Vuelta Atras
Capítulo 25
—Pero sigo sin comprenderlo —dijo Don, allá en 2009, cuando Sarah descubrió que el primer mensaje de Sigma Draconis era una encuesta—.
No comprendo por qué a los alienígenas les preocupa lo que nosotros pensemos sobre moralidad y ética. Quiero decir, ¿por qué tendría que importarles un pimiento?
Sarah y Don habían salido a dar otro de sus paseos nocturnos.
—Porque todas las razas se enfrentarán a problemas comparables a medida que pase el tiempo —respondió ella mientras caminaban ante la casa de los Fein—, y si los de esa raza tienen particularidades psicológicas individuales (cosa que seguramente es así, a menos que hayan hecho lo que sugieres y se hayan convertido en una mente colmena), debatirán esos temas.
—¿Por qué dices que seguramente tienen particularidades psicológicas? —preguntó él.
—Porque las diferencias son el sine qua non de la evolución: sin diversidad no hay nada sobre lo que pueda actuar la selección natural y, sin selección natural, no hay nada que haga salir a una especie del limo. La psicología es como cualquier otra tendencia compleja: va a tener particularidades en todas partes del Universo. Y eso significa que habrá discusiones y toma de partido sobre temas fundamentales.
—Vale —dijo él. Soplaba una brisa fresca; Don hubiera deseado llevar manga larga—. Pero los temas morales sobre los que ellos discutan y los temas sobre los que discutamos nosotros no van a ser los mismos.
Sarah negó con la cabeza.
—Apuesto a que se enfrentarán a los mismos tipos de preguntas que nosotros, porque los avances en la ciencia siempre conducen a los mismos
dilemas morales básicos.
Él le dio una patada a una piedra.
—¿Como cuáles?
—Bueno, pongamos por caso el aborto. Fue el avance de la ciencia lo que lo convirtió en un tema de primer orden; la tecnología para eliminar a un feto sin matar o mutilar a la madre es una innovación científica.
Podemos hacerlo, pero ¿deberíamos hacerlo?
—Supongamos que los draconianos son realmente dragones… ya sabes, supongamos que son reptiles —dijo él—. Sé que probablemente no lo son; sé que el nombre se refiere a la constelación en la que están desde nuestro punto de vista. Pero sígueme el rollo. Si tuvieras una raza de reptiles inteligentes, entonces el aborto no sería un tema tecnológico.
Aplastar el huevo en el nido no dañaría físicamente a la madre en ningún sentido.
—Sí, claro, por supuesto —respondió ella. La piedrecita a la que Don le había dado la patada estaba en su camino y la empujó hacia delante—.
Pero eso no es el equivalente del aborto: el equivalente del aborto sería destruir el huevo fertilizado antes de la puesta, mientras aún está dentro de la madre.
—Pero algunos peces se reproducen haciendo que la hembra expulse al agua los huevos sin fertilizar y el macho eyacula semen en el agua, de modo que la fertilización tiene lugar fuera del cuerpo de la hembra.
—Vale, bien —dijo Sarah—. Seres así no enfocarían el tema del aborto del mismo modo, pero, claro, como dije en Tal como pasa, los seres acuáticos probablemente no tienen radio ni otras tecnologías.
—A pesar de todo, ¿por qué es el aborto un tema moral? Quiero decir, lo es para nosotros porque creemos que en algún momento un alma entra en el cuerpo: el problema es que no podemos ponernos de acuerdo de qué momento es ése. Pero en el mensaje alienígena no se hace ninguna mención al alma.
—El «alma» es una excusa para discutir la cuestión de cuándo empieza la vida, y eso sí que es un debate universal… al menos entre las razas que buscan inteligencia en las estrellas.
—¿Por qué?
