande que no pudiera comprometerse nunca.
–Entremos -dijo Shane, tras aparecer a su lado con las dos maletas-.
Tenemos una cita con una alfombra de piel de oso.
–¿Que hay una alfombra de piel de oso ahí dentro? – preguntó Eileen mientras se dirigían a la casa.
–En realidad es falsa, pero, falsa o auténtica, me muero de ganas por verte desnuda sobre ella mientras yo te lamo por todas partes -sugirió.
Eileen también lo deseaba. Shane abrió la puerta y encendió la luz-. No está mal.
–Es perfecta…
Entró en una habitación hecha de troncos de madera, con dos acogedoras lámparas, una chimenea de piedra y una cama también de troncos. En una de las paredes, había un fregadero, una cocina y un pequeño frigorífico. Al lado de la chimenea, había una pila de madera de cedro y, por supuesto, enfrente del hogar una magnífica alfombra de piel de oso. A través de una puerta, se veía un cuarto de baño.
–Yo podría vivir siempre aquí -dijo Eileen, mientras Shane cerraba la puerta con llave-. Es decir, si la vida fuera diferente y yo fuera diferente.
–No tendrías que ser en absoluto diferente -la corrigió él-, pero tu vida sí.
–¿Quieres decir que esto sería el equivalente de vivir en una cabaña de hierba y alimentándome solo con mangos y pescado?
–Quería decir que, cuando la vida es más sencilla, hay mucho más tiempo para esto…
Se inclinó sobre ella y la besó, llenándola con la promesa de lo que iban a compartir en aquella cabaña. Eileen pensó que no podía negar la sensación de sentirse reclamada. No debería gustarle, pero así era. En aquel momento, en aquella remota cabaña, quería que Shane la poseyera tumbada en la piel de oso mientras los pinos susurraban con el viento en el exterior.
En aquellos momentos, le pertenecía a él.
Shane le acarició la espalda y terminó agarrándole el trasero, apretándola así contra su erección. Entonces, con evidente mala gana, se apartó de ella.
–Si sigo así, terminaremos en esa alfombra frente a una chimenea apagada. ¿Puedes encontrar algo que hacer mientras yo enciendo el fuego?
–Creo que sí.
–Usa tu imaginación.
Entonces, la besó ligeramente y la soltó, dejándola inmersa en las brumas que aquel beso había producido. Él se arrodilló al lado de la chimenea y comenzó a prepararlo todo para encender el fuego. Era tan sexy… Lo deseaba con una fiereza que le hacía preguntarse cómo había sobrevivido sin él hasta entonces.
Si fueran a continuar juntos, tendría que ser en condiciones muy diferentes, unas condiciones que podrían destruir el deseo que había entre ellos. ¿Cómo sería su vida si tuvieran todo el tiempo del mundo?
Aquel pensamiento hizo que su cuerpo se tensara de anticipación. No creía que se cansara nunca de las aventuras sexuales con Shane.
En aquel momento, recordó que debería estar aprovechando su tiempo.
Shane le había dicho que la quería desnuda sobre aquella alfombra, pero tenía algo en mente antes de que aquello ocurriera. Estaba segura de que le encantaría el forro rojo transparente que había comprado aquella tarde especialmente para él.
Mientras Shane seguía ocupado con la chimenea, se quitó los zapatos y comenzó a quitarse la falda.
–Eh, me gusta cómo va esto… -dijo él.
–No mires todavía. Ocúpate del fuego.
–Como sigas así, no creo que tenga que hacerlo. Solo con ver cómo te quitabas la falda, ha subido la temperatura de este salón. Tal vez ni siquiera necesite una cerilla.
–Tal vez ni siquiera necesitemos el fuego -susurró ella. A pesar de haberse quedado completamente desnuda, no sentía nada de frío.
–Sé que no lo necesitamos para mantenernos calientes, pero me apetece oír el crepitar de las llamas mientras me muevo dentro de ti. Es parte de mi fantasía como duro hombre de la montaña -susurró, mientras encendía una cerrilla y la aplicaba a la leña.
–¿Y soy yo la hermosa doncella que has rescatado de las garras del oso?
– preguntó ella, mientras sacaba el forro de la maleta.
–Así es. Te aseguro que si pudiera encargar una tormenta, lo haría. Eso nos mantendría aquí durante un tiempo. Bueno, ¿puedo mirar ya?
–Sí, claro que sí.
Aún de rodillas, Shane se dio la vuelta. Al ver cómo abría los ojos y se quedaba boquiabierto, Eileen comprendió que había conseguido el efecto que había buscado. Entonces, se agarró las manos y comenzó a pestañear como la heroína de un melodrama.
–Gracias por salvarme del oso, mi aguerrido hombre de las montañas…
–Te aseguro que sería capaz de enfrentarme a veinte osos solo por verte con ese atuendo.
–Me alegro de que te guste -afirmó ella, dándose la vuelta.