—Porque la búsqueda de inteligencia en las estrellas es una actividad que indica que la vida, como opuesto a la no—vida, es importante; que
encontrar vida tiene sentido. Si no te preocupara la diferencia entre vida y no—vida, sólo te dedicarías a la astronomía, no a la búsqueda de inteligencia. Y dónde trazar ese límite será siempre interesante para la gente que valora la vida. Me refiero a que la mayoría de la gente estaría de acuerdo en que está mal matar a un perro sin ningún motivo, porque un perro está indudablemente vivo… pero ¿está vivo un embrión? Eso sí es debatible; todas las razas tendrán que definir dónde comienza la vida.
—Bueno, comienza en la concepción o en el nacimiento, ¿no?
Sarah negó con la cabeza.
—No. Incluso aquí en la Tierra hay culturas en las que no se pone nombre a los hijos hasta que no han vivido cuarenta días, e incluso he oído argumentar que los bebés no son personas hasta que cumplen tres años o así… Hasta que empiezan a tener recuerdos permanentes y a largo plazo. E
incluso entonces, sigue habiendo margen para el debate moral. Sabemos que los dracos se reproducen sexualmente, combinando sus genes al hacerlo; eso queda claro en su mensaje. Y sospecho, por cierto, que ese tipo de reproducción será común en todo el Universo: proporciona un gran impulso a la evolución, aporta una nueva «mano genética» con cada generación y evita tener que esperar a que un rayo cósmico irradie al azar un ser que sólo produce copias exactas de sí mismo. Recuerda, la vida apareció por primera vez en este planeta hace cuatro mil millones de años, y se pasó los tres mil quinientos primeros millones siendo básicamente igual. Pero cuando se inventó el sexo, hace quinientos mil millones de años, en la explosión cámbrica… ¡bum! , de repente la evolución avanzó a pasos agigantados. Y cualquier raza que se reproduzca sexualmente bien puede discutir sobre la ética de destruir una combinación única de material genético aunque siempre haya sostenido que no está viva hasta el momento del nacimiento.
Don frunció el ceño.
—Eso es igual que considerar un dilema moral preocuparse por la destrucción de copos de nieve. Que algo sea único no lo convierte en valioso… especialmente si cada entidad es única.
Una ardilla cruzó la carretera delante de ellos.
—Además —continuó Don—, hablando de evolución, ¿no se resuelve por sí solo el tema del aborto, con el tiempo suficiente? La selección natural favorece obviamente a quienes eligen la opción pro—vida sobre
aquellos que eligen abortar, porque todo feto que abortes es un conjunto menos de tus genes que va por ahí. Esperas suficientes generaciones y estar a favor del aborto habrá sido eliminado de la población.
—¡Santo cielo! —dijo Sarah, sacudiendo la cabeza—. ¡Qué idea tan revolucionaria! Pero, incluso así, eso sólo se cumple si el deseo de reproducirse es pasajero y no tiene nada que ver con que la criatura llegue a la edad de reproducirse sin invertir demasiados recursos. Quiero decir, mira a Barb y Barry: han dedicado su vida básicamente a criar a Freddy.
Barb era la prima de Sarah, y su hijo un autista profundo.
—Quiero mucho a Freddy, naturalmente, pero en la práctica ha sustituido a potenciales hermanos que hubiesen requerido bastantes menos recursos y probablemente les habrían dado nietos a Barb y Barry.
—Sabes tan bien como yo que un número pequeñísimo de abortos se realizan por defectos en el feto —dijo Don—. Demonios, hace siglos que se aborta y sólo décadas que se hacen resonancias. El infanticidio es una cosa, pero…
—La depresión posparto tiene sus raíces evolutivas en que la madre reconoce que no tiene recursos para asegurar que aquel retoño concreto sobrevivirá hasta la edad fértil y por eso conserva su inversión paternal cortando amarras con el niño. Lo mires como lo mires, la evolución conservará mecanismos que no siempre conducen a tener más hijos.
Además, dejando a un lado el aborto, sigo creyendo que la mayoría de las razas se enfrentarán a temas morales muy similares a medida que desarrollen tecnologías que les den más poder. Sé que los alienígenas no mencionaron a Dios…
—Así es —dijo Don, petulante.
—Pero toda raza que viva lo suficiente acabará por tener que lidiar con las consecuencias de jugar a ser Dios.
Estaba cayendo la noche; las farolas de la calle se encendieron.
—«Dios» es un término muy complejo.
—Tal vez, pero no tiene muchos sinónimos: si defines a Dios como el creador del Universo, todas las razas que vivan lo suficiente acabarán por convertirse en dioses.
—¿Eh?
—Piénsalo. Acabaremos pudiendo simular la realidad tan bien que será indistinguible de… bueno, de la realidad, ¿no?
—Uno de mis autores favoritos dijo una vez: «La realidad virtual no es más que tocar en el aire una guitarra inexistente.»
Ella hizo una mueca y luego continuó:
—Y una realidad virtual suficientemente compleja podría simular a seres vivos tan bien que ellos mismos creerían estar vivos.
—Supongo —dijo él.
—Pues claro. ¿Has visto alguna vez ese juego de Los Sims al que le gusta jugar Carl? Las simulaciones de la realidad que podemos hacer hoy en día son ya sorprendentes, y eso que sólo tenemos computadoras digitales desde… ¿desde hace cuánto? Setenta y cinco años. Imagina qué tipo de realidad podrías simular si tuvieras mil, un millón o mil millones de veces más potencia informática… cosa que tendremos tarde o temprano, como tendrá cualquier raza tecnológica que viva lo suficiente. Una vez más,
¿dónde está la frontera entre la vida y la no—vida? ¿Qué derechos tienen esas formas de vida simuladas? Son temas morales que todas las razas tendrán que abordar.
Otra pareja, que también había salido a dar un paseo, se les acercó.
Don sonrió cuando pasaron.
—De hecho —continuó ella—, puede argumentarse que hay evidencias de que nosotros somos precisamente eso: creaciones digitales.
—Te escucho.
—Existe la longitud más pequeña posible del Universo. La longitud de Planck: 1,6 x 10 35 metros, unas 10 20 veces el tamaño de un protón. No se puede medir una longitud inferior, supuestamente por efectos cuánticos.
—Muy bien.
—Y también tiene que haber una unidad de tiempo más pequeña, si lo piensas: puesto que una partícula de luz tiene que estar aquí, en la unidad de longitud de Planck A, o al lado, en la unidad de longitud de Planck B, entonces el tiempo que tarda en moverse de una unidad a la de al lado… el tiempo que tarda un protón en pasar de estar en esta unidad—espacial de Planck a estar en esa unidad—espacial de Planck, es la unidad más pequeña posible de tiempo. Y esa unidad, el tiempo de Planck, es 10 43
segundos.
—El Reloj del Breve Ahora —dijo Don, satisfecho de sí mismo.
—¡Exactamente! Pero ¡piensa en lo que eso significa! Vivimos en un universo compuesto de trocitos discretos de espacio que envejecen en
pedacitos discretos de tiempo… un universo que tiene píxeles de distancia y duración. Somos digitales al nivel más fundamental.
»La física cuántica no es la naturaleza básica de la realidad, sino más bien la… ¿cómo lo llamarías tú? Un producto residual del nivel de resolución de nuestro mundo simulado.
Él puso cara de estar impresionado.
—Caramba.
—Gracias —dijo ella—. Pero eso significa que nuestro mundo, con sus píxeles de tiempo y espacio, podría no ser más que la versión de Los Sims de alguna civilización muy avanzada… y eso significaría que hay un programador en alguna parte.
—Me pregunto cuál será su correo electrónico —dijo Don—. Tengo que hacerle unas cuantas preguntas técnicas.
—Sí, bien, pero recuerda que cuando rompas el sello del Universo, no te devolverán tu dinero. —Doblaron una esquina y Sarah continuó—: Y
hablando de crear universos, con los aceleradores de partículas tarde o temprano podremos crear universos engendrados a partir de éste.