–Supongo que sabes que esa prenda es completamente transparente.
–Claro. De eso se trata. Llevo puesto algo que es como si no llevara nada.
–Es tan sexy… Te veo los pezones a través de la transparencia… -
susurró, mientras comenzaba a desabrocharse la camisa-. Acércate. Es hora de que me demuestres lo agradecida que estás por lo del oso.
–¿Y qué tienes en mente, aguerrido hombre de las montañas? –
preguntó ella, mientras iba a su lado.
Shane se puso de pie y señaló la alfombra que había a sus pies.
–Túmbate encima de esa alfombra. Pienso reclamar la recompensa por mi valentía -contestó quitándose los zapatos al mismo tiempo.
–¿Me tratarás con delicadeza? – susurró ella, de rodillas sobre la alfombra.
–Probablemente no -afirmó él. Se despojó de pantalones, camisa y calzoncillos, revelando así una impresionante erección.
–Estupendo… ¿Te gustaría que…? – sugirió ella, lamiéndose los labios.
–Me pregunto si podré mirarte alguna vez la boca sin recordar lo que ocurrió en ese restaurante.
–¿Y eso es malo?
–Cuando estemos a solas, no. Ahora, túmbate, hermosa doncella. Estoy a punto de gozar de los placeres de tu hermoso cuerpo.
Mientras Eileen se tumbaba sobre la alfombra, Shane se contuvo para no hacerle el amor en aquel mismo instante, sin preocuparse de los métodos anticonceptivos ni las consecuencias. Ella era todo lo que había deseado siempre y sentía el deseo de poseerla del modo más primitivo, sin barreras de ningún tipo entre ellos. Eso significaba que podía dejarla embarazada.
Lo deseaba.
Aquello era una locura. Sabía perfectamente que no era eso lo que ella deseaba. Sacó los preservativos del bolsillo de sus vaqueros y los dejó sobre el suelo, a su alcance. Cuando volvió a mirar a Eileen, su sensual cuerpo, sus largas piernas y las uñas de los pies pintadas de rojo, estuvo seguro de que ella era todo lo que un hombre podía desear y lo que él se había imaginado que nunca conseguiría. Sin embargo, por el momento, ella lo deseaba.
–¿Cómo te está tratando esta fantasía? – murmuró ella, tomándole el rostro entre las manos.
–No puedo quejarme -susurró.
Cerró los ojos y la besó. Al mismo tiempo, Eileen bajó la mano y comenzó a acariciarle el pene. Mientras Shane absorbía suavemente la lengua que le ofrecía, ella le tocaba sin pudor su masculinidad. A su lado, el fuego crepitaba, ardiendo al mismo tiempo que la sangre de él. Eileen sabía exactamente cómo tocarlo y él deseaba quedarse allí a su lado, disfrutando de sus caricias, hasta verterse sobre su mano…
Lo haría otra noche. Habría otra noche, aunque solo fuera porque, cuando durmiera, sus sueños se verían turbados por imágenes de actos sexuales en todos los lugares y en todas las posturas posibles, aunque siempre con ella, con la mujer que compartía sus obsesiones.
–Para -susurró Shane-, o perderé el control.
–Pero quieres que así sea.
–Por supuesto que sí. Me encanta el modo en el que me tocas, pero ahora me toca a mí acariciarte…
Le besó la suave curva de la garganta, aspirando el suave aroma a azahar de su piel. Tenía una piel tan cálida… Notó que el pulso se le aceleraba con sus caricias, justo cuando deslizó dos dedos por su calor. Ella se aferró a sus hombros y comenzó a temblar. Mientras tanto, Shane le mordisqueaba suavemente la piel e iba deslizando los dedos cada vez más profundamente.
–¿Estás cerca?
–Siempre…
–Bien… Quiero que estés cerca, a punto… Eso hará que la siguiente parte sea más divertida.
A pesar de las protestas de Eileen, se apartó de ella. Comenzó con los dedos de las manos, lamiéndole cada uno de ellos. Luego, prosiguió con las muñecas, el codo, el brazo. A continuación, le acarició los pies, chupándole cada dedo hasta que ella gimió de placer. Después, prosiguió con la parte posterior de las rodillas y el interior de los muslos. Lentamente, fue levantándole el camisón transparente y le lamió los pezones erectos.
Nuevamente, bajó por costillas y vientre y, para cuando llegó a su destino final, Eileen temblaba.
Estaba tan húmeda… Con un movimiento de la lengua, hizo que se arqueara y que le suplicara más. Entonces, por fin, le dio un beso íntimo, profundo, que la llevó a alcanzar inmediatamente el orgasmo. Cuando estaba en la cima de placer, gritó el nombre de Shane, algo que significó mucho para él. Ya no era el amante misterioso.
Mientras ella seguía gimiendo de placer, se colocó un preservativo y la penetró en un tiempo récord, de manera que los últimos espasmos de su orgasmo le acariciaron el pene. Sin que pudiera evitarlo, Shane trató de evitar su propio clímax y comenzó a moverse dentro de ella.