Naturalmente, no crearemos un universo—hijo completo, con estrellas y galaxias; sólo crearíamos una singularidad apropiada, como la singularidad de la que surgió nuestro Universo en el big bang, y entonces el nuevo universo se formará a partir de eso. La física dice que es posible… y sospecho que es sólo cuestión de tiempo antes de que alguien lo logre.
—Comprendo —dijo Don—. Si retrocedes un paso, eso significa que nosotros podríamos estar viviendo en un universo creado por un científico en el acelerador de partículas de algún universo—padre.
—¡Exactamente! —dijo Sarah—. Y, mira, ya sabes que me encanta seguir todos esos debates en Estados Unidos sobre la enseñanza de la evolución y el diseño inteligente. Bueno, soy evolucionista, cierto, pero no estoy de acuerdo con lo que argumentan siempre los científicos que están de parte de la evolución. Siguen diciendo que la ciencia no puede admitir causas sobrenaturales, y con eso quieren decir que toda explicación científica, por definición, tiene que limitarse a causas intrínsecas a este Universo.
—¿Qué tiene eso de malo?
—Todo. Esa definición de ciencia impedirá que lleguemos jamás a la conclusión de que nosotros somos el producto del trabajo de otros
científicos que trabajan en una realidad superior a ésta. Nos deja con el lío de tener una teoría científica del mundo que, por un lado, reconoce tranquilamente que acabaremos por simular a la perfección la realidad, o tal vez incluso por crear universos—hijos, pero, por otro lado, se niega a admitir que nosotros mismos podamos existir en una de esas realidades.
—Tal vez la ciencia no está interesada en esa cuestión sólo porque no responde definitivamente a nada —dijo Don—. Sospecho que alguien como Richard Dawkins diría: «¿Y si somos la creación de algún otro ser inteligente? Eso no responde a la pregunta de de dónde salió ese otro ser inteligente.»
—Pero la ciencia (y en concreto la ciencia evolutiva, que es el fuerte de Dawkins), trata principalmente de seguir linajes y llenar los huecos. Si tuviéramos una visión comparativa de la evolución, cabría que nos preguntáramos si merece la pena molestarse en saber si las aves evolucionaron realmente a partir de los dinosaurios, igual que preguntarse si Lucy fue una de nuestras antepasadas, ya que la única pregunta verdaderamente interesante es cómo cobró vida el antepasado común y primigenio de toda vida. Es un error: es una pregunta interesante, pero no es la única que merece la pena plantearse. El hecho de que vivamos o no en un universo creado sí que es una pregunta inherentemente interesante y digna de investigación científica. Y si existe un Creador, o si una raza se convierte en creadora, eso plantea de inmediato el dilema moral de qué responsabilidad o qué obligación tienen las creaciones hacia el creador, si es que tienen alguna… y lo contrario, y la cuestión que creo que no pasamos suficientemente tiempo debatiendo es qué responsabilidad o qué obligación tiene nuestro posible creador hacia nosotros.
Don dio un gran paso de lado y contempló el cielo oscuro.
—Eh, Dios, ten cuidado de adónde apuntas…
—No, en serio —dijo Sarah—. La tecnología le da a una especie el poder de impedir la vida, de crear la vida, de tomar la vida a escalas grandes y pequeñas; la tecnología nos da el poder para ser lo que nosotros llamaríamos dioses y, aunque nuestra definición de la ciencia sea ciega a eso, cabe la posibilidad de que lo que somos sea el resultado de la obra de algún otro ser que, por virtud de habernos creado, también merece ser considerado un dios. No significa que tengamos que adorarlo… pero sí que nosotros, y cualquier otra raza avanzada tecnológicamente, tendremos que
afrontar dilemas éticos relacionados tanto con que nosotros somos potencialmente dioses como con que somos potencialmente hijos de dioses.
Cruzaron corriendo la calle, esquivando un coche que venía de frente.
—¿Así que los alienígenas de Sigma Drac nos han escrito pidiéndonos consejo? —preguntó Don. Sacudió la cabeza—. Entonces, que el ciclo los ayude.
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