–Eileen, abre los ojos… -musitó. Ella los abrió inmediatamente.
–Shane… Oh, Shane…
–Estoy aquí, Eileen…
Contempló a la mujer más hermosa del mundo, iluminada por las llamas del fuego que ardía en la chimenea, mientras se hundía en ella cada vez más profundamente. Ella se agarró a él, irguiéndose para recibirlo. Shane comprendió que estaba a punto de alcanzar otro orgasmo.
–Sí -dijo él-. Esta vez juntos…
Eileen lo apretó un poco más y, de repente, su cuerpo se hizo más fluido. Shane sintió que se abría a él, dándole la bienvenida de un modo gozoso. Sin que tuvieran que calcular nada, los dos alcanzaron el clímax.
En el momento en el que ella se arqueó con la primera convulsión, él explotó, vertiéndose en ella en una lluvia de éxtasis. Casi ciego por el placer, Shane buscó la mirada de Eileen y vio el mismo gozo reflejado en sus ojos. Tal vez ella no lo supiera, pero habían llegado a un punto del que no podrían volver.
Eileen tuvo que admitir que Shane la había asustado un poco con aquella última sesión. No quería hablar de ello, por lo que, cuando se hubo recuperado, anunció que iba a calentar la comida para que pudieran cenar.
Él había aceptado su sugerencia, pero Eileen había notado que no dejaba de observarla mientras ella se vestía con su camisa. Además, se puso las braguitas mientras él hacía lo mismo con sus pantalones y sus calzoncillos.
Hasta aquel momento, habían gozado del sexo como dos animales. Sin embargo, aquella última vez no había sido así. Aquella vez, Shane no le había hecho experimentar el sexo. Le había hecho el amor.
Como no estaba preparada para pensar en ello, se puso a enredar en la cocina, rebuscando todo lo que necesitaba en los armarios. No habían llevado nada para beber, así que tomaron agua.
Mientras comían, hablaron de cosas banales, como lo deliciosa que estaba la comida. Sin embargo, poco a poco, se fueron quedando sin temas de conversación y terminaron la comida en silencio. Fue Eileen la que volvió a hablar.
–Se te da muy bien encender fuegos.
–Fui boy scout. Gane bastantes medallas.
–Y a mí me pasó lo mismo con las girl scouts.
–Supongo que nos esforzamos demasiado en todo lo que hacemos.
–Supongo que sí… ¿Cómo es que no fuiste a la universidad?
–Fui a la universidad.
–¿De verdad? ¿Y no te gustó?
–Me encantó. De hecho, conseguí un título en Empresariales y también hice unos cursos sobre ingeniería eléctrica.
De repente, las piezas comenzaron a encajar. Eileen comprendió que tenía que habérselo imaginado antes. Esa era la razón de que no lo
preocupara perder su trabajo y el motivo de que hubiera estado en la oficina cuando ella llamó aquella mañana.
–Mercury es tu empresa, ¿verdad?
–Sí.
Eileen se sintió una estúpida por no haberse dado cuenta. Sin embargo, Shane no había querido que así fuera. Había pensado que Benjamin era un manipulador por haber llamado a su madre, pero ¿qué era aquello?
Comenzó a mirar el fuego, tratando de reconciliar el maravilloso sexo que habían compartido con lo que acababa de descubrir.
–Crees que te lo debería haber dicho antes, ¿verdad?
–Sí -respondió ella, tratando de controlar la ira.
–¿Me habrías elegido si hubieras sabido quién soy?
–No, pero no se trata de eso -respondió ella. O tal vez sí. Debería haber sido sincero con ella desde el principio. Sin embargo, aquello habría destruido la posibilidad de representar su fantasía.
–Perdóname por haberte deseado tanto que habría sido capaz de hacer cualquier cosa, de decir cualquier cosa o de ser cualquier cosa que tú quisieras.
–Me lo podrías haber dicho la segunda noche -dijo Eileen, volviéndose para mirarlo-. Me lo podrías haber dicho mientras estábamos en ese bar, tomándonos el café.
–Tú seguías pensando que tenías una aventura con un trabajador. Eso fue lo que ocurrió en aquella azotea. No trates de decirme que no fue así, porque sé que no es cierto.
–Supongo que eso me convierte en una persona muy superficial -replicó volviéndose para mirar de nuevo el fuego. No podía seguir mirando a Shane.
–Eso no es cierto. Te convierte en una mujer que está luchando por salir de una camisa de fuerza. Encontrar a un hombre que no formaba parte de tu círculo habitual te facilitó las cosas y, como tú pensabas que yo era otra persona, me las facilitó a mí también. Necesitaba ese alter ego tanto como tú.
–Entonces, ¿por qué has admitido la verdad? Yo no tenía por qué saberlo.
–Creo que sabes por qué. Está ocurriendo algo entre nosotros y